Tiempo de otoño

Tiempo de otoño. Concha Pasamar

Al principio, la maravilla de los dibujos a crayola ocupa casi toda mi percepción de las páginas. Grandes, hermosas páginas que huelen a dulce hogar, a dulces sueños, a mesita de noche con un libro preferido sobre ella y el marcador de cartón que sobresale a la mitad.

Naranja, amarillo, rojo y marrón, en tonos pasteles que propician una sensación de alegría mezclada con melancolía, se despliegan frente a mis ojos que solo tienen ojos para eso, para una cierta nostalgia de la infancia, cuando una ramita en la acera significaba un descubrimiento.

La metáfora del tiempo y de las pequeñas cosas regresa en Tiempo de otoño, de Concha Pasamar, publicado por Bookolia. Concha Pasamar es autora e ilustradora de un libro que cualquier niño querría abrazar como un tesoro de papel dorado de verano, porque el oro de sus días también se va, aunque regresa.

El verano se ha ido pero los colores aún le pertenecen, o al menos el deseo de no dejarlo ir, de no dejar que se vaya completamente aquello tibio que nos protege. Tiempo de otoño se demora, como el cambio continuo de las estaciones, para enseñarnos a fijar las cosas más importantes, aquellas que nunca se nos van a olvidar y que son por definición propia, invariables.

Lo que para muchos es casi sombrío, azuloso, medio invernal; para Concha Pasamar es ritmo rojizo, espacio cálido, tono lento del otoño. Espacio interior de la niña de la historia, que ve cosas diferentes al resto de las personas, porque se fija

Me acordé de Amelie Poulain, la muchacha francesa que veía las cosas diferentes, porque se fijaba. Me acordé de mí misma pateando piedras camino a la escuela, diciendo por dentro de mí a cada paso por una acera de losas: el que pise raya, come rana.

El tiempo es silencioso. Casi siempre avanza de puntillas, invisible, y entonces todos los días se parecen. Así empieza Concha Pasamar y así termino yo, que tengo que sacudirme los pensamientos cuando me acuerdo de algo. Porque todos los días se parecen, pero no siempre.

Libro ganador del Premio Fundación Cuatrogatos 2021.
Legna Rodrí­guez Iglesias