Miradas a la ilustradora colombiana Esperanza Vallejo. Adiós a una destacada artista

Cubierta de «Palabras que me gustan», de Clarisa Ruiz, ilustrado por Esperanza Vallejo (Bogotá: Norma, 1987).

El sábado 23 de noviembre de 2019 falleció en Villa de Leyva, Colombia, una de las pioneras de la ilustración contemporánea de libros para niños de ese país: Esperanza Vallejo. A fines de los años 1980 y principios de los 1990, junto a creadores como Alexis Forero (Alekos), Olga Cuéllar, Ivar Da Coll, Diana Castellanos, Michi Peláez, Edgar Rodríguez (Ródez), Cristina López, Lorenzo Jaramillo y Yezid Vergara, entre otros, Vallejo contribuyó a que la gráfica colombiana de los libros para el público infantil comenzara a valorarse como una expresión artística y un elemento editorial clave. 

Pintora, dibujante, grabadora y artista del collage, Esperanza Vallejo nació en Bogotá, en 1951. Se formó en talleres de pintura, grabado y litografía en la Universidad Nacional de Colombia. Fue profesora de Diseño del libro, Técnicas de dibujo y Figura humana en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, donde también impartió clases de ilustración y tuvo entre sus alumnas a Catalina Acelas y Helena Melo. Como artista visual, expuso sus obras en muestras personales y colectivas. Su primer libro para el público infantil y juvenil fue Las diversiones, una obra sin palabras dada a conocer por Editorial Norma en 1986, a la que siguieron una treintena de títulos más de escritores de diferentes nacionalidades (ver su bibliografía parcial al final de esta nota).

A modo de homenaje a la admirada artista y entrañable amiga, rescatamos una serie de opiniones y testimonios publicados originalmente en Cuatrogatos en el año 2001, en la que un grupo de destacados críticos, escritores e ilustradores de Chile, Colombia, Cuba, España y Venezuela se acercaron al singular universo creativo de Esperanza Vallejo. 

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Es preciso entregar una gráfica más imaginativa, que rompa el esquema del naturalismo, la perspectiva, las proporciones, el color consuetudinario; penetrar un poco la imaginación del niño y entregarlo todo menos obvio, quizás sugerido. Pero hay algo más: es necesario situarse en la época y en el espacio donde se vive. Aunque diste de ser una opinión generalizada en nuestro medio, debemos adentrarnos en la cultura de la tierra, en la iconografía popular, en el color de la naturaleza: tres fuentes de eterna juventud para las obras de arte, sea cual fuere su condición. Pese a la necesidad de abordar temas universales y de no copiar fotográficamente el entorno, no hay que perder ese rostro latinoamericano para remozar la gráfica y atender al niño nuestro. –Alexis Forero («Alekos»)

(Bogotá, 1953). Autor e ilustrador de libros para niños como Matachita, El sombrerón, Espantajos y Aroma de níspero. Ha ilustrado, además, obras de numerosos escritores, entre ellos Beatriz Helena Robledo, Antonio Orlando Rodríguez, Clarisa Ruiz, Yolanda Reyes, Celso Román, Triunfo Arciniegas y Enrique Páez.

Texto tomado de Ilustración infantil en América Latina, encuesta realizada por Antonio Orlando Rodríguez y publicada en la revista En julio como en enero, de La Habana, en 1987. Este trabajo fue reproducido en la revista Hojas de lectura, de Bogotá, en abril de 1992.

Ilustración tomada de Matachita (Panamericana, Colombia).