Sebastián Vargas y sus tumikes

En los últimos años, Sebastián Vargas se ha ganado un puesto entre los más destacados autores argentinos de libros para niños y jóvenes. Nacido en Buenos Aires, en 1974, Vargas es profesor de castellano, literatura y latín, editor y traductor. En la foto que acompaña esta nota lo vemos en otra de sus facetas: la de corredor de carreras de larga distancia.

Con Son tumikes, una nouvelle de fantasía y ciencia ficción publicada por Ediciones SM, con ilustraciones de Eugenia Nobati, Vargas obtuvo el Premio Fundación Cuatrogatos 2017. A juicio al jurado, se trata de una «obra inquietante, de indudable vuelo filosófico y estético, que se abre a múltiples posibles lecturas relacionadas con temas como los desplazamientos sociales, la xenofobia o la tolerancia».

Como anticipo de una entrevista más extensa, en la que recorreremos detenidamente la producción literaria de este creador, compartimos sus respuestas a un cuestionario sobre Son tumikes.

¿Cuál es la génesis de Son tumikes?

Son tumikes es una obra que empezó “por encargo”. El encargo fue: “¿No querés escribir una obra sobre inmigración para niños muy pequeños?”. Y mi respuesta: “Ni loco”. Pero la idea se me quedó rondando en la mente, y finalmente comenzó esta historia, que cumple con aquel encargo-pregunta, pero a mi manera, y en forma muy vaga e indirecta.

¿Con qué lecturas previas tuyas podrías establecer relaciones?

Principalmente, con todas esas obras de ciencia ficción que leí y que tratan el tema de el Otro, el diferente, el venido de lejos. Desde El principito, de Saint Exupéry, hasta Los desposeídos, de Le Guin, o Una odisea marciana, de Weinbaum, o Crónicas marcianas, de Bradbury…

Son tumikes es una novela de gran actualidad y sirve para ejemplificar lo realista que puede ser la literatura fantástica, porque en las sociedades actuales hay muchos tumikes aceptados a regañadientes. ¿En qué medida los tumikes representan a esos emigrantes a menudo rechazados incluso por otros que emigraron previamente?

Los migrantes están en todas partes, es un tema presente hoy en todos los países del mundo. Y en todas partes reciben, por lo general, similares rechazos y prejuicios. Quería hablar de cómo se recibe a los migrantes, pero sin limitarme a un grupo particular (no hablar específicamente de los argentinos que migran a España, o de los chinos que llegan a la Argentina, o de los sirios que escapan a Europa). En un momento pensé: ¿y si los migrantes fueran extraterrestres que llegan a un planeta habitado por humanos? Me interesó esa premisa, así comenzó todo.

Los tumikes son extraterrestres pobres, que por obligación llegan a un planeta habitado por humanos para vivir allí. Son el epítome del migrante pobre, y reciben de los humanos las mismas quejas y argumentos falaces que reciben los migrantes en todas partes: “son raros”, “no se esfuerzan en aprender nuestro idioma y nuestras costumbres”, “se roban nuestros trabajos”, “abusan de nuestra hospitalidad”, “son sucios”, “comen porquerías”, “cada vez son más”, “van a adueñarse de lo nuestro”, “son peligrosos”, “son vagos”, “son chinos”, “son bolitas”, “son paraguas”, “son rusos”, “son árabes”, “son negros”: son tumikes.

Las personas olvidamos muy rápido que nosotros mismos, o nuestros padres, o nuestros abuelos, o nuestros bisabuelos… todos llegamos aquí, alguna vez, de algún lado, sin otro equipaje que la necesidad y la esperanza. Este lugar no es nuestro: simplemente estamos aquí. Algunos estamos desde antes, pero eso, al menos desde mi punto de vista, no implica ningún mérito ni nos hace mejores.

Nos gustaría que compartieras con nosotros reacciones y comentarios que hayas recibido de los niños y adolescentes que han leído este libro. ¿Cómo lo reciben? ¿La recepción ha satisfecho tus expectativas?

La recepción superó hasta mis más descabelladas expectativas. Comenzando por la de la primera lectora, Cecilia Repetti, en Ediciones SM, a quien le dejé el original casi como una travesura, seguro de que no había ningún mundo posible en el que una editorial publicara esa historia “para niños” melancólica, totalmente desesperanzada y bastante terrible de discriminación, intolerancia y genocidio. Pero ella nunca dudó en publicarla, se arriesgó desde el primer momento.

Con el libro ya editado y publicado, recibí (más que con cualquier otro de mis libros) montones de devoluciones muy positivas de lectores adultos (muchos de ellos, autores, editores y docentes). Cuando comencé a visitar colegios donde había niños lectores de Son tumikes, me sorprendió mucho descubrir que los niños suelen considerar que el libro no es tan triste, y hasta casi casi tiene un final feliz, o al menos esperanzado en el futuro (algo que los adultos somos incapaces de encontrar). Hasta me piden que escriba Son tumikes 2, tarea que amablemente declino, y les sugiero que encaren ellos mismos.

¿Qué posibilidades te ofreció la narrativa de ciencia ficción, el relato futurista, para desarrollar esta historia que habla de migrantes y, entre líneas, de la sombría posibilidad de deportaciones y genocidios?

Permitió encarar la temática en forma general y llegar a lo más profundo, sin hacer foco en ningún grupo particular, en ningún Estado totalitario en particular. Hablar sobre extraterrestres me permitió en realidad hablar mejor, en profundidad, sobre los humanos: nuestros miedos, nuestras limitaciones y nuestras falencias. Si bien hay unos pocos personajes individuales (una mujer de pocas palabras, la narradora; un niño o niña, Lim, que no puede hablar; un tumike, Ani; personajes que la editora, Cintia Roberts, me ayudó a delinear), los principales protagonistas son grupales, sociales: los tumikes, los alarmas, los proaliens, las gentes.

¿Qué tienen que enseñarnos los tumikes, qué deberíamos aprender de ellos?

Lo principal que deberían aprender los humanos de los tumikes (y que no aprenden) es que, a pesar de que se ven muy diferentes y no se los entiende bien y tienen costumbres extrañas y generan temores y recelos y no se parecen para nada a nosotros, son personas también. O al menos, lo suficiente como para que los consideremos humanos. Las apariencias nos engañan: los tumikes son más parecidos a nosotros de lo que creemos, o de lo que quisiéramos creer.

¿Cómo definirías Son tumikes? ¿Qué te gustaría despertar en el lector que entre a ese universo?

Más o menos ya lo definí: una historia melancólica y desesperanzada sobre extraterrestres pobres. Me gusta pensar que el lector, sea niño o adulto, pueda abrazar también esa melancolía aunque sea un poco, y que algún trazo de la escritura le quede resonando por algún motivo. Ojalá.

Un pensamiento en “Sebastián Vargas y sus tumikes

  1. No lo he podido leer aun, la temática me parece muy interesante ,especialmente en estos momentos en que la argentina recibe inmigrantes de tan diversos países y no son muy bien tratados,lo veo en los colegios cuando voy a narrar,siempre surge alguna palabra discriminatorias
    Lo felicito a Sebastian por su libro Pingüinos
    Me pareció muy original,y nos deja pensando.
    Muy bien elegido el libro por Cuatrogatosl

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