Entrevista con la escritora Ana Sarrías sobre su novela para jóvenes «Retomar el vuelo» (Lóguez Ediciones)

 

Gracias a Lóguez Ediciones, el pasado año pudimos conocer la narrativa precisa, contenida y con un gran poder comunicativo de la escritora española Ana Sarrías. Con una destacada trayectoria en el género del microrrelato, esta creadora nacida en Pamplona, en 1969, y graduada de Economía y Negocios en la Universidad de Navarra, llegó a la novela para jóvenes con Retomar el vuelo, una obra madura, escrita desde una inteligente distancia emotiva y con notables valores humanísticos. El libro fue uno de los ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2021 y con el fin de conocer más sobre Sarrías y su trabajo literario, le hicimos esta entrevista.

Tenemos entendido que tu trayectoria como autora se ha desarrollado principalmente en el terreno de los microrrelatos. ¿Cómo comenzó tu interés por escribir literatura para niños y jóvenes? ¿Qué te aportó tu experiencia en la microficción al incursionar en esta modalidad?

No soy escritora profesional, escribo como una necesidad, como un modo de ahuyentar la melancolía.

Durante unos años escribí relato breve. Historias que llegaban a las diez o doce páginas. Ese formato exige de cierta constancia para no perder el tono cada vez que se abandona la labor. Pero, por motivos de trabajo primero, y luego debido a la maternidad, cada vez le podía dedicar menos tiempo a la escritura. Fue entonces cuando descubrí los microrrelatos. Ese formato me permitió seguir escribiendo, aunque fuera a deshoras.

En cuanto a dirigirme a niños y jóvenes, surgió espontáneamente, como una manera de cerrar un periodo. Nuestras hijas se habían hecho mayores y este texto fue uno de los que me serví para despedirme de la etapa de crianza y de todo lo que había significado para nosotros.

La experiencia anterior con los microrrelatos está presente, es cierto, en esta novela. Se ve en su estructura, pues está confeccionada a partir de capítulos muy cortos.

¿Cuál fue el origen de Retomar el vuelo? ¿Existió algún detonante para la historia?

Retomar el vuelo fue uno de esos textos que escribí a modo de despedida de la niñez de nuestras hijas.

La muerte de uno mismo como padre, el paisaje que uno deja detrás en esas circunstancias, es un pensamiento que sentí cercano en esa etapa de nuestras vidas. Como tantas otras veces, escribir acerca de ello me permitió reconciliarme con ese temor.

¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela? ¿Cuáles fueron tus mayores desafíos?

El proceso de escritura fue el que sigo siempre. No utilizo esquema previo. Nace la idea o la necesidad de escribir acerca de algo y empiezo. Dejo que el texto vaya creciendo a su libre albedrío.

El mayor desafío fue el no abandonar la novela antes de terminarla. Que no fuera capaz de gestionar las emociones que volvían a mí al escribir esta historia.

Desarrollar una trama en la que actúa —de forma presente— un reducido número de personajes y que transcurre en limitadas locaciones, ¿representó una ventaja o un reto para desarrollar la novela?

Quizás todo ello fuera una consecuencia natural del argumento de la novela. En una época de duelo el decorado se reduce mucho. Personal y físicamente. Es como un estado de hibernación desde el que encarar lo sucedido. Temporalmente, el futuro es una nebulosa. El pasado duele todavía. De modo que el presente se abría paso como única opción.

¿Por qué un libro para adolescentes que aborda la pérdida y el duelo?

Aunque, efectivamente, los temas subyacentes son los que mencionáis, yo diría que es un texto que ensalza la vida. La vida a pesar de la muerte. O con ella. También honra el amor, el papel que desempeñan aquellos que nos acompañan cuando las cosas no van bien. Lo enfoqué de esa manera.

Y no sabría decir si hay realmente un por qué. En realidad, no me planteé fríamente escribir un libro con esa intención. Como madre, a veces sentí el temor de morir antes de tiempo, si tal cosa existe, y ese temor fue el germen a partir del que surgieron Hugo y su historia. Necesitaba contar, porque así lo creo, que si nos dejamos ayudar somos capaces de vencer cualquier tipo de dificultad, por dura que esta sea.

¿Algunas obras o autores te sirvieron como referentes, paradigmas o inspiración para crear Retomar el vuelo?

En este caso han sido todas las personas cuyo comportamiento ante la adversidad me impresionó. La huella que dejaron en mí ha quedado transmitida a través de estas páginas.

El protagonista de tu novela sobrevive a una tragedia extrema y atraviesa una situación dolorosa y difícil. Sin embargo, sin incurrir en un exceso de optimismo, das cabida en el relato a espacios para la posibilidad de retomar el vuelo. ¿Qué importancia tienen la esperanza y la capacidad de renovación en un relato que tiene como punto de partida la ausencia y el vacío existencial? ¿Cómo fue la tarea de combinar de modo equilibrado y convincente sentimientos y circunstancias tan antagónicos?

Creo que esa es la fuerza que nos mueve: la esperanza. La esperanza, a mi modo de ver, la alimentan el amor y la educación en sentido amplio, entendida también como experiencia. Son las armas que nos permiten volver a empezar una y otra vez. El peligro es que la adversidad se nos cruce en el camino cuando aún somos tan jóvenes que no disponemos de tales defensas. De ahí la importancia de quienes nos acompañan, de quienes deciden ocupar su tiempo en curarnos, en ayudarnos en nuestros duelos, en darnos amor y sabiduría cuando somos frágiles. Esa dicotomía entre duelo y amor, sufrimiento y empatía, ese equilibrio antagónico existe. Lo protagonizan a diario miles de personas. Es la solidaridad. Y me serví de ella como parte del argumento.

¿Has tenido la oportunidad de conocer las reacciones de jóvenes que hayan leído tu obra?

Unas pocas. Fue precioso recibir esos comentarios y ese afecto. Y fue también curiosa la coincidencia en sus reacciones. Supongo que es porque estamos hechos de la misma materia emocional.

¿Por qué enviaste Retomar el vuelo a Lóguez Ediciones?

Escribí este texto para un concurso literario. Una vez emitido el fallo, decidí que la única oportunidad adicional que le daría sería someterlo al criterio de una editorial a la que yo tuviera mucho respeto. Para mí fue un inmenso regalo el que Lóguez considerara Retomar el vuelo un texto digno de su catálogo.

De modo fortuito, la novela vio la luz en medio de una pandemia que ha enfrentado a muchas familias a situaciones difíciles y que ha transformado, de forma permanente o transitoria, el día a día de muchos adolescentes. ¿Qué te gustaría que dejara este libro en quienes lo leyeran?

Una sola palabra de la que ya hemos hablado: esperanza. 

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