Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2019 (segunda entrega: Libre Albedrío, Calibroscopio y Yekibud)

Continuamos compartiendo las opiniones de los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2019. En esta ocasión publicamos los comentarios que nos enviaron Gema Sirvent, de Editorial Libre Albedrío, en España; Judith Wilhelm, de Calibroscopio Ediciones, en Argentina, y Victoria Pazmiño y Ramiro Matas, de Yekibud Editores, en España. Gracias por permitirnos saber qué los decidió a publicar A la vistaLa jaula y Un año… Poemas para seguir las estaciones.

“A la vista”, de Daniel Montero Galán. Almería: Editorial Libre Albedrío, 2017.

Cuando Daniel Montero Galán nos presentó el proyecto, lo primero que pensé fue en lo impactante del planteamiento, al ser un libro silente dejaba mucho espacio a la observación del lector, algo que nos interesa mucho en la editorial.

A la vista es un libro álbum desarrollado de una forma muy inteligente con una narrativa visual muy potente. Es un libro que despierta preguntas en el lector y le hace tomar una postura crítica ante lo que está experimentando a través de las imágenes. Habla de nuestro planeta, de la intervención del hombre en él de forma dañina y egoísta, también de nuestro comportamiento como sociedad. Pero, al mismo tiempo, habla de esperanza y de encontrar el equilibrio. Es un libro en el que cada lector podrá sacar su propia conclusión.

Gema Sirvent
Libre Albedrio

“La jaula”, texto de Germán Machado, ilustraciones de Cecilia Varela. Buenos Aires: Calibroscopio Ediciones, 2018.

De La jaula me atrajo mucho su intensidad, su mirada simple y directa, sin concesiones, sobre un tema siempre difícil, incómodo: la crueldad de la que somos todos capaces en nuestros pequeños y no tan pequeños actos. Y una cosa que no suele estar presente en los relatos infantiles: las acciones tienen consecuencias, nos guste o no nos guste. Y no siempre es posible repararlas. Sí, por supuesto, podemos aprender de nuestros actos. Pero es un proceso que, inevitablemente, conlleva dolor. Y esto es algo que a los adultos nos cuesta mostrar, sin disfraces, a los niños.

Germán Machado logra hablar de todo esto en unas pocas y maravillosas líneas, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados. El cuento es directo, cruel, brutal, conmovedor y amoroso a la vez. Tiene un final impactante, algo que me atrae especialmente y que cada vez nos cuesta más encontrar.

Cecilia Varela llegó de la mano de Germán, que nos envió el cuento por correo con algunas imágenes e ideas. Curiosamente, el encuentro entre ambos surgió hace unos años en una mesa de firmas, en nuestro stand, durante la Feria del Libro de Buenos Aires.

Cecilia aportó entonces su mirada sobre Nil y su mundo. Supo leerlo en su complejidad, y creó un universo de mucha ternura alrededor suyo. Ubicarlo en un entorno más oscuro hubiera sido clausurar sentidos. Lo mismo que mostrar la jaula en la cubierta, en las guardas del libro. Trabajamos mucho este tema y Cecilia logró un trabajo muy interesante desde lo formal, trazando sutilmente contornos que dan idea de esa jaula nombrada en el título, alrededor de Nil y su mundo privado, interior: así cobra sentido la forma de su habitación y su ventana. El lugar desde donde (se) mira, ve y construye.

Judith Wilhelm
Calibroscopio Ediciones

“Un año… Poemas para seguir las estaciones”, texto de Ángeles Quinteros e ilustraciones de Ángeles Vargas. Barcelona: Yekibud Editores, 2017.

En 2017, en la Feria del Libro Infantil de Bolonia, Ángeles Vargas nos mostró el libro de poemas escritos por Ángeles Quinteros que ella había ilustrado con la sencilla técnica de collage. Enseguida nos admiró su capacidad de sintetizar y condensar con pocos elementos vastas emociones y pensamientos, así como el delicado sentido del humor. Nuestra frase espontánea al verlo fue: “Te prometo que si yo veo este libro aquí a la venta, ¡lo compro!”. Sabíamos que teníamos delante un proyecto inestimable y que nos encantaría que formara parte de nuestro catálogo.

Esos breves poemas —que compendian con asombro y entusiasmo instantes que cualquiera de niño ha vivido, como jugar con cometas en días de viento, comer sandía en verano, ver caer las hojas de los árboles o correr rápido a casa porque se avecina la lluvia— se agigantan con el vigor descriptivo de la ilustración. A su vez, esta logra acrecentar los sentidos plenos en el concepto, por esta relación con el texto fabricada a base de sencillez y sutileza.

Percibimos que, además de como un poemario, Un año… se podía leer como una narración o como unas memorias. Al intentar acentuar esta perspectiva, nos proponíamos, autoras y editores, alentar la mirada del lector de cualquier edad, tanto hacia la naturaleza como a su interior.

Victoria Pazmiño y Ramiro Matas
Yekibud Editores

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