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  • El ilustrador español Francisco Pimiango.

Francisco Pimiango: en busca de la emoción humana

Sergio Andricaín

Francisco Pimiango nació en Asturias, España, en 1973, en un pueblo al que le pidió prestado su nombre para usarlo como apellido. Es profesor de Filosofía y Teoría del Arte y Estética, pero también, como desde pequeño sintió una fuerte pasión por las ilustraciones que veía en los libros, un buen día comenzó a crear sus propias imágenes. Su estilo es armónico en la composición y nos entrega un universo visual amable y colorido. Entre los libros que ha ilustrado se encuentran El ajedrez de Natsuki, de Kyra Galván (El Naranjo), Cómo lograr el milagro de vivir despierto, de Thich Nhat Hanh (Ediciones Jaguar) y El Nuevo Mundo, de Alicia Barberis (Edebé). En esta entrevista charlamos con Pimiango sobre su carrera como ilustrador y su manera de concebir este oficio.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos relacionados con los libros y el arte?

En mi casa había pocos libros, somos cinco hermanos, y mi familia era humilde por aquel entonces; así que cuando llegaba un libro con ilustraciones del tipo que fuera, para mí era como un tesoro. Recuerdo uno que había en casa de mi abuela, me inquietaban a la vez que me fascinaban sus ilustraciones de tinta… cuerpos humanos, músculos, esqueletos, hombre, mujer… entiendo que sería de anatomía. Me fascinaba, creo que me dejó marcado por el descubrimiento que supuso ver que no somos como aparecemos. También recuerdo la llegada de una enciclopedia, donde había un tomo que era todo fotografías y dibujos; tantas veces lo recorrí con mis ojos que cuando lo encuentro aún por casa y lo remiro, me sorprendo de cómo se quedó fijado en mi memoria.
Respecto al arte, tuve contacto desde muy joven con el arte religioso principalmente; toda la imaginería cristiana fue la base de mi acercamiento al arte. Y tuve la ocasión y oportunidad de iniciarme en la música desde bien pequeño, lo que me permitió entender otros lenguajes.

¿Qué libros te gustaba leer cuando niño? ¿Qué te llamaba la atención en ellos? ¿Por qué?

No tenía mucha variedad para elegir, y tal vez ello hacía que no despreciara ningún género. Recuerdo algunas lecturas, versiones y adaptaciones de la Biblia, Cuento de Navidad, de Charles Dickens ilustrado a una tinta; El hobbit, tantos libros de fantasía que por entonces se llamaban libros-juego, porque uno podía ir construyendo la historia con las elecciones que tomaba. Cualquier libro con dibujos me apasionaba, es lo que más me llamaba la atención, echaba más tiempo en leer una imagen, en recorrerla y detenerme en sus detalles, que en el texto. Me contaba más la imagen que el texto, así que entiendo hoy que mi comprensión por aquel entonces era mejor cuanto más expresiva y descriptiva era la imagen.

¿Cómo fue tu acercamiento a las artes plásticas? ¿De qué manera llegaste a la ilustración de libros?

Respecto a las artes plásticas, no recuerdo hechos concretos, siempre me apasionó la imagen, y siempre me recuerdo alrededor de las imágenes, con el gusto de aprender a expresar con el dibujo más y más. De niño y joven nunca tuve la oportunidad de estudiar artes plásticas de manera formal o académica. Siempre fui autodidacta, hasta que en los últimos años he podido hacer algunos cursos. Me guiaba más por la intuición y mis pequeños logros que en lo que me pudieran enseñar. Siempre me gustó dibujar, pero siempre vi en el resultado que faltaba mucho de profesionalidad… A la ilustración de libros llegué de una manera más determinante cuando llegaron mis sobrinos, que me inspiraban dibujos e historias, y me pareció un buen regalo para ellos plasmarlos en cuentos e ilustraciones. Así es como aparecieron los primeros libros, y las historias de las brujas Tula, Tela y Tila (podéis encontrarlas en Apple Store iBook de forma gratuita).
 
¿Cómo definirías el trabajo de un ilustrador?

Me es difícil definir el trabajo de un ilustrador, pero si pienso cómo lo veo me resulta más fácil delimitar lo que no es el trabajo de un ilustrador para mí: reducir la ilustración a una mera descripción de un texto que de por sí ya narra algo. La ilustración debe dar otra visión, complementar, sugerir, inquietar, extender el mundo del texto, sobrepasar el límite del lenguaje… Me es complicado acertar en definir el concepto.
 
¿Qué rasgos debe tener una ilustración para que la consideres buena?

Creo que debe ser en sí misma un cosmos, debe sugerir, transmitir, narrar, provocar, sosegar, mostrar, recrear… y pienso que todas las ilustraciones en una u otra medida siempre aportan algo. Es importante para una buena ilustración la destreza técnica, lo formal, pero también el contenido. Pienso que el juez de la ilustración es el que la va a percibir, y a cada uno… Yendo a un criterio más personal, una ilustración es buena para mí si me mantiene la atención más tiempo del que tardo en recorrerla con la vista.

¿Qué artistas han influido en tu trabajo (de la plástica universal y de la ilustración)? ¿Por qué? 

La escultura griega me fascina por su filantropía, y su posterior evolución en el Renacimiento. De esa época también todos los pintores, Rafael, Miguel Ángel; el manierismo me interesa mucho también: Pontormo y el genial ¡¡¡Greco!!!; artistas más actuales: Lucien Freud. De la ilustración me fascinan todos, pero mucho más los que de una u otra forma he podido conocer, por cursos o por la contemplación de su obra: Rebecca Dautremer, Gabriel Pacheco. Gustave Doré me sigue fascinando. Todos ellos y muchos otros que admiro tienen un denominador común: el ser humano en toda su extensión es el motivo principal de su plástica.

Si tuvieras que escoger un libro como modelo de integración de texto e imagen, ¿cuál escogerías y por qué?

Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak es una referencia; los dos mundos se conectan.

¿Sientes que tu trabajo general como artista, tu manera de expresarte fuera del contexto editorial es diferente a la que usas cuando creas imágenes para un libro?

Creo que en todos los ámbitos donde puedo sentirme un poco artista mi manera de expresarme es coherente a la que utilizo en el contexto editorial; cambian las técnicas, los soportes, pero siempre es recurrente lo que trato de expresar… sin conseguirlo, pues es muy pretencioso; pero por ese camino voy buscando: la hondura de la emoción humana.

¿Qué aspectos analizas del texto cuando vas a iniciar tu labor?

Sobre todo me detengo en la psicología de los personajes, es lo que más me interesa de los textos, en qué cosas que no cuenta el texto sobre los personajes puedo tratar de mostrar yo con sus expresiones, su tono vital, su color, su forma…

¿Hay alguna técnica que prefieras a la hora de ilustrar?

Siempre, para el comienzo, el lápiz, simplemente el lápiz; probar y probar, hasta que en un momento surge una imagen que empieza a contar más de lo que propiamente describe; lo que como dice el gran ilustrador Javier Sáez Castán la imagen detonante. Me encantaría después trabajar las ilustraciones de una manera más tradicional, pero los tiempos, espacios y recursos se imponen y avanzo con las técnicas infográficas y digitales.

Cuando ilustras un libro, ¿tienes algún tipo de contacto con el autor? ¿Crees que es necesario?

He tenido la ocasión de trabajar de las dos formas. Alguna vez fue una experiencia gratificante cuando el escritor me aportó más de su mundo, de su inspiración, del sentido de su texto; en otras ocasiones ha supuesto un problema, pues se convierten jueces de las ilustraciones y empiezan a hacer sugerencias sobre cómo debería ser el estilo, o lo que le gusta o no… Nunca he insinuado a un escritor que cambie su texto. El ilustrador también es autor, creo que conviene no olvidarlo. También hubo ocasiones en que no ha habido comunicación con el escritor, entonces se siente más libertad, pero pienso que se pierde información que puede ser enriquecedora para el ilustrador. Lo ideal pienso que sería conocer al escritor, mucho, de su mundo, de su vida, de sus inquietudes, alegrías, penas y preocupaciones, y menos de su texto.
 
De los libros que has ilustrado, ¿hay alguno que prefieres? ¿por qué?

Porque los siento más míos, los de las brujas; son con los que empecé; escribí yo los textos, muy sencillos y sin técnica… perdón por la intrusión… creo que han sido mi mundo. También hay otro libro que prefiero: Cómo lograr el milagro de vivir despierto, de Thich Nhat Hanh, que ilustré para Ed. Jaguar, por lo que me aportó la lectura de este ensayo sobre el Sutra de la atención mental de Buda… Me vi inmerso en una experiencia y reflexión mística que me marcó bastante.

¿Qué libro sueñas con ilustrar?

Me encantaría ilustrar cuentos clásicos; también sueño con algún texto que en cuanto lo leyera fuera como el texto que hubiera podido escribir yo si supiera escribir. A ver si me explico: un texto con el que yo mismo me sintiera plenamente identificado. Y por soñar que no falte… alguna versión de la Biblia.
 
¿Cómo valoras el panorama de las ediciones para niños y jóvenes en España?

Creo que nunca ha habido tantos profesionales, autores, escritores, ilustradores, editores como hay hoy en día; algunos gozan de una libertad para crear lo no meramente comercial que nos enriquece de una manera impresionante; hay mucha riqueza editorial en España, y grandes profesionales de todas las áreas. No podría estar mejor.

¿En qué nuevos proyectos estás trabajando?

En los pocos tiempos de que dispongo, pues mi profesión no es la ilustración, sino la docencia, estoy trabajando textos de Antonio Ventura, Javier Sobrino y Asunción Carrazedo.

¿Cómo definirías tu trabajo?


Entiendo mi trabajo como una expresión de lo que no puedo o no sé decir, de lo que no conozco de mí, de mi ser inquieto, de mis sueños, anhelos, ilusiones.

Puedes encontrar más información e ilustraciones de este artista en: http://piartes.blogspot.com/