No es el fin del mundo

No es el fin del mundo. Geraldine McCaughrean

Novela polifónica, donde los diversos personajes se turnan para contarnos una apasionante versión de la historia de la mítica familia de Noé, comenzando por los días que anteceden el diluvio, hasta sus últimas consecuencias en un universo hostigado por las aguas.

Así conocemos lo que sucede dentro y fuera de Timna, la hija menor, que lucha por salirse del estrecho marco en que la quieren encerrar las normas y prejuicios de sus adultos; su despectiva cuñada Basmat, que en breve deberá dar a luz al primer nieto de Noé; Sara, la inocente, y Zila, que se casa demasiado joven y sin amor; Naamá, en un principio esposa obediente de Noé, y que termina rebelándose contra las limitaciones del pensamiento del patriarca, y cierra puertas al fanatismo religioso diciendo que Dios es lo bastante grande para cuidar de sí mismo. Junto a ellas están sus hombres: Cam y Sem, hermanos implacables; Jafet, el sensible hermano pequeño; Noé mismo, que se niega a ayudar a sus semejantes por el supuesto consejo divino. Y en contrapunto resuenan las voces de los animales que viajan en el arca, arrostrando el inesperado cautiverio a que los someten los humanos.

Con un lenguaje retadoramente contemporáneo, que a veces incluye expresiones como nidos de aviones o planeta, la novela de Geraldine McCaughrean es también una reflexión acerca de las fronteras, la discriminación y las comunidades excluyentes, donde la salvación se reserva para unos pocos. El tono crudo y realista que elige la autora para narrar no está exento de poesía y de sutiles toques fantásticos que realzan el sentido de la epopeya.

La historia cierra con el sabio comentario de un pájaro, un pinzón entre múltiples pinzones, voz de la naturaleza, que se integra al nuevo mundo que está fundando aquella que se amotinó en el arca, un mundo que intenta ser mejor, porque la hospitalidad es una peculiaridad, una rareza de la raza humana difícil de erradicar, como la violencia o la lujuria.

Chely Lima