• "El río", Christian Scholoe.

Poesía para niños y jóvenes en Latinoamérica: mirada a la producción reciente de algunos creadores

Sergio Andricaín

La poesía es un género que ha desempeñado un papel relevante dentro de la literatura latinoamericana para niños y jóvenes desde sus inicios, como se evidencia en el trabajo fundacional de autores como el colombiano Rafael Pombo, el cubano José Martí, el nicaragüense Rubén Darío, la chilena Gabriela Mistral y el mexicano Amado Nervo, por solo mencionar algunos ejemplos.  

En los años más recientes se aprecia en la región un interés especial, por parte de un creciente número de autores, editores y lectores, por este género. Podría objetarse que la presencia en los catálogos de los libros de poesía para niños y jóvenes aún es discreta, y que, dentro de las obras que ven la luz, muchas responden a una concepción arcaica, apegada a lo pedagógico, lo moral o lo retórico. Es cierto, pero resulta muy estimulante la aparición de obras de notable calidad, que exploran temas y senderos formales novedosos, creadas por escritores veteranos o noveles que se acercan a la poesía desde premisas esencialmente estéticas.

En estos apuntes nos detendremos en el quehacer de algunos creadores sobresalientes que, en varios países de América Latina, han aportado al corpus de la poesía para la infancia y la juventud obras de especial mérito. Como indica el título de este trabajo, no se pretende realizar en él un recuento exhaustivo; se trata apenas de un breve repaso de autores y obras con el ánimo de llamar la atención sobre el quehacer desarrollado por algunos escritores en los tres últimos lustros.

Argentina

Existe en Argentina una larga historia de escritores que han elegido a la infancia y la juventud como destinatarios de sus obras poéticas. Esta tradición se remonta a los inicios del siglo XX, cuando José Sebastián Tallon dio a conocer su poemario Las torres de Nuremberg (1927), una celebración del mundo de los niños en la que el entorno cotidiano de los chicos se entremezcla con sus sueños y emociones. 

Otra gran figura literaria que hace un gran aporte a las letras para la niñez es Javier Villafañe, quien publica El gallo pinto en 1944, un libro que se destaca por recrear, con indisctuble acierto formal, los motivos del folclore, así como por su gracia y espontaneidad.

En 1960 con la publicación de Tutú Marambá, María Elena Walsh entrega una obra trascendental a la poesía argentina destinada a la infancia. Este libro, así como los que vinieron después, propone al niño textos concebidos con un amplio conocimiento de la poesía de tradición oral iberoamericana y anglosajona. En sus poemarios, Walsh apela al absurdo y al humor para proponer al destinatario una nueva manera de mirar al mundo prístina y desprejuiciada, alejada del adoctrinamiento de la familia, la escuela y, en general, de los mayores. Otros poemarios suyos son: El reino del revés y Zooloco (ambos editados en 1965). 

Por su parte, Elsa Bornemann irrumpe en las letras para los chicos con su colección de versicuentos Tinke Tinke, publicada en 1970; luego entregaría El libro de los chicos enamorados (1977) y Disparatario (1983), entre otros. En algunos de estos libros la autora se inspira en el non sense; en otros, da testimonio de las primeras manifestaciones de amor de los niños. Sus versos, de gran fuerza comunicativa, son directos y coloquiales.

En los años más recientes, sobresale la producción de María Cristina Ramos. Dueña de los secretos del oficio poético y asidua cultora del género, apela tanto al lirismo como a lo lúdico para mantener un diálogo enriquecedor con sus lectores, que pueden ser tanto los más pequeños como los adolescentes. En su libro Dentro de una palabra (Sudamericana, Buenos Aires, 2014) se adentra por los senderos de la poesía comprometida con revelar el envés de las cosas, ese ángulo misterioso que las hace únicas, insustituibles, y, a la vez, le apuesta a celebrar, con alegría reposada, todo lo que existe. Nada escapa, por muy insignificante que parezca, a su inquisitiva mirada lírica: un día del calendario, las gotas de lluvia, un pedacito de pan… o una diminuta araña:

La araña

Con hilo de siesta
teje, teje;
con hilo de sombra
ya no teje.

El sol se encuclilla,
brilla, brilla;
y ella desovilla
seda de labrar.

Pata delantera,
lazo primavera;
pata de costado,
dentro, fuera.

Ya tejió la tela
sabanita fina;
ya tejió la vida,
ya termina.

Es su telaraña
maña, maña;
orilla y puntilla
de su soledad.

El sueño la acuña
bruma, bruma;
mañana en qué luna
se despertará. (1) 

Otro importante título suyo es Desierto de mar y otros poemas (Ediciones SM, Buenos Aires, 2013), en el cual explora los universos fantásticos, erigidos a partir de viejas leyendas y supersticiones, donde nada es lo que aparenta ser y todo goza de una naturaleza múltiple y escurridiza; son esbozados así, en su esencia tornasolada y volátil, los habitantes de esta extraña geografía: lobisones, unicornios, sirenas, el totémico Nahuel (Era, a veces, fiera, / gruñido temible, / dejaba en la arena / rastros de imposible. // Y otra veces, llanto / de tierno consuelo, / lágrima en los ojos / negros de su pueblo.)(2) 

Con el tema de los rumbos seguidos por las criaturas vivientes a lo largo de su ciclo vital o cotidiano, Ramos publicó Caminaditos (Los cuatro azules, Salamanca, 2013), donde están presentes el delicado humor y una buena dosis de disparate, rasgos distintivos de otros libros dedicados por ella a los más chicos, como Encantado, dijo el sapo (Comunicarte, Córdoba, 2012) y La escalera (Edelvives, Buenos Aires, 2009). La riqueza musical y una cuidada factura caracterizan la poesía escrita por María Cristina Ramos para los niños y jóvenes.

Con un notable sentido lúdico, los versos de Cecilia Pisos recrean el diverso y pintoresco catálogo de personajes que pueblan buena parte de los libros destinados a la niñez. Hadas, brujas, ogros y dragones, entre otros, son tomados, en calidad de préstamo, a la literatura infantil clásica, para ser devueltos a los pequeños destinatarios despojados de sus rasgos terribles y negativos, remozados por obra y gracia de la ingeniosidad y el desenfado contagioso de la autora. Entre las obras de Pisos se destacan Las hadas sueltas (Sudamericana, Buenos Aires, 1993), Las brujas sueltas (Sudamericana, Buenos Aires, 2004) y Libro de los ogros (Atlántida, Buenos Aires, 2009). En El Pájaro Suerte (Pequeño Editor, Buenos Aires, 2011) entrega, retratadas con pocas palabras, en un delicioso ejercicio de síntesis e imaginación poética, un muestrario de aves sumamente curiosas: el pájaro viento, el pájaro te lo dije, el pájaro cuchara y el pájaro ojo, al que describe así: “El pájaro ojo / vive posándose / en todas las cosas. / Cuando se cansa de volar, / se duerme.” (3)

En los últimos años, Jorge Luján ha sorprendido gratamente con libros de versos que proponen un fresco acercamiento al universo de los chicos. Tanto en Animales de compañía (Aerolitos, Capital Editorial, Buenos Aires, 2013) como en Pantuflas de perrito (Almadía, Ciudad México, 2009, y Pequeño editor, Buenos Aires, 2010), ofrece un ingenioso acercamiento a las relaciones de los niños con sus mascotas (perros, gatos, conejos, hámsters…), tomando como punto de partida anécdotas y experiencias de niños de Latinoamérica. 

En obras como Un ángel todavía (Tinta Fresca, Buenos Aires, 2011) propone un verso más estilizado y rico en connotaciones:

De los sabores:
la manzana de larga fama.

De los sonidos:
el silencio después del trino.

De las imágenes:
el hondo cielo de tus ojos.

De los aromas:
el de una flor cortada en un sueño.

Del tacto:
el beso callado de la lluvia.

De los pensamientos:
el luminoso y fugaz
como un ángel que no repite su visita. (4)

El poema Más allá de mi brazo (Kókinos, Madrid, 2013) celebra, con espíritu lúdico, el descubrimiento del universo circundante y la interrelación de sus partes, mientras que en Como si fuera un juguete (Sexto piso, México D.F., 2013) propone aforismos (“Mis sueños me guían pero siempre voy un paso atrás de ellos. Si los alcanzo me pierdo”) (5) que rehúyen las franjas etarias e interpelan a lectores de diferentes trayectorias de vida. Luján, que es argentino y vive en México desde 1978, ha construido una poética personal que, por una parte, da testimonio de la cotidianidad de los niños, y, por otra, apela, a lo reflexivo y lo parabólico.

Liliana Cinetto revisita la tradición oral en busca no solo de estructuras poéticas afines con sus propósitos literarios, sino para encontrar los motivos y personajes de muchos de sus libros. Algunos de ellos son Peces de la noche y otros animales de poesía (Crecer creando SA, Buenos Aires, 2013) y La farolera que no tropezó (Salim Ediciones, Buenos Aires, 2014).

Otros autores y obras que, pese a la brevedad de este recuento, no se deben pasar por alto son Oche Califa (Solo sé que es ensalada, Colihue, Buenos Aires, 2012), Sandra Siemens (Animales en verso, Ediciones SM Argentina, Buenos Aires, 2013), Eduardo Abel Giménez (Tus ojos, Calibroscopio, Buenos Aires, 2014), Jorge Accame (Hay una cosa y otros poemas, Norma, Buenos Aires, 2014), Juan Lima (Loro hablando solo, Comunicarte, Córdoba, 2011), Didi Grau (Cocorocococó, Pequeño Editor, Buenos Aires, 2014) y María del Carmen Colombo (Los sueños del agua, Pequeño Editor, Buenos Aires, 2010), entre otros.  

Brasil

Nombres como los de Enriqueta Lisboa, Cecília Meireles, Vinicius de Moraes y Sidónio Muralha, entre otros, constituyen sinónimos de buena poesía para niños en la literatura infantil y juvenil de Brasil. Es muy estimulante hallar en este país nuevos libros de poesía de autores con una larga y reconocida trayectoria. Por ejemplo, O nome da manhã (Global Editora, São Paulo, 2012) da la posibilidad de ser testigos de la creatividad, el humor inteligente y el lirismo con que la escritora brasileña Marina Colasanti da cabida a numerosos temas en una obra que, como todas los suyas, busca entablar comunicación con el más amplio rango de lectores. Una buena muestra puede ser “Sorte de forte” (Suerte del fuerte): “Rechazando la defensa / armada por el señor / el muro de la fortaleza / rindiose ante la belleza / de la enredadera en flor”. (6)

De esta creadora se impone mencionar también la antología poética personal Poesía em 4 tempos (Editora Global, São Paulo, 2008), libro en que pasa revista a episodios de su propia historia (como los vividos en su infancia durante la II Guerra Mundial) y en el que observa atentamente el espacio habitado por ella, y también por los personajes que la circundan, para reflexionar sobre la naturaleza, los hombres y el tiempo. Un poema representativo de esta obra es “Debaixo dos ses cascos” (Debajo de sus cascos): “Hoy / noche de domingo / en esta habitación quieta / en esta casa quieta / en esta quieta montaña / el tiempo / una vez más / finge estar parado / mientras las horas / mudas / pasan a galope.” (7)

Otro libro relevante en la producción poética de Marina Colasanti es Clasificados y no tanto, obra publicada en español por la editorial madrileña El Jinete Azul, en 2011, con traducción de Carlos Gumpert. En ella la autora reúne una colección de versos brevísimos con temáticas muy disímiles, algunos de ellos abordados como si fueran anuncios publicitarios escritos desde una perspectiva lúdica (“Busco / hermoso grafiti / sin muro.”). (8) Mientras que otros han sido concebidos a la manera de los aforismos (“Un continente es / una isla /familiar.”) (9)

Otra reconocida autora, Roseanna Murray, sumó a su amplia y apreciada producción Diário da montanha (Manati, Rio de Janeiro, 2012), obra que convida a descubrir los secretos del entorno natural (pájaros, árboles, flores, arcoíris…) con ritmo reposado y mirada atenta. En este cuaderno autobiográfico, la autora comparte con sus lectores textos en los que fija momentos vividos, pero también ensoñaciones, imágenes que nacen de su contacto con la naturaleza. 

El poema narrativo continúa haciendo gala de una destacada presencia en el trabajo de los autores brasileños contemporáneos. Desde veteranos como Sérgio Capparelli con A lua dentro do coco (Editora Projecto, 2012) hasta trabajos de creadores más jóvenes, como Galo bom de goela (Editora Global, São Paulo, 2011), de Dave Santana, y Era uma vez a Vaca Vitória, que caiu no buraco y acabou a história (Melhoramentos, São Paulo, 2014), de Nani.

La amplitud de la producción editorial para niños en Brasil nos obliga a detenernos en unos pocos títulos significativos. Un poemario de gran singularidad es Do alto do meu chapéu (Projeto, Porto Alegre, 2011), de la escritora y traductora Gláucia de Souza. Tomando como punto de partida una colección de papeles recortados de Hans Christian Andersen (quien era famoso por su habilidad para crear figuras con las tijeras), la poetisa crea un juego divertido y lírico en el que establece una original interrelación entre imágenes y palabras. 

Entre linhas (Editora Lê, Belo Horizonte, 2013), de la autora e ilustradora Angela Leite de Souza, es otro libro que se sale de lo común, pues enfoca su atención en un motivo novedoso: las actividades manuales relacionadas con la aguja: coser, bordar, hacer croché y tapices… A través de la poesía, la autora propone un rescate, y un encuentro, con experiencias que en el mundo contemporáneo cada vez están más alejadas de la mayoría de los niños, como las cajas de costura y las posibilidades creativas que están encierran.

Bichos da cidade (SM, São Paulo, 2012), de Heitor Ferraz Melo, da otra vuelta de tuerca al motivo del bestiario al proponer a los lectores una singular fauna urbana compuesta por vehículos, grúas, lavarropas, paraguas y celulares, máquinas y objetos que son reinterpretados poéticamente como criaturas con vida propia. 

Agua sim (Companhia das Letrinhas, São Paulo, 2011), de Eucanaã Ferraz, emplea el agua como eje de un delicado poema de vocación minimalista, en el que el autor juega con las palabras, enfrentando a los lectores inquietantes asociaciones e imágenes inesperadas concebidas por Andrés Sandoval.

Las adivinanzas, una expresión de la poesía de tradición oral, son recreadas con desenfado por la autora e ilustradora Angela Lago en el libro ABC Doido (Melhoramentos, São Paulo, 1999), divertimento lúdico que toma como personajes a las letras del alfabeto. También dirigidos a los más chicos, el díptico Os bichos e seus caprichos y Eu vi, eu juro, um bicho no escuro (Melhoramentos, São Paulo, 2007 y 2011, respectivamente), de Fabiano Onça, reúne poemas que tienen como tema las costumbres y peculiaridades de algunos animales nocturnos. 

Chile

La chilena María José Ferrada es hoy por hoy, sin duda alguna, una de las voces poéticas más singulares de la literatura infantil y juvenil iberoamericana. En 2012, esta autora ganó el Premio Internacional de Poesía para Niños Ciudad de Orihuela con El idioma secreto (Factoría K de Libros, Kalandraka, Pontevedra, 2013), un libro que evoca la intimidad del hogar, los sencillos rituales que se tejen entre familiares de distintas generaciones: “El idioma secreto me lo enseñó mi abuela. / Y es un idioma que nombra las plantas de tomate, la harina, los botones. / Un día me dijo que antes de que la muerte se la llevara quería entregarme algo. / Mi herencia era una caja de galletas con ovillos de lana y boletas de ferretería. / Ahí adentro estaban las palabras”.(10)En otros poemarios, Ferrada dirige la mirada al entorno social. Por ejemplo, en Niños (Grafito Ediciones, Santiago, 2013) aborda el delicado tema de los menores de edad desaparecidos o ejecutados durante la dictadura chilena de Augusto Pinochet.

En su obra Notas al margen (Alfaguara, Santiago, 2013) ofrece un inteligente y sensible testimonio de realidades duras y terribles que afectan, directa o indirectamente, a millones niños en todo el planeta, contraponiendo sus versos con noticias tomadas de diferentes medios informativos (periódicos, internet, agencias de prensa, etcétera). Este libro, de gran originalidad, permite a la autora contrarrestar el frío, duro y triste material noticioso con su verso sabio y de profundo lirismo, de tono esperanzado y, en algunos casos, escritos con refinada dosis de humor. Un buen ejemplo puede ser este: “Una casa. Una que el viento pueda llevar. / Porque allá donde esta el viento están también los pájaros. / El viento, los pájaros. El mar. / Una casa de paredes invisibles para escuchar de las olas lo que quieran decir. // Ningún caracol puede soñar algo mejor. Y él siempre quiso ser uno de ellos. / Especie mitad hombre y mitad caracol de mar. (11)

El poema establece un contrapunteo dialéctico con la nota periodística, publicada por la agencia Reuters el 25 de agosto de 2012, sobre el desplazamiento de 1,3 millones de personas en China que se vieron obligadas a abandonar sus hogares durante los 17 años que duró la construcción de la represa hidroeléctrica de las Tres Gargantas.

Cuba

La producción lírica más significativa en el Caribe de habla hispana proviene de Cuba, lo cual no es sorprendente si miramos hacia atrás. Se trata de una literatura con una respetable tradición dentro de este género. Los poemas para niños publicados por José Martí, en 1889, en su revista La Edad de Oro; los libros Romancero de la maestrilla, de Renée Potts, e Isla con sol, de Emma Pérez, y las composiciones difundidas por Dulce María Borrero en las páginas de numerosas revistas y libros de lectura escolar, constituyen una sustanciosa simiente que se enriqueció y diversificó posteriormente con los aportes que representaron importantes libros publicados en las décadas de 1970 y 1980, como Juego y otros poemas, de Mirta Aguirre; Palomar y La flauta de chocolate, de Dora Alonso; Por el mar de las Antillas anda un barco de papel, de Nicolás Guillén; Caminito del monte y Dindorindorolindo, de David Chericián; Soñar despierto, de Eliseo Diego, y Mundo mondo, de Francisco de Oraá, por apenas citar algunos.

En los años más recientes los poetas de la mayor de las Antillas han dado a conocer, dentro y fuera de la isla, nuevas obras que apuestan por un acercamiento inteligente al universo infantil y juvenil. En lo más sobresaliente de esta literatura escindida por el exilio (político o económico), pero con raíces y aspiraciones estéticas comunes, hay cabida para una diversidad de registros expresivos y de formas. Desde las prosas poéticas de Los manuscritos de Heart Mountain: Diario de amor de una bruja, de Nelson Simón (Legua Editorial, Barcelona, 2014), hasta las décimas de El próximo disparate, de Mildre Hernández (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2010), o la apropiación con sensibilidad contemporánea de las formas de la poesía de tradición oral iberoamericana en De pan y canela, de Luis Caissés (Editorial Gente Nueva, La Habana, 2010).

Los libros de José Manuel Espino, otro de los autores significativos de la isla, son deudores de la impronta elegante y melancólica del gran poeta cubano Eliseo Diego. En los versos de El libro de Nunca-Jamás (Editorial Gente Nueva, La Habana, 2003), Espino se aproxima al legado de J.M. Barrie, retomando el universo afectivo de sus personajes Peter Pan y Wendy, mientras que en Pasen, señores, pasen (Editorial Gente Nueva, La Habana, 2006) recrea el deslumbramiento ante el circo y su galería de personajes: el domador, el mago, la bailarina, el equilibrista…

En el año 2000 vio la luz en La Habana el libro póstumo Jícara de miel, de la escritora Excilia Saldaña (Editorial Gente Nueva). Este volumen reúne más de un centenar de nanas en las que, al igual que hizo en títulos clave de la literatura infantil cubana de la década de 1980, como Nanas para un mayito y una paloma y La noche, la autora celebra el mestizaje cultural cubano entrelazando, con notable musicalidad e imaginación formal, la herencia de la poesía popular hispana con la polirritmia y las tradiciones de los esclavos africanos. Así, en las páginas de esta obra coexisten composiciones que recrean motivos del folclor iberoamericano, como la Señora Santana, o que rinden homenaje a figuras como Federico García Lorca y Miguel Hernández, con poemas que aluden a figuras de la mitología afrocubana, como Osará, el viento, y el güije, o relacionados con la época de la esclavitud y las guerras por la independencia. 

En las nanas de Jícara de miel, el concepto de maternidad trasciende la relación madre-hijo y explora múltiples posibilidades que remiten a la naturaleza, a las expresiones culturales y a la pertenencia a una estirpe (“Antes de estar donde estás, / ya yo te mecía, niño, / en la sangre de mi raza, / tú siempre has estado vivo. (…) / Y cuando ya yo no esté / –¡qué miedo sin ti el camino!–, / y cuando yo ya no esté, / te mecerán por los siglos / en el canto que te canto, / canto de antiguo destino, / en mi canto que es el canto / de lo eterno y lo infinito.”). (12)

Aramís Quintero no es solo uno de los autores más relevantes de la poesía para niños y jóvenes en Cuba, sino también de todo el ámbito de Iberoamérica. En Cuba dio a conocer, entre otras, obras tan significativas como Días de aire (1982), Maíz regado (1983), Fábulas y estampas (1987) y Letras mágicas (1991), que se convirtieron en referentes de una lírica que se acercaba al interlocutor infantil y juvenil siguiendo la impronta de José Martí en La Edad de Oro, es decir, “sin caer de la majestad a que ha de procurar alzarse todo hombre” (13). En Chile, país donde vive desde hace años, su producción se ha enriquecido con libros como Rimas de sol y sal (Alfagura, Santiago, 2002) y Todo el cielo un juguete (Arrayán Editores, Santiago, 2003).
Poseedor de un admirable dominio estilístico, Quintero ha creado una obra personal, que rompe con los lugares comunes acerca de la naturaleza y el deber ser de la poesía para niños, en la que el misterio, el regocijo ante la belleza, la melancolía y el más refinado humor tienen preeminencia. Sus versos exploran creativamente sensaciones y emociones, los paisajes exteriores y los interiores, lo objetivo y lo subjetivo, y para ello se nutre de diversos referentes artísticos (la literatura, la música, las artes plásticas, el cine). 

La extraordinaria calidad de la obra de Aramís Quintero quedó ratificada cuando le fue conferido en México el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2013 por su libro Cielo de agua (Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2014) en el que hace gala de una difícil sencillez con poemas que buscan tocar la sensibilidad de los niños más pequeños (En la playa, / temprano, / cuando nadie ha llegado, / el sol sale solito / y salado. // Como un caracolito / que alguna ola trajo. // Le gusta el agua fría / con reflejos dorados, / y la arena que nadie, / todavía, ha pisado. // Como un caracolito / que el agua trae rodando, / el sol sale solito / y salado.) (14)

Otro autor cubano con aportes signicativos a la poesía para niños en el ámbito latinoamericano es Antonio Orlando Rodríguez. Los helados invisibles y otras rarezas, el más reciente libro de poemas de este escritor, apareció en 2014 (Ediciones SM, México D.F.). En esta obra se entremezclan motivos de la realidad y de la fantasía para proponer al niño una manera de ver el mundo desprejuiciada, optimista e indagadora, que lo ayude a descifrar los enigmas cotidianos que le rodean, esos que han desvelado al hombre desde los más remotos tiempos. Una muestra es el poema titlado “La gota”: “Hay una gota de agua / en la palma de mi mano. // La miro / y creo entrever / ciudades, / caminos, selvas, / multitudes nebulosas. // Cada gota de agua / tiene dentro un universo. // ¿También el nuestro / está inmerso en una gota? / ¿De quién será la mano abierta / donde reposa esa gota insondable / que nos contiene?” (15)

Tanto en esta obra como en otras anteriores, Mi bicicleta es un hada y otros secretos por el estilo (Panamericana, Bogotá, 1999) y El rock de la momia y otros versos diversos (Alfaguara, Bogotá, 2005), el autor explora diversos caminos formales que incluyen desde el uso de antiguas estrofas de la métrica castellana, como el ovillejo, el zéjel, la lira renacentista y el lay, hasta el empleo del verso libre, con el fin de entregar a los niños y adolescentes poemas donde da cabida al humor y la reflexión, donde los invita a explorar el universo, para que puedan disfrutar a plenitud de la existencia. La poesía de Rodríguez es una invitación a fantasear, a jugar y a buscar la felicidad dondequiera que esta se encuentre como un derecho primordial de los niños, los jóvenes y, en general, de todo hombre. 

México

María Baranda forma parte del grupo de autores latinoamericanos que van y vienen, de forma natural y orgánica, como una respuesta a sus impulsos creativos, de la escritura para adultos a la dirigida a niños y jóvenes. Dentro de esta última parcela, poemarios como Digo de noche un gato y otros poemas (El Naranjo, México D.F., 2006) y Sol de los amigos (El Naranjo, México D.F., 2010) la han convertido en un referente ineludible por el equilibrio que consigue en sus acercamientos a lo lúdico y lo reflexivo, lo palpable y lo abstracto, echando mano a recursos composicionales que remiten a un discurso poético no subordinado a rígidos preconceptos acerca de las apetencias y posibilidades intelectuales de sus destinatarios. 

Con su verso cálido, depurado y generoso en significados, de un delicado intimismo, en Sol de los amigos Baranda nos invita a asomarnos al hondo y misterioso pozo de los sentimientos y nos convierte en testigos privilegiados de momentos y situaciones que, sin la oportuna llamada de atención del poeta, correríamos el riesgo de no advertir. “No dejes que estemos sin ti, sol. / Sol, abrázanos redondo, despacio, / con tu luz que alumbra nuestro corazón de amigos”. (16)En Sol de los amigos los poemas conforman piezas de un mosaico que el lector arma, progresivamente, para conocer la historia de la entrañable amistad entre dos personajes, Perro y Pájaro, y de sus relaciones con otros animales. Puntos de vista y sujetos líricos diferentes, sueños, cartas y monólogos, se entrelazan en un singular poemario que puede leerse, también, como una suerte de relatolírico. 

Los nombres de otros dos creadores, María García Esperón y Ramón Iván Suárez Caamal, también son claves para acercarse a lo más original y significativo de la lírica para niños de México. 

Con Tigres de la otra noche (Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2006), obra ganadora del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2005, María García Esperón apuesta por un canto de gran aliento, conformado por composiciones dedicadas a tigres reales o imaginarios, en las que ese felino bien podría devenir símbolo de la naturaleza indómita, e irreductible, de la poesía; de su capacidad de propiciar un diálogo único con cada lector (“Encendí la vara de luz / y se hizo tigre. / Iluminado, / duró lo que un regocijo. / Quedó dibujado en la noche / mucho rato. / Hasta que para despedirse / dio un zarpazo / de humo.”) (17). 

Si Tigres de la otra noche apuesta por un verso libre, centelleante y retador, con numerosos insterticios, Huellas de pájaros (Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2011) y Palabras para armar tu canto (Faktoría K de Libros, Kalandraka, Pontevedra, 2012), de Suárez Caamal, nos conducen a través de los senderos diferentes, pero igualmente gratificantes, de los caligramas, de los moldes estróficos y de las rimas. 

Con una depurada técnica y una fina capacidad de evocación y sugerencia, Huellas de pájaros, libro galardonado con el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2010, bebe de Apollinaire y de sus poemas visuales para proponer dibujos-versos que convocan la presencia de barcos, anclas, ballenas y medusas… Por su parte, Palabras para armar tu canto, obra ganadora del IV Premio Internacional de Poesía para Niños Ciudad de Orihuela, entrega una veintena de composiciones que recrean las formas y la musicalidad del folclor popular, emulando la síntesis y la imaginería de la poesía tradicional. Este librofesteja la exuberancia de la naturaleza y de la lengua latinoamericana con nanas, trabalenguas y divertimentos sonoros de contagiosa alegría. Una muestra es su poema “Son Zumbón”:

Zumba, zumba que zumba,
zumba, zumba en la fiesta
música de la orquesta:
chachachá, mambo, rumba.

Tocaba el colibrí
la celeste celesta
y se oía en la orquesta
tornasol carmesí.

La gota de rocío
le copiaba las galas
del temblor de sus alas
con cadencias de frío.

Zumbaba el colibrí
compás del corazón,
son de los que sí son
y son de ti y de mí. 

Con dulce movimiento
una flor se mecía
y al bailar parecía
la pareja del viento.

Zumba, zumba que zumba,
zumba, zumba en la fiesta
música de la orquesta:
chachachá, mambo, rumba. (18)

También hay que mencionar en este recuento el poemario Lirimañas (SM, México D.F., 2013) con rimas e ilustraciones  Juan Gedovius, un cuaderno en que el disparate es utilizado para retratar a personajes que desde hace mucho tiempo encantan a los destinatarios infantiles: marcianos, mamuts, sirenas y bucaneros.  

Perú

Mariposas azules (Norma, Lima, 2008), del hispanoperuano Heriberto Tejo, resulta un estimulante hallazgo, dentro de la poesía para niños de Perú, por la elegancia y la sencillez de sus versos de arte menor. El libro conjuga motivos clásicos de la lírica para niños (los juguetes, las rondas, la fauna) con homenajes literarios (a Juan Ramón Jiménez en “Platero en la noche de carnaval”; a Federico García Lorca en la sección “Mariposas de verde luna”; a Elsa Bornemann en “Puentes”) y  pinceladas sociales (“Cuando sea grande”).

 Puerto Rico

Una de las figuras que ha trabajado en Latinoamérica de una forma más sostenida la vertiente del cuento versificado es la puertorriqueña Georgina Lázaro. A su primer libro –El flamboyán amarillo, un pequeño clásico de la literatura infantil de Puerto Rico, publicado por primera vez en 1996 por Ediciones Huracán, en Río Piedras– han seguido títulos como Mi gorrita (Everest, Madrid, 1999), Ya llegan los Reyes Magos (Lectorum Publications, Nueva York, 2001), La niña y la estrella (Alfaguara, San Juan, 2003) o El mejor es mi papá (Alfaguara, San Juan, 2003). El estilo de Georgina Lázaro, musical, costumbrista y diáfano, busca transmitir emociones y sensaciones de forma amable y eufónica, a la manera de los siempre vigentes cantares y romances de la tradición popular. Su obra, como la propia autora se ha encargado de explicar, tiene un alto componente autobiográfico. Así sucede, por ejemplo, con Mi caballo (Everest, Madrid, 2001), donde recrea la historia de un caballito de palo que se convirtió en el juguete preferido de su hijo más pequeño, y también en “muchas otras historias con las que pretendí proteger mis recuerdos del olvido”. (19) Paseando junto a ella (Everest, Madrid, 2011), uno de sus libros más recientes, constituye un acercamiento lírico a la relación entre nietos y abuelos, donde los menores se convierten en depositarios de los recuerdos y de la sabiduría de los mayores, y un antídoto a la precariedad de la memoria como resultado de enfermedades degenerativas en la vejez. 

Venezuela

Al hacer referencia a lo más significativo de la poesía latinoamericana para niños de los años más recientes resulta imposible soslayar la obra del poeta Eugenio Montejo (Caracas, 1938 – Valencia, 2008), una destacada figura de las letras venezolanas. Cuatro años antes de su muerte, apareció el libro Chamario (Ekaré, Caracas), una celebración de los juegos y de la imaginación en la infancia a partir del ritmo y la sonoridad del verso. En esta afortunada incursión en la literatura para niños, llena de juegos silábicos y vocálicos, el autor se oculta tras el heterónimo Eduardo Polo, un imaginario poeta oriundo de Puerto Malo, “un pequeño pueblo de pescadores de pocas calles y muchos barcos”, quien destruye toda su obra menos la veintena de poemas reunidos bajo este título. (Montejo también echó mano a otros heterónimos, como Sergio Sandoval y Tomás Linden, para dar a conocer libros de poesía para adultos publicados en los años 1990.)

En 2012, utilizando esta vez el nombre real del autor, Ediciones Ekaré publicó en forma de álbum otra de sus creaciones: el poema Disparatario. Perteneciente a la estirpe del “Reino del Revés”, de María Elena Walsh, y de otros espacios ficcionales emparentados con lo hiperbólico y lo absurdo, Disparatario tiene el ingenio, la gracia y la fluidez de las coplas populares. Estas obras sitúan a Eugenio Montejo entre los más importantes creadores de la poesía para niños venezolana, junto a grandes antecesores como Aquiles Nazoa y Manuel Felipe Rugeles. 

Uruguay

La autora uruguaya Mercedes Calvo obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2008 con su obra Los espejos de Anaclara (Fondo de Cultura de Económica, México D.F., 2009), en la que una niña va descubriendo, de asombro en asombro, las maravillas que hay fuera de ella y en su interior. Uno de los versos de este cuaderno nos recuerda que la poesía adquiere su real dimensión cuando deja de ser monólogo para transformarse en diálogo: “En el brocal del pozo / yo me incliné / y una palabra al fondo / dejé caer. // El espejo del agua /  que se quebró / me robó la palabra / se la llevó. // Por un camino oscuro // se fue mi voz / yo me quedé pensando / ¿se me perdió? // Pero el eco del agua / me contestó: / siempre la poesía / se hace de a dos.” (20)

A través de este libro, el lector infantil puede descubrir que la poesía es una forma de interrogar el universo para tratar de entender por qué estamos aquí, para intentar comprender el mundo que nos rodea y el papel que en él nos corresponde desempeñar a los seres humanos. 

También merece ser destacado en Uruguay el trabajo de Magdalena Helguera, quien hace gala de un registro muy diferente. Su juguetona poesía se adentra en el territorio de los sueños en Cuando sea grande (Calibroscopio, Buenos Aires, 2013), libro desenfadado y simpático, que habla de las aspiraciones de los niños para ese momento en que deberán ingresar en el mundo de los adultos.

Hay muchos otros autores escribiendo y publicando poesía para niños y jóvenes en Latinoamérica, pero no dispongo de espacio para nombrarlos a todos y reseñar sus obras. Sirvan estos apuntes como una exhortación a indagar en esta zona de las letras para la infancia y la juventud de la región. En el jardín de estos y otros poetas crecen, día a día, nuevos versos dedicados a cultivar la sensibilidad y la inteligencia de las más jóvenes generaciones que vale la pena conocer, difundir… y regalar a los niños y jóvenes.

 

Citas

1.    “La araña”. En: Dentro de una palabra, de María Cristina Ramos. Sudamericana, Buenos Aires, 2014.
2.    “Amigo”. En: Desierto de mar y otros poemas, de María Cristina Ramos. Ediciones SM, Buenos Aires, 2013.
3.    “El pájaro ojo…”. En: El pájaro suerte, de Cecilia Pisos. Pequeño Editor, Buenos Aires, 2011.
4.    “De los sabores…”. En: Un ángel todavía, de Jorge Luján. Tinta Fresca, Buenos Aires, 2011.
5.    “Mis sueños me guían…”. En: Como si fuera un juguete, de Jorge Luján. Editorial Sexto Piso, México D.F., 2013.
6.     “Sorte de forte” (Suerte del fuerte). En: O nome da manhã, de Marina Colasanti. Global Editora, São Paulo, 2012. Traducción para este artículo: Sergio Andricaín.
7.     “Debaixo dos seus cascos” (Debajo de sus cascos). En: Poesía em 4 tempos, de Marina Colasanti. Editora Global, São Paulo, 2008. Traducción para este artículo: Sergio Andricaín.
8.      “Busco…”. En: Clasificados y no tanto, de Marina Colasanti. El Jinete Azul, Madrid, 2011. Traducción de Carlos Gumpert.
9.      “Un continente es…”. En: Clasificados y no tanto, de Marina Colasanti. El Jinete Azul, Madrid, 2011. Traducción de Carlos Gumpert.
10.   “El idioma secreto me lo enseñó mi abuela”. En: El idioma secreto, de María José Ferrada. Factoría K de Libros, Pontevedra, España, Kalandraka, 2013.
11.     “Una casa”. En: Notas al margen, de María José Ferrada. Alfaguara, Santiago, Chile, 2013
12.   “Nanas de lo infinito”. En: Jícara de miel, de Excilia Saldaña. Editorial Cauce, Pinar del Río, Cuba, 2013.
13.    Carta a Manuel Mercado del 3 de agosto de 1889. En: La Edad de Oro, edición facsimilar. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1980.
14.   “Temprano”. En: Cielo de agua, de Aramís Quintero. México D.F., Fondo de Cultura Económica, 2014.
15.   “La gota”. En: Los helados invisibles y otras rarezas, de Antonio Orlando Rodríguez. Ediciones SM, México D.F., 2014).
16.    “Sol de los amigos”. En: Sol de los amigos, de María Baranda. México D.F., Ediciones El Naranjo, 2010.
17.    “Encendí la vara de luz…”. En: Tigres de la otra noche, de María García Esperón. Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2006.
18.    “Son zumbón”. En: Palabras para armar tu canto, de Ramón Iván Suárez Caamal. Factoría K de Libros, Pontevedra, España, 2012.
19.   “Por qué escribo para niños. Todavía”, por Georgina Lázaro. Tomado de http://cuatrogatos.org/show.php?item=627
20.    “En el brocal del pozo”. En: Los espejos de Anaclara, de Mercedes Calvo. Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 2010.