El perro del peregrino

El perro del peregrino. Liliana Bodoc

El último en nacer cayó sobre sus seis hermanos al fondo de una bolsa que un hombre lanzó al lago Tiberíades. La bolsa que se hundía tenía perros y otro hombre al percibirlo se arrojó a sacarla. Solo sobrevivió el que Dorotea, una lavandera que ofreció un trapo para abrigarlo, llamó Miga de Pan. El hombre que rescató la bolsa era un galileo que empezó a buscar a alguien que pudiera ayudarlo a amamantar al perro. Pronto, Miga de Pan se transformó en un personaje testigo, narrador de episodios por donde pasó el peregrino que lo salvó. De allí en más compartieron un largo camino.

La historia del recorrido que hacen el peregrino y su perro comienza con Diamel, el etíope que amaba a Halima, la esposa del visir, y al ser delatado su destino quedó en manos de un barbero que lo dejó eunuco. Simón y su madre Mircia, a quienes todos querían en Nazareth; la madre del peregrino que vivía en una casa al lado de una carpintería; un extranjero que causaba intrigas; Herodes y Salomé, su hijastra, que tuvo en su corte a Diamel; Eliseba que amó a un pescador y el extranjero que convenció a su padre para que la casara con alguien rico, son algunos personajes recreados en esta novela que cuenta literariamente una historia conocida, pero lo hace sin predicar. Aunque todos sepamos el final de este libro y el mundo dividido entre la traición de unos y el amor de otros, la curiosidad por terminar la novela nunca disminuye. Como nos tiene acostumbrados Bodoc, la suerte de extrañamiento de su escritura llena de poesía, hace que la belleza del decir nos traslade a una época, nos cuente un hecho histórico ficcionalizado, o como quiera interpretarlo el lector, sin encasillar ni juzgar.

Sandra Comino