México DF, presentación de “Cuento del sinsonte olvidadizo” (Ediciones El Naranjo)

Ediciones El Naranjo realizó en México DF una concurrida presentación del álbum Cuento del sinsonte olvidadizo, del escritor Antonio Orlando Rodríguez, con ilustraciones de Enrique Martínez. La actividad, que contó con la presencia del ilustrador, estuvo destinada a las familias de los empleados de BBVA-Bancomer.

Pueden leer una reseña sobre esta obra publicada en el blog Cubos de mi torre, de la escritora argentina Pilar Muñoz Lascano, haciendo clic aquí.

Ilustraciones e ilustradores de Latinoamérica (3): Eduardo Muñoz Bachs

La ílustración es el primer asidero que ofrece un libro al muchacho: constituye una invitación a la lectura. Soy el criterio de que toda ilustración que se haga, bien sea para las páginas de un libro o para las de una revista, para un cartel o para la carátula de un disco, o hasta para la señalización de un hospital infantil, debe contribuir a que el niño se familiarice con todos los lenguajes de las artes plásticas.

Eduardo Muñoz Bachs
(Valencia, España, 1937- La Habana, Cuba, 2001)
Ilustrador y diseñador. Uno de los principales creadores del cartel cubano. Ilustró numerosos libros para niños, entre ellos: Cuentos de animales, de Herminio Almendros; Dailan Kifki, de María Elena Walsh; Los payasos y Juan Ligero y el gallo encantado, de Dora Alonso; Balada de los dos abuelos, de Nicolás Guillén; Caminito del monte, de David Chericián; Abuelita Milagro y Cuentos de cuando La Habana era chiquita, de Antonio Orlando Rodríguez; Por el ancho camino, de Adolfo Marí Fuentes, y Cantos para un mayito y una paloma, de Excilia Saldaña.

Tomado de: “Eduardo Muñoz Bachs. Allegro barroco”, artículo de Sergio Andricaín publicado en Revista latinoamericana de literatura infantil y juvenil, No. 2, julio-diciembre de 1995, Bogotá, Colombia.

Ilustración tomada de Caminito del monte, poemas de David Chericián (Gente Nueva, La Habana, 1980).

Ilustraciones e ilustradores de Latinoamérica (2): Alekos

Es preciso entregar una gráfica más imaginativa, que rompa el esquema del naturalismo, la perspectiva, las proporciones, el color consuetudinario; penetrar un poco la imaginación del niño y entregarlo todo menos obvio, quizás sugerido. Pero hay algo más: es necesario situarse en la época y en el espacio donde se vive. Aunque diste de ser una opinión generalizada en nuestro medio, debemos adentrarnos en la cultura de la tierra, en la iconografía popular, en el color de la naturaleza: tres fuentes de eterna juventud para las obras de arte, sea cual fuere su condición. Pese a la necesidad de abordar temas universales y de no copiar fotográficamente el entorno, no hay que perder ese rostro latinoamericano para remozar la gráfica y atender al niño nuestro. –Alexis Forero (“Alekos”)

(Bogotá, 1953). Autor e ilustrador de libros para niños como Matachita, El sombrerón, Espantajos y Aroma de níspero. Ha ilustrado, además, obras de numerosos escritores, entre ellos Beatriz Helena Robledo, Antonio Orlando Rodríguez, Clarisa Ruiz, Yolanda Reyes, Celso Román, Triunfo Arciniegas y Enrique Páez.

Texto tomado de Ilustración infantil en América Latina, encuesta realizada por Antonio Orlando Rodríguez y publicada en la revista En julio como en enero, de La Habana, en 1987. Este trabajo fue reproducido en la revista Hojas de lectura, de Bogotá, en abril de 1992.

Ilustración tomada de Matachita (Panamericana, Colombia).

Ilustraciones e ilustradores de Latinoamérica (1): Carlos Pellicer López

La ilustración infantil siempre ha caminado junto a los estilos predominantes en la pintura. Claro, sus objetivos son diferentes, pero mantienen una relación constante. También la fotografía, el cine y la tira cómica –campos relativamente nuevos en la plástica– influyen en ella. Creo que de todas estas influencias, la de la caricatura, tira cómica o cartón, es la que puede resultar más peligrosa.
Me explico: la caricatura, por ser un lenguaje breve, sintético y de la más amplia comunicación, encuentra soluciones gráficas para que el gran público reciba un mensaje claro, conciso, sin ambigüedades. La caricatura se lee de un golpe y no deja dudas en su intención. Esas características son valiosas para el ilustrador, pero si solamente hace uso de ellas, pierde la posibilidad de enriquecer su lenguaje, ya que en una narración gráfica para niños el mensaje puede ser más abierto, ofrecer más niveles de lectura.

Desde luego, no estoy pensando en el extremo –que sería la ilustración concebida como un poema, donde cada espectador hace su lectura ante un texto totalmente abierto–, pero una feliz dosis de esos dos extremos resulta recomendable.

La ilustración infantil debe tratar de incorporar soluciones gráficas distintas, nuevas, propias del medio o del momento que vive la comunidad que rodea al ilustrador… y claro, al lector.

Carlos Pellicer López
(México D.F., 1948). Autor e ilustrador de libros para niños como Juan y sus zapatosJulieta y su caja de colores, El tigre de Naim y La historia de la abuela.

Texto tomado de Ilustración infantil en América Latina, encuesta realizada por Antonio Orlando Rodríguez y publicada en la revista En julio como en enero, de La Habana, en 1987. Este trabajo fue reproducido en la revista Hojas de lectura, de Bogotá, en abril de 1992.

Ilustración de Juan y sus zapatos (Fondo de Cultura Económica, México)

Entrevistas con Julio Verne, en el 184 aniversario de su natalicio

El reportero estadounidense Robert H. Sherard ha pasado a la historia por haberle hecho a Julio Verne dos de las mejores –y escasas– entrevistas que se conservan con el legendario autor francés.

En enero 1894, Sherard lo entrevistó para la revista estadounidense Clure’s Magazine. Más tarde, en 1903, volvió a charlar con el creador de La vuelta al mundo en 80 díasLa isla misteriosa, Un capitán de 15 años, entre otros clásicos de la novela juvenil de aventuras. En esa ocasión, la entrevista fue publicada por T.P’s Weekly.

A continuación, algunos apartes de esas conversaciones de Verne con Sherard: Sigue leyendo

Un clásico de los cuentos de fantasmas

Final para un cuento fantástico

–¡Qué extraño! –dijo la muchacha, avanzando cautelosamente–. ¡Qué puerta tan pesada! –La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, de golpe.

–¡Dios mío! –dijo el hombre–. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos ha encerrado a los dos!

–A los dos. A uno solo –dijo la muchacha.
Pasó a través de la puerta y desapareció.

I.A. Ireland