Donde nadie oye mi voz

Donde nadie oye mi voz. Juan Carlos Quezadas

Me gustan las novelas que desde el mismo momento en que comienzo a leerlas me reservan gratas sorpresas, como un punto de vista narrativo original (aunque aborden un género que no me apasione), personajes interesantes viviendo grandes conflictos humanos, una escritura literaria solvente que da placer leer y escenarios curiosos. Novelas que, sobre todo, enriquezcan mi personal visión del mundo.

Todo eso lo encontré en Donde nadie oye mi voz, de Juan Carlos Quezadas, obra en la que el autor mexicano se aventura en un tema de moda: el mundo de los vampiros, para entregarnos un relato convincente, con propuestas conceptuales inquietantes y una trama que te lleva a leer y a leer más, sin que te arrepientas del tiempo que le dedicas a ese libro.

Con la ciudad de Budapest de fondo, un hombre vampiro se enfrenta al desgarrador dilema de ser padre de un hijo no vampiro, mientras que este último vive su primer fracaso amoroso. Estas son, en pocas palabras, las claves de la novela, pero lo apasionante es cómo Quezadas teje su narrativa y mueve los hilos de la trama para cautivarnos y mantenernos atados a su historia. 

Donde nadie oye mi voz, publicada como novela para el público juvenil, trasciende los esquemas ortodoxos y las convenciones de lo que deben leer los jóvenes, y me resulta más interesante, apetitosa y sustancial que otras muchas novelas de adultos que suelo leer. 

Ganadora del premio FENAL-Norma, 2019 en México, y publicada con ilustraciones de Richard Zela que echan a mano de forma efectiva a recursos de la  novela gráfica, esta es una de esas obras que el lector agradece y que quedan en su memoria.
Sergio Andricaín