De libros, lecturas y lectores (II)

“El único consejo sobre la lectura que una persona puede darle a otra es no seguir ningún consejo; que siga solo sus instintos, use su razón y llegue a sus propias conclusiones”.
Virginia Woolf

“Los libros tienen su orgullo: cuando se prestan, no vuelven nunca”.
Theodor Fontane

“La poesía, a mi modo de ver, es una manera peculiar de mirar el mundo. Casi siempre, tenemos ojos y no vemos. Cuando, de pronto, miramos de veras, nace ya la poesía”.
Eliseo Diego

“Hay aquellos que mientras leen un libro, recuerdan, comparan, reviven emociones de otras lecturas anteriores. La lectura es una de las más delicadas formas de adulterio”.
Ezequiel Martínez Estrada

“En los tiempos de La Fontaine los animales hablaban; hoy escriben”.
Antonio Fogazzaro

Una biografría televisiva de Enid Blyton

Enid Blyton, la escritora vetada por la BBC durante 30 años

Por Soledad Rodillo, tomado de El Mercurio, Chile.

“Una tenaz escritora de segunda clase”, decía la BBC para no invitarla a sus programas. “Es realmente extraño que esta mujer pueda ser una autora de éxito. Realmente es muy poca cosa”, comentaban. Hoy, a cuarenta años de su muerte, la escritora infantil es superventas en Gran Bretaña, al lado de J.K. Rowling y Dan Brown… Y la BBC acaba de estrenar su biografía.

Para quienes crecimos leyendo sus novelas de aventuras y sus historias de elegantes internados ingleses, Enid Blyton era sólo una firma. Una firma grande y manuscrita, estampada en un libro de gruesas tapas de cartón, donde generalmente aparecía una ilustración colorida con un par de jovencitas en uniforme escolar o un grupo de niños en shorts, pero donde jamás había una biografía o un dato sobre la escritora. Todavía conservo algunos de sus libros y puedo corroborarlo. Ni una palabra sobre la autora ni al comienzo ni al final, solo un listado con más de cien títulos escritos por ella.

Ahora me entero de que escribió más de 600. Y que por décadas ha sido una escritora súper ventas en Inglaterra. De hecho, su nombre acaba de aparecer en el lugar 10 entre los autores más vendidos de esta década por Amazon Reino Unido, un poco más abajo que reconocidos best sellers como J.K. Rowling, John Grisham y Dan Brown. Nada de mal para una escritora de libros juveniles, quien más encima murió hace 40 años.

En noviembre pasado, la BBC estrenó una biopic sobre su vida –Enid-, con Helena Bonham Carter en el papel de la novelista. Y de paso aprovechó de hacer un mea culpa por haberla mantenido vetada “deliberadamente” por más de tres décadas -desde 1930 a 1960- simplemente porque los ejecutivos de la corporación radiotelevisiva la consideraban “una tenaz escritora de segunda clase”.

Ni siquiera el hecho de haber vendido millones de ejemplares logró que alguna de sus obras pudiera ser transmitida radiofónicamente en alguno de sus programas infantiles. “No tiene mucho valor literario”, dijo de ella una de las ejecutivas. “Es realmente extraño que esta mujer pueda ser una autora de éxito. Realmente es muy poca cosa”, escribió un miembro del equipo en un memo de 1940 que ahora la BBC hace público en su página web.

Para ella este rechazo no era algo desconocido, aunque le dolía: “Yo y mis obras estamos completamente vetados de la BBC en lo que respecta a los niños; ninguna historia ha sido emitida ,y por lo que se dice, ninguna jamás lo será”. Solo en 1963 (cinco años antes de su muerte) esta prohibición fue suspendida, y Enid Blyton pudo ser entrevistada para el programa La Hora de la Mujer.

Pero el mea culpa de la BBC llegó varios años después, recién a fines de 2009. Y de la mano de un filme televisivo, que aportó varios datos biográficos basados en los recuerdos de sus dos hijas, pero que terminó por develar a una Enid Blyton que sus lectores desconocían: una mujer inmadura, egoísta y calculadora; “el sueño de cualquier terapeuta”, como dijo Helena Bonham Carter al hablar de su personaje, es decir, una persona muy distinta a la que los lectores de sus inocentes y empalagosos libros de aventuras pensaban encontrar.

Inmadura, arrogante, infantil

Enid Blyton -la más querida de los escritores ingleses, según una encuesta de 2008- nació en Londres en 1897, en medio de una familia de clase media tan inestable que, cuando el padre abandonó el hogar para irse con otra mujer, la madre por años encubrió el hecho ante el resto de la sociedad. La partida -que ocurrió cuando Enid tenía 12 años- va a ser el gran dolor de su infancia, no sólo por tener que alejarse de su adorado padre (la única persona con la que compartía el gusto por la lectura y la música), sino por quedar completamente a merced de su madre, a quien desde siempre detestó por neurótica.

Para evadirse de sus problemas, comenzará a escribir compulsivamente y mandar sus cuentos y poemas a cuanta revista se le ocurriera -lo que su madre consideraba una “pérdida de plata y tiempo”-, y además se dedicará a enseñar a niños en edad escolar. En los años 20 se casa por primera vez y le publican sus primeros libros; en los 30 nacen sus dos hijas, Gillian e Imogen, y comienza su éxito como escritora de novelas juveniles, y en los 40 compra su enorme casa de estilo Tudor -que sus lectores ayudaron a bautizar como Green Hedges-, se divorcia y se vuelve a casar.

Enid Blyton podía escribir diez mil palabras al día y empezar un libro nuevo apenas terminaba el anterior. Como escribía para revistas (e incluso tenía una propia), no le faltaban espacios para publicitar sus libros nuevos ni lugares donde recibir las sugerencias de sus lectores. Si un libro gustaba, como ocurrió -por ejemplo- con “El Famoso Club de los Cinco”, ella de inmediato comenzaba a escribir una continuación. Y así fue como terminó escribiendo series de 20 libros de cada uno de sus grandes éxitos, como Los Famosos Cinco, Noddy, Los Siete Secretos, Torres de Malory y Santa Clara, y así fue como logró escribir más de 600 títulos distintos y vender más de 600 millones de ellos.

Descrita como trabajólica, ambiciosa y con un innato conocimiento de marketing, la escritora no dudó incluso en utilizar a sus propias hijas con propósitos comerciales y llevarlas en sus giras solo para mostrarse como una madre abnegada. Pero una vez que los flashes se apagaban, la realidad era muy distinta.

En una biografía que escribió Imogen luego de la muerte de su madre, la hija no dudó en describir a Enid Blyton como una mujer arrogante, insegura y sin una pizca de instinto maternal. “Su manera de ver la vida era infantil, y podía ser resentida, como una adolescente”, escribió en el libro, donde además dejaba claro que todas las atenciones de su madre iban exclusivamente para sus seguidores, jamás para ellas. Su infantil manera de ver la vida la hacía pasarse horas escribiendo o jugando con sus perros en su casa de Buckinghamshire, sin jamás acercarse a las piezas de sus hijas o invitarlas a salir al jardín.

Pero en sus libros el sol siempre brillaba y los niños andaban libremente en bicicleta por el campo, nadaban en el lago y comían sándwiches de jamón al aire libre. “Me gusta escribir historias más que hacer cualquier otra cosa”, explicó la escritora en su autobiografía: “Los personajes vienen y van, hablan y ríen, las cosas les pasan a ellos… la historia completa destella en mi ‘pantalla’ privada, adentro de mi cabeza, y yo simplemente anoto lo que veo y escucho”.
Superventas en el Reino Unido.

Enid Blyton podía terminar un libro en cinco días. Y los dos dedos que usaba para tipear no paraban ni siquiera en vacaciones. Para algunos, esta ansiedad y rapidez se ven reflejadas en la espontaneidad de sus libros y en la soltura de sus diálogos. Para otros, es la razón de su falta de vocabulario y de sus constantes repeticiones (tanto de trama como de frases).

Pero esas no fueron las únicas críticas que recibió. En los años 50 y 60 los libreros la atacaron por su vocabulario limitado y por considerarla una snob. Otros, por escribir libros muy fáciles y aspiracionales (ahora que lo pienso, sus Torres de Malory también me hicieron aspirar a estudiar en un elegante internado inglés). Y otros la ningunearon por escribir “series” de libros, un pecado mortal para muchos escritores, en especial en esos días.

Tras su muerte, ocurrida en 1968, también la tildaron de racista, porque el malo de Aventura en la Isla (Jo-Jo) era negro y porque usó como personajes en sus libros a las golliwogs, unas muñecas negras que estaban muy de moda en la Inglaterra de esos años. Y ahora la ex mujer de su segundo marido, con más de 100 años, la acusa de nazi por haber asistido a una comida a fines de los años 30 en que se habló de apaciguar a Hitler en sus reivindicaciones territoriales -lo que a estas alturas es bastante poco significativo-, pero que vuelve a poner la figura de Enid Blyton ante los ojos de los críticos.

Sea como fuere, sus libros se siguen vendiendo como pan caliente (especialmente en el Reino Unido), quizás porque -como dijo su hija- “escribía como una niña con la habilidad de un adulto”. O quizás porque fue capaz de recrear un universo en el que los niños, de tan distintas generaciones, se sienten a gusto. O quizás, tal como confesó alguna vez la premiada escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, porque nos hacía soñar con pasteles de manzanas y escribir sobre juegos en la nieve, a pesar de que nunca hayamos visto nevar ni comiéramos “meriendas” a media mañana.