Entrevista con la ilustradora argentina Claudia Degliuomini

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Por Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez

Claudia Degliuomini es una de las más sobresalientes ilustradoras argentinas de libros para niños y en Cuatrogatos valoramos mucho su labor. Prueba de ello es que dos libros que llevan su firma (El secreto de Sofía, texto de NiñoCactus, La Guarida Ediciones, y La tortilla de papas, texto de Sandra Siemens, Del Naranjo) fueron seleccionados como ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos en 2015 y 2016, respectivamente.

Egresada de la Academia Nacional de Bellas Artes con el título de Maestra Nacional de dibujo, pintura, grabado y escultura, Claudia ha trabajado para editoriales de países como Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos, España, Italia, México, Puerto Rico y Reino Unido. Ha ilustrado títulos como Dentro de una palabra, de María Cristina Ramos (Penguin Random House); Lo que escuchó un pajarito, de Iris Rivera (Edelvives); Cada cual se divierte como puede, Los sueños del yacaré y Cuento con sapo y arcoíris, de Gustavo Roldán (Alfaguara), y Gigante, de Graciela Bialet (Sudamericana), entre otros muchos.

A continuación compartimos sus respuestas al cuestionario de Cuatrogatos:

¿Cuándo descubriste tu gusto por las artes plásticas? ¿Dibujabas de niña? ¿Provienes de una familia con sensibilidad artística?

Dibujaba y recortaba papeles la mayor parte del tiempo desde muy pequeña. Me gustaba armar escenarios de papel, inventar personajes y también dibujar mis propias escenas para el CINE GRAF, un proyector manual de juguete que se recalentaba y derretía las películas. Mis vecinos eran invitados formalmente a las funciones, con entradas que yo misma confeccionaba.

Para mis padres el arte era algo superfluo y poco práctico, por lo que mis necesidades de participar en talleres no fueron escuchadas, menos aún la idea de un secundario artístico.

¿Qué te aportaron tus estudios académicos de Bellas Artes y Diseño Gráfico?

Estudié Bellas Artes, una parte en Buenos Aires y otra en Neuquén. Fue como entrar al mundo mágico de los materiales y las técnicas. A encontrarme con mis pares, a descubrirme. Opté por el magisterio para tener muchas horas de taller. Taller de dibujo, de grabado, de escultura y de pintura, que junto a las asignaturas teóricas me dieron las herramientas que necesitaba para expresarme.

Mi paso por Diseño Gráfico fue corto porque me casé, me mudé a la Patagonia y nacieron mis hijos, pero dejó abierta la curiosidad que más tarde compensaron el trabajo y los colegas generosos.

Una formación fundamental como ilustradora fueron los seminarios de ilustración en el IUNA con Istvan Schritter.

Durante algún tiempo fuiste profesora de artes plásticas de niños. ¿Qué influencia tuvo esa etapa en tu quehacer profesional posterior?

Fui maestra de arte en la escuela y en talleres, primero con adolescentes y luego con niños de 6 a 8 años, mis preferidos. Tal vez por esta razón se me convoca más para ilustrar libros destinados a chicos de esas edades. Los recuerdos de mis alumnos me inspiran al momento de crear personajes.

Siento una gran empatía con los niños, especialmente con los que tienen historias difíciles. Prefiero los libros felices que transmiten esperanza, porque están dedicados a mi infancia y a la de ellos. A partir de que mi tiempo dedicado a los libros fue creciendo, mi trabajo como maestra dio paso al de ilustradora. De esta manera llego a más chicos, y eso me alegra.

¿Qué te atrajo de la ilustración de libros para niños y cómo te insertaste profesionalmente en ese mundo?

La fascinación por los libros comenzó antes de empezar a leer. Mis hermanas tenían unas enciclopedias de fábulas que eran enormes para mi tamaño. Yo abría sus grandes páginas ilustradas, imaginaba la historia y entraba en ella. Pulgarcita era una de mis preferidas.

Cuando nacieron mis hijos, me reconecté con los libros para chicos desde otro lugar. En una feria del libro infantil, Nora Hilb y Graciela Cabal firmaron un ejemplar de Miedo para mi hija. En ese encuentro amistoso, Nora me invitó a participar del Foro de Ilustradores y desde ese momento los trabajos de ilustración se sucedieron unos a otros.

Cuando se observan las ilustraciones de tu etapa inicial y las más recientes, se intuye un largo camino de búsquedas expresivas y de maduración profesional. Hoy día posees un estilo muy personal y fácilmente reconocible. ¿Cómo llegaste a conseguirlo?

Los viajes a la feria internacional de Bologna ampliaron mis horizontes, mis referentes, y me conectaron con otras culturas. Luego Internet sin dudas borró las barreras.

Después de muchos trabajos y largas horas de tablero, aparecía en el papel algo que me dejaba conforme, a partir de lo que continuaba hasta encontrar algo más, y así, paso a paso.

La fórmula es trabajar, trabajar y trabajar. Intento muchas versiones de una ilustración hasta dar con la definitiva. Pruebo diferentes técnicas, papeles, paletas de colores y en cada paso voy quitando los detalles superfluos para concentrarme en lo que quiero transmitir.

No soy consciente de mi estilo personal y no fue una búsqueda, es lo que me sale. Pienso que como en el arte hay movimientos que enmarcan diferentes épocas, la ilustración no es ajena a esto. Hay ilustradores que con su estilo marcan tendencias, hacen aportes y construyen caminos para seguir o evitar. Esto nos deja a todos impregnados.

¿Con qué técnicas te sientes más a gusto, más tú?

Comencé con las acuarelas, incorporé el collage y ahora tengo un idilio con el lápiz, pero siempre hay un pincel con agua a mano. Luego de sentirme cómoda con el material, empiezo a trabajar en el lenguaje. No tengo la necesidad de perfeccionar la técnica, sí de lograr la expresión.

La evanescencia, cierta cualidad aérea, casi etérea, caracterizan una parte significativa de tu trabajo como ilustradora. ¿A qué responde esa peculiaridad y cómo logras esos rasgos?

Tal vez tenga que ver con un estado interior, una búsqueda. Me gustan los espacios abiertos, los silencios, las transparencias. Un reflejo de luz sobre un elemento cotidiano que lo descubre me puede emocionar. Quisiera poder atrapar esos momentos efímeros en mis ilustraciones, para volver a ellos una y otra vez.

¿Qué esperas del lector que se enfrenta a tus imágenes gráficas?

Conmoverlo, llevarlo al lugar, transmitirle el clima y, con suerte, dejarle recuerdos.

¿En qué género te sientes más cómoda ilustrando: poesía o narrativa? ¿Tienen exigencias diferentes para ti?

Disfruto ambos géneros, pero trabajar con poesía me da más libertad, me permite jugar con la metáfora, explorar otros sentidos y dejar abierto el mensaje para que lo complete el lector. No creo que la ilustración tenga que ser necesariamente la respuesta al texto o la traducción de este en imágenes.

Las exigencias están más relacionadas con la complejidad del texto que con el género.

La primera edición de Tres chicos muy valientes, de Graciela Montes, fue publicada por Quipu en 1989 con ilustraciones del maestro Oscar Rojas. ¿Cómo fue la experiencia de ilustrar ese mismo texto para la reedición realizada por Loqueleo en el 2016 y hacer tu lectura personal del mismo?

Es una enorme alegría que se me haya convocado para ilustrar un libro de Graciela Montes, por la que siento una admiración especial. Juanito y la luna fue el libro de cabecera de mi hijo mayor, y estas vivencias te hacen sentirla familiar.

Tres chicos muy valientes logra un ritmo juguetón con un lenguaje simple y original. Me divertí creando personajes poco expresivos, como pueden ser los chicos cuando quieren disimular el miedo.

El maestro Oscar Rojas es un gran referente de la ilustración argentina; es un honor continuar con su trabajo y estoy muy agradecida al equipo de Loqueleo por confiar en mí.

¿Qué libros de los que has realizado sientes que representan mejor tus búsquedas como creadora?

De todos los libros rescato algo. El contacto enriquecedor que se da con sus creadores, sus miradas, los intercambios, el tiempo compartido con editores, escritores y diseñadores, dejan marcas. Son la mejor escuela para mí. Pero con algunos me identifico más por diferentes motivos:

El Hilo (Ediciones del Eclipse), que hicimos con Eduardo Abel Giménez, planteó un desafío: el de ensamblar los diferentes relatos y lograr una unidad.

El pájaro bigote (AH Pípala), que trabajamos junto a Nicolás Schuff, porque me ocupé además de la ilustración, del diseño, de la elección del formato del libro, la tipografía y la página final con la guía de avistamiento de pájaros.

Pajarraigos (Comunicarte), de David Wapner, es un libro muy bello, al que siempre vuelvo.

¿Qué creadores han marcado tu trabajo, bien como referentes o como paradigmas?

Anne Herbauts sigue siendo un referente importante para mí.

El jurado del Premio Fundación Cuatrogatos 2016 escogió de forma unánime el libro La tortilla de papas, con texto de Sandra Siemens e ilustraciones tuyas, y celebró la armonía entre el texto y la imagen. ¿Cómo fue la experiencia de trabajo para crear esta obra, también premiada por ALIJA e incluida en la selección White Ravens de la Jugendblibliothek?

Con Sandra Siemens nos vimos varias veces en eventos de editoriales. Me recomendó para un libro y yo se lo agradecí.

Del Naranjo me contactó con poco tiempo para trabajar, porque querían que el libro saliera para la feria. Para poder cumplir con los tiempos, trabajé sobre los personajes, el escenario y el clima sin bocetos. La editorial lo aprobó y me dio carta abierta para seguir adelante. Con otra aprobación a mitad del libro y todo resuelto, envié las ilustraciones finales. La editorial se mostró muy contenta con el resultado.

Yo rescato este primer momento de creación y disfrute en mi memoria. Lo que sucedió a continuación lo capitalizo como una experiencia de aprendizaje.

A los 20 días de la entrega final, la escritora me manda un mail desconcertante donde dice que mis ilustraciones no son lo que imaginaba. Que si podría urbanizar la puna, sacar llamas, cactus y agregar más casas. En pocas palabras: cambiar mi imaginario por el suyo, hacer una ilustración literal.

Le expliqué la situación en la que se me encargó el trabajo. Que no me parecía bueno para el libro los cambios que pedía, y que de haber preferencias las tendría que haber planteado desde el principio, por una cuestión de respeto a mi tiempo y a mi trabajo. Y que me encantaría en el futuro trabajar juntas a la par si se diera la oportunidad.

La editorial me pidió disculpas por la situación y yo accedí a poner en la tapa algunas casas que estaban en el interior.

Sandra modificó los nombres porque desde su punto de vista era inadmisible que una abuela llamada “Pepa” viviera en el norte, pero todo lo demás quedó tal cual estaba. A simple vista, y debido a que recibió tantos premios y el Ministerio de Educación lo adquirió tantas veces desde su publicación, creo que mi trabajo no estaba tan fuera de registro y que mi decisión de dejar las ilustraciones como fueron creadas no fue un error.

En estos días en que se expuso mi nombre y el proceso de una manera poco realista o tendenciosa, esta es una buena oportunidad para aclarar mi parte y seguir adelante. Los problemas, como los errores, sirven para aprender, y hay un punto en que uno deja todo lo negativo que eso le causó y se queda con lo que aprendió.

¿Qué te atrajo de ese cuento y qué trataste de aportarle?

Me atrajo su ritmo y su texto mínimo, como un papel en blanco con música de fondo. Mi aporte fue darle una personalidad marcada a esta abuela olvidadiza, con un entorno fuera de lo común. La acompañé con pájaros que revolotean su cabeza, como sus ideas, y la llevé a un pueblo del norte entre cactus y llamas. Y así entre idas y vueltas desde su casa al pueblo, agregué un relato en segundo plano con nuevos personajes que se suman al viaje, pero que la abuela no ve, porque está pensando en otra cosa.

¿Qué lugar ocupa La tortilla de papas dentro del conjunto de tu obra?

Elijo trabajar con papeles y materiales amigables al tacto, en un ambiente armonioso que me preocupo por construir para disfrutar el proceso. El hacer y el descubrir son muy reconfortantes. El encuentro del personaje es un paso revelador, en el que confluyen los recuerdos y los deseos. Ese tiempo de ponerse en su piel para imaginar sus momentos, sus necesidades, su entorno. Me conecté con el texto, con su ritmo, y me sumé a él. Sí me quedo con la experiencia al ilustrarlo y con la llegada al lector, es un libro que hace un aporte dentro del conjunto de mi obra, y eso me deja feliz.

¿Cómo concibes la relación escritor-ilustrador-editor?

Como una buena comunicación entre personas idóneas, que se respetan y confían entre sí. Prefiero el trabajo codo a codo, porque cada uno aporta su saber, y esto enriquece el resultado. Además, el trabajo del ilustrador es muy solitario.

¿Qué elementos de un texto son importantes para ti a la hora de acercarte a él plásticamente?

Los textos que me tocan de alguna manera tienen más de una lectura. Prefiero los que son poco descriptivos porque dejan lugar a la imaginación. Trato de hacer mi aporte sin cerrar esa posibilidad.

Cuando miras hacia atrás tu obra publicada, ¿qué piensas de ella?

Pienso que mi obra puede seguir mejorando.

¿Cuál es la mayor recompensa que puedes recibir por tu trabajo?

La primera es sentirme conforme con mi trabajo. La segunda, es que llegue al lector y sea bien recibido. La tercera, que económicamente me permita vivir de esto que amo.

¿Qué libro te gustaría ilustrar?

Un libro que me desafíe y me permita aprender algo nuevo.

¿Quién es Claudia Degliuomini?

Claudia es una mujer sensible que elige ser feliz todos los días. Madre, esposa, hermana, amiga. Ilustradora comprometida con su trabajo. Aficionada a la fotografía, loca por los pájaros y aprendiz de alfarera. Curiosa incansable de nuevos desafíos.

3 pensamientos en “Entrevista con la ilustradora argentina Claudia Degliuomini

  1. Les agradezco mucho la posibilidad de compartir entrevistas y/u otras materias de ese nivel.
    Ojalá podamos disfrutar de muchas más.
    Felicitaciones.

  2. En primer luga deseo que disfruten de unas bellas fiestas decembrinas. Muchas gracias por la creación de este blog y de estar siempre a la vanguardia para publicar tan importantes noticias y personajes que navegan aventuras de mágico éxito; me encantó la entrevista de Claudia como muchas otras, logran muy bien que muestre el amor a su trabajo y su profesionalismo. Yo soy narradora oral escénica desde siempre y promotora de lectura como profesión desde hace veinticinco años, amo las palabras, la literatura y los libros, he enfocando mi labor en la literatura infantil y juvenil. Soy maestra de habilidad lectora y de escritura creativa a nivel primaria. Y como esto no me es suficiente, siempre comparto con mis alumnos cuentos y bellas lecturas. Su página me enriquece con su información y me motiva a continuar. Estoy convencida de lo que dijo Manuel Gutiérrez Nájera: “No hay mejor ejército, que un ejército de niños armado de libros” Gracias de nuevo y felicidades por tan valiosa labor.

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