Impresiones de una oyente curiosa. 6to Seminario de Literatura Infantil y Lectura en Miami

Por Betty Quintero

El 6to Seminario de Literatura Infantil y Lectura llevado a cabo el 23 de noviembre en el marco de la 36a Feria del Libro de Miami con la impecable organización de la Fundación Cuatrogatos, me ha causado una gratísima y viva impresión.

La pintoresca y poética charla inicial con la que el profesor, escritor y narrador oral Ernesto Rodríguez Abad (España) cautivó a la audiencia tuvo La voz de la literatura como tema central. En ella destacó la importancia del relato popular y la narración oral como primer acercamiento imprescindible hacia la literatura: “aprendemos a leer por las orejas”. La voz y la palabra son el vehículo más eficaz para contagiar el amor por la lectura. El rescate y reivindicación de los autores clásicos en general, y de la mujer en particular, tiene más pertinencia que nunca puesto que en ellos se propone un mundo de igualdad y oportunidades que hoy día la sociedad aún no ha conseguido superar de un todo. Por medio del embrujo de su palabra, el profesor Rodríguez Abad ilustró con la magnífica narración de algunos cuentos, la forma en que la figura femenina ha sido esa protagonista transgresora que rompe paradigmas y reordena el universo bajo un signo de géneros más justo e igualitario. Esta charla fue un exquisito abrebocas para los paneles que se llevaron a cabo a lo largo de toda la jornada.

El panel de Los libros, la lectura y nosotros estuvo conformado por tres autores muy distintos entre sí que coincidieron en varios puntos de su exposición bajo la coordinación de Fanuel Hanán Díaz (Venezuela). Reconocieron la lectura como herramienta vital para la construcción de la propia imagen y la del mundo circundante. La literatura nos prepara cognitiva y emocionalmente para enfrentar los avatares de la vida. El oficio de escribir para niños, en el que no se debe dejar ningún cabo suelto, demanda la rigurosidad técnica de un orfebre. La voz, como vehículo de encantamiento hacia los libros debe encender su primer fuego en el hogar. Si bien las lecturas escolares obligatorias fueron fuentes de disgusto para los tres autores, no mermaron su interés literario y recalcaron que el mediador de lectura —docente, bibliotecario, cualquiera que sea—, debe tener una vocación irrevocable y una creatividad desbordante para cumplir su cometido. Estuvieron de acuerdo en que la literatura infantil no solo es capaz de abarcar todos los temas, sino que incluso reclama el espacio de los más espinosos y difíciles. En su apreciación, la poesía resulta el campo más fértil para tratar los tópicos más oscuros. Para ellos la censura es cosa de adultos, los niños están muy lejos de saber de qué se trata.

A Mónica Rodríguez (España) los libros nunca la dejaron sola y desde muy chica descubrió que la “emoción” era lo que hacía que una misma palabra tuviera distintos significados en varios autores. John Fitzgerald Torres (Colombia) resaltó la importancia vital que para él tiene el libro como formato físico y habló de la capacidad lectora como esa cualidad que desborda los formatos impresos y es capaz de metaforizar al mundo y la existencia misma para ser descifrados. Roxana Méndez (El Salvador) se aferró en su niñez a la fantasía que la literatura ofrecía frente a un mundo de violencia que estallaba a su alrededor. Enfatizó que los niños deben tener un abanico amplio de opciones en el que la literatura fantástica debería desempeñar un rol protagónico para el fomento de la imaginación y el desarrollo psicológico. Considera que para los niños centroamericanos es urgente e imprescindible el acceso a los libros. Finalmente, todos convinieron en que la promoción de la lectura debe incluir no solo al ámbito familiar como primer escenario; la escuela está llamada a estimular la facultad lectora ofreciendo espacios para ello y promocionando el uso de la palabra y del lenguaje para el disfrute de los niños. La emoción es el vehículo que conecta a la palabra con el lector en esos primeros años y en el campo de la poesía la musicalidad es la que propicia sus milagros.

Niños, literatura y futuro fue otro panel por demás interesante y no exento de controversias que coordinó María Cueto (Cuba-Estados Unidos). Estas ponencias partieron del carácter doméstico e íntimo que la lectura ha jugado en su rol como escritores. Los panelistas confluyeron en la sorprendente capacidad que tienen los niños para entender hasta los temas más delicados desde una óptica fresca y abierta. Una historia bien contada es la que satisface al más exigente de los lectores y para Menena Cottin (Venezuela) eso se traduce en la sintetización de un tema o idea que se expresa a través de ilustraciones marcadas por su formación como diseñadora gráfica. Expuso su visión usando como ejemplo un cuento escrito de la mano de su propio nieto en el que puede palparse esa inclinación innata de los niños para simplificar las cosas, digerirlas y re-crearlas bajo sus propios códigos y lenguaje. Si bien reconoce que nunca ha escrito libros para niños, éstos siempre terminan en una editorial infantil y es que; esa sustancia pura de la que están hechas sus obras resultan aptas para cualquier edad. Cree que la capacidad de explorar el mundo a través de un libro es lo más valioso que la literatura puede ofrecer a los niños.

Para David Unger (Guatemala) el oficio de la escritura vio la luz gracias a traducciones de otros autores. A través de la palabra pudo transformar en textos aquellos mensajes que pretenden romper barreras y cuyo génesis no se encuentra lejos de sus vivencias personales. Resultó muy reveladora su experiencia con la censura como traductor de textos y enriqueció con ejemplos su visión respecto a ese tema. Sin duda, para este autor la protección que ofrecen los libros ante los avatares de la realidad es una de las cosas más valiosas que la literatura tiene para ofrecer y en eso coincidió con la última escritora de este panel. Los libros de la infancia y la adolescencia no solo marcaron la vida de Legna Rodríguez Iglesias (Cuba), sino que determinaron el rumbo de la escritora en la que se encuentra convertida hoy día. Vivió con intensidad los relatos que caían en sus manos al punto de recrear la vida de los personajes que se apoderaron de su mente juvenil. Cada libro que valiera la pena marcaba un antes y un después para ella. No ha perdido el placer de leer libros infantiles con la frescura de la infancia y la intensidad de la adolescencia y es una escritora adulta con un gran sentido del humor y extensas referencias bibliográficas.

El conversatorio Escribir para las nuevas generaciones entre Juan Villoro (México) y Antonio Orlando Rodríguez (Cuba-Estados Unidos) fue una deliciosa charla sin desperdicio en la que Villoro nos habló de su acercamiento a la lectura y la escritura. Luego de una infancia no exenta de peripecias, los espectadores pudimos apreciar su desarrollo y evolución como escritor desde su temprana adolescencia hasta el reconocido escritor que es hoy día. Gracias a las certeras e interesantes preguntas de Antonio Orlando Rodríguez pudimos descubrir que Villoro escribe los libros que le hubiera gustado leer cuando era niño; que escribir para niños esconde una enorme complejidad porque no se trata de escribir libros simples. El escritor, en boca de este autor, es “un poco un actor encarnando un personaje” y puesto que los niños tienen una lógica muy severa, contrario a lo que se piensa, los relatos tienen que ser congruentes y creíbles. Luego de explicar las edades a las que se orientan sus libros y los temas que trata, salió al ruedo el tema de la censura y el debate de lo “políticamente correcto” aderezando la conversación con ejemplos de su experiencia personal que, por dramáticos, terminaron siendo jocosos para deleite de los presentes. A la hora de escribir, se nutre de su inquieto impulso por contar aventuras que promuevan el pensamiento crítico y despierten avidez en la búsqueda de respuestas. Para Villoro “el lector debe tomar sus propias decisiones”.

El último panel, titulado Por qué y para qué de los libros para niños y jóvenes, coordinado por Sergio Andricaín (Cuba-Estados Unidos) exploró la visión del proceso de producción de un libro desde otras perspectivas muy interesantes y poco visibles. La aventura que supone para el editor emprender un proyecto no está exenta de riesgos y maravillas, según Socorro Venegas (México) y Fanuel Hanán Díaz (Venezuela). Los libros de la infancia vuelven a desempeñar un papel protagónico, esta vez en la mirada del editor. Para Socorro Venegas, la visión del editor determina una óptica de lectura que traza el camino a seguir en el que la condescendencia debe evitarse a toda costa. A través de la ruta que marcó su experiencia al frente de las colecciones infantiles y juveniles del Fondo de Cultura Económica pudimos palpar la invisible labor y el peso enorme que implica la edición de un texto para niños. Tener el concepto editorial muy claro es lo que hace la diferencia y en eso coincide con Fanuel Hanán Díaz para quien la tarea de editor se asemeja a la de un director de orquesta “aunque su nombre ni siquiera aparezca en los créditos editoriales” una vez impreso. Para este escritor e investigador literario “los libros existen porque necesitamos de la ficción” y “los libros cobran sentido cuando ayudan a transitar zonas grises”.

Anjel Lertxundi (España) reflexiona en torno a los libros más allá de la competencia lingüística para la que fueron concebidos y resalta la procura del goce estético que se obtiene de ellos. La tríada imaginación-estética-lenguaje conforman la materia prima para un buen libro. Este autor considera que en España aún la censura revolotea en torno a los buenos libros infantiles en más de una ocasión. Sus relatos siempre han tenido al lector prefigurado; primero para sus alumnos, luego para sus hijas. Ahora que es abuelo el oficio vuelve a los cauces de la infancia, pero fue enfático en declarar que la tradición y la narración oral deben darse primero a los chicos: “primero la voz y luego se da el salto a la palabra”. La óptica del ilustrador Ramón París (Venezuela) fue completamente sorprendente por la dinámica del trabajo que aplica en su caso. A partir del texto y con las directrices que le plantea el editor se embarca en la aventura de dotar de cuerpo y alma a los libros-álbum en los que trabaja. Su capacidad discursiva siempre estuvo ligada a la imagen desde su infancia y es en imágenes que el mundo se traduce para él. Su visión acerca del panorama del mercado editorial infantil fue epifánica para algunos de los presentes. La voracidad del mercado y la desigual y feroz competencia con la tecnología ha promovido, a su juicio, una excesiva “instrumentalización de la lectura” en la que se da un texto digerido y el uso de la imagen resulta accesoria en vez de complementaria. Bajo esa premisa son demasiados los libros que se publican corriendo detrás de un puesto en el trending topic y las exigencias numéricas del mercado. Esos son los males que hay que evitar a toda costa si se desea un libro de calidad, capaz de permanecer en la memoria de los lectores y pasar de una generación a otra. Propuso una “lectura poliédrica” de los textos en la que imagen y lenguaje se complementen.

Si bien no pretendía ser un seminario exhaustivo dada su corta extensión de tiempo, fue sumamente sugerente en cuanto a propuestas, inquietudes, puntos de vista, métodos de trabajo, visiones del oficio, origen y sentido del maravilloso mundo de la literatura infantil. En la escasísima propuesta de lectura en español que el panorama de Miami ofrece a especialistas en el área o a aquellos individuos curiosos y ávidos de información, se agradece el titánico y magnífico esfuerzo por ofrecer tan variopinto y distinguido grupo de panelistas.

El 7mo Seminario de Literatura Infantil y Lectura ya se hace esperar.

Betty Quintero es licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Trabajó como asistente editorial en la Fundación Rómulo Betancourt y como promotora de lectura en la Asociación Civil Crear y Organiza-Arte Comunitario. Reside en Miami.

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