«Cascanueces y el rey de los ratones» cumple 200 años

cascanueces1aCumplir dos siglos, si de cuentos para niños se trata, es todo un acontecimiento. Cumplirlos conservando sin perder ni la lozanía ni la popularidad, es motivo de especial regocijo. Publicado por primera vez en 1816, en Berlín, por Ernest Theodor Amadeus Hoffman, Cascanueces y el rey de los ratones (Nussknacker und Mausekönig) es un verdadero clásico de la literatura infantil universal.

La noche de Navidad, a la casa de la familia Stahlbaum llega a vivir un inesperado personaje. Se trata de un cascanueces que el anciano señor Drosselmeier obsequia a los pequeños Marie y Fritz. El cascanueces desempeñará un papel decisivo en el enfrentamiento entre los juguetes y el pueblo de los ratones, al enfrentarse al peligroso rey de estos últimos y vencerlo… Con su inquietante contrapunteo entre lo fantástico y lo real, este relato continúa siendo un referente ineludible por su sugestiva ambigüedad, su original acercamiento a la fantasía infantil (en especial, tomando en consideración la temprana fecha en que fue escrito) y el impacto y la perdurabilidad de sus imágenes (las siete coronas del rey ratón, el reino de los juguetes…).

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Sin duda alguna, a la vigencia de Cascanueces y el rey de los ratones ha contribuido enormemente la versión para ballet que – tomando como base la adaptación simplificada del relato hecha por Alejandro Dumas en Francia– crearon el compositor Piotr Ilich Chaikosvki y los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivanov. Desde su estreno en el Teatro Marinsky de San Petersburgo, en diciembre de 1892, el ballet no ha dejado de llevarse a escena, especialmente en las temporadas navideñas. Por cierto, se dice que Chaikovski compuso la partitura a regañadientes, sin imaginar que estaba destinada a convertirse en una de sus obras más exitosas.

Nacido en Konigsberg, Prusia, en 1776, y fallecido en Berlín, a los 46 años de edad, E. T. A. Hoffman fue escritor, periodista, compositor musical (en 1826 se estrenó su ópera Ondina), pintor, jurista y un bohemio impenitente. Su narrativa fantástica, como Los elíxires del diablo y El hombre de arena, es parte esencial del movimiento romántico en las letras alemanas. Su nombre de pila fue Ernest Theodor Wilhelm, pero cambió este último por Amadeus como prueba de su extraordinaria admiración por el compositor Wolfgang Amadeus Mozart.

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A lo largo de sus dos siglos de existencia, numerosos artistas han ilustrado Cascanueces y el rey de los ratones, entre ellos el estadounidense Maurice Sendak y el italiano Roberto Innocenti. Para acompañar esta nota, seleccionamos tres de las ilustraciones creadas por el alemán Peter Carl Geissler, publicadas en Nuremberg alrededor de 1840.

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