Antonio Ramos Revillas habla sobre su novela juvenil “Salvajes”, Premio Fundación Cuatrogatos 2022

Foto cortesía de Doméstika.

Nacido en Monterrey, en 1977, Antonio Ramos Revillas es uno de los más destacados escritores de la literatura mexicana de hoy. Graduado de Letras Españolas en la Universidad Autónoma de Nuevo León, en la actualidad se desempeña como director de la Editorial Universitaria de dicha institución. Ha publicado obras de narrativa para adultos como Los últimos hijos (Almadía, 2015), El cantante de muertos (Almadía, 2011) y Habitaciones calladas (Forca Noreste, 2007). También ha aportado significativas creaciones a la literatura infantil y juvenil, entre ellas sus libros álbum Mi abuelo el luchador (Ediciones El Naranjo, 2013) y Yo te pego, tú me pegas (Editorial 3 Abejas, 2016), que aparecieron, respectivamente, en las selecciones Los Mejores del Banco del Libro de Venezuela y The White Ravens de la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich, y su novela para adolescentes La guarida de las Lechuzas (Ediciones El Naranjo, 2013), distinguida con los premios Fundación Cuatrogatos e International Latino Book, en Estados Unidos, y e incluida en The White Ravens.

Entrevistamos a Ramos Revillas acerca de su novela juvenil Salvajes (Fondo de Cultura Económica, 2021), obra ganadora del Premio Fundación Cuatrogatos 2022 por ser un “impactante relato sobre la heroicidad de sobrevivir en la periferia social y sobre el amor familiar y la esperanza”.

¿Qué te atrae de escribir libros para niños y jóvenes? ¿Por qué tu interés en estos lectores?

Primero, la posibilidad de reencontrarme con el aspecto más honesto de la literatura que es la fabulación. Mis primeros pasos en la escritura fueron desde la escritura por arte, es decir, por una intención de demostrar que sabes escribir y hacer literatura. Fueron años de mucho aprendizaje, pero muy tensos. No solo había que escribir, sino hacer literatura y, a veces, eso era más importante que contar una historia.

Cuando empecé a escribir para niños y adolescentes fue como recordar el otro modelo: escribir genuinamente para contar historias, el placer para fabular. Es decir: el arte desde la historia. No el arte desde la literatura. Y desde entonces he pensado que por eso la LIJ es tan importante: porque nos permite reencontrarnos con la escritura desde su aspecto más humano: las historias.

Y lo segundo, acaso lo más importante en mi formación, fue que aunque yo no fui un niño lector, las historias siempre me salvaron: me dieron un espacio y la sola posibilidad de que con mis historias un niño o niña encuentren un espacio propio es un gran reto.

¿Qué leías cuando tenías la edad de quienes te leen hoy?

Leí poco, ya que en mi casa no hubo libros; pero sí había muchas caricaturas, tiras cómicas los domingos, además de radionovelas y telenovelas que escuchaba y veía con mis abuelas. Pero, a ese acervo lo complementaron solo tres libros durante mi infancia: la historia de los persas aqueménidas y del imperio cartaginés: y años después dos libros fundacionales para mí: La isla misteriosa y Los hijos del capitán Grant. Desde entonces, soy fan de Ciro el Grande, por encima de Alejandro y, como Aníbal, he jurado destruir Roma; pero sobre todo, he buscado en cada lector a un chico aventurero como los hijos del capitán Grant.

¿Cómo surgió Salvajes, que te impulsó a escribir esta novela?

Provengo de un entorno complejo en mi ciudad, en Monterrey. Este entorno estaba poblado por pandilleros, cantinas, de gente que se ganaba la vida con mucho trabajo, pero también con mucha violencia por sobrevivir. Escribí un primer libro, muy literario, digamos y, en el segundo, quise ser más fiel a mi realidad y de ahí salió mi libro de cuentos: Dejaré esta calle. Al libro le fue bien, pero siempre quise escribir una novela con esos personajes o ese entorno. Fue una promesa que me llevó casi 16 años cumplir. Y en ese tiempo fui sumándole más impulsos: la vida de los jóvenes golpeada por la violencia de mi ciudad, la honestidad invisibilizada en las clases sociales bajas de mi ciudad, la búsqueda por recuperar el lenguaje del barrio e, incluso, cierta nostalgia por mi ciudad.

¿Qué te propusiste con este libro con personajes jóvenes y para lectores jóvenes acerca de la vida de una familia humilde de la periferia de una gran ciudad industrial?

Quería contar una historia sobre un chico que debe salir adelante, a pesar de las tragedias que puede vivir, pero con los escollos que les representa vivir y sobrevivir desde la periferia de la ciudad. Un día descubrí que, al menos en la LIJ mexicana que yo había leído e incluso la que yo había escrito, había muchos chicos y chicas con problemas, hasta cierto punto, cómodos, si es que existe algún problema que lo sea; pero eran chicos y chicas que tenían ciertas nociones y espacios para maniobrar ante sus dificultades. ¿Cómo sería la historia de los que nunca leerán, de quienes si les va bien, lo más que lograrán será mantenerse honestos y dignos? Quería una inmersión en ese mundo y decirles: aquí también hay historias de ustedes.

¿Cuánto de tus vivencias y experiencias hay en Salvajes?

Un montón. A veces me preguntan qué tanto investigué para escribir Salvajes y es, creo, la novela en la que menos he investigado, puesto que esa vida descrita está conmigo. Pertenece a mi juventud. A mis referencias. A mis dolores. Yo era un chico que, para salir adelante, tuvo que trabajar desde los once años en lo que fuera. Y uno de esos trabajos fue ayudarle a un tío a instalar aires acondicionados en casas inmensas. Recuerdo ir a esas casas y sorprenderme de su tamaño, de los lujos, cuando la mía era apenas de dos piezas. Por otro lado, muchas de las cosas terribles del mundo del narcotráfico, si bien no me involucran, sí son historias muy cercanas. Chicos y chicas que conocí y desaparecieron durante la guerra del Narcotráfico que inició Felipe Calderón en México. Hay mucho de mí reflejado en esa novela.

El libro pareciera tener entre sus propósitos el de dinamitar el binomio pobreza=delincuencia, tan arraigado en el imaginario de muchas personas. ¿Estuvo eso presente al crear los personajes y sus conflictos?

Sin duda. Pero además, no quería explotar el binomio pobreza=miserabilidad moral. Mis personajes son o aprenden a ser felices en su entorno. Saben apreciar la belleza. Tienen acceso a un cuerpo poético, tal vez no desde el arte y el lenguaje, pero sí desde la percepción. Y no es enteramente ficción. He estado con jóvenes y hombres de esas colonias y los he escuchado cuando comparan el cerro y el sol, la luz y la muerte con dosis verdaderas de comprensión y percepción del mundo. Eso también quería poner en la luz de esta novela.

¿Puede leerse Salvajes como el retrato de una zona de la realidad mexicana contemporánea?

Creo que, sin buscarlo, es un retrato duro de lo que es ser joven hoy en las periferias de las ciudades de nuestro país. Digo sin buscarlo, justo por la primera pregunta de este cuestionario. Si hubiera querido escribir una novela sobre la realidad, tal vez habría sido muy fallida, habría querido explotar ciertas cosas, manías, lenguaje, violencia; pero yo no quería hacer literatura y “demostrar” que sabía sobre el tema. Mejor quise escribir una novela sobre unos chicos que un día tienen un colchón nuevo en casa, el primer colchón de su vida. Y sobre eso, tuve que ir tomando decisiones para que esa historia fuera real, mostrando o sin mostrar cosas de la realidad mexicana contemporánea que al final sí marcan un territorio. Incluso, una de mis grandes dudas fue cuando, con el fin de ser verosímil, aparece el narcotráfico en la historia. Me detuve. Yo no quería hacer una novela sobre ese tema; pero si no estaba, habría sido totalmente fallida o nula esa representación. Así que suspiré y escribí lo que debía decir al respecto.

De todos los personajes de la novela, ¿a cuál quieres más y por qué?

Creo que quiero más a Fredy. Hace meses, en el programa de Cartas al autor de SEMS de la UdeG y en el marco de la FIL, conocí a una chica que escribió una carta en primera persona de ese personaje, el hermano menor de Efraín, quien lleva la batuta de la novela. Me di cuenta que Fredy es quien busca más, quien necesita más atención, acaso, el más humano en cierto sentido de la novela. Aunque luego otros lectores me han dicho que es el personaje que más detestan, ja.

Adentrarse en el universo de la novela puede resultar complicado, sobre todo al principio, si el lector no está familiarizado con el lenguaje que usa la mayoría de sus personajes. ¿Eras consciente de esto mientras escribías?

Sí. Y originalmente, la novela tenía un lenguaje mucho más intenso; pero la sabiduría de mi editor me hizo recapacitar. Pero esto tiene que ver con una necedad: ¿por qué a las otras literaturas latinoamericanas y peninsulares no les exigimos que se medien con su lenguaje? ¿Por qué nuestros lenguajes sí deben amoldarse? ¿No es eso o caer en eso, el primer síntoma de cierto colonialismo? Aun así, tampoco era una novela que fuera un festejo a ese argot, así que me di cuenta de que podría distraer, y lo reduje un poco nada más.

Monterrey no es solo el espacio geográfico en que se desarrolla la historia, se convierte también en uno de sus personajes, un personaje complejo y con muchas aristas. Crear el retrato que se nos presenta de la ciudad debe haber sido un reto. ¿Cómo lo asumiste?

Amo y detesto Monterrey, tal vez lo amo más de lo que lo detesto; pero sucede que el Monterrey actual me parece poco hospitalario; entonces he intentado acomodar en esta ciudad mis otros recuerdos de Monterrey; pero también hacer la ciudad más visible. Y esto también por los personajes: son chicos de la calle, andan en ella, saben vivirla; así que sus referencias son esto: las calles, los negocios, las esquinas, las rutas. De nuevo, no quería hacer una novela sobre Monterrey, sino solo seguir a mis personajes, y ahí me di cuenta de lo importante que era para ellos (y para mí), mostrar las calles y ciertos aspectos de nuestra cultura.

¿Cómo se conecta Salvajes con tus anteriores novelas para jóvenes? ¿En qué difiere de ellas?

En el fondo, Salvajes es una novela fallida pensada en Julio, un personaje incidental de otra novela mía, La guarida de las Lechuzas. Tengo el proyecto, inconcluso ahora mismo, de escribir una serie de novelas basadas en los personajes de esa novela, de la que sí tengo una más, Mil soles lejanos. Pero, mientras la escribía, descubrí que requería otro tono, que eran otros los nombres, otro el entorno. A veces pienso: ¿podrían mis novelas coexistir en el mismo plano? Y creo que ninguna lo puede, porque los mundos que construyes son conclusivos. Esta novela, por su acercamiento a la realidad, deja pocos espacios para otro tipo de narraciones.

¿Has tenido la oportunidad de conocer opiniones de los lectores jóvenes acerca de Salvajes? ¿Cómo han acogido esta obra tuya?

He sido muy, muy afortunado con Salvajes. La novela se ha leído. Colegas, lectores, promotores de lectura han tenido la generosidad de escribirme para contarme sus impresiones. Yo, como María, los escucho, agradezco sus palabras y bíblicamente, las guardo en mi corazón y sigo adelante. Una de las que más me sorprendió fue la de una maestra en Guadalajara, quien me dijo que sus alumnos, después de leer la novela, le comentaron que ahora entendían por qué eran afortunados por estudiar. Y otra opinión recién pasó: una amiga puso a leer el libro a sus estudiantes de secundaria. En cierta parte, aparece una canción colombiana. Uno de sus alumnos se levantó, puso la canción y la bailó delante de todos. Eso, creo, me dice que la novela está llegando a sus lectores.

Ana Campoy, Pepa Guindilla y el arte de echar a las acelgas un poquito de sal

Nacida en Madrid, en 1979, la escritora y periodista cultural Ana Campoy se graduó de Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid y a lo largo de su vida profesional ha sido actriz, locutora y guionista de radio, cine y televisión. Un variado recorrido profesional que terminó desembocando en la literatura para niños y jóvenes con la creación de libros como Las aventuras de Alfred & Agatha (serie de aventuras detectivescas difundida por Edebé a partir del 2011); El dragón del parque Güell (La Galera, 2015); La Cronopandilla: El túnel del tiempo (Premio Jaén de Narrativa Juvenil publicada por Montena en 2017); Familia a la fuga, otra serie, esta con Loqueleo, iniciada en el 2018; Todo eso que nos une (Anaya, 2018); Arturo Leal y el perro fantasma (Ediciones SM, 2019) y, más recientemente, Pen Friends: Cartamigos de leyenda (Molino, 2021) y Pepa Guindilla (Nórdica, 2021).

La última de las obras mencionadas, que ilustró de forma estupenda Eugenia Ábalos, fue escogida como una de las ganadoras del Premio Fundación Cuatrogatos 2022 por retratar “en clave de humor y con gran desenfado el mundo de Pepa Guindilla, una protagonista infantil traviesa y de incuestionable credibilidad tanto por su pensamiento como por su conducta”. Según el comité de selección del premio, el libro de Campoy ofrece una “regocijante mirada costumbrista a la vida cotidiana de una familia “ensamblada” –urbana y contemporánea–, cuyas relaciones se fundamentan en el respeto, la comprensión y la alegría de vivir; una oportuna celebración de los lazos afectivos y de eso que llamamos felicidad”.

Entrevistamos a la autora de Pepa Guindilla para conocer más sobre su trayectoria y, en particular, sobre esta novela para niños:

¿Cómo, cuándo y por qué empezaste a escribir literatura infantil?

Fue un proceso muy natural. A pesar de hacerme mayor, nunca dejé de leer literatura infantil. Tengo una hermana seis años más pequeña y la literatura infantil fue un modo de que ambas siguiéramos conectadas mientras íbamos creciendo. A mí me gustaba escribir, como a muchos adolescentes, y siempre albergué la ilusión de hacerlo para esa edad. Así que durante un parón que tuve entre trabajo y trabajo, ya de adulta, aproveché la oportunidad y me lancé a escribir Alfred & Agatha, mi primera novela.

¿Qué te ha aportado como autora tu experiencia previa en campos la actuación, el periodismo y la escritura de guiones?

Pienso que cuando te dedicas a escribir es importante cultivar la empatía. Mis experiencias anteriores me ayudaron mucho en eso. El teatro fue una herramienta estupenda para desarrollar mi personalidad. Me enseñó a ponerme en la piel de otras personas que eran distintas a mí. En el periodismo sucede lo mismo, solo que desde la silla de enfrente. Y para escribir es muy importante aprender a mirar. Pienso que para componer personajes creíbles esa curiosidad por el interior del ser humano y sus mecanismos es fundamental.

¿Cómo surgió la idea de escribir Pepa Guindilla?

La intención del libro es mostrar las diferentes realidades familiares desde una perspectiva positivista, no traumática. El hecho de que las familias vayan mutando no tiene por qué vivirse como una tragedia. Es ley de vida y debería ser un proceso de lo más natural. Pepa es hija de padres separados y convive con las nuevas parejas de sus padres. Aprovecha la suerte de tener alrededor a tanta gente que la quiere.

¿Cómo describirías al personaje? ¿Te inspiraste en alguna niña en particular?

Quería componer una niña fuerte, pero sensible. Tierna, aunque categórica. Reflexiva a la vez que simpática. En mi cabeza estaba muy clara la personalidad de la protagonista y el tono humorístico de la novela. Habitualmente compongo a los personajes desde la imaginación. Aunque conozca rasgos de personas reales que puedan servirme como ingredientes, suelen ser inventados casi al cien por cien. Aunque en esta ocasión sí tuve un referente real. Pepa está inspirada en mi mejor amiga del colegio. Nos perdimos la pista en la adolescencia pero casualmente (así es la magia de la literatura) nos hemos vuelto a encontrar tras publicarse el libro.

Pepa Guindilla, texto de Ana Campoy, ilustraciones de Eugenia Ábalos (Madrid: Nórdica, 2021).

¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Qué fue lo más retador? ¿Y lo más divertido?

Fue peculiar respecto a mi costumbre. Suelo describirme como escritora de mapa, planificadora siempre, pero en este libro me dejé guiar más por la brújula (aunque sí con un rumbo trazado desde el inicio). Creo que eso le aportó frescura al texto y la prueba es que este es uno de los libros con los que más me he reído mientras iba escribiéndolo.

Desde el primer capítulo, en el que Pepa y su hermana Sophie lanzan escupitajos por el hueco de la escalera del edificio, comenzamos a sospechar que el libro se apartará de los retratos de niños de conducta casi irreprochable tan frecuentes en la literatura infantil. ¿Por qué elegiste ese camino?

Porque quería acercarme lo máximo posible a la vida real. ¿Quién no ha lanzado alguna vez un escupitajo? ¡Que levante la mano! Me parecía fundamental que, mientras Pepa contara sus peripecias, nosotros nos pudiéramos identificar (tanto niños como adultos) con su vida cotidiana. Los niños tienen su propia lógica en la que la creatividad está más a flor de piel. A medida que crecemos, el mundo adulto nos engulle y eso se nos va estropeando. Pepa Guindilla no solo está dirigido al público infantil, sino también a esos adultos que puedan sentarse, abrir el libro y recordar lo que se sentía cuando se era un niño.

Cuando leímos el libro se comentó que Pepa podría descender de la famosa Pippi Calzaslargas. ¿Qué opinas sobre esa comparación? ¿Qué podría haber heredado Pepa de Pipi, además de sus trenzas pelirrojas?

Me da la impresión de que a Pippi le pasaba un poco como a Peter Pan, que estaba a gustísimo siendo una niña y no le interesaba para nada crecer. Ambos tenían una especie de carpe diem vital. Tal vez Pepa tenga eso en común con ellos porque os aseguro que ella piensa que ser mayor es un rollo y que bastante desgracia tienen los pobres adultos con serlo. Pepa ve a los adultos como unos seres cortos de entendederas por culpa de sumergirse en ese mundo aburrido y lleno de cosas absurdas que en realidad no son tan importantes. Esa visión me parece muy sana y muy útil, y creo que los adultos que consiguen regresar a ella son más felices.

Pepa Guindilla retrata a una familia de padres divorciados en la que todos sus miembros viven en armonía y sin grandes sobresaltos (salvo los ocasionados por las travesuras de Pepa). En medio de muchas historias que presentan familias con graves problemas en sus relaciones o disfuncionales, esta novela pareciera recordar que todavía pueden existir familias felices. ¿Qué hay detrás de esa decisión tuya?

Esto está relacionado con lo que comentaba antes de la intención del libro, pero me gustaría puntualizar algo más y es el concepto de “madrastra” (una palabra que suena tan mal en español cuando curiosamente en otras lenguas no es así). El libro trata de reivindicar esa figura como un miembro más de la familia. Las madrastras o los padrastros tienen su propio rol que no es en absoluto el de sustituir a ninguno de los progenitores. Siempre digo que el amor se suma y nunca se resta.

¿En qué momento se sumó Eugenia Ábalos al proyecto y, a tu juicio, que le aportan a la historia sus ilustraciones?

¡Desde el principio! El proyecto nació con las dos cogidas de la mano y ahora mismo no podría concebir que otra ilustradora le hubiera dado vida a Pepa. El trabajo de Euge es tan preciso, tan colorido, que lleva su propio estilo ahí donde se muestra. Y me hace mucha ilusión que Pepa forme parte de su universo. En nuestro caso se suma, además, que somos muy buenas amigas y vamos comentando mientras una o la otra compone. Aún recuerdo la emoción que sentía cuando Euge me pasaba los primeros bocetos de Pepa o de señor Bigotes. Disfrutamos muchísimo trabajando juntas. Pero sobre todo ¡celebrando juntas!

¿Qué papel concedes al humor en tu literatura?

Creo que es un ingrediente fundamental, no solo en la literatura ¡sino en la vida! El humor es un bálsamo ante las situaciones difíciles, las normales o las simplemente aburridas. Es como echar a las acelgas un poquito de sal.

¿Has podido conversar con los lectores del libro, tanto chicos como grandes? ¿Qué impresiones has recibido?

¡Pues son unas impresiones muy impresionantes! Los lectores están encantados con Pepa y lo que más nos cuentan, sobre todo, es que se ríen mucho con ella. Creo que el hecho de que un niño o una niña se ría con un libro es la demostración más sincera del trabajo bien hecho. Y bueno, qué decir de la sorpresa que nos llegó desde Miami este mes de enero. Para nosotras, recibir este premio por parte de la Fundación Cuatrogatos ha sido una emoción gigantesca y un verdadero chute de energía. Tanto el trabajo de ilustración como el de escritura son muy solitarios y el hecho de ver que Pepa ha gustado tanto como para merecerlo nos hace seguir siendo cabezonas con lo nuestro.

¿Regresará Pepa Guindilla?

Pues hemos de confirmar que el regreso de Pepa es un hecho. No estaba planeado desde un principio, pero ha sido gracias a los lectores, a las librerías y a todos los que la habéis acogido con tanto cariño. En unos mesecitos… ¡volveréis a tener noticias de ella!

Gabriela Burin: “No enfoco mi trabajo hacia lo infantil, sino desde lo infantil”

Años atrás llegó a nuestras manos El incendio, una obra dada a conocer en el 2008 por Istvan Schritter (Istvansch) dentro de la colección de libros álbum que dirigió para la desaparecida editorial argentina Libros del Eclipse. Junto al texto de María Teresa Andruetto, aparecían las ilustraciones de Gabriela Burin. Desde entonces hemos seguido con interés la trayectoria de esta artista a través de publicaciones como el poemario Cuando sea grande, de Magdalena Helguera (Calibroscopio Ediciones, 2013), o Cenicienta a la pimienta (Libros del Eclipse, 2014), un libro que firmó como autora integral.

Burin nació en Buenos Aires, Argentina, en 1983, y estudió Bellas Artes en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). Ha estado entre los creadores seleccionados para el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de la FIL Guadalajara, en el 2017, y para la muestra de ilustradores de la Feria del Libro Infantil de Bolonia del 2021. Sus ilustraciones han aparecido en títulos publicados por editoriales de Argentina, Chile, México, Uruguay, Paraguay, España, Estados Unidos, China y Emiratos Árabes.

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Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022 (décima y última entrega: Nube de Tinta y Calibroscopio Ediciones)

Llegamos a la décima y última entrega de la serie Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022. En esta oportunidad compartimos las respuestas que dieron a nuestras preguntas, desde Buenos Aires, las editoras María Amelia Macedo, de Nube de Tinta, y Judith Wilhelm, de Calibroscopio Ediciones. Muchas gracias a ambas, así como a todos los editores que contestaron también nuestro cuestionario y nos dieron la oportunidad de conocer sus valiosos comentarios sobre 20 libros para niños y jóvenes altamente significativos.

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Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022 (novena entrega: Alboroto Ediciones y Polifonía Editora)

En esta penúltima entrega de las respuestas que dieron a nuestro cuestionario los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022, difundimos las que nos hicieron llegar Mónica Bergna, desde Ciudad de México, y Gabriela Ibáñez, desde Lima, directoras de los sellos Alboroto Ediciones y Polifonía Editora, respectivamente.

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Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022 (octava entrega: Norma Argentina y Libros del Pez Espiral)

Nos acercamos al final de esta serie que tiene como principal objetivo conocer qué piensan y sienten los editores de diferentes países acerca de sus libros distinguidos con el Premio Fundación Cuatrogatos 2022. Saber cómo surge una obra, cuál es el método de trabajo al que recurrieron sus creadores, cómo un texto se convierte en libro, y, sobre todo, los criterios que respaldan su publicación, es siempre un privilegio para los grandes lectores.

En esta ocasión, responden nuestro cuestionario dos editoras que dan a conocer sus propuestas desde una gran editorial de Argentina, la primera, y desde un sello emergente de Chile, la segunda. Ellas son Laura Leibiker, de Editorial Norma, y Camila Muñoz, de Libros del Pez Espiral.

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Desde Madrid y desde Buenos Aires recibimos las respuestas que dieron a nuestro cuestionario los editores de otros dos libros que están entre los ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022. Ellos son Luis Larraza, de bookolia (no, no es un descuido: Larraza prefiere que el nombre de la editorial se escriba así, empezando con minúscula), y Judith Wilhelm, de Calibroscopio Ediciones. Sigue leyendo

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En Cuatrogatos valoramos mucho el oficio de editor y por eso cada año resaltamos la importancia de esta profesión haciendo llegar un breve cuestionario a los editores que crearon —junto a escritores, ilustradores, diseñadores, correctores, impresores…— los 20 libros ganadores de nuestro Premio Fundación Cuatrogatos.

Esta vez damos la palabra, desde Argentina, a Eloise Alemany, directora de Periplo Ediciones, y desde Chile a Carla Salazar Luci, editora de Ediciones Pozo de Arena, y a Iván Martínez Berríos, director general de la editorial Plazadeletras (a la que pertenece el sello Pozo de Arena).

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Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022 (quinta entrega: Fondo de Cultura Económica México y Lóguez Ediciones)

Desde Ciudad de México —una capital donde viven más de nueve millones de personas— y desde Santa Marta de Tormes —una localidad española de alrededor de quince mil habitantes, cercana a la ciudad de Salamanca— nos llegan nuevas respuestas al cuestionario que enviamos a los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos. En esta ocasión, las editoras Susana Figueroa, de Fondo de Cultura Económica de México, y Maribel G. Martínez, de Lóguez Ediciones, comentan dos novelas para jóvenes lectores que nos impactaron grandemente por las problemáticas que abordan y por su calidad literaria, y que merecen la mayor difusión.

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Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022 (cuarta entrega: Ediciones SM y Gato Sueco Editorial)

Continuamos publicando la serie Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2022. En esta oportunidad, desde la ciudad de Madrid las editoras Paloma Muiña, de Ediciones SM, y Tora Ahlström, de Gato Sueco Editorial, dan respuesta a nuestro cuestionario.

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