Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2020 (séptima entrega: Tres Tigres Tristes)

Alrededor de un mes y medio atrás, enviamos a cada uno de los editores de los veinte libros distinguidos con el Premio Fundación Cuatrogatos 2020 un breve cuestionario que tenían el objetivo de invitarlos a compartir sus impresiones sobre esas obras, cuáles de sus características les llamaron la atención y los motivaron a publicarlas.

Hasta ahora, los editores nos habían enviado siempre una respuesta para cada una de las tres preguntas que les formulamos, pero Guillermo Pérez y Bárbara Centorbi, de Tres Tigres Tristes, sello con sede en Sevilla, España, prefirieron no seguir esa pauta. Ellos optaron por utilizar las interrogantes como estímulos para elaborar un texto en el que nos explican cómo llegó a sus manos, desde otro continente, Un amigo inesperado; qué características tuvo el proceso de edición y cuáles aciertos destacan, de modo especial, en esta obra.

A ambos editores, gracias por compartir detalles acerca de este libro ábum escrito e ilustrado por Santiago González y publicado en el 2018. Esta propuesta de Tres Tigres Tristes conquistó de forma unánime el favor de cada uno de los lectores especializados que la valoraron, quienes, en sus notas finales, la consideraron una «deliciosa fábula que invita, con originalidad, a reflexionar sobre los misteriosos caminos de la amistad y los afectos y acerca de los sorpresivos giros que nos propone la vida».

Un amigo inesperado
Por Guillermo Pérez y Bárbara Centorbi

El ilustrador Santiago González nos escribió en el verano del 2018 desde Ecuador. Según nos contó, adquirió varios títulos de Tres Tigres Tristes en la ciudad de Quito y pensó que un álbum en el que estaba trabajando podría encajar en nuestro catálogo.

Su proyecto por entonces se titulaba «Su perro fue un gallo», y enseguida comprobamos que estaba en lo cierto: se trataba de una original narración de amistad con una estética arriesgada, pero totalmente integrada en la historia. Aunque aún tenían que pulirse varios aspectos para redondear el conjunto, como las guardas, algunas frases y varias ilustraciones (sugerencias que Santiago aceptó con gran disposición), era evidente que se trataba de un álbum muy pensado, muy trabajado, de un autor que domina con soltura el lenguaje narrativo característico de un buen libro álbum.

En las perfectamente calculadas diecisiete dobles páginas de Un amigo inesperado, Santiago condensa lo que cualquier historia de amistad trae aparejada: desde unas primeras expectativas a menudo frustradas, pasando por el cariño, los celos, los altibajos emocionales… hasta llegar a una etapa de aceptación del otro, que no de conformismo.

El dinamismo entre texto e ilustración viene envuelto en una técnica pictórica arriesgada pero totalmente justificada, una especie de falso grabado con una paleta de colores muy básica (negro, verde y naranja) que potencian tanto el carácter rústico y nada sofisticado del entorno donde se desarrolla la historia, como los sentimientos primarios y verdaderos que se desvelan en la trama.

Es admirable cómo el autor utiliza el lenguaje visual para hacernos entrar en el universo infantil de Guillo, el atribulado protagonista: desde los planos donde todo los adultos aparecen retratados de cuello para abajo (un guiño a la película E.T., de Spielberg), hasta los juegos visuales donde debemos pasar la página para conocer (llenos de ansiedad) el contenido de su regalo de cumpleaños. En definitiva, todo un alarde narrativo al servicio de una historia llena de verdad y sentimientos.

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