¿En dónde está la Caperucita?, un comentario de Angélica María Salas G., desde Venezuela

Desde Mérida, en Venezuela, Angélica María Salas G. nos envió este trabajo realizado para la Maestría en Literatura Iberoamericana que cursa en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes. Angélica es becaria docente de la Escuela de Letras de dicha institución, donde se desempeña como Profesora del Taller de Literatura Infantil y Juvenil, adscrito al Departamento de Literatura Hispanoamericana y Venezolana.

Cuatrogatos agradece a Angélica su colaboración e invita a aquellas personas que realizan estudios superiores a imitarla, enviándonos trabajos breves sobre literatura infantil que puedan ser difundidos a través de nuestro blog. Quienes deseen enviarle sus comentarios a la autora, pueden escribirle a angelicamsalas@gmail.com

¿En dónde está la Caperucita?

Por Angélica María Salas G.

Dentro de la constante fluidez de las palabras y las ficciones forzadas surgen por momentos preguntas –arrogantes–, una de ellas tiene que ver con la vida secreta de la Caperucita Roja, sabemos que como personaje su vida dependerá de la función cumplida dentro del relato, así en unas será actancial, fática o dramática, pero ocurre que la complicada existencia de la niña la ha llevado a realizar todas las funciones y casi todos los roles luego de concluido el contrato con los Hermanos Grimm, de allí en adelante se le ha visto en ropa ajustada, ligeros trajes, en caperuza verde –o sin nada-, de femme fatale y hasta de heroína.

En todo caso se trata de observar la vigencia a través del tiempo de un personaje que se reinventa, se adapta a las nuevas generaciones y aún conserva parte de su esencia. Pero ¿cómo logra mantenerse al día?, esto se debe a: lo primero y más obvio está relacionado con la pericia del escritor quien debe estar al tanto de aquello que pueda motivar al público infantil de su momento, así ya no será igual una Caperucita que guste escuchar al grupo Menudo y salga con Astroboy, a una que lleve piercing en su ombligo y cejas. Luego, se ha de mantener un rasgo particular del personaje o los personajes, en este caso es fundamental la presencia de la Abuela y el Lobo, de lo contrario se rompería el principio de analogía. Aunque, la Abuelita sea del tipo nominal, o tácita su actuación define junto al Lobo por extensión al personaje de Caperucita. También, el motivo del viaje se hace patente, la niña debe realizar un recorrido hasta la casa de su abuela, ya sea en auto, bicicleta, motocicleta, aeronave, mentalmente pero lo ejecuta. En esta ficción heroica la finalidad es la del aprendizaje, lo cual no solo lo realiza por tratarse de una mini heroína –buena o mala- sino porque constituye el “deber ser” de un héroe; por otro lado, porque en buena parte su base anclada en la tradición de la fábula le asigna la función moralizante o aleccionadora. Esto a su vez lo hereda de las antiguas leyendas y relatos orales de los periodos medievales europeos, donde la realidad era más cruda y peligrosa para las adolescentes, si llegaban a serlo, (recordemos que el concepto de infancia y adolescencia no se llegaron a conocer en esa época), además, la amplia tasa de morbilidad infantil, las pestes y las guerras dificultaban el crecimiento de los pequeños, cuando no se les obligaba a trabajar como un adulto. Los que gozaban de infancia eran los nobles y los hijos de los monarcas, para quienes luego compilarían Perrault y los Grimm.

De este modo Caperucita nace dentro de un contexto oscuro plagado de abusos contra los menores y las mujeres, entonces desde la oralidad se crea un personaje plano, que simbólicamente debe viajar hacia la madurez sola, sin más compañía que las viandas de su madre: su tarro de miel, un poco de mantequilla, un pastel y algunas flores del camino. En ese orden se puede interpretar la dulzura de su adolescencia, lo fácil que puede ser resbalarse, el alimento confeccionado por la madre a modo de recordatorio de las virtudes de la vida de la mujer hogareña, y por último las flores que reflejan las cosas cosechadas por sí misma, para finalmente llegar a la vejez apaciblemente, en medio del bosque cuya paz evoca la muerte virtuosa. Por supuesto, si no dejamos que el Lobo logre seducirnos, puesto que el calificativo de “lobo” era utilizado para los hombres malos –timadores, proxenetas o aberrados.

En este cuadro de personajes las situaciones varían un poco según la época, pero la advertencia subyace, sin olvidar que aún existen “lobos” y peores aún, a excepción de las legislaciones a favor de la protección de los niños, niñas y adolescentes.

Caperucita sobrevive porque no alcanza la madurez. Se trata de un personaje plano, la matriz originaria del relato aprovecha esto y se manifiesta hacia un estructura profunda compleja, cargada de simbolismos de la época medieval. Por tanto la eterna clave de la vigencia del personaje, radica en sus raíces folclóricas debido a que en este tipo de relato la fuerza del universo simbólico representa la parte de la base de la estructura, puesto que sostiene la mayor carga, asimismo la carencia de exhaustivas descripciones y profundización en la vida o forma de los personajes permite equilibrar los valores estéticos junto a la configuración simbólica, lo cual se hace necesario en las historias orales donde lo accesorio es el personaje y lo primordial se traslada a la historia narrada. El simple detalle de que la niña se haga notar solo por su capa roja y no por un nombre, consolida lo innominable relacionado a la identidad atribuible a cualquier niña, abuela u hombre, lo realmente importante son las acciones desarrolladas por ellos, en otros términos: los núcleos de sentido permanecen en los hechos atribuidos a los personajes. Además, el color rojo, según Cirlot, se usaba para vivificar algunos objetos en periodo protohistórico, también denota “purificación” y dinamismo, esto quiere decir que se trata de una niña que a través de la sangre se hace pura para ascender, posiblemente al “cielo” cristiano dejando al pecaminoso lobo en la oscuridad del bosque, en la oscuridad de sus bajezas.

En definitiva Caperucita prefigura un eslabón entre la oralidad y la escritura, dentro de un universo de símbolos válidos para una época, al “modernizarse” desplaza a sus núcleos de sentido hacia esferas más “comprensibles” para los receptores de otras etapas conocedores de la extinción de ciertas especies de lobos en la vieja Europa. Lo cierto es que la niña de la capa roja se encuentra en desplazamiento continuo entrando y saliendo de la modernidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *