Marta Cerviño: «Es imposible encontrar una novela fantástica que no contenga una buena dosis de realidad»

Marta Cerviño es española, estudió Ciencias y Lenguas de la Antigüedad en la Universidad Autónoma de Madrid y el pasado año Ediciones SM publicó su primer libro: la novela para jóvenes lectores El precio de un ángel de cobre. Esta obra, ilustrada por Núria Tamarit, fue distinguida con el Premio Fundación Cuatrogatos 2020 por tratarse —según indicó el jurado— de una «celebración de la narración oral, de la capacidad de las palabras para crear universos y del arte de contar historias» y por «su exquisita belleza formal y notable caudal fabulativo».

Cuatrogatos entrevistó a esta joven y prometedora autora con el propósito de conocerla mejor y de saber más sobre el libro con el que hizo una espléndida entrada en la literatura infantil y juvenil de Iberoamérica.

Marta, en la presentación que tienes en tu cuenta de Twitter se lee, entre otras cosas, que eres narniana y habitante de la Tierra Media. ¿Hay que tomarlo literalmente o en sentido figurado? Si es la segunda opción, ¿cuán figurado?

Si os digo que me leí El Hobbit con once años y desde entonces me lo llevo en la maleta cuando tengo que hacer un viaje que me asusta un poco, ¿se considera que soy literal o figuradamente un habitante de La Comarca?

Si os digo que tengo un anillo verde y que aún hoy fantaseo con encontrar El Bosque de los Mundos para ponérmelo y saltar dentro del estanque adecuado, ¿me convierte eso en una Hija de Eva digna de acudir a la llamada de un cuerno y de sentarme en uno de los tronos de Cair Paravel?

Las Crónicas de Narnia y El Señor de los Anillos son dos historias que me han acompañado desde que era muy pequeña, y les tengo mucho cariño, de ahí que en Twitter decidiera presentarme de esa manera. Ambas sagas tienen una gran influencia en las historias que me invento, aunque no son las únicas.

¿En qué momento descubriste que querías, y que podías, contar tus propias historias?

Realmente siempre he inventado historias, aun cuando no me daba cuenta de que lo hacía. Cuando empecé a planteármelo ya tenía doce o trece años, me parece, y estaba viendo por enésima vez La Bella y la Bestia, que es una de mis películas de Disney favoritas. De pronto me encontré pensando en lo que habría hecho si esa historia fuera mía, y empecé a escribir mi propia versión, que era muuuuuy cursi y bastante boba. Aunque la abandoné al poco tiempo, el gusanillo de plasmar en papel las historias que se me ocurrían se quedó conmigo.

¿Cómo surgió El precio de un ángel de cobre?

Lo creáis o no, lo soñé. Sé que suena falso, pero es lo que pasó: soñé con la muchacha y la casa, con el buhonero e incluso con el título, y me desperté por la mañana con muchísimas ganas de desarrollar ese argumento. En todos los años que llevaba escribiendo nunca había reunido la motivación para terminar una novela, pero, aprovechando que ese año cursaba un máster un poco aburrido, llené los huecos que tenía fuera de la universidad con Joseph, Jimena y sus cuentos. Fue mi reto particular porque, aunque yo no tenía esperanzas de publicar, quería comprobar si era capaz de terminar de escribir una novela.

Una estructura como la que escogiste para tu libro —una narración central que lo recorre de principio a fin y diversas historias que se intercalan— requiere de mucho esmero para lograr el equilibrio y la armonía y para mantener el mismo rigor estilístico en todos los relatos. ¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Cuál fue el mayor reto?

El mayor reto fue escribir. Nunca he sido una persona demasiado constante, y hasta ese momento tendía a sentarme al ordenador solo cuando estaba inspirada, cuando se me ocurría una buena idea. Este proyecto, sin embargo, me exigía cumplir unos tiempos y unos objetivos. Para ello, me ayudé de la gente de mi entorno; decidí subir un capítulo cada dos viernes a un blog que tenía. Me leían casi exclusivamente mis abuelas y mi novio, pero eso me ayudaba a sentarme al ordenador y seguir escribiendo, porque había alguien esperando el final de la historia y no podía defraudarlos. Me ilusioné bastante con la idea de ser como los autores que publicaban por entregas: la semana que tocaba capítulo ponía algún comentario en redes del tipo “Id a la verja este viernes, que Joseph viene con más historias”. Mis lectores se contaban con los dedos de una mano, pero a mí me hacía muy feliz abrir los comentarios y ver que alguien estaba leyendo mis historias y que les estaban gustando.

No fui del todo fiel a mi propia programación, porque seguía en la universidad y había algunos meses en los que los trabajos y los exámenes no me dejaban tiempo ni ganas para escribir, así que, en lugar del tiempo planificado, que iba de octubre a mayo, estuve escribiendo la novela desde octubre de 2015 a octubre de 2016. Al año siguiente, me armé de valor, borré el blog y envié la novela al concurso Gran Angular, sin ninguna expectativa. Y, bueno… lo demás ya lo sabéis.

Las historias de El precio de un ángel de cobre remiten a universos narrativos con espacios y matices tan disímiles como los de “La bufanda del pastor” o “El puñal del alquimista”, por solo mencionar dos textos de los que conforman el libro. ¿Por qué esa voluntad de transitar por diferentes registros?

Mi intención al escribir El precio de un ángel de cobre era rendirle un pequeño tributo a los cuentos con los que me había criado, ya fueran los que me contaban mis abuelos y mis padres o mitos y leyendas que leía yo por mi cuenta. Esas historias me han venido desde los cuatro rincones del mundo, y por eso Joseph, que en el fondo es un poco la memoria de todas esas historias, tenía que representar esa pluralidad de registros y estilos. Un buen cuentacuentos como él no podía contar un cuento para niños, como “La bufanda del pastor”, con el mismo registro que una historia algo más macabra y oscura como “El puñal del alquimista”. Esa era la idea inicial, pero el orden de los cuentos no está puesto a capricho: además de marcar el paso del tiempo (“La bufanda del pastor”, que es un cuento de Navidad, debía, por lógica, ir antes que “Máscaras de Carnaval”, más que nada porque, como la novela se fue subiendo a lo largo de un año, quería hablar de algunas de las fiestas que ocurrían mientras tanto en el mundo real) tenían que reflejar la historia principal y destacar la evolución de los personajes. Así, quise llevar los cuentos desde un ámbito más mitológico hasta algo más humano, a medida que el lector va conociendo a Joseph y a Jimena. Uno de esos cuentos “humanos” es el de “Los hijos del pajar” que, casualmente, es el único que no es mío: lo repito siempre que puedo, porque pertenece a Mota del Cuervo, un pueblo de Castilla-La Mancha, y a su tradición oral. Hasta donde yo sé, nunca se había puesto por escrito y me pareció que una historia tan anclada a la tierra debía recordarse.

¿Qué puede aportar la fantasía al lector joven contemporáneo?

Lo mismo que a cualquier otro lector y en cualquier otra época. La fantasía no es una forma de evadirse de la realidad, sino un modo más agradable de acercarse a ella.

Creo firmemente en esa cita de Michael Ende: los lectores de fantasía buscamos una forma de evasión, pero no es eso lo único, o de lo contrario jamás leeríamos sobre tragedias y conflictos (y nos encanta leer tragedias y conflictos, aunque en el mundo en que vivimos tengamos de sobra). Queremos distanciarnos de la realidad para verla con otros ojos, y la fantasía nos aporta exactamente eso. Da igual que el protagonista sea Ulises, Bilbo Bolsón, Atreyu o Rincewind; todos ellos representan al ser humano, y sus acciones y decisiones nos son profundamente familiares, aun cuando tengan que ver con cíclopes, dragones, el fin de Fantasia o Equipajes con patas. No en vano llevamos contando historias con moraleja desde que se inventó el lenguaje. Es imposible encontrar una novela fantástica que no contenga una buena dosis de realidad, porque no hay una sola historia que pueda contar un ser humano que no encierre su propia opinión, por más que intente ocultarla.

¿Tienes planes de seguir escribiendo libros para niños y jóvenes? 

¡Por supuesto que tengo planes! Ahora que he comprobado que esto de publicar no es un sueño inalcanzable, espero poder pasar el resto de mi vida escribiendo.

Adelántanos en qué trabajas ahora.

No sé cuánto puedo desvelar del proyecto que tengo entre manos, pero os diré que quiero que sea una trilogía de fantasía y que en ella there may be dragons.

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Pueden leer una entrevista con Paloma  Muiña, editora de El precio de un ángel de cobre, aquí.

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