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Alexis Lago y su camino de desdoblamientos

Sergio Andricaín

Pintor, dibujante e ilustrador, Alexis Lago nació en La Habana, Cuba, en 1962. Tras concluir sus estudios universitarios de Bioquímica, se convenció de lo suyo eran las artes plásticas y matriculó en la Escuela de Arte San Alejandro. Posteriormente cursó estudios en la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Artes de La Habana. Radicado en el sur de Florida, Estados Unidos, desde el año 2000, alterna su trabajo como pintor con el de ilustrador. Ha ilustrado libros para niños publicados en Cuba, Colombia, República Dominicana, Estados Unidos y España.  Entre los títulos para los que ha creado imágenes se encuentran Rustam el valiente y otras historias (Panamericana Editorial, 2012), De la A a la Z (Everest, 2011), La Escuela de los Ángeles (Alfaguara, 2011), La gata de los pintores (Panamericana Editorial, 2009), Mi mar y yo (Callejón, 2005), Monstruosi (Ediciones Unión, 2005), Mi isla y yo (Pangae, 2002), Fangoso (Ediciones Unión, 2000) y País de unicornios (Ediciones Unión, 1998). En colaboración con su esposa, la pintora María Sánchez, ilustró Alelé, alelé. Poesía para la primera infancia (Panamericana Editorial, 2013).

¿De qué forma se dio tu entrada al mundo de la ilustración de libros para niños y jóvenes? Antes de crear imágenes para este tipo de libros, ¿te habías planteado la posibilidad de hacer este trabajo? 

Ya desde antes de estudiar arte, todo lo que dibujaba tenía un marcado carácter ilustrativo. Me encantaba dibujar estampas algo caricaturescas sobre temas que me inquietaban. Después de graduado, aunque el mundo de los libros ilustrados me había fascinado desde siempre, nunca me plantee ilustrar como una meta. La oportunidad surgió sorpresivamente en casa de unos amigos en La Habana que tenían varios cuadros míos en sus paredes; allí coincidí con Enrique Pérez Díaz, un escritor que andaba a la búsqueda de un ilustrador, pero al principio ninguno de los presentes pensó en que, tal vez, esa persona pudiera ser yo. En una pausa de la conversación, dije súbitamente: “Creo que ese trabajo puedo realizarlo”. En ese momento todos me miraron, no sin asombro.

¿Cuál fue el primer libro que ilustraste y qué significó para ti?

El primer libro que ilustré fue País de unicornios, del escritor que mencioné anteriormente. Me sorprendió la aceptación del público y, también, que saliera en la prensa un artículo hablando bien de mi labor y con palabras muy estimulantes y elogiosas. Fue gratificante y, la verdad, no pensé que ese trabajo tuviera continuidad.

¿Qué aspectos del texto consideras esenciales a la hora de emprender el trabajo de ilustración?

Me gustan muchos los textos con gran vuelo poético, y con brechas, eventos y rasgos no contados que le permitan a uno actuar libremente y expresar su propio mundo en imágenes. No es que rechace la ilustración anecdótica y descriptiva, pero prefiero la ilustración creativa en la que, además de apoyar el texto, quien lo ilustra y quien lo escribe hacen juntos un camino, y el resultado es algo cualitativamente diferente.

Como artista plástico, ¿cuáles son los aspectos que consideras clave a la hora de abordar la tarea de ilustrar un libro para niños?

Esencialmente me gusta divertirme creando las imágenes, incluso sorprenderme a mí mismo con lo que hago. Si el texto lo requiere, realizar un poco de investigación estará bien y, claro, debe haber frescura e imaginación. Todo texto debiera permitir un espacio para que eso suceda.

¿Qué rasgos de tus pinturas y dibujos consideras que están presentes en las imágenes que concibes para los libros infantiles y juveniles?

Creo que hay una lógica, una manera de hacer, que permanece en ambos campos, aunque en términos formales he optado en la ilustración por cierto eclecticismo que, al final, es reflejo de lo inquieto que soy visualmente. Es curioso que hasta hoy no haya dado con un texto en el que pueda usar, sin alterar formalmente, mi universo pictórico. Ha sido un camino de desdoblamientos. Espero encontrar algún día un material que me permita hacerlo… o escribirlo yo mismo.

¿Prefieres usar algún tipo de técnica cuando vas a ilustrar libros para niños?

Tengo preferencia por la acuarela y algunas técnicas mixtas que la incluyen. Me ha ido bien con el uso del collage y las impresiones.

¿Consideras que hay algo que nunca se debe hacer a la hora de ilustrar?

Sí, últimamente he encontrado muy buenos ejemplos de algo que no haría: doblegar el espíritu de un texto a una forma dada para sostener una identidad, lo que es diferente a abordar un texto partiendo de una identidad y alcanzar un nivel artístico, autónomo, que lo redimensione. Existe una sutil diferencia entre ambas acciones. El asunto de la identidad es todo un tema.

¿Qué artistas de las artes plásticas universales han influido en tu trabajo como ilustrador? ¿Y cuáles son los ilustradores que consideras que han marcado tu trabajo destinado al libro infantil y juvenil? 

No he pensado mucho en ello. Amo el arte como espectador y lo degusto constantemente, no paro de ver pintura, pero noto que en mi lenguaje han tenido mucho más impacto las formas de representación de culturas y civilizaciones antiguas entendidas como clásicas. Me impresiona cómo los antiguos plasmaban, con simplicidad, mundos e ideas de sumamente complejos: los manuscritos iluminados de la Edad Media, las miniaturas mongolas y persas, el arte del Lejano Oriente, la imaginería “científica” de los siglos XVII y XVIII, el teatro de títeres y de sombras de diversas tradiciones culturales; incluso algunas soluciones de diseño y objetos de las artes decorativas me han atrapado visualmente. En cuanto a ilustradores, he admirado mucho los trabajos de Eduardo Muñoz Bachs, Lisbeth Zwerger, Javier Zabala, Gabriel Pacheco, Claudio Romo y Brad Holland, entre otros, pero no me considero influenciado directamente por ninguno de ellos.

¿Cuáles de tus trabajos en el mundo de la ilustración prefieres y por qué?

La gata de los pintores, de Antonio Orlando Rodríguez. Es un cuento-regalo que fue un reto, que me involucra como personaje. Una sencilla narración en la que me vi precisado a ahondar para hallarle dimensiones que no estaban expuestas a simple vista. Me resulta un libro entrañable.

¿Hay algún libro que no hayas ilustrado que sueñas realizar algún día? 

Algunos que no diré y que mantendré en secreto. Pero sí estoy obsesionado con uno de Kipling que puedo mencionar: Simplemente así (Just so Stories), que él mismo ilustró óptimamente, he ahí el reto. Nadie más lo ha ilustrado tan bien como Kipling, a pesar de los múltiples intentos que se han dado. Es un grupo de historias divertidas, llenas de connotaciones. Me inquieta pensar que uno podría hacer un pacto con sus visiones, adentrarse en sus dibujos y dar continuidad al mundo que está encriptado en ellos. Ojalá pueda hacerlo algún día.

¿Qué consejos darías a los jóvenes que comienzan a ilustrar libros para niños y jóvenes?

Ninguno. A no ser advertirles que la ilustración es casi una profesión para masoquista. Un arte cuya importancia es minimizada a pesar de tratarse de una actividad creativa tan necesaria. Somos una cultura visual en un 98 por ciento. Si despojáramos de imágenes los libros, sería muy triste, sobre todo hoy, cuando ya no existen hogueras junto a las cuales contar cuentos, ni brujos que relaten viejas leyendas, ni juglares que canten viejos romances y epopeyas, ni abuelos que narren viejas historias que recibieron de sus antecesores. En algún momento algo pasó y la ilustración es hoy considerada un arte secundario y mal remunerado. Pero sí, lo olvidaba, tengo un buen consejo para los ilustradores: intenten ilustrar sus propias historias. Por ahí también tengo un desafío.