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María José Ferrada: "La poesía es el intento de nombrar lo que sabes que no cabe en las palabras"

Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez

María José Ferrada es una de las más significativas autoras contemporáneas de libros para niños y jóvenes en Chile. Nacida en Temuco, en 1977, es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Diego Portales de Chile y realizó una maestría en Estudios Asiáticos en la Universidad de Barcelona. Actualmente trabaja como editora de Chile para Niños, sitio web que busca difundir el patrimonio de la Biblioteca Nacional de Chile entre los más pequeños. Su poemario El idioma secreto, ganó en 2012 el V Premio Internacional Ciudad de Orihuela y fue uno de los libros galardonados con el Premio Fundación Cuatrogatos 2014. Su bibliografía incluye también los títulos Un mundo raro, El baile diminuto, El lenguaje de las cosas, Niños Notas al margen.

¿Cómo llegas a la literatura infantil?

Llegué a la literatura infantil gracias a mi hermano. Él es 15 años menor, entonces cuando yo tenía 19 años y comenzaba a descubrir la escritura, él era el público perfecto. Me gustaba mucho hacerle libros de cartón, que creo que mi madre guarda aún. Yo escribía poesía en ese tiempo, poesía que según yo era para adultos. Pero a medida que escribía para mi hermano, me fui dando cuenta de que me gustaba mucho más el registro para chicos y fue así que seguí intentando por esa línea, sin tener ningún conocimiento de autores ni de ilustración ni de nada. Vine a leer libros para niños cuando ya tenía un par de los míos publicados. Imagino que en muchas conversaciones con editores quedé como una autora muy ignorante, pero también creo que me dio una libertad que aún valoro. Como no sabía lo que se estaba publicando me di permiso para escribir lo que me gustaba a mí (y a mi hermano, claro).

¿Por qué la poesía como género?

Es muy difícil esa pregunta. La poesía siempre me gustó, desde que era pequeña y escuchaba a mi padre leerla. Nunca pensé que estaba eligiendo un género,  de hecho aún intento experimentar con otros, como novela, por ejemplo (actualmente estoy trabajando en una por primera vez y me está costando muchísimo). Pero hay algo en la poesía que me conmueve desde la lectura y también desde la escritura. Ese saber que finalmente no podrás decir eso que quieres decir. Saber que las palabras no pueden decirlo y que tendrás que recurrir también a los silencios. Porque la poesía es las palabras pero también el espacio de silencio que queda después de esas palabras. Los poetas de haiku japonés entienden eso muy bien. Su poesía me interesa mucho. La leo recurrentemente, pero nunca me he atrevido a escribir uno.

¿Puedes hablarnos de 12 historias minúsculas de la tierra, el cielo y el mar, tu primer libro, que no conocemos?

Ese es un libro muy querido porque fue el primero que hice. Mi amiga Karina Letelier comenzaba a ilustrar y yo a escribir. Estábamos muy entusiasmadas. Nos juntábamos a discutir cada texto que estaba finalizado y cada ilustración (es un conjunto de 12 cuentos breves). Lo enviamos a dos editoriales y nos dijeron que no. En ese tiempo no teníamos mucha tolerancia a la frustración, así que decidimos autoeditarlo. Ahora estamos en conversaciones para que una editorial chilena lo vuelva a publicar.

¿Qué requisitos debe reunir, a tu juicio, un buen poemario para los niños?

Como dice un personaje de Christopher Morley en La librería ambulante: "(un buen libro) debe tener un corazón latiendo en su interior". Y eso creo que vale para cualquier género y para los libros de chicos y grandes.

¿Qué significó en tu trayectoria la aparición de Un mundo raro? ¿Qué recuerdos tuyos están asociados con ese libro?

Ese fue el primer libro que publiqué con una editorial. Tengo recuerdos muy buenos, sobre todo del proceso de escritura. Recuerdo que había ganado una beca del gobierno para terminarlo. Estaba viviendo en Barcelona y después del trabajo, iba a la universidad. Llegaba en la noche a  hacer trabajos y a escribir mi libro. Me encantaba que llegara la hora en que por fin, después de haber corrido todo el día, podía escribir una página del libro. También recuerdo que cuando Kalandraka me dijo que lo publicaría no lo podía creer.

¿Cuál fue la génesis de El idioma secreto? ¿Cuándo, en qué circunstancias nació?

El idioma secreto es un libro en el que una niña habla sobre los recuerdos que tiene de la vida con su abuela. Es muy autobiográfico. Nació cuando murió mi abuela. Ella era muy especial, una mujer de origen campesino, con una forma de estar en el mundo, que ya se ha perdido, por lo menos en mi realidad. Ella tenía esa mezcla de humildad y dignidad que creo que solo te da el contacto permanente con la huerta, los árboles, los animales. No quería que esos recuerdos se me olvidaran, quería que algo de eso quedara en mí también y así nació el libro.

¿Qué te propusiste al escribir ese libro? ¿Cómo lo definirías?

Quería guardar esos recuerdos. Quería decirle a mucha gente eso que sabía mi abuela. ¿Cómo lo definiría? Como una caja de recuerdos queridos. Un corazón pequeño. Un ovillo.

Niños aborda el tema de los menores muertos o desaparecidos durante la dictadura militar chilena. ¿Por qué elegiste ese tema y, sobre todo, la perspectiva que utilizaste para abordarlo?

Ese fue un libro difícil. En una conversación al pasar supe de la existencia de estos casos: niños detenidos desaparecidos y ejecutados durante la dictadura chilena. Al llegar a mi casa busqué en internet y vi que claramente existían, pero no había un listado oficial, sino una suma de nombres que se encontraban entre otros nombres en los informes de verdad y reconciliación que se hicieron al llegar la democracia. Lo primero fue construir ese listado, hacerlo algo accesible y claro: hay 32 niños menores de 14 años ejecutados, un niño de 11 años que continúa en calidad de detenido desaparecido, y un niño de ese entonces, adulto hoy, que fue encontrado en Argentina por las Abuelas de la Plaza de Mayo en agosto del 2013.

Lo segundo fue, con esta información chequeada y confirmada (tardamos casi un año en esto) ver la forma de abordarlo. No sabes cómo hacerlo, en realidad. No sabemos cómo nombrar ese dolor. Treinta y dos niños muertos, y un desaparecido. Por qué tenía que pasar algo así. Por qué tenían que quitarles la vida a esos niños y niñas. Por qué creyeron que podían hacernos eso. Es muy duro cuando te lo preguntas porque ves que eres parte de una humanidad que ha pasado muchos límites. Decidimos entonces nombrarlos desde la vida, desde los juegos, la mirada asombrada frente al mundo que tienen todos los niños. Eso fue lo que les quitaron y queríamos que al menos en el libro lo tuvieran. Pensábamos que un listado del horror (el de todos nuestros muertos en dictadura) no era el lugar para un niño. Los niños deben estar en la escuela o jugando en los parques y no en una lista de asesinados políticos.  Nunca deberían haber estado ahí y por eso quisimos nombrarlos desde otro lugar.

¿Escribiste Niños con la intención de que fuera leído por niños y jóvenes?

Sí, porque creo que debemos asumir nuestra historia, aunque no sea la que hubiéramos querido, y ver qué hacemos con ella a partir de ahí.

Revisando y producción se aprecia una voluntad de concebir tus libros como una unidad cohesionada por determinado a temas y formas. ¿A qué lo atribuyes?

Me gusta ver los libros como una especie de engranaje que se mueve en base a diferentes ritmos. Está el de cada texto, pero también el de la suma de los textos que componen el libro.

¿Qué obras o autores consideras que han tenido una influencia o ascendencia significativa en tu producción literaria para niños?

Disfruto mucho leyendo poetas japoneses y mucha de la literatura que se produce en ese país. No sabría explicar el por qué de esa inclinación. Con la literatura infantil tengo una relación que se pierde en mis recuerdos. Mi madre me leyó muchísimos cuentos antes de  dormir durante mi infancia: "Las zapatillas rojas", "Juan sin miedo", "La fiesta de las flores"... Seguro que eso influyó pero no guardo nombres de autores ni recuerdo con nitidez los dibujos, sólo recuerdo la voz de mi madre y que me gustaba mucho que llegara ese momento del día.

Ahora ya tengo mis preferidos, pero es algo más bien reciente: Arnold Lobel, Gabrielle Vincent, Heinz Janisch, me gustan mucho.

¿Qué une a tus libros, de qué manera están conectados entre sí?

No sé si algo los unirá, me gustaría que sí. Tal vez la estructura: yo casi siempre construyo un poema de inicio y retomo la idea en el poema de cierre. Aunque me gustaría que en todos existiera una continuidad en la forma de mirar y decir. Pero eso no  sé si lo he logrado. Imagino que con algunos sí y con otros no.

¿Qué es para ti la poesía?

Qué difícil pregunta. Creo que como te comentaba antes, tanto desde la lectura como desde la escritura, creo que es el intento de nombrar lo que sabes que no cabe en las palabras. Y como no logras atrapar eso que quieres decir es que sigues escribiendo o lo sigues buscando en los libros que ya se han escrito.

¿De qué manera se inserta tu obra en la literatura infantil y juvenil chilena?

En la actualidad, no se hace mucha poesía para niños en Chile, muy poca en realidad. En ese sentido, creo que ha sido un camino un poco solitario en términos creativos. Pero últimamente he leído manuscritos muy buenos de poesía para chicos, escritos por poetas jóvenes, que espero que se publiquen pronto. Hay un interés nuevo, de gente que viene desde la poesía con muchos menos prejuicios de los que había en mi generación respecto de la escritura para niños.