Opinan los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2019 (tercera entrega: Anaya, CIDCLI y bookolia)

Continuamos compartiendo los criterios que nos han hecho llegar los editores de los libros ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos 2019. En esta oportunidad toca el turno a Pablo Cruz, de Anaya, España; Paola Aguirre, de CIDCLI, México, y Luis Larraza, de bookolia, España.

Ellos nos explican qué los atrajo de Poemar el mar, Elio. Una historia animatográfica, Le comieron la lengua los ratones y Cuando mamá llevaba trenzas, y por qué tomaron la decisión de poner esas obras al alcance de los lectores.

“Poemar el mar”, de Antonio García Teijeiro, ilustraciones de Xan López Domínguez. Madrid: Anaya, 2018.

Poemar el mar, publicado originalmente en gallego por la editorial Xerais, obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2017 en España. Enseguida, se planteó la posibilidad de traducir al castellano este libro de Antonio García Teijeiro, con el que hacía años que no trabajábamos, en nuestra colección Sopa de Libros, en la que solemos publicar cada año un libro de poesía. La calidad de los versos y de la ilustración, junto con la difusión que nos podía dar este galardón, eran los mejores ingredientes para acercar la poesía a los jóvenes lectores. Un género que, aunque parece resurgir entre algunos sectores últimamente (niños y adultos), aún necesita de toda la ayuda disponible para visibilizarlo.

Pablo Cruz
Anaya

“Elio. Una historia animatográfica”, texto de Diego Arboleda, ilustraciones de Raúl Sagospe. Madrid: Anaya, 2017

Elio es el sexto título que publicamos de Diego Arboleda y Raúl Sagospe. En 2019 se cumple una década desde que comenzaron su andadura en la literatura infantil y juvenil de la mano de Mil millones de tuberías. En estos diez años no han parado de cosechar premios, de conquistar a la crítica y a los lectores, y hoy ya son dos creadores de referencia. Elio recorre temas que pueblan continuamente el universo de Diego y Raúl: la ciencia analógica, los grandes inventores, el mundo del circo y el cine, la mezcla entre hechos históricos e inventados, el triunfo del bien sobre el mal, y el afilado ingenio que nos hace sonreír y sorprendernos. En mi opinión, ambos han alcanzado la excelencia en la literatura infantil: calidad y entretenimiento a partes iguales.

Pablo Cruz
Anaya

“Le comieron la lengua los ratones”, de Silvia Molina, ilustraciones de Cecilia Varela. Ciudad de México: CIDCLI, 2017.

Le comieron la lengua los ratones nos atrapó desde el principio por la sutileza con que está escrito. La narración, hecha desde la mirada inocente de Mari, permite que como lectores experimentemos sus emociones durante un proceso de duelo. Es un relato entrañable que genera empatía en el lector, porque lo invita a sentir y a entender a este personaje, a conocer el cariño de su familia y la manera en que la naturaleza la sana poco a poco.

Pensamos que muchos lectores podrían sentirse identificados con el silencio de Mari, o que tal vez encuentren en el libro la manera de entender a alguien a quien se le han perdido las palabras, antes de decirle que “le comieron la lengua los ratones”.

Paola Aguirre
CIDCLI

“Cuando mamá llevaba trenzas”, de Concha Pasamar. Madrid: bookolia, 2018.

En un meandro —más que línea— editorial por los que transita bookolia recaló hace un año este primer texto ilustrado y escrito por Concha Pasamar. Hablar de meandros me parece más acertado porque en la selección de nuestros títulos nos movemos casi exclusivamente por la sensación de encontrarnos ante un trabajo de calidad, independientemente de temas o estilos prefijados. A principios de 2018 nos presentó casi con pudor (después de haber publicado con nosotros ya dos títulos solo como ilustradora, Arrecife y la fábrica de melodías y 13326Cuando mamá llevaba trenzas, un proyecto muy personal que entroncaba con su infancia y recuerdos muy queridos por ella. Nos explicó que la idea había nacido en un taller de creación de álbum con Marián Lario y que quería que lo valorásemos.

La primera impresión que tuvimos fue de sorpresa, ya que en este álbum ese aire clásico y nostálgico que desprenden sus dibujos se conjuga con el uso de estampados digitales, fondos planos y una paleta de colores nada convencional. El texto nos pareció desde un primer momento delicioso, con un final redondo. Como si la niña protagonista, al pensar en la caja que debía ella crear con todos sus recuerdos, pusiera la guinda a un álbum sin duda especial. Del texto nos atrajo también esa historia que compartimos muchos de nuestra generación (que rondamos la cuarentena cincuentena): esa infancia de calle, de rodillas peladas y costras eternas, tan distinta a la que conocen los niños de hoy. Una infancia analógica y libre que debemos contraponer a la digital, guiada y encorsetada de hoy día. El planteamiento del álbum pretende ser puente entre ambas realidades, pero creemos que debe servir también de reivindicación de aquella frente a esta.

Luis Larraza
bookolia

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