Un zoológico en casa

Un zoológico en casa. Sergio Andricaín

Los libros para niños, esos que son de verdad para ellos, tienen que ser obligatoriamente hermosos. Ya lo he dicho otras veces y ahora se me llena la hoja de esa verdad porque los libros de Sergio Andricaín son siempre así, hermosos. Por dentro y por fuera un aura muy tierna siempre emana de ellos. Yo misma le he preguntado a Sergio cómo él logra tal cosa, y su respuesta ha sido parecida a: con insistencia y respeto.

Un zoológico en casa, publicado por Panamericana Editorial, tiene tantos colores como animales, aunque aquí de lo que se trata es de los animales. También se trata de un niño perfectamente feliz y del derecho que tenemos todos a vivir en una familia amorosa, funcional. 
A través de sus deseos, los de llevarse animales del zoológico a la casa, las páginas se suceden en una negación tras otra. Que una familia sea amorosa, no quiere decir que nos complazca en todo. Es el caso de esta. Al niño de la historia no le está permitido traer ningún animal a la casa, muchísimo menos si ese animal proviene de un zoológico. Porque en el zoológico, digo yo que no soy una lectora niña, hay animales demasiado grandes. Demasiado peligrosos y salvajes. Animales con costumbres muy complicadas como para habitar una casa, considerando lo complicadas que son las casas, de por sí solas. 

Ni un león, ni un elefante, ni un oso polar, ni un canguro, ni un cocodrilo, por poner algunos ejemplos, podría pernoctar en una casa habitada por personas. Las respuestas para el niño, que Sergio Andricaín pone en boca de los adultos, son tan divertidas como coloridas: "Me gustaría tener un elefante, pero mi mamá dice que no, porque si pesca un resfriado tendría que darle las sábanas y los manteles para que los use como pañuelos".

La imaginación de la artista colombiana Olga Cuéllar, ilustradora excepcional de este cuento, se despliega durante todo el libro para, ya al final, deleitarnos con una sorpresa que en el texto no se dice, pero que ella se ocupa de brindarnos, dándole color y forma al último de los animales.

No sé tú, pero cuando yo era pequeña hubiera dado todo por tener este zoológico en mi librero. Ahora podré ponerlo en el librero de mi bebé.
Legna Rodrí­guez Iglesias