Luis Sagasti habla sobre “El arte de la fuga” (Editorial Treintayseis), libro ganador del Premio Fundación Cuatrogatos 2017

El argentino Luis Sagasti (Bahía Blanca, 1963) es profesor, crítico de arte y autor de títulos como El canon de Leipzig (Ediciones Simurg,1999), Los mares de la Luna (Sudamericana, 2006), Bellas artes (Eterna Cadencia, 2011), Maelstrom (Eterna Cadencia, 2015) y Una ofrenda musical (Eterna Cadencia, 2017).

En 2016 dio a conocer la narración El arte de la fuga, publicada por el sello editorial Treintayseis, creado por Daniel Burman y Margarita Tambornino. Este libro, que incluye ilustraciones de Ana Sanz Durán y también un CD en el que el propio Sagasti lee su relato, de viva voz, con el acompañamiento de un sugestivo soundtrack concebido por el músico Nino Cota, fue merecedor del Premio Fundación Cuatrogatos 2017.

“Inteligente e ingenioso, el texto está ilustrado con solvencia tanto por la gráfica como por la banda sonora”, señalaron en su acta los integrantes del jurado del certamen, y destacaron esta original propuesta artística como “un cuento-disco que rinde homenaje a la música y que convida a conocerla y apreciarla desde otras perspectivas”.

Cuatrogatos entrevistó a Luis Sagasti para saber más sobre este singular libro:

¿Cómo surgió este El arte de la fuga?

En verdad, la idea de que una corchea advierta que va a ser ejecutada y que, en consecuencia, decida fugarse surgió para un programa de radio que yo hacía hace más de 20 años junto al poeta Mario Ortiz. El eje del programa, que se llamaba Maldición llegó el verano, era el humor absurdo. Pero encontrábamos que la historia de la corchea (que no era tal cual el libro) resultaba muy intelectual para el programa. Digamos que requería una atenta escucha. Finalmente la cambiamos por la historia de un triángulo expulsado de la demostración del teorema de Pitágoras, que resultaba más apropiado para el formato radial, aunque resulte curioso.

¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Qué resultó lo más retador?

No fue algo sencillo, ya que debía condensar la historia en muy pocas páginas. Pero por sobre todas las cosas no quería escribir un texto demasiado didáctico ni tampoco uno poblado de conceptos que solo alguien con conocimientos en música pudiera entenderlos. Una tercera dificultad fue la de darle un final a una historia que nunca puede terminar bien por obvias razones existenciales.

¿Tenías algún lector en mente cuando lo escribías?

En verdad, no. No suelo pensar en ningún destinatario cuando escribo, pero si me interesaba que chicos de a partir de once o doce años pudieran disfrutar de la historia lo mismo que un adulto.

El libro puede cautivar a una amplia gama de lectores, pero al leerlo pensamos que podía conectar especialmente con los jóvenes por el desenfado de la narración y por su humorismo. ¿Compartes esa opinión? 

Si, comparto eso. Creo que esa clase de humor, y ciertos sinsentidos, suelen tener mejor recepción en personas jóvenes (de edad y de espíritu). Diría que ciertos desenfados, ciertas licencias tienen mejor recepción en aquellos que aún no fueron habitados por prejuicios estéticos que usualmente se propagan con la facilidad de una marea. He recibido comentarios muy generosos sobre el libro y, sí, rescataban –más allá de la historia– el humor que campea todo el texto.

¿Qué opinas de las ilustraciones de Ana Sanz Durán que incluye la edición?

Las ilustraciones me parecen extraordinarias ya que se evitó toda figuración excesiva. La personificación de las corcheas viene dada por el texto, los dibujos las retratan como una suerte de peces-flores en continuo movimiento que se desplazan por un fondo casi acuático realmente encantador. Estoy muy satisfecho con el trabajo de Ana.

¿Y de la banda sonora de Nino Cota que acompaña tu lectura del relato?

Nico Cota es un músico realmente fantástico. Más allá de la elegancia de sus arreglos y el delicado trabajo tímbrico, creo que el principal mérito de su labor es que en ningún momento la música resulta redundante: no subraya lo ya dicho en el texto o en el dibujo sino que, antes bien, ilustra allí donde las palabras y los dibujos no llegan.

Dentro de tu universo creativo, ¿qué relación estableces entre la música y la palabra escrita?

No puedo escindirlas. Es mi principal preocupación a la hora de escribir. El ritmo y la musicalidad del texto. Estoy muy atento a esa relación. El nexo entre ambos tiene cierta complejidad y puede uno caer en vicios que resultan muchas veces indigestos; me refiero a, por ejemplo, que el textos sea demasiado musical, que tenga un ritmo muy marcado. Mi último libro, que salió en mayo de este año, se llama Una ofrenda musical. Mi principal preocupación era evitar, precisamente, una musicalidad excesiva o redundante ya que la novela trata sobre la experiencia de la escucha y la experiencia del silencio.

¿Qué lugar le concedes a El arte de la fuga dentro del conjunto de tu producción?

Pese a ser mi por ahora única obra ilustrada (y que, además, es acompañada por un CD) y que intenta abarcar un público más amplio que el del resto de mi producción, no la considero algo aislado de mi proyecto literario, acaso porque, más allá de la anécdota, del hilo de la trama, las preocupaciones existenciales, por llamarlas de alguna forma, son las que dan forma, en definitiva, a la historia.

Un pensamiento en “Luis Sagasti habla sobre “El arte de la fuga” (Editorial Treintayseis), libro ganador del Premio Fundación Cuatrogatos 2017

  1. Quero ler!

    Mexeu comigo e com as profundezas do desejo de ler.

    Ler é isso. Entrar e sair de si quando é chamado por outro.

    Wania

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