Gabriela Burin: “No enfoco mi trabajo hacia lo infantil, sino desde lo infantil”

Años atrás llegó a nuestras manos El incendio, una obra dada a conocer en el 2008 por Istvan Schritter (Istvansch) dentro de la colección de libros álbum que dirigió para la desaparecida editorial argentina Libros del Eclipse. Junto al texto de María Teresa Andruetto, aparecían las ilustraciones de Gabriela Burin. Desde entonces hemos seguido con interés la trayectoria de esta artista a través de publicaciones como el poemario Cuando sea grande, de Magdalena Helguera (Calibroscopio Ediciones, 2013), o Cenicienta a la pimienta (Libros del Eclipse, 2014), un libro que firmó como autora integral.

Burin nació en Buenos Aires, Argentina, en 1983, y estudió Bellas Artes en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA). Ha estado entre los creadores seleccionados para el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de la FIL Guadalajara, en el 2017, y para la muestra de ilustradores de la Feria del Libro Infantil de Bolonia del 2021. Sus ilustraciones han aparecido en títulos publicados por editoriales de Argentina, Chile, México, Uruguay, Paraguay, España, Estados Unidos, China y Emiratos Árabes.

En la actualidad, Gabriela Burin dirige, junto a Jimena Tello, Dos Meninas, un espacio en el que ofrecen talleres de ilustración y clínica de proyectos ilustrados, y también organizan seminarios temáticos con otros ilustradores y autores.

En este año 2022, el libro Así es mi mamá, con ilustraciones y textos suyos, publicado por Fondo de Cultura Económica Argentina, fue distinguido con el Premio Fundación Cuatrogatos. Además, en la selección de 100 libros recomendados por la institución se incluyó otro suyo: Don Gato, editado en Chile por el sello Amanuta.

El reconocimiento a Así es mi mamá (una obra que, a juicio de quienes la premiaron, “rezuma afecto, enaltece la libertad individual y rechaza absurdos cánones de belleza y comportamiento”) es un excelente motivo para entrevistar a Burin y tener la oportunidad de conocer más sobre su trayectoria y los criterios que guían su trabajo como creadora de literatura infantil.

¿Cómo te convertiste en ilustradora? ¿Qué te atrajo de esta profesión?

Cuando era nena me gustaban mucho los libros infantiles. Mis papás me leían mucho y siempre había algún libro cerca. También escribía y dibujaba mis propias historias, en pequeños cuadernos que todavía conservo.

Estudiaba Bellas Artes, allá por el 2004, y un día fui a visitar una exposición de ilustración infantil que organizaba el British Council: The Magic Pencil. Ahí se exhibían las obras de importantes ilustradores argentinos e ingleses. Había originales de Quentin Blake, Tony Ross, Sara Fanelli, entre otros. Si bien estaba familiarizada con los libros infantiles, no sabía qué eran los libros álbum. Ver de cerca esos originales increíbles, recorrer la muestra, despertó en mí un interés especial por la ilustración infantil y por los libros álbum en particular. ¡Quedé fascinada! ¡Era eso lo que quería para mí!

En el marco de esa muestra también se daban talleres. En uno de ellos conocí a Istvansch, autor e ilustrador argentino. Él fue mi primer maestro —me contagió su pasión por el mundo de los libros álbum— y también mi primer editor. En ese momento él era el director de Libros Álbum del Eclipse, la primera colección de libros álbum de Argentina. Yo por ese entonces tenía 21 años e Istvansch confió en mi trabajo. Me abrió la puerta al mundo de los libros infantiles y siempre le voy a estar muy agradecida por eso.

¿Algunos ilustradores te han servido de modelo, referente o inspiración durante tu carrera, bien sea con sus enseñanzas o con su trabajo?

Después de ese primer taller con Istvansch, tomé otros con grandes ilustradores como José Sanabria, Oscar Saúl Rojas y Claudia Legnazzi. También tuve una formación autodidacta; de búsqueda, de experimentación. De darme cuenta con qué lenguajes y con qué técnicas me sentía cómoda y con cuáles no. Sigo aprendiendo todos los días. Y equivocándome, también. Creo que eso, por suerte, nunca termina.

Entre los ilustradores que me han servido de inspiración está Beatrice Alemagna, es una de mis favoritas. Me gusta ver el juego y el disfrute que hay detrás de cada una de sus ilustraciones. También me gusta mucho la checa Květa Pacovská: cómo explora los diferentes colores y formas. Y el universo de Albertine, con sus personajes demenciales, llenos de vida.

De Argentina, admiro mucho el trabajo de Isol. Es un referente para mí. Me encanta su espíritu lúdico y desprejuiciado y cómo trata con humor diferentes temas, desde los más triviales hasta los más oscuros.

¿Qué esperas de una ilustración?

Como lectora, espero que me despierte alguna emoción. Que me conecte con el disfrute, con la vida. Y como ilustradora, también. Me gusta poder conectarme con el juego a la hora de ilustrar. No dibujo pensando en los niños que van a mirar mis ilustraciones, sino que lo hago más bien desde una actitud de niña, como una regresión en mi propio tiempo. Y vuelvo a jugar. No enfoco mi trabajo hacia lo infantil, sino desde lo infantil. Creo que eso es algo que deja ver mi obra.

¿Tienes alguna técnica preferida?

Me gusta mucho el collage. Recortar papelitos, calarlos, pegarlos. Trabajar por capas. Ir creando a medida que voy superponiendo capas y más capas. Hay algo de azaroso en eso de superponer papeles, y al mismo tiempo tiene que ver con esto del juego infantil que mencionaba antes.

En los últimos años me aboqué a la técnica digital, pero el proceso creativo es muy parecido. Superpongo capas, y muchas veces hago también collage digital.

¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir los textos de tus libros?

Siempre me gustó mucho escribir. Me la paso escribiendo. Participé muchos años en el taller literario de Graciela Repún, una gran escritora argentina. Y desde hace ya cinco años formo parte del taller de Eduardo Abel Giménez. En el marco de estos talleres fui trabajando los textos de mis libros.

Me resulta muy enriquecedor ese tipo de espacios. Ser autor puede ser algo muy solitario y crear con otros para mí es fundamental. Poder tener otras miradas, otras lecturas de lo que estoy escribiendo. Y también leer otros textos, conocer otros universos aparte del mío.

Leer es otra cosa fundamental para poder escribir. Leer mucho, leer a otros. Leer buenos libros.

¿Cómo surgió Así es mi mamá? ¿Qué te propusiste lograr con esta obra?

Surgió al poco tiempo de ser mamá, cuando me empecé a dar cuenta de cómo era ser madre realmente y qué diferente era a lo que yo pensaba, a lo que me habían contado y a lo que me habían mostrado en los medios. No todo era perfecto y color de rosa, como veía en la tele, en las revistas y en las propagandas de pañales. Estaba en pleno puerperio, me sentía sola y muy lejos de ser la mamá perfecta. Más bien todo lo contrario…

Así fue como empecé a dibujar madres en mi cuaderno, en el barcito de las clases de matronatación. Madres imperfectas. Madres que se depilaban el bigote, que se encerraban en el baño para tener un ratito de paz, madres que se tiraban pedos. Al principio fue una forma de hacer catarsis. Dibujando estas mamás, me empecé a sentir acompañada. Yo era una más entre ellas. De a poco fui agregando frases a estos dibujos. Frases disparatadas. Y se hicieron más y más. Hasta que tuve una colección de mamás imperfectas, y de a poco la idea del libro empezó a tomar forma.

Me empecé a preguntar por qué la maternidad estaba representada por todos lados de una manera totalmente romántica y edulcorada. Con madres perfectas, productivas y siempre sonrientes. Todas, supermamás. Me puse a reflexionar acerca de cómo estos ideales de maternidad que no nos representan, imposibles de cumplir, solo nos generan malestar y frustración. Me pareció importante, y necesario también, poder mostrar otras maternidades posibles. Poder visibilizar maternidades reales, fuera de los estereotipos convencionales. Mostrar que la maternidad no es color de rosa, sino de todos los colores del arcoíris.

“Así es mi mamá”, texto e ilustraciones de Gabriela Burin (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica Argentina, 2021).

¿Cómo defines a la mamá de tu historia? 

Esta mamá está por fuera de los estereotipos de belleza. Se corre del mandato de lo que tiene que ser una madre, una mujer, ideal. Es grandiosa, por donde se la mire. Exuberante. Llamativa.

No se ve limitada por la mirada de los otros; hace lo que quiere y disfruta de su vida, de su cuerpo y de sus gustos. Se la puede ver riéndose a carcajadas dentro de un museo o sacándose los zapatos por debajo de la mesa en un restaurante.

Me pareció importante mostrar a una mujer, más allá de a una mamá. Una mujer que tiene otros intereses, además de la crianza. Creo que esto se muestra en las acciones, en las actitudes de esta mamá a lo largo de todo el libro. Se toma el tiempo para darse un baño de inmersión. Toca el saxofón. Son cosas que hace para ella, por su propio placer, más allá de la maternidad. Pero también dedica tiempo a hornear galletitas y a leer cuentos, y eso es algo que hace por y para su hija.

¿Cuál fue el mayor reto durante el proceso de creación del libro?

El principal reto tuvo que ver con el texto. El texto inicial estaba escrito en rima, en tercera persona. Yo estaba enamorada de ese texto, me parecía muy musical, me lo sabía de memoria. Pero lo cierto es que había algo forzado, que no funcionaba bien. Me costó darme cuenta de qué era. Funcionaba la rima, pero no lograba transmitir lo que yo quería.

Después de mucho trabajarlo, surgió la idea de que la voz del narrador fuera la de una nena. La rima ya no era lo importante: lo que realmente importaba era darle voz a esa nena, transmitir con el texto la mirada de esa nena hacia su mamá. Tuve que resignar la rima y poner el foco en esa voz infantil, en qué cosas podía pensar o decir. Creo que este cambio hizo crecer el libro.

¿Qué debe reunir para ti un buen libro álbum?

Para mí, un buen libro álbum tiene que sorprender. Ser único en su especie. Generar algún tipo de emoción y, sobre todo, ganas de volverlo a leerlo.

Me parece importante que las ilustraciones tengan poder narrativo, que no cuenten lo mismo que ya dice el texto y, a la vez, que nos atrapen. Por ser atractivas visualmente o por ser diferentes a cualquier otra imagen que hayamos visto antes.

Un buen libro-álbum no debería tener una bajada de línea o una única lectura posible. Debería estar lejos de los lugares comunes y de las moralejas. Debería causarnos placer al dar vuelta a cada una de sus hojas, tocarnos alguna fibra interna y dejarnos con alguna pregunta en la punta de la lengua, aunque no sepamos bien cuál es.

En el cada vez más saturado mundo de los libros álbum, en el que aparecen muchos títulos de escasa permanencia en el recuerdo, Así es mi mamá es una obra que pareciera destinada, por la originalidad de su propuesta y su calidad plástica, a perdurar. ¿Qué implica para ti, como creadora, hacer libros de este género en un mercado cada vez más competitivo y en el que los temas se repiten con frecuencia?

Puede que sea un defecto o una virtud, no estoy muy segura, pero lo cierto es que no estoy pendiente del mercado. Estoy atenta, sí, a qué quiero contar. A ser fiel a mí misma.

Hay temas recurrentes. Siempre los hay. En la literatura, en el cine, en la música. Pero la diferencia está en cómo cada uno cuenta esos temas. Cada autor lo va a hacer de una manera única e irrepetible. Mi mirada de ese tema, cómo voy a contar yo ese tema, desde mi experiencia, desde mi trazo, desde mi estilo personal, va a ser única. Confío en eso a la hora de hacer un libro. Entonces, no es una limitante para mí que un tema sea o no recurrente. Claro que tiene que ser un tema que me convoque. Que me interese por algún motivo.

En mis libros como autora integral, me interesa profundizar sobre ciertos temas que me tocan de cerca. Poder transmitir mi mirada del mundo. Eso que me importa. Que me llama la atención. Que me inquieta. Que me conmueve.

Soy consciente de que no tengo una estética muy comercial o dentro de lo comúnmente aceptado en los libros para chicos. Muchas veces se busca algo “tierno”, “dulce”, “bello”, y lo mío no va por ese lado. Mis personajes suelen ser desopilantes y un poco “feos”, si se quiere, según los estereotipos de belleza establecidos. Y las temáticas que elijo abordar muchas veces pueden llegar a incomodar a ciertas personas (por lo general, a los adultos). En mi obra están muy presentes temas como el humor, lo femenino y su diversidad, los estereotipos, lo rídiculo, lo escatológico.

Creo que esa es mi apuesta como autora. Animarme a contar lo que tengo para contar; sabiendo que no voy a agradarles a todos. Que quizás vaya a contramano del mercado, con todo lo que eso implica. Elegir ser auténtica y sincera conmigo misma, con lo que soy hoy. Es un riesgo que elijo correr.

¿Has podido conversar con chicos que hayan leído Así es mi mamá? ¿Cuáles han sido sus comentarios y reacciones? Y las mamás, ¿qué te han dicho?

El libro salió en plena pandemia y no pudimos presentarlo de manera presencial. Me quedé con ganas de conversar con los lectores y conocer sus reacciones. Tener ese intercambio.

La presentación fue en un vivo de YouTube que organizó la editorial Fondo de Cultura Económica y los comentarios que recibí fueron por mensajes en las redes sociales. Me escribieron muchas mamás diciéndome que se habían sentido muy identificadas con el personaje y que les había gustado mucho el libro. También me contaron que a partir de la lectura del libro con sus hijos, habían surgido charlas acerca de cómo eran ellas como mamás, qué particularidades tenían, cómo las veían ellos. Cuáles eran esas cosas que las hacían únicas. En algunos casos, sus hijos habían escrito y dibujado sus propias versiones de Así es mi mamá. Me enviaron fotos de esas producciones. Fue muy emocionante.

A fines del año pasado el libro Así es mi mamá recibió el Premio Los Favoritos de los Lectores de ALIJA (la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina), donde niños y niñas lectores de distintas escuelas de todo el país eligieron sus libros favoritos. Así que fue muy bien recibido también por los chicos.

Estamos pensando en organizar un evento presencial en el espacio cultural que tiene la librería del Fondo de Cultura Económica en Buenos Aires, muy pronto, y seguramente también haya una firma de ejemplares en la Feria del Libro de Buenos Aires.

¿Cómo ves el panorama de la ilustración de libros infantiles en Argentina?  

Es un momento raro. Hay una gran crisis económica, durante la pandemia las ventas de libros bajaron en todas las editoriales, el grupo editorial SM se fue del país…  A la vez hay una gran cantidad de ilustradores, lo que genera que, al haber tanta oferta, no se pague bien por nuestro trabajo. Todavía queda mucho por hacer en materia de derechos, para que seamos considerados autores. Estamos muy bien organizados como colectivo, nucleados en la Asociación de Dibujantes Argentinos (ADA). Entre algunas de sus iniciativas, está la concientización sobre los derechos autorales en los libros y la difusión del trabajo de los ilustradores a nivel nacional e internacional, mediante su plataforma web. Esto es algo muy positivo y que viene mejorando año a año.

Hay excelentes ilustradores en Argentina y hay libros de calidad. Estamos bien posicionados a nivel mundial, creo que a la altura de muchas editoriales europeas. Nuestros libros se exportan y nuestros ilustradores son premiados en el mundo entero.

En los últimos años fueron surgiendo varias editoriales independientes, con una mirada innovadora, que están haciendo libros originales y se animan a hacer cosas diferentes. El libro ilustrado está en constante cambio y crecimiento. Cada vez son más los ilustradores que aportan nuevas miradas e improntas, haciendo especial foco en lo narrativo. Creo que esto es muy valioso y le da un soplo de aire fresco a los libros que se publican actualmente en Argentina.

 

2 pensamientos en “Gabriela Burin: “No enfoco mi trabajo hacia lo infantil, sino desde lo infantil”

  1. Fue un honor que Gaby haya pensado en el catálogo de FCE para su libro. Estamos felices con él. Y también muy agradecidos a la Fundación Cuatrogatos por su amorosa lectura.

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