Seminario de Literatura Infantil de Medellín: ¿quién dijo que 20 años es nada?


En Colombia, el Seminario de Literatura Infantil de Medellín celebró su vigésimo aniversario con la publicación de la antología Memorias Seminario de Literatura Infantil y Juvenil 1988-2011, en la que se reúnen algunas de las conferencias más significativas presentadas en sus sesiones.

En un recuento sobre la trayectoria del evento que precede a las ponencias, Luis Bernardo Yepes escribe: “Año tras año, el gran público que ha asistido al Seminario de Literatura Infantil ha demostrado la importancia y la necesidad de este espacio académico, convirtiéndolo en uno de los eventos de promoción de lectura más importantes del país y el evento con mayor trayectoria en este campo”. Actualmente el seminario, que se realiza en septiembre durante la Fiesta del Libro, forma parte de las acciones del Plan Municipal de Lectura Medellín, una ciudad para leer y escribir.

La selección fue realizada por la bibliotecóloga Gloria María Rodríguez y da cabida, entre otros, a trabajos como La otra lectura, de Fanuel Díaz (Venezuela), presentado en el seminario de 1992; Brrrr… ¡Quién dijo miedo!, de Yolanda Reyes (Colombia), presentado en 1994; La familia en la literatura infantil y juvenil contemporánea: una aproximación, de Antonio Orlando Rodríguez (Cuba), en 1995; En torno a la poesía, los niños y la escuela, de Sergio Andricaín (Cuba), en 1996; Quién es quién en la literatura infantil colombiana contemporánea, de Beatriz Helena Robledo (Colombia), en 1996; El lugar de la lectura o acerca de las ventajas de ser desobediente, de Graciela Montes (Argentina), en 1997; La lectura entre el humor y la censura, de Francisco Hinojosa (México), en 1997; Del rock a la novela de aventuras: la literatura juvenil y sus múltiples posibilidades, de María Elena Maggi (Venezuela), en 1998; Entre letras y mamarrachos: diario de trabajo, de Triunfo Arciniegas (Colombia), en 2002; Formar niños lectores, de Geneviève Patte (Francia), en 2004; Los cuentos que asustan, de Evelio José Rosero (Colombia), en 2005; Escribir para niños: un espejo interior, de Marina Colasanti (Brasil), en 2009, y La literatura infantil y juvenil en América Latina, de Manuel Peña Muñoz (Chile), en 2011.

Como señala Alonso Salazar Jaramillo, alcalde de Medellín, en la introducción de esta recopilación, el Seminario de Literatura Infantil de Medellín es “un proyecto cuyas calidades académicas y humanas ayudaron a marcar el derrotero para la construcción de una política pública de lectura y escritura, cuando otros solamente hablaban el mezquino lenguaje de las armas”.

¡Hola!, que me lleva la ola: "peninsular classics and newer American favorites"

Reseña del libro ¡Hola!, que me lleva la ola, de Sergio Andricaín, difundida por Publishers Weekly en Estados Unidos. Esta antología poética, con ilustraciones de Ana María Londoño, fue publicada por Alfaguara en Colombia, dentro de la exitosa colección Nidos para la lectura que dirige Yolanda Reyes.

Hola!, Que Me Lleva la Ola: Rimas, Juegos y Versos
Sergio Andricain / Editor
Ana Maria Londono / Illustrator
Alfaguara Infantil $14.95 (87p)
ISBN 978-958-704-527-7

Andricaín brings together peninsular classics and newer American favorites in this newly available collection of poems, riddles, and rhymes. Ratón Pérez rubs elbows (or perhaps whiskers) with García Lorca and Lope de Vega in a volume that hints at the breadth and wealth of the poetic tradition in the Spanish-speaking world. The sweet pen outline and watercolor illustrations scattered throughout serve to provide a visual focus while allowing the words to feed readers’ imaginations. The end of the book offers brief bios of the authors included. A wonderful way to bring beautiful (and playful) classic voices to the next generation of poetry lovers, and a welcomed offering to children’s Spanish language literature. Recommended for school and public libraries, as well as bookstores.

Reviewed by Anat Shenker, Univ. of California.

Joyas de la biblioteca de Cuatrogatos (entrega número 3)

La destacada escritora cubana Hilda Perera publicó su primer libro, Cuentos de Apolo, en La Habana de 1947. El segundo, Cuentos de Adli y Luas, vio la luz en la misma ciudad, en 1960, editado por la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación. Poco después, la autora se exilió en la ciudad de Miami, en Estados Unidos, desde donde continuó su carrera literaria con numerosos títulos de literatura infantil publicados en España, como Podría ser que una vez..., Cuentos para chicos y grandes, Kike, Mai y La jaula del unicornio, entre otros. Sigue leyendo

Acabado de "salir del horno": Las trenzas de Fiorella, de Antonio Orlando Rodríguez

 Panamericana Editorial, en Colombia, acaba de publicar dentro de su colección OA Infantil el cuento Las trenzas de Fiorella, del cubano Antonio Orlando Rodríguez, con ilustraciones de su compatriota Enrique Martínez. El escritor y el ilustrador –radicados en Estados Unidos y en México, respectivamente– habían colaborado anteriormente en los libros Los caminantes-camina-caminos (La Habana: Gente Nueva, 1992) y Cuento del sinsonte olvidadizo (México DF: Ediciones El Naranjo, 2010).

Sobre Las trenzas de Fiorella adelanta la nota de contracubierta: “Fiorella es una niña como otra cualquiera, pero un día sus trenzas les dan a todos una inesperada sorpresa. Una historia donde se unen el humor, la poesía y la imaginación”. Aquí, dos ilustraciones de la obra:

La vida de los libros

 Por Beatriz Helena Robledo
Tomado de El Espectador, Bogotá, Colombia

Los bibliotecarios de algunos departamentos de Colombia han salido a la caza de nuevos lectores con ideas originales y sencillas, convirtiendo sus bibliotecas en espacios de encuentro.

Quince años atrás tuve la suerte de recorrer el país visitando bibliotecas públicas y haciendo talleres de lectura. Recuerdo que varias veces tuve que esperar a que la bibliotecaria terminara de hacer el sancocho o de lavar la ropa, para abrir un recinto que por lo general olía a polvo y a papel viejo. Eso de manejar una biblioteca era un asunto doméstico y las bibliotecas públicas —cuando las había— eran extraños y aburridos lugares donde los libros se guardaban con celo y todo se iba en clasificarlos.

Ahora hay bibliotecas en todos los municipios del país, según reporta la Biblioteca Nacional de Colombia, y muchas de ellas son, sin lugar a dudas, bibliotecas vivas. Hace poco tuve de nuevo la oportunidad de hacer un pequeño recorrido por bibliotecas públicas de algunos departamentos y descubrí que sus bibliotecarios han salido a la caza de nuevos lectores con ideas originales y sencillas, convirtiendo sus bibliotecas en espacios de encuentro y vida.

¿No es eso lo que necesita este país?, me pregunto.

En Risaralda, Caldas, un jovencito de catorce años que sale de la biblioteca, un hermoso edificio construido en guadua lacada de colores pasteles, me dice: “Aquí encuentro todo lo que busco, me prestan novelas y no me roban la bicicleta”.

Llegamos a este lugar, conocido como el Balcón del Viento, después de una larga correría por varios municipios del departamento. Me reciben Rubiela y Aida Leda, quienes me hablan de sus iniciativas para captar lectores. Una de éstas es el programa El Libro Radial, una emisión de dos horas, tres veces a la semana, por la radio comunitaria, en la que se realizan lecturas de cuentos y poemas. El programa lo escuchan muchos campesinos y recolectores de café en las laderas del campo, pero también, por la frecuencia en internet, los numerosos risaraldinos que viven fuera del país.

El programa surgió de la idea de que muchas personas no pueden ir a la biblioteca, unas por la distancia, otras porque no saben leer. La radio, en cambio, llega a la mayor parte de la gente en el campo.

“Un recolector llamó para que le repitieran un poema, y una señora pidió de nuevo una receta”, recuerda Rubiela. El programa, que lleva tres años al aire, ya da sus frutos: todo el mundo sabe dónde queda y qué hace la biblioteca de Risaralda. También han aumentado mucho las visitas y el préstamo de libros.

“Toca preparar muy bien la lectura del cuento. La gente le dice a uno, ‘como yo no sé leer, al menos lo puedo oír’. Lo que más nos piden son libros de hierbas y frutos medicinales, mitos y leyendas, recetas de cocina, manualidades. Bueno, también la poesía se mueve”.

En San José, otro municipio de Caldas empotrado en una cuchilla entre el valle de Risaralda y el valle de la Rochela, treinta ancianos han sido invitados al Carrusel de Mitos y Leyendas en la biblioteca pública. Hace tres años la maestra, venida de Riosucio a trabajar a San José, descubrió que, al contrario de su pueblo, aquí la gente no tenía sentido de pertenencia. No cuentan con un diablo rumbero que les cure las heridas. Empezó un proyecto con el programa Ondas de Colciencias, al que se unió la biblioteca pública, y los niños iban a las veredas a recoger cuentos, mitos y leyendas de los más viejos. Tres años después, San José celebra cada año el festival de mitos y leyendas que ya empieza a volverse una tradición y un símbolo de identidad de los sanjoseños.

“Estoy viviendo la infancia que no tuve. No fue sino que me cortaran el cordón umbilical para ponerme a trabajar”, dice Adolfo, anciano octogenario con una sonrisa infantil en la cara que ilumina los surcos profundos de los años. Acaba de escuchar una leyenda del hombre sin cabeza contada por un niño de nueve años. En la plaza central no hay un busto de Bolívar ni de Santander: hay una escultura de un duende travieso y socarrón como símbolo del pueblo.

“Aquí es muy fácil enamorarse de la poesía”, declara Luz Eugenia, joven maestra que enseña en la Normal de Marquetalia, al salir de la Lunada, programa de poesía que organiza cada mes la biblioteca pública en las calles de este pueblo de ganado en ladera y cultivo de café. Más de cincuenta personas, en su mayoría jóvenes, se dan cita en una calle del pueblo que las bibliotecarias se atreven a cerrar sin que nadie les ponga problemas, pues los marquetones ya están acostumbrados a que la biblioteca pública aparezca abriendo libros que se ofrecen como golosinas gratuitas.

En Marulanda, Caldas, hace cuatro años Rodrigo empezó a salir a las veredas a visitar las escuelas con el morral de libros de la biblioteca. Se dio cuenta de que a los niños les faltaba mucha atención: no tenían seguridad social, algunos no veían bien, otros no estaban vacunados, otros ni siquiera estaban registrados. Rodrigo es el presidente del Comité Municipal de política social y expuso allí la situación. Habló con el alcalde, el personero, el policía, el médico, la oficina de Bienestar Familiar y los convenció a todos de desplazarse a las escuelas a atender a los niños y a suplir estas carencias.

Todo el mundo se conoce en Marulanda y esto ayudó a que Rodrigo pudiera organizar brigadas que se desplazan una vez al mes a las veredas: alcalde, personero, jueza, inspector de policía, enfermeras. El aliado más grande es el hospital. Médicos y enfermeras llegan a las escuelas con vacunas, atención en salud oral y prevención.

En Palestina, Luis Eduardo lleva libros y lectura a los recolectores de café. Tiene organizado el programa en cinco fincas cafeteras. Una vez a la semana reúne a los recolectores, hombres y mujeres venidos de todas partes del país, nómadas, con historias innombrables que los han estigmatizado como peligrosos. Pero este bibliotecario-promotor de lectura-teatrero se empeña en romper ese mito y abrir un espacio para que ellos escuchen, cuenten, lean y sientan que tienen algo que les pertenece. Luis Eduardo cuenta que la idea surgió de una experiencia que tuvo más joven, en la finca de su suegro: veía que los recolectores se leían hasta un pedazo de periódico, lo recogían del suelo para leerlo. Se prometió que cuando tuvieran la oportunidad les llevaría libros. Y así lo hizo. Hoy, en el cuarto de la casa de la alimentadora, como se le dice en la jerga cafetera, hay un exhibidor de libros de donde pueden tomar prestado un libro para llevarlo al campamento. La alimentadora-bibliotecaria se trasnocha recogiendo los libros, “pues ellos son andariegos y se van muy temprano”, dice.

Conocí bibliotecarias y bibliotecarios (porque ahora este oficio no es sólo de mujeres) convencidos de que leer paga, sobre todo en un país donde lo demás parece ser violencia y corrupción. Las bibliotecas que visité son una mínima fracción de las más de mil quinientas que tiene el país, y donde los bibliotecarios, calladamente y casi que con fe, se pelean un lugar para cumplir lo que para muchos de ellos es una misión: ofrecer el conocimiento y los libros en “generosas copas desbordantes”, como decía Daniel Pennac.

Hoy el país cuenta con una infraestructura de bibliotecas que ya empieza a tejer una red de colaboración y con un instrumento jurídico (Ley de Bibliotecas Públicas, 1379) que, aunque recién nacido (sancionada en enero de 2010), debería servir al menos para pasar del espacio público al espacio doméstico, donde los niños van a pedir que les traigan más libros porque ya leyeron todo lo que había para ellos en la biblioteca.

Sankokán para chicos y una “Falsa oda a Salgari”

 La editorial española La Galera nos invita a revisitar el universo del más famoso de los piratas malayos con una atractiva reedición de la novela Sandokán, de Emilio Salgari, adaptada por Begoña Uhagón para la colección Pequeños universales. El libro aparece en el centenario de la muerte de Salgari y cuenta con ilustraciones del pintor y dibujante Javier Andrada.

A propósito de Salgari, no resistimos la tentación de compartir con ustedes un poema que escribió en el París surrealista de 1930 el cubano Félix Pita Rodríguez, quien durante su infancia fue un apasionado lector de obras como Los misterios de la jungla negra, La venganza de Sandokán, El corsario negro, Yolanda, la hija del corsario negro y El león de Damasco.

Falsa oda a Salgari

Félix Pita Rodríguez

¡Garza o alcor!
Tus senos, Yolanda
y los cuervos se hacen heráldicos en el altiplano.

Tremal Naik tenía seis mujeres y una tigresa.
Yáñez de Gomara sentía el tabaco como las castañas el invierno,
con vino de maldiciones ya hechas cristal entre los pelos del bigote.
Nunca se sabrá el destino de la llave que perdió a Barba Azul.
Una sola herida, y la sangre helada de Sandokan llenó tres veces
las botas de Siete Leguas.
¡Ah, tu naufragio!
Más tiernos que las algas complicadas,
entre reverencias cortesanas, mil doce reyes de Abisinia
perdieron la vida.
Quince años después,
aún la carne de los salmones sabía a pipas
y juegos de barajas,
como la carne de los corsarios.

Las cartas geográficas
tenían un signo de interrogación en Oceanía.
Inquietante, pero en realidad, ¡nada!

En todo aquel mar sólo había entonces un gran signo de interrogación,
hecho de pólipos, algas y erizos de colores.
El punto era una estrella marina
desmesuradamente grande,
de una especie hoy extinguida.
(La última podía verse hace mil años,
suspendida a los pies de un crucifijo,
en la habitación que Sandokan hizo construir
con carapachos de tortugas enanas
para Yolanda).

Pero Salgari estaba en el secreto,
como los conspiradores.

Y en las cartas marinas había espacios señalados
como quien quiere salir de apuros,
con signos de interrogación.

Nadie sabrá jamás el destino de la llave que perdió a Barba Azul.
Los senos de Yolanda comenzaron a gemir en el altiplano.
Garza o alcor, ¿qué importa?
Tremal en adelante tendrá también seis mujeres y una tigresa.
¡Lástima que para ello habrá que destruir, a golpes de arcabuz,
el más bello signo de interrogación!

La Malasia tiene color de fuego y sabe a almendras,
Borneo es blanco,
la música de sus albatros es anterior a las sirenas.

Java es una oración, y un puñal,
y un vuelo de papel picado en el viento.

Verde, rojo y negro.
¡Un corsario de cada color!
Para siempre,
sal de los mares dulces,
Yolanda clavada en el recuerdo
entre los senos de una niña nunca vista!

(1930)

Entrevista con el escritor mexicano Francisco Hinojosa

Por Diajanida Hernández G., tomado de El Nacional, Caracas, Venezuela

Francisco Hinojosa (Ciudad de México, 1954) es cuentista, poeta, dramaturgo, ensayista y editor. Su obra ha sido traducida al inglés, al portugués y al japonés. Es autor de los libros de cuentos Informe negro (1987), Memorias segadas de un hombre en el fondo bueno y otros cuentos (1995), Cuentos héticos (1996); de las crónicas de viaje Un taxi en L.A. (1995) y Mexican Chicago (1999); y de Tres poemas (1998). Además ha publicado alrededor de veinte libros infantiles.

Hinojosa tiene una trayectoria de más de treinta años como autor de obras dirigidas al público infantil y juvenil. Es el escritor infantil más leído de México; su libro La peor señora del mundo (1992) es un clásico de la literatura para niños y por muchos años ha sido uno de los títulos consentidos del Fondo de Cultura Económica. Las historias de Hinojosa son un juego de humor, fantasía, diversión y risa que han calado en varias generaciones de lectores.

Trabajas con unos lectores particulares: los niños y los jóvenes, ¿podrías describir cómo son esos lectores?

Yo los dividiría en realidad en tres. La edad preescolar, para quien se necesita un escritor muy específico, y quizás no sea yo a pesar de que tengo un par de libros dirigidos a ese lector; después el grueso que son los niños y el joven. En el primer caso te decía que tengo un par de libros, cuando me enfrento con ellos, voy a las escuelas con mucha frecuencia, siempre me cuesta más trabajo mantener la atención, encontrar los verdaderos motivos que disfrutan con un texto; después con los niños se me han dado muy bien; y los jóvenes a quienes no había atendido hasta que finalmente me encontré con dos cuentos que había escrito para adultos que funcionan muy bien con el público juvenil, uno se llama “Los pinches chamacos” y otro se llama “Informe negro”, ese informe negro lo escribí hace treinta y tantos años y la editorial Alfaguara le vio cara de cómic, lo transformó en un cómic.

Has dicho que los niños son lectores más exigentes que los adultos, que si no los atrapa la historia, si no les interesa, la dejan porque hay cosas más importantes que hacer. Entonces, ¿cómo atrapar a ese lector?
Creo que los recursos que tiene la literatura para conquistar, digamos, a un lector niño, que está entre los 6 y los 12 años, son varios: en primer lugar creo que el humor es un punto importante; el juego es otro punto muy importante; encontrar una entrada que atrape al lector, no empezar muy tarde, los niños de hoy necesitan empezar cuanto antes, la literatura del siglo pasado siempre comenzaba con descripciones del paisaje y de pronto empezaba el cuento, y ahora no, los niños necesitan que diga: “en cuanto abrió la puerta ahí estaba el cadáver”, entrar de lleno a la historia; la exageración creo que es otro punto que es importante; el no confundir el cuento, la literatura con otras cosas con las que normalmente se le quiere confundir: la promoción de los valores, la enseñanza, eso lo huelen y saben por donde va. Creo que estos son los principales puntos.

Ahora que hablabas del lector de hoy, podríamos decir que tú has formado generaciones, ¿sientes que tu lector ha cambiado? ¿Has tenido que modificar alguna cosa?

No, fíjate que no, al contrario, gracias a que no me he modificado es que he llegado a otros lectores. Como tú lo decías, ya han pasado algunas generaciones, y me he topado con adultos que escriben o que estudian una carrera afín a las Letras porque empezaron a leer con libros que yo escribí, me lo han dicho, y que han visto que no se quedaron ahí, sino que tienen de mi parte otro tipo de literatura que pueden consumir.

¿Crees que la tecnología le ha restado espacio a la literatura infantil?

Creo que a pesar de eso se sigue leyendo y se sigue escribiendo. La tecnología ha ayudado a que se escriba mucho, ahora todo el mundo está con celulares escribiendo mensajes, correos, el Twitter, todas las redes sociales que están muy en boga, y para escribir es necesario leer, creo que también se está leyendo bastante más, están los libros electrónicos. Ahora, junto a esto ¿qué ha sucedido en la literatura infantil? El libro que más ventas ha tenido, contra todo lo que se podía esperar en el mundo editorial, ha sido Harry Potter, sin duda, durante meses se publicaba, se contaba en los primeros lugares de ventas y es un libro en el que no existe la tecnología.

Hoy en día la tecnología ya no sorprende; yo saco un artefacto, un anillo, y digo: “voy a ver un juego de fútbol, permíteme un segundo”, lo único que vas a decir es: “dónde compro ese anillo”, no te vas a sorprender, eso ya no nos sorprende, y el éxito de Harry Potter nos está mostrando que hay una especie como de nostalgia, de admiración, de lo fantástico, de la magia.

Esta última generación que ha crecido con tantas posibilidades… Y de pronto quisieran como volver a eso, volver hacia esas épocas en las que existía el asombro, una nostalgia del asombro. Y esa nostalgia del asombro está conviviendo con la tecnología.

¿Crees que el cómic hoy juegue un papel importante en la promoción de la lectura, que debe ser incluido en los programas de educación?

Sí, yo creo que sí, y se está haciendo. Acabo de terminar una serie de antologías para primaria, y lo voy hacer también para secundaria, y en todas me encargué que estuvieran historias gráficas, el cómic, las historietas, como una manera distinta de leer, no sólo vamos a leer cuentos o poemas o leyendas, no, hay muchas maneras de leer y una de ellas puede ser la historia gráfica.

La ilustración es un aspecto fundamental dentro de la literatura infantil. Una mala ilustración puede estropear, digamos, una buena historia. Has hablado de la necesidad de que la literatura infantil se nutra de las artes plásticas. Sí se une mucho, los álbumes para niños son comunes, mientras más pequeño es el lector más cantidad de ilustración requiere y entre más vaya creciendo va desapareciendo, pero creo que es un muy buen complemento y que también nos puede ayudar a tener idea más completa, hay imágenes que están para ser leídas mucho más allá de lo que estamos viendo, está contando muchas otras cosas.

Tu relación con El Fisgón ya es una llave probada, ¿qué tiene El Fisgón que se convirtió en el complemento justo para tus historias?

Fue una coincidencia, nos unieron en el primer libro que publicamos y desde entonces se han sucedido unos trece, catorce o quince libros, no recuerdo cuántos, a tal grado que no necesito ver nunca las ilustraciones antes, siempre sé que van a ser la mejor traducción de lo que escribo. Y en otro sentido tenemos también como una competencia en lo que tiene que ver con el humor, con una idea de la política -El Fisgón es un caricaturista político importante en México-, a tal grado que cuando escribo mis cuentos ya los escribo imaginando que están dibujados por El Fisgón, ya les veo la cara como si ya estuvieran dibujados por él.

En tus historias hay un propósito de convertir sentimientos llamémoslos negativos (odio, miedo, rabia) en algo más bien constructivo (humor, risa fantasía).

Sale de una manera natural, creo que es el estilo porque eso se ve no sólo en lo que escribo para niños sino en lo que escribo para adultos, en donde la violencia y la muerte son los principales temas y el arma, la defensa, el escudo que detentan son el humor y el juego, el humor negro en el caso de los adultos.

La peor señora del mundo cambió el paradigma del tema y del tratamiento del personaje en la literatura infantil, ya es un clásico. ¿Sientes que hoy hay que seguir modificando los paradigmas y los temas?

La realidad en la que vivimos pone temas sobre la mesa: violencia, diversidad sexual, la xenofobia, el divorcio, el cambio del modelo de la familia, ¿la literatura infantil debe abordar esos temas? Claro, estoy convencidísimo de que sí. Antes se pensaba que había temas prohibidos para tratar con la literatura infantil. Hoy debemos tratar la diversidad sexual, el secuestro. Por qué no decirlo, el problema no es el tema es cómo decirlo.

Fui invitado por una editorial norteamericana para escribir un cuento para niños y había treinta y cuatro temas prohibidos: la xenofobia, las guerras, las drogas, al final, eran los temas conocidos, y las casas con piscinas, no sé por qué, un absurdo, y hoy creo que eso todavía sigue existiendo, esa prohibición para ciertos sistemas educativos, especialmente, por ejemplo, el norteamericano, que no permite que haya ciertos tópicos en la literatura si quieres que entre en el sistema educativo.

¿Cómo describirías la poética de tus libros infantiles y juveniles?

Creo que lo que más los podría unir es el juego. El juego como tema, por una parte, y el juego como interacción con el lector y eso a través del humor, el absurdo y otras cuestiones.

Siempre estoy tratando de proponer un juego, un juego de palabras, un juego de temas. Eso creo que los definiría más que nada.