Edith Vera.
  • Edith Vera.

Poemas

Edith Vera 

Una vez que se ha pronunciado  
la palabra amapola  
hay que dejar pasar algo de tiempo  
para que se recompongan  
el aire
y nuestro corazón.     

 

Desde hace largo rato  
Miro pastar a una oveja.  
Olfatea, elige  
Y muerde la hierba  
Suave, suavemente.  
De tanto en tanto  
Se detiene  
Y bala.  
Rosa amarilla en su garganta.  
Color deshecho en el aire. 

De Del agua, de los pájaros y de los quehaceres terrestres (parcialmente editado en Premio Argos de Poesía 1991-1992. Ediciones Argos, Córdoba, 1993) 

 

Naranja, niña de espuma  
quiso bajar a la tierra  
y en el oro se bañó.  
Naranja, niña de oro,  
jugando a la ronda-ronda,  
en el azul se durmió.

 

La tortuga dice  
que para el resfrío,  
es bueno bañarse   
con agua de sol.  
Y para las muelas  
que duelen de noche  
agüita de luna  
con gotas de olor.    

 

Mi abuelo nació en un mapa  
de tierras color de miel,  
con un mar inquieto y bravo  
y barquitos de papel.  
Un día salió en un barco  
diciendo: Adiós, adiós!  
Le despidieron dos gatos  
un grillo y un ruiseñor.   


A Eulalia, mi vaca,  
le puse corona  
de trébol y alfalfa.  
Ella alza los ojos  
y mira que mira,  
queriendo comerla... 

No quiere ser reina  
mi vaquita Eulalia!    

 


Mi sombra solo bebe  
agua de río.  
Sueña sobre la hierba,  
duerme en los nidos.  
La he visto de día  
trenzar su pelo  
con los azules linos  
y con el trébol.  
Y en las noches de frío  
buscar el ala  
de una blanca paloma  
que fiel la llama. 



Haremos tres coronas:  
una para la gata,  
una para la tía  
y otra para mí. 

Para la gata  
tarata,                  con colitas de ratón. 

Para la tía  
Lucía,                  con ovillos de color. 

¿Y para mí?         ¡Con semillas de melón!   

 


De Las dos naranjas (Ediciones Boletín Publicitario, Buenos Aires, 1969)   

 

Pajarito de agua
en qué rama cantas?

Pajarito de fuego
en qué rama ardes? 

 


Un pajarito   
hace su nido.  
Con una pluma azul,  
le ayuda el aire.  
La tierra le da pajas.  
El sol le acerca una tibia  
lámpara de cristal.     

  

Pajarito gris,  
¿te pierdes en la niebla?  
Pajarito blanco,  
¿te pierdes en la nieve?  
El pajarito azul,  
se pregunta:  
–¿Puedo ir al cielo?    

  

Cuatro limones danzan  
sobre mi cama.  
Siete gorriones saltan  
en una rama.  
Esto es para mi madre,  
porque me ama.  

 


Estamos   
aquí  
acurrucados,  
para dejar  
espacio  
al vuelo  
de los pájaros. 


De Pajarito de agua (Ediciones Radamanto, Villa María, 1997)   




Versión Primera

Con los deditos cuenta
las mandarinas:
–1,3,4,5.
¿Es así?


Versión Segunda

El 2 hoy no fue a la escuela
y los niños sólo suman
5+1 y 7+4
y restan 8-3 y 9-6.
Hay algo así como un sobresalto
en las hojas de los cuadernos.

 

Versión Primera

Ríe esta niña
y su corazón
es todo una fruta de seda colorada.


Versión Segunda

Salvaje fruta,
esa sonrisa que viene desde la tierra
y se calza en el pecho
de la niña.

 

Versión Primera

Dibujo y pinto
en la hoja blanca,
mi casa,
gente que pasea
y caballos pastando
en campos verdes.


Versión Segunda

Atraparé la forma
en que veo el caballo
y lo haré líneas, galope,
huellas de cascos.
Y agregaré gente
trepando hacia el azul,
elevándose.

 

Versión Primera


A mis pies
deteniendo el paso,
la mariposa muerta.
¡El viaje interrumpido
entre la flor y el aire,
cerrando
una vida tan breve!


Versión Segunda

Desde la mariposa muerta
parten alas y alas.

 

De El libro de las dos versiones (Ediciones Radamanto, Villa María, 1998)

 

 

Lenta  
escarbando la tierra,  
escribe la gallina azul que mora en el patio de atrás,  
cómo es que llegó a ser lo que dicen que es,  
un ave sin vuelo.  
Se detiene al trazar la palabra vuelo  
porque una piedra  
siente en lugar de corazón.  
La distrae  
el primer puñado de maíz  
que arroja su dueña,  
una loca que silba como los sauces.   


De Cuando tres gallinas van al campo (Plaquetas del Herrero, Ediciones Radamanto, Villa María, 1997)   

 

 

He descubierto en mi jardín  
una flor armada hasta los dientes.  
En esta primavera,  
con tanto poeta posmodernista por los jardines,  
mis junquillos se han negado a florecer.   



Que tenga el oído atento  
a la injusticia.  
Que no tenga los ojos cerrados  
ante el horror.  
Que mis hombros sean fuertes   
para ayudar al débil.  
Y que tenga el corazón lleno de abejas  
para que mi lenguaje sea  
sustancioso panal.
Eso nomás, vida,  
eso nomás.   

(Inéditos)

 

Selección realizada por María Teresa Andruetto.