Rosie Inguanzo escribe sobre el libro «Sirena y punto» (El Naranjo), escrito por Sergio Andricaín y Diego Josué Gontorr e ilustrado por Manuel Monroy

Por Rosie Inguanzo

los niños no saben que no pueden no deben no se acepta
los niños somos sirena
corredores de bicicletas
somos león
somos margarita
somos hormiga
somos bordadores

yo soy niña grande por ejemplo,
y me gusta ser hombre
me gusta recogerme el cabello en un moño oculto
me gusta ponerme bigote postizo
me gusta actuar como mi padre, aunque sea de mentirita
me gusta parecerme a mi marido y, de acuerdo a los amigos, sé imitarlo bastante bien

ahora de niña grande, como soy actriz, hago de hombre en el teatro, y me alivio las ganas de ser hombre
siéndolo
unos meses vestida de hombre, ensayando el personaje, sintiendo como tal —con ademanes de mi marido y de mi papá —me curan de lo que siento como una prisión de la carne
no me gusta estar condenada a ser siempre la misma

Simone de Beauvoir dice que una no nace mujer pero podría llegar a serlo: “No se nace sino que se deviene mujer”. Esto abre el camino a que podemos convertirnos en nuestro ideal. Podemos escoger nuestra identidad, aunque sujetos a un cuerpo —cada vez más flexible.

los niños también somos piloto de avión
paracaidista
árbol
caballo salvaje
ola de mar
gota de rocío

igualita a Andrés, la niña vivita y coleando en mí juega a los disfraces, cuando la adulta que soy crea un nuevo personaje e incorpora ser otro
pero, los que no son actores como yo
o imaginativos y decididos como Andrés
¿cómo se las arreglan para ser otros y muchas otras cosas en el gran escenario de la vida?
ser una sola cosa debe ser muy aburrido

por eso comprendo tan bien a Andrés con su deseo de ser sirena.

ya sé que es confuso: ¿soy niña o mujer?
respuesta: digamos que soy una mujer adulta y siempre seré la niña que fui y la adolescente que he sido

ah, te estás rascando la cabeza más confundido aún
veamos cómo te explico que me resisto al encasillamiento del orden social
soy la niña que fui porque Rosita está muy viva en mí, la alimento, la mimo, le doy comprensión y cariño, para que se remiende los coscorrones, las soledades, el abandono y el hambre de la niñez
intercalo saltos infantiles cuando troto
bailo sola
mastico hielo
yo, Rosie adulta, voy mentalmente al pasado y lo rectifico, ahí donde Rosita está y estará toda mi vida breve, le acaricio los bucles dorados, le beso las mejillas, la mimo, la miro a los ojos, la arrullo, la hago sentir a salvo

um, Rosita es muy lista
Rosita celebra que Andrés haya decidido vestirse de sirena para su cumpleaños
ella piensa que lo varones están sujetos a una prenda de vestir que se llama pantalón
piensa, qué bobos, nunca se pueden poner saya, ni cuando hay mucho calor
Andrés y su mejor amiga no, ellos se salen de la norma y eso es motivo de fiesta
aunque no siempre es así

a Andrés los otros niños de escuela lo maltratan casi todos los días, le dicen “Vasito de Leche”, “Niño Color Vainilla”, “Fantasmita Pálido”, “Dumbo”; pero su mejor amiga, que es la narradora de este cuento, lo defiende de los otros aunque recibe algunos empellones

comprendo que Andrés quiera vestirse de sirena; si es que las sirenas no tienen que llevar pantalón porque no tienen piernas, sino una cola de pez muy bonita
las sirenas tampoco se tienen que cortar el pelo como la mayoría de los varones, como el papá de Andrés, como los chicos de la escuela que se burlan de él, porque tiene las orejas grandes
las sirenas tienen el cabello laaaaaaaaaargo, tan largo que les cubre las orejas

las sirenas están bien dentro y fuera del agua
que es como decir que tienen un superpoder
Andrés se imagina tan bonita y adaptable, en ambientes tan disímiles
yo no estoy sujeta a una prenda de vestir
Rosita se pone saya y pantalón
Rosita se deja crecer el pelo o se lo corta como un macho
Rosita es un dolor de cabeza
tendrá otras desventajas por ser una niña —dentro del orden social que favorece a los chicos que entran por el aro
pero no está sujeta a un pantalón
Andresito, el protagonista de este cuento, tampoco quiere estarlo
él y su mejor amiga no quieren entrar por el aro

por ejemplo,
a Andrés y a su mejor amiga les gusta bordar
—que no es poca cosa
Andrés dibuja sobre la tela “pequeños barcos, peces voladores y niños jugando en la playa”
luego bordan encima de los dibujos
o lo que es lo mismo, dibujan sobre la tela con aguja e hilo de colores

en el orden social, bordar es una labor reservada a las niñas
los niños deben jugar a la pelota
a las cuñas de carrera
a medir fuerzas con otros chicos
a la guerra
mientras Andrés y su buena amiga prefieren dibujar sobre la tela con aguja e hilo
¿puede existir algo más sincero? ¿puede existir algo más hermoso?
dos amigos afines que bordan sus dibujos infantiles sobre la tela blanca “pequeños barcos, peces voladores y niños jugando en la playa”

Este es un pequeño libro con un destino engrandecedor:
trocar las reglas del juego social
mover las fichas educativas
abrir espacio a todos
para llegar a comprendernos variopintos
para enseñarnos empatía
imaginándonos otro

Andrés se disfraza de sirena cuando su mamá está para el trabajo. Porque no hay nada que le guste más que dar rienda suelta a su imaginación. Luego llega la madre y lo regaña “muy fuerte” (ah, olvidé decirles que este libro bondadoso nos ahorra los detalles crueles).

Y es que en el mundo de los adultos existen muchos malentendidos.

Por ejemplo, la madre y el padre de Andrés no quieren ni oír hablar de que el niño se disfrazará de sirena para su cumpleaños.

Pero no queda de otra, es más fuerte que una esto de ser lo que queremos ser.

Rosie Inguanzo, escritora y actriz.

Mi amigo Larry Villanueva y yo somos niños grandes y reímos con delirio cuando recordamos un dibujo animado de nuestra niñez sobre un borriquito que quería ser mariposita. Para logarlo, el burriquito tenía que hacer todo al revés. Pero como lo que más ansiaba era convertirse en mariposita, no lo dudó un segundo. Es así como empezó a sentarse encima de la mesa de comer mientras colocaba el plato de sopa en la silla; caminaba hacia atrás como los cangrejos, colocaba la almohada a los pies de la cama y los espejuelos se los ponía por detrás de la cabeza, etc.
La metáfora desciende: para ser uno mismo hay veces que hay que actuar a contracorriente.

Andrés y su mejor amiga se sienten a salvo uno con la otra; a salvo de los bulliers de la escuela, de las incomprensiones en casa, a salvo los sueños, a salvo en los juegos de “veo veo”. ¡Y qué juego transformador!
Homo ludens, ritual mágico. Así lo explica el libro:

“Para él cada objeto es lo que ve
y, al mismo tiempo, otra cosa distinta:
la hoja de un árbol puede guardar
un mensaje secreto del viento; un caracol
puede ser la caja donde duermen los ecos;
las nubes, las almohadas con que retozan
los gigantes allá en el cielo…”

(en este punto el libro ofrece dos páginas con objetos azarosos, para que los niños que somos juguemos con la imaginación)

jugar a “veo veo” es una invitación que no tiene precio
es curarnos de las imposiciones sociales
de esas reglas que nos excluyen
costumbres mayores que nos dejan fuera
en el “veo veo” una ve lo que quiere ver
y una crea lo que ve

De manera que el eje gravitacional de este cuento es bipartito: el deseo de Andrés de ser sirena y la belleza de la amistad.

Porque la narradora de este cuento es la mejor amiga posible de Andrés: lo disfruta tal cual, con sus invenciones divertidas, aunque no se suba al árbol por miedoso. Ella, sin embargo, tiene un arrojo y una valentía más asociados a comportamientos masculinos y no parece preocupada por ello.

Un dicho popular reza que el hábito hace al monje, para querer decir que la ropa hace a quien la lleva puesta. Visto así, el uniforme hace al bombero, el traje de enfermera hace a la enfermera y la bata de médico hace al doctor.

Visto así, al final del cuento Andrés es Sirena y punto.

Ahora la que se rasca la cabeza un poco confundida soy yo. No estoy segura de que el hábito haga al monje; a veces la ropa es solo un juego de apariencias.
Ah, los adultos tienen que explícarselo todo.

si nos viéramos de pequeñitos
recién nacidos
con el botón del ombligo remendado
y arrugados como viejitos
constataríamos lo que todo el mundo sabe:
que venimos encueros
en pelotas
sin hábito
ni uniforme
ni vestimenta identitaria
hembra
o macho
o género ambiguo
venimos puros

ya pronto vendrán a asignarnos prendas de vestir, comportamientos tales, y hasta pondrán límites a nuestros juegos.

Andrés y su amiga narradora están más cerca de esa pureza que fuimos, por eso me encanta que ella se vista de pirata y que Sirena se salga con la suya.

Uno de los logros del libro Sirena y punto, escrito por Sergio Andricaín y Diego Josué Gontorr y publicado por Ediciones El Naranjo, es que es sutil —porque lo que se es, se es naturalmente—; no es un libro didáctico y por ahí van sus bondades. De edición impecable, las ilustraciones de Manuel Monroy tienen ternura en el trazo, son imaginativas y no son pretenciosas; buscan una accesibilidad, quieren llegar al niño que siempre seremos.

los niños somos cortaúñas
ramita seca
abanico
abeja
pirata
sirena
y punto.

Texto leido el 28 de febrero de 2020 en la presentación en Miami de Sirena y punto, libro de Sergio Andricaín y Diego Josué Gontorr (texto) y Manuel Monroy (ilustraciones), publicado por Ediciones El Naranjo. El evento fue coproducido por la Fundación Cuatrogatos y el Koubek Center del Miami Dade College.

Rosie Inguanzo, actriz, escritora y profesora, es graduada del doctorado en Español y Literatura Iberoabericana de la Universidad Internacional de la Florida. Es autora de la novela La Habana sentimental (Bokeh, Leiden, Países Bajos, 2018) y de los poemarios La vida de la vida (Hypermedia, South Carolina, 2018) y Deseo de donde se era (Nos y Otros Editores, Madrid, 2001).

3 pensamientos en “Rosie Inguanzo escribe sobre el libro «Sirena y punto» (El Naranjo), escrito por Sergio Andricaín y Diego Josué Gontorr e ilustrado por Manuel Monroy

  1. Ya lo Leí!!! Y estoy feliz de haberlo encontrado!

    Me encanta!

    Y esta mujer le hace una presentación fascinante.

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