La ventana de Kenny
  • La ventana de Kenny

    Maurice Sendak
  • Traducción de Miguel Azaola. 
    Colección Libros para soñar.
    Pontevedra: 2017.

La ventana de Kenny. Maurice Sendak

He leído a Maurice Sendak frente al océano, en voz alta, con los pies metidos en la arena y un bebé creciendo en mi barriga. Había muchas olas. Aquello parecía una ventana. Como esta ventana, pensé, La ventana de Kenny.

Resulta que mi hijo está registrado para nacer el mismo día que Maurice Sendak (10 de junio), quien escribió e ilustró en el año 1956 este libro que he leído y que me ha hecho mirar un paisaje increíble, de pasteles amarillos y formas que había creído desaparecidas.

Las ilustraciones del norteamericano, Premio Andersen de 1970, son famosas por su originalidad. Sus trazos dulces, tiernísimos, y la extravagancia del amarillo en más de dos tonos, hacen de La ventana de Kenny un ejemplar de cabecera.

Las ilustraciones no son el único tino de este artista maravilloso. El texto resulta tan embriagador, tan deleitable, que uno cree por momentos haber conocido a Kenny, o incluso, haber sido el mismo Kenny soñando en la madrugada. La poesía de la narración pareciera por momentos un inmenso poema-libro.

Siete preguntas incuestionables atraviesan la historia. No son preguntas comunes, claro, son preguntas que Maurice Sendak ha colocado con ingenio entre las páginas. Preguntas sobre la infancia y el autoconocimiento. Preguntas sobre la soledad, la lealtad y la traición, la curiosidad, las ambiciones o el deseo. Preguntas aparentemente simples, pero muy, muy complicadas. Para responderlas, Kenny, un niño de más o menos 10 años, viaja a varios lugares y sufre varias derrotas, de las cuales sale airoso, porque una derrota, a veces, es lo mismo que “librarse de una buena”.

Acompañan a Kenny su Oso Bucky, una cabra, un caballo, dos soldados, su perra Baby, un gallo y un sueño. 

Esta noche yo también soñaré con todos ellos.

Por más que una pregunta parezca difícil, igual es posible responderla.
Legna Rodríguez Iglesias