«Los tres bandidos», de Tomi Ungerer. Serie Libros que desafían el tiempo, por Fanuel Hanán Díaz

«Los tres bandidos», de Tomi Ungerer. Pontevedra: Kalandraka Editora, 2015. También publicado en español por Loqueleo Colombia.

Este libro ilustrado utiliza el molde de los cuentos de hadas para plantear una crítica muy contemporánea sobre el valor del dinero, las relaciones de género y el intercambio entre los niños y los adultos. Publicada en 1961, Los tres bandidos es la obra más conocida de Tomi Ungerer, un autor controversial, aficionado al uso de la sátira en los libros destinados a la niñez. Por el erotismo presente en su trabajo gráfico, por sus opiniones acerca de la infancia y por sus agrias y desafiantes metáforas visuales, sus libros fueron prohibidos en las bibliotecas públicas en Estados Unidos durante muchos años. Desafortunadamente, este evento significó una pausa en su trabajo destinado a los chicos.

Gran parte de sus títulos ha trascendido el momento de su publicación: Crictor (1958), la historia de una serpiente mascota; Rufus (1961), el relato de un murciélago que no se adapta a la noche; El Hombre Luna (1966), acerca de un extraterrestre que se ve asediado en la Tierra por ser diferente, y Ningún beso para mamá (1973), en el que se cuestiona el exceso de demostraciones de afecto en la relación maternal, son algunas de las obras de Ungerer que aún se encuentran vigentes en los catálogos.

La niñez de Ungerer estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial, recuerdos que se transformaron luego en vívidas imágenes y nutrieron un fuerte lenguaje expresivo, que se percibe en sus carteles de contenido político. Muchas de estas experiencias de infancia encontrarán interesantes moldes en su trabajo. Ungerer expone la idea de que los libros para niños no deben prescindir del miedo, una emoción que forma parte de la vida y que puede encontrar soluciones creativas en el arte y en la literatura.

Este artista polifacético desborda genialidad, es original y renovador, pero sobre todo incisivo: prefiere recorrer los caminos del humor negro. Su influjo fue reconocido por creadores como Maurice Sendak y Shel Silverstein, miembros de una generación que logró extender los horizontes de la producción de libros para niños en Estados Unidos para incluir temas novedosos e ilustraciones con mayor valor artístico.

En el caso de Ungerer, impuso, como protagonistas en sus primeros títulos, a animales poco atractivos y de escasa popularidad, como serpientes, pulpos y cerdos, además de incorporar imágenes oscuras o políticamente incorrectas, como la escena del protagonista de Ningún beso para mamá sentando en el inodoro o el dibujo del ogro, en El ogro de Zeralda (1970), sosteniendo un enorme cuchillo ensangrentado.

«Los tres bandidos», Tomi Ungererer, 1961.

Los tres bandidos, uno de sus libros más exitosos, cuenta la historia de un trío de asaltantes que vive de robar a los viajeros desprevenidos que pasan por el bosque. Un día, en el carruaje que asaltan solo encuentran a una pequeña huérfana que deciden secuestrar para pedir un rescate. Sin embargo, este será el inicio de una relación que les cambiará la vida a los bandoleros y abrirá sus corazones a nuevos sentimientos. La pequeña Úrsula demolerá la tosca actitud de los bandoleros y los confrontará con el deseo absurdo de acumular riquezas.

Muchos elementos de este libro ilustrado se mantienen en las coordenadas de los cuentos clásicos: el escenario del bosque, la presencia del número tres, la contraposición afilada entre el bien y el mal…, pero la obra más bien crítica al deseo absurdo de enriquecerse, propone una reflexión sobre la necesidad de complementar aspectos de lo masculino con aspectos de lo femenino y, notoriamente, habla de la necesidad de empoderar a los niños como sujetos que pueden conducir cambios en la sociedad.

La portada de Los tres bandidos es magistral por la capacidad de síntesis con que Ungerer logra representar a los tres asaltantes, de que quienes apenas podemos ver los ojos. El uso del negro con un valor simbólico y las notas de color que poco a poco van cambiando el escenario cromático revelan un manejo intuitivo y sagaz del color. Pinceladas de humor disuelven el terror de las primeras escenas e involucran al lector en los cambios que esta historia propone, quizás como una forma de alentar la construcción de un mundo más humano.

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Este comentario forma parte de la serie Libros que desafían el tiempo, escrita por el crítico e investigador literario venezolano Fanuel Hanán Díaz, que la Fundación Cuatrogatos acoge en este blog con periodicidad quincenal. Otras reseñas de esta serie:
Ahora no, Bernardo. David McKee (Loqueleo).
Pequeño Azul y Pequeño Amarillo, de Leo Lionni (Kalandraka Editora).

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