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  • Perla Suez.

"De dónde vengo y quién soy". Entrevista con Perla Suez

Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez

El primer elogio que hay que hacer a la escritora argentina Perla Suez es que su escritura es muy personal. En un panorama donde las voces de los autores tienden a confundirse, a adquirir un acento similar, ella no se parece a nadie. Sus obras son islas que, reunidas,  constituyen un archipiélago particular dentro de las letras argentinas contemporáneas dedicadas a la infancia y la juventud.

La búsqueda de las raíces y de las huellas de la cultura judía es un elemento que distingue una parte importante de su producción. Y, siempre, la palabra exacta y mesurada, llena de connotaciones y de sugerencias.

Perla Suez nació en Córdoba, en 1947, estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba y, en 1983, fue fundadora y directora del CEDILIJ (Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil). Durante varios años dirigió la revista Piedra libre, publicada por dicha institución. Fue becaria del gobierno francés. Trabajó en el Centro Internacional de Estudios Pedagógicos de Sèvres y en la biblioteca Clamart.

Su primer libro, titulado El vuelo de Barrilete y otros cuentos se publicó en 1987. De entonces a la fecha su bibliografía se ha enriquecido con títulos como ¡Blum!, El viaje de un cuis muy gris, La historieta ¿para qué?, Memorias de Vladimir (incluida en el catálogo The White Ravens 1992), Dimitri en la tormenta, La historia de Nato y el caballo que volaba, El árbol de los flecos y Tres pajaritos. Para los lectores adultos ha publicado las novelas El asalto, Letargo y Complot, reunidas en el volumen Trilogía de Entre Ríos, y La pasajera.

Las siguientes preguntas constituyen un intento de aproximación al quehacer de Perla Suez como escritora de libros para niños y jóvenes.

¿Cómo empezaste a escribir?

Empecé leyendo.Yo era una niña que leía de modo voraz. Mis padres eran lectores voraces, y mi único hermano también lo era. Las niñas de mi edad leían Mujercitas, de Louise M. Alcott; Alicia en el país de las maravillas, del reverendo Dogson. Yo también leía esos libros, pero me gustaba más leer a Salgari y otros libros de aventuras que leía mi hermano. Cuando esos libros caían a mis manos, me hacía un festín y lo devoraba todo.

Un día tuve la necesidad de anotar una idea y otro día tuve la necesidad de hacerla crecer dentro de mí. Aunque empecé anotando cosas sin valor literario y a modo de juego, tengo conciencia de que la escritura nació el día en que encontré una historia que pude hacer crecer dentro de mí con mucho trabajo. Era una historia que yo había escuchado de boca de mis padres y que le había ocurrido a mi abuelo, y que yo recordaba o creía recordar vagamente. El trabajo de escribirla fue el desafío. La utopía. Yo quería reencontrarme con esa historia utópica que tenía que ver conmigo. 

Las imágenes que buscaba fueron creciendo en un territorio que me era propio y que a medida que lo andaba, yo reconocía. Fui poblando así páginas y páginas de ese personaje durante mucho tiempo.

Sigo siendo una lectora empedernida y pienso que sin la lectura no hubiese escrito una sola página. Estoy convencida de que empecé a escribir el día en que empecé a leer de modo voraz. De modo que viene desde el principio.

¿Podrías realizar un breve recorrido por tus principales libros, diciendo una breve impresión sobre ellos desde la distancia?

Blum, El viaje de un cuis muy gris, Memorias de Vladimir, Dimitri en la tormenta, El árbol de los flecos... Forman parte de mi propia historia, pero no puedo hablar sobre ellos. Los lectores son los únicos que pueden decir algo.

¿Por qué el énfasis en los personajes, la historia y la cultura judía que se observa en algunos de tus libros?

Yo escribo porque necesito recordar de dónde vengo y quién soy. Yo escribo de eso que vi y escuché. Yo escribo con lo mejor y con lo peor de mí. Quiero que los chicos conozcan que somos todos diferentes y que podemos vivir en un mundo, otro mundo, fundado en la diversidad y en las tolerancias.

¿Cuánto hay de testimonial en obras como Memorias de Vladimir y en Dimitri en la tormenta?

Sé que escribí recordando lo que viví y escuché. Es todo lo que sé. La imaginación no está separada de la realidad, de modo que también hay mucho invento.

¿Qué opinas de la edición en forma de audiolibro de Dimitri en la tormenta? ¿Qué resultados tuvo esa experiencia?

Creo que valió la pena, pues difundió a Dimitri y provocó deseos de leerlo y no solo entre los niños, sino también entre los adultos.

¿Existen autores u obras que se hayan constituido en paradigmas para tu quehacer como escritora para niños?

Una siempre admira a los maestros. Y una siempre admira los libros de  esos maestros. Clarice Lispector es una de esas maestras que  me marcaron.

¿Cómo describirías el panorama actual del libro infantil y juvenil en Argentina?

Hay una producción importante de libros para niños y jóvenes en mi país, pero de toda esa producción yo me quedo solo con un puñadito. Lo que cuenta para mí es que la historia que se cuenta sea interesante y conmueva al lector, sino, ¿para qué escribir, para qué leer?

¿Qué autores valoras más y por qué? 

Acabo de formar parte del jurado del Premio Nacional de Literatura Infantil. Lo que premiamos allí responde de algún modo a tu pregunta.1

Preparaste una antología de poesía para niños para Sudamericana. ¿Qué características tiene esa obra?

Fue un trabajo maravilloso que me llevó tres años intensos de búsqueda y de investigación. La iniciativa fue de Canela, quien me encomendó hace ya cuatro años esta tarea, que tomé como un desafío.Trabajé mucho en lo que hoy conforman dos tomos: Tumba tumba retumba y Buraco Negro. Canela, como directora de colección, estuvo a mi lado todo el tiempo. Ella también trabajó mucho en la búsqueda de derechos de autor y apoyándome. Ya estaba decidida su aparición cuando me avisan a comienzos de este año que la editorial Sudamericana decidió no publicarlos porque los libros de poesía no se venden. ¿Ley del mercado editorial? Por suerte, el libro encontró nueva editorial: Alción, de Córdoba.

La antología abarca una selección de arriba de setenta autores que van desde Estados Unidos (en edición bilingüe: inglés y español) hasta Tierra del Fuego en Argentina. En el caso de los poetas norteamericanos y brasileños respeté los poemas en su idioma original porque llevar al lector esos poemas en su lenguaje original es también creer en la poesía y es también dar la oportunidad de leer de otro modo. Trabajé con una selección bien interesante sin distinguir edades. Pienso que en realidad este trabajo puede ser leído tanto por niños como por adultos.

¿Qué nuevos proyectos tienes?

A comienzos de mayo del 2000, sale mi primer novela para adultos, que se llama Letargo, en Editorial Norma. Acabo de terminar mi segunda nouvelle que se llama El arresto de L. F. y estoy trabajando en una serie de cuentos. Tan lejos y tan cerca es uno de ellos y me anda rondando la idea de algo que todavía no sé qué es...

De pronto se me aparece de nuevo la imagen de Clarice Lispector. Ella que pudo escribir con altura tanto para niños como para adultos. Ella que dijo que sin la escritura y sin la lectura la vida sería insoportable. Va conmigo. Yo sé que a una maestra como a ella no se puede dejar de recordarla. 

 

1. El Premio Nacional de Literatura Infantil, correspondiente a los mejores libros publicados durante el período 1994-1999, correspondió a las obras: Historias a Fernández, de Ema Wolf (primer premio); Aventuras y desventuras de Casiperro del Hambre, de Graciela Montes (segundo premio) y Cartas de amor, de Jorge Accane (tercer premio).