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  • Jordi Sierra i Fabra.

Jordi Sierra i Fabra: "Cuanto más escribes, más sabes escribir"

Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez

Nacido en Barcelona, en 1947, Jordi Sierra i Fabra es uno de los más conocidos escritores españoles de libros para niños y jóvenes y, sin duda alguna, el más prolífico: desde que en 1980 ganó el premio Gran Angular de novela juvenil con El cazador, su producción no ha dejado de crecer y, en la actualidad, sobrepasa los doscientos títulos. 

Traducido a diversas lenguas, con varias de sus obras adaptadas al cine y muchos premios literarios a cuesta (en 1982 y 1990 volvió a recibir el Gran Angular, y ha obtenido también el Barco de Vapor, el Edebé y el A la orilla del viento, entre otros), Sierra i Fabra se considera un trabajador infatigable. Para comprabarlo, solamente hay que revisar su vasta bibliografía. En esta entrevista, el autor habla de sus inicios como comentarista musical y de sus métodos de creación, responde a quienes cuestionan su alto número de publicaciones y comenta sus nuevos vínculos con editoriales de Latinoamérica. 

De forma paralela a tu trabajo en la literatura para niños y jóvenes, has escrito historias y enciclopedias sobre el rock y biografías de rockeros. ¿Qué vínculos existen entre ambas vertientes?

Tal y como se aprecia en mi biografía, he pasado gran parte de mi vida con músicos. Mis amigos son rockeros, no escritores. En las paredes de mi casa aparezco en fotografías con Leonard Cohen, Freddie Mercury, Mark Knopfler o Serrat, entre muchos otros. Me inicié como comentarista musical muy joven, y con 22 años ya era director de una revista llamada Disco Expres. Gracias a eso, empecé a viajar gratis por todo el planeta, invitado por las majors del mundo del rock (preferentemente Londres o Nueva York), viendo conciertos, comiendo, cenando o yéndome de marcha con los artistas de las últimas cuatro décadas. A los 25 años, tenía cinco revistas. Pero yo siempre soñé con ser escritor. La mía es una vocación muy temprana, así que sólo utilicé la música para hacerme conocido y después poder publicar mis novelas sin problema. A medida que crecía como escritor, y pasaba más tiempo viajando (un mes en el Tíbet o en el Amazonas hace que pierdas el contacto con la realidad musical), me vi en la necesidad de renunciar a esta parte de mi vida. Pero para mí, la música sigue siendo mi principal fuente de energía. Tengo en mi casa 30.000 discos, todo el día están junto a mí. Ella y el cine (voy cada noche al cine cuando estoy en España) me alimentan el espíritu. El principal vínculo entre literatura juvenil y música es que los jóvenes, en su mayoría, también tienen la música como bandera o son fans de alguien. Cuando en mis novelas salen personajes jóvenes, lo más natural es que aparezca la música, un concierto, alguna canción, porque es parte de su vida. Teniendo en cuenta que además lo es de la mía, lo lógico es aunarlo. Sería raro crear personajes de entre 15 y 20 años sin que la música estuviera presente en su entorno. 

¿Escribes escuchando música? ¿Qué escuchas?

Siempre escribo con música, y aunque soy un rockero porque el rock es la banda sonora de mi vida, también me encanta lo clásico o el blues, el jazz, el techno... todo es válido para mí y me aporta algo. Mi primer libro, Historia de la música pop (primer libro de música hecho en España y que fue un best seller en 1972), está dedicado a Igor Stravinsky, que es uno de mis dioses. La consagración de la primavera me marcó de lleno siendo niño. A los 10 ó 12 años oía óperas enteras por radio. Pero a los 16 años, los Beatles me atraparon por completo, John Lennon se convirtió en mi “hermano mayor” y me lancé a fondo con mi pasión. Cuando escribo ciencia ficción, por ejemplo, suelo escuchar a Vangelis, Philip Glass, Tangerine Dream, Jean Michel Jarré y cosas incluso más minimalistas o New Age. Si es una novela de amor, el pianista George Winston es uno de mis favoritos. También puedo escuchar heavy durísimo si hace falta (AC/DC, Aerosmith, etc) para un libro especial. 

¿Podrías explicar a nuestros lectores cómo escribes? Es decir: ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Trabajas en varios proyectos simultáneamente? ¿Qué tiempo, como promedio, demanda una de tus novelas?

Veamos. En primer lugar está la idea. Suelo desechar muchas antes de escribir una. Una idea ha de crecer por sí sola en el sembrado de mi mente. Cuando ya ha crecido y veo que voy a escribirla, primero creo a los personajes lo más definidos que pueda, para tenerlos controlados a lo largo de la novela, y después escribo el guion previo, que para mí es la clave de todo el libro. Puedo pasarme un año, cinco, diez, haciendo el guion de un libro, recopilando información, hablando con gente, yendo a un país lejano para situarme, verlo y poder así contarlo todo en el libro. El proceso de escribir el guion nunca lo llevo a cabo en mis casas, sino viajando, en aviones, hoteles, aeropuertos...  Muchas veces, me encierro en un hotel de Varadero (Cuba) y frente a la playa acabo dos o tres guiones a la vez. Como no paro de viajar, utilizo ese tiempo para pensar y ultimar mis guiones. O sea que mi mente es como un ordenador con cincuenta archivos a los que voy incorporando datos. Acabar y ajustar el guion me lleva un par de días y entonces lo guardo hasta que pueda tener una semana para escribirlo, porque con el guion hecho, escribir el libro para mí es lo más sencillo. Cuando lo termino, no toco nada, no corrijo, no lo releo. Nada. Lo guardo tres meses y después pienso a qué editor se lo mando. Este es mi proceso. Ejemplos: Las chicas de alambre me llevó 10 años de investigación asistiendo a pases de moda, charlando con top models y entrando en ese mundillo. Campos de fresas fueron 4 años de investigación. Y Víctor Jara, reventando los silencios, fueron... 25 años. Como puede verse, cada libro es un mundo. 

También tengo historias que nacen, hago el guion y las escribo en tres meses. Siempre tengo varios guiones acabados a punto de escribir, mientras mi mente se llena con cientos de ideas más, porque yo veo lo que la gente no ve: un libro en cada pequeña cosa, en cada mirada, en cada gesto cotidiano. 

En tu criterio, ¿existen rasgos generales que caractericen al lector juvenil de hoy? ¿Cuáles podrían ser?

No soy un experto, ni un pedagogo, solo cuento historias. Pero cada año doy unas 200 charlas en escuelas, y en España por lo menos hay unos patrones basados en el odio a leer que son terribles. Muchos jóvenes de hoy, en España, parecen ir sobrados de todo, su nivel de comprensión lectora ha bajado mucho. No tienen interés por casi nada porque estamos en una sociedad de abundancias o en las que el pasotismo es mucho más relevante socialmente. En mi caso, tengo suerte: tanto en cartas como en directo, dicen que me creen, confìan en mí, y saben que en mis libros no hay trampa ni cartón. Eso me aproxima a muchos. Cuando encuentran a un adulto sincero, que no va a “venderles nada”, sino que les habla de la vida, la libertad, y les dice que crean en sí mismos, que pueden conseguir lo que quieran si luchan por ello, es como una inyección de vitaminas. Recibo decenas de cartas cada semana que me confirman todo esto y me siento alentado, pero es una tarea muy dura. Solo un 9% de jóvenes españoles lee con asiduidad. Y un 30 o 40% más lo hace por obligación escolar. El resto, nada, y es muy triste. Eso sí, los que leen devoran libros. Cuando uno que no lee me dice que un libro mío le ha cambiado la vida y que ahora sí lee, me siento muy feliz. 

Estoy publicando ahora tantos libros originales en Latinoamérica (Colombia, Chile, México y Ecuador para empezar) porque la avidez del niño y el joven latinoamericano es mucho mayor en este momento, tiene capacidad para sorprenderse. He visitado muchos países y estoy fascinado y asombrado por ello. Yo siempre he sido un fan de Latinoamérica, como lo prueban muchas de mis obras que tienen como marco países de habla hispana. Pero ahora, con estos libros, y una presencia más activa, estoy ante un nuevo reto en mi vida. Me gustaría llegar al corazón del público joven en toda América: norte, centro y sur. 

¿Qué características debe reunir un libro juvenil para ser bien acogido y tener éxito?

No lo sé. Y es la verdad. Según las encuestas, los niños y menos niños quieren leer libros de aventuras, y emocionantes, y de terror, y de... Pero fui el primer autor que se lanzó de cara al realismo, y ahora mismo mis libros más vedidos son los que plantean temas sociales y humanos con los que ellos se sienten identificados. Recuerdo que escribía Noche de viernes en 1992 y pensé: “Voy a dejar de vender, porque esta historia es muy dura y amarga” (nunca me ha importado vender más o menos, sólo ser honesto conmigo mismo y hacer lo que sienta, no lo que se espera que haga). Y para mi sorpresa, el libro se disparó, logró el “libro de platino” por sus ventas y está en 150.000 ejemplares vendidos. Campos de fresas es el último de esta larga lista, y también ha llegado a esta cifra de ventas en España. No creo haber vendido 6 millones de libros en España sin haber acertado el gusto del lector. Siempre escribo lo que siento, cuando lo siento y como lo siento. Y lo que llevo años sintiendo es mi compromiso con lo que veo allá donde lo veo. Puede que el secreto sea, a fin de cuentas, aquello que siempre argumento: la honestidad. Soy honesto con lo que hago, y puedo hacerlo bien o mal, pero no hay trampa ni cartón. Amo demasiado la literatura para traicionarla o tracionarme a mí mismo. 

En este año 2001 se cumplen veinte años de la publicación de tu primera obra narrativa para los lectores juveniles: El cazador. ¿Cómo ha evolucionado tu concepción de la literatura infantil y juvenil de entonces a la fecha?

Yo sigo haciendo lo mismo. Nunca me planteo quién va a leerme. Yo solo escribo, y no lo hago para jóvenes o para adultos, solo escribo. El cazador era un libro que tenía en un cajón desde hacía 3 años, rechazado por Editorial Planeta. Vi que se anunciaba un premio de libros juveniles y pensé ¿por qué no? Yo no creo en etiquetas ni clasificaciones. Así que envié una obra sin diálogos en la que el protagonista tiene 57 años a un premio juvenil... y lo gané. Ese fue el comienzo. El 80% de mis libros “juveniles” no lo son en absoluto porque casi siempre son temas duros, de compromiso... pero los publican en colecciones juveniles porque los protagonistas tienen menos de 20 años. No me gustan las etiquetas que dicen “libro para mayores de 12 años”, “para mayores de 14 años”... porque el que tiene 16 cree que el de 12 ya no va a interesarle, “es de niños”. Pero yo mismo a veces pido que un libro salga en una colección juvenil, como es el caso de Víctor Jara, reventando los silencios. Quería acercar la figura de Jara a los adolescentes españoles que hoy no saben quién fue. Una apuesta arriesgada, porque murió con 41 años y no era ni guapo ni rockero, pero necesaria según mi forma de entender la literatura. Si conecto con los lectores es solo por lo que he dicho antes: honestidad. Hago lo que creo pasando de modas o tendencias. 

Has escrito libros sobre la realidad cubana de hoy, sobre refugiados vietnamitas, sobre indígenas amazónicos, sobre los emigrados marroquíes... ¿Cómo sorteas el peligro del acercamiento epidérmico a esas complejas realidades?

Acabo de publicar el libro que completa mi primera pentalogía latinoamericana (Brasil, Chile, Argentina, México y Guatemala), Donde el viento da la vuelta, sobre las matanzas indígenas en Guatemala. Y voy a seguir. Y como habéis dicho, he hecho novelas en muchas partes del mundo, sobre realidades de las que he sido testigo, o sea, que no invento nada. Es muy difícil no involucrarte. Muchísimo. Y no lo consigo. Ni quiero. De ninguna forma. Mi epidermis queda totalmente llena de lo que veo, lo que me cuentan, lo que percibo, lo que sé. Así que no rehuyó el contagio, al contrario. Pero soy una persona que tiene un talante, un buen humor y un optimismo a prueba de todo. Si yo, que tengo “el poder” de escribir estas historias y hacerlas llegar a miles de lectores, me derrumbo y me dejo arrastrar por el “todo va mal, el mundo es horrible”, ¿es justo? Tengo la suerte de ser escritor, la capacidad para crear mundos, de poder contar mi verdad acerca de muchas cosas, de influir en muchos jóvenes... Es un privilegio, y soy fiel a él y a mi ética, mi código moral. Soy socio de Aministía Internacional y de Greenpeace. Ya no tengo edad para impedir que se maten ballenas yéndome en un barco a pelearme con los japoneses, pero puedo escribirlo. Ese es mi papel. También hago libros felices, de humor... pero a la postre voy quedando como el autor de compromiso que siempre he sido. 

Los detractores de los libros seriados los tildan de estereotipados, facilistas, repetitivos y otros adjetivos por el estilo. Como autor de la exitosa serie Víctor, publicada por Ediciones SM, ¿qué consideras sobre ese tipo de literatura? 

Hay detractores para todo. Yo mismo tengo muchos. Bien, ¿y qué? Es bueno que haya opiniones contrastadas. A mí personalmente me engancharon de niño un montón de series con personajes fijos. Así que de mayor he creado a Víctor en SM (15 libros) como homenaje a Guillermo Brown, a Zack Galaxy en Alfaguara (3 libros) como homenaje a Flash Gordon, a Sam Numit en Timun Mas (6 libros) como homenaje a Rip Kirby en rockero, a Daniel Ros en literatura adulta (6 novelas y una película) como homenaje a mis héroes Philip Marlowe y otros, y ahora acabo de publicar otra serie, Patrulla Galáctica 752 (ya hay 4 libros, en Bruño, y están previstos 12). Me tientan las series, pero justamente por lo opuesto a lo que dicen los detractores: porque puedo explorar las infinitas posibilidades de un personaje y llevarlo a dónde quiero y jugar con él. Como veis, son puntos de vista, y todos respetables. Además, hablar siempre es más fácil que sentarse delante de una máquina y escribir.  

Hay quienes desconfían de los escritores prolíficos y argumentan que la calidad de sus obras resulta desigual, que abandonan las búsquedas estilísticas para apelar a fórmulas de éxito al uso, que los temas oportunos desplazan las motivaciones expresivas personales. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Esto merecería un libro. En primer lugar, yo opino como mi admirado Ray Bradbury, que “cantidad es igual a calidad”. Cuando más escribes, más sabes escribir. Yo no podría hacer un libro al año, o cada dos o tres años. ¡He de escribir cada día! Por Dios, tengo libretas enteras con ideas y más ideas anotadas. Mi peor enemigo es el tiempo. No fumo, no bebo, nunca lo he hecho, y me encantaría vivir 100 años con la mente lúcida para poder escribir todo lo que llevo dentro. Es mi pasión. ¿He de escribir menos porque haya quien opine que escribo demasiado? ¿Acaso me repito, hago siempre la misma novela, aburro...? Que yo sepa he abordado todos los temas, por mi curiosidad innata, por mi sed de aprender, de mejorar, de buscar nuevas formas de escribir. 

¿Alguien, algún crítico, ha notado que Víctor Jara es una obra absolutamente revolucionaria en mi trayectoria? ¡Y la escribí con 51 años, es decir, que aún puedo sorprenderme a mí mismo hallando nuevos caminos y vías de expresión! Otra cosa es que como ser humano cometa errores. Y los asumo. Pero no tengo que pedir perdón por ellos. Cuando escribo un libro, es porque creo en él, porque me llama y me pide que lo escriba. A veces he hecho cosas en las que me he pasado, o por buscar un nuevo estilo he ido demasiado lejos, o... vale, ¿quién que haya escrito 258 libros hasta hoy, 20 de abril de 2001, los ha hecho todos bien? Nadie, y yo no soy perfecto. Pero seguiré escribiendo sin hacer caso de nadie ni de nada que no sea mi instinto. Es mi vida, sólo tengo esto, lo amo, siempre desee ser escritor y hago lo único que sé, escribir. Me he convertido en un “fenómeno”, lo sé, pero no lo he buscado ni he sido consciente de ello. Resulta que soy el escritor español vivo con más obra publicada. ¿Qué representa eso? Nada. Pero pienso que cuando alguien trabaja como yo, las 24 horas del día, y viaja, y da conferencias, y vive con la pasión que vivo yo mi universo, lo que menos cabe exigir es respeto. 

Ah, nunca he sido oportunista, pero los temas que abordo, tarde o temprano, acaban siendo de actualidad y yo me he adelantado a ellos siempre (escribí Un hombre con un tenedor en una tierra de sopas antes de la matanza de Acteal en Chiapas, y Víctor Jara antes de que detuvieran a Pinochet en Londres, y así dos docenas más). No busco fórmulas ni pienso en el éxito, nunca he hecho un best seller pensando en hacer un best seller. Esto para mí es importante. 

¿Lees las críticas que se publican sobre tus obras? ¿Cuál es tu relación con quienes ejercen la crítica literaria?

No tengo ninguna relación con la crítica literaria. Mi única “crítica” amiga es la directora de la revista CLIJ, y cuando es necesario me dice lo que piensa y punto. Por lo general, la crítica me ha tratado bien. Tengo dos baúles de ellas en mi casa, con 28 años de críticas publicadas, y salvo media docena, todas han sido buenas. También es cierto que la crítica de literatura juvenil en España apenas existe. Pero tengo la piel curtida, nunca hago caso ni de los excesivos elogios ni de los palos injustificados sin razonar. Tengo más comentarios enemigos del mundillo que no de la prensa, aunque muchos críticos no leen mis libros porque son demasiados al año y eso me parece absurdo. Perfecto, ni yo les obligo ni lo pretendo. Sin embargo me parece deprimente “castigar” a una persona por haber publicado más de 200 libros anatemizando con tonterías del tipo “son muchos”. ¿Cuantas canciones ha hecho Bob Dylan? Una canción es como un pequeño libro. Balzac y Simenon murieron habiendo escrito 400 cada uno. ¿Seré un genio cuando me muera? Sinceramente me trae sin cuidado, no creo en nada después de la muerte. Cuando era crítico musical, siempre respetaba al creador honesto y sincero. No he hecho ningún libro que no haya sentido, y cuando meto la pata... la meto y en paz. Soy humano. 

Si tuvieras que recomendar solamente tres libros escritos por ti a una persona interesada en adentrarse por primera vez en tu obra, ¿cuáles citarías como más representativos de tu estilo y de tus propósitos? ¿Por qué?

No puedo responder a eso. Lo que escribía en los 70 no tiene nada que ver con lo que escribía en los 80, y estos a su vez nada con lo de los 90. Mi primera etapa va de 1972 a 1979, libros de música y novelas políticas. La segunda va de 1979 a 1984, en la que me planteo los cambios fundamentales en mi vida. La tercera va de 1984 a 1990, que es cuando dejo la música del todo, empiezo a viajar por el otro mundo que no conozco y nace en mi la necesidad de contar lo que veo por duro que sea. Así llegamos a la cuarta etapa, de 1990 a hoy. Aún sigo en esa etapa, y en cada una ha habido obras significativas. En la primera, destaca En Canarias se ha puesto el sol, en la segunda ...en un lugar llamado Tierra, en la tercera El joven Lennon, en la cuarta Noche de viernes, Campos de fresas... pero hay muchos libros de los que estoy orgulloso: El tiempo del olvido, Nunca seremos estrellas del rock, Banda sonora, La memoria de los seres perdidos, Víctor Jara, El fabuloso Mundo de las Letras, que es el libro más bonito que jamás he hecho... 

De un tiempo a esta parte, tus contactos con América Latina comienzan a ser más estrechos. ¿Qué impresiones tienes de los lectores, editores, animadores de lectura y conocedores de la literatura infantil y juvenil de este lado del mundo?

Ahora mismo estoy excitado, excitadísimo, con mi lanzamiento en Latinoamérica. Ya era conocido a través de Alfaguara y SM preferentemente, pero me he decidido a dar al salto, y a pasar el tiempo que haga falta en Latinoamérica, comenzando por editar obras inéditas en varios países. En Norma (Colombia), publico ahora Marte XXIII (una obra de ciencia ficción) y a fines de año se editará El disco mágico (de fantasía). En Arrayán (Chile), publico Sietecolores (sobre el racismo). En Fondo de Cultura Económica (México), la novela con la que gané el premio literario A la orilla del viento y que se titula Historias de medio mundo, un libro de cuentos de 20 países distintos. Y en Libresa (Ecuador), aparecerá pronto La biblioteca de los libros vacíos (sobre el placer de leer y escribir). Cuando los escribí, no pensé “van a ser para Latinoamérica”, sólo hice lo que hago siempre: escribirlos. Luego pensé que en ese momento podían encajar, los mandé, gustaron y ahí están. ¿Qué mejor prueba de mi sinceridad cuando digo que estoy fascinado (siempre lo he estado, de corazón, lengua, pensamiento, pero ahora más) por todos los países de la América Latina? Me faltan aún algunos por conocer. Y en cuanto a público, educadores, animadores... lo mismo. He dado ya charlas en Chile, México y Colombia, y ahora escribo esto antes de acudir a la Feria de Bogotá a presentar mi primer libro en Norma. Posteriormente, quizás en el 2002 o a fines de este 2001, Norma quiere que haga una gira por México y Colombia. También me han llamado de Venezuela. Me siento muy feliz, es un público entregado, maravilloso, receptivo, muy descontaminado (al menos, en lo que yo he percibido y he visto), así que estoy listo para ser un autor aún más familiar ahí. Es la gran aventura y la mejor apuesta de mi futuro más inmediato. 

¿Qué sientes al ser uno de los escritores más populares y exitosos de España hoy por hoy?

Verás, cuando tenía 8 años, decidí ser escritor. Quería vivir como vivo, viajando, conociendo gentes, siendo dueño de mi destino, contando historias... Pero era de familia humilde, y muy tartamudo. Nadie creía en mí, nadie pensaba que lo lograría, todos decían que no sería escritor, y que si lo era, me moriría de hambre. Con el tiempo, superé la tartamudez y llegué a tener un programa en la radio y edité y... Lo fui consiguiendo. Y ahora soy ese autor “raro” que no para de escribir y lleva tantos libros y sigue y sigue y sigue... Tengo ideas para escribir cien años. Eso es lo único que me importa. Lo demás... ¿Qué es el éxito? Para mí no es vender esos 6 millones de libros, sino gustar a los que te leen. Para mí no es haber editado en países como Japón, Eslovaquia, Grecia o Bulgaria, además de Italia, Alemania, Francia que me son más próximos, sino saber que en esos países también has gustado. Y en cuanto a la popularidad... es curioso. Yo era popular en los años 70 o, incluso los 80, cuando tenía revistas de música, porque entonces la gente me reconocía por la calle, me pedían autógrafos en los grandes conciertos de rock, etc. ¡Aquello era popularidad! Pero ahora no. Voy muy tranquilo por la calle y ya está. Lo que sí tengo es el respeto de miles de maestros y educadores, de mis editores, y de esos 6 millones de lectores que he tenido hasta ahora. Así que lo que siento es mucho orgullo, como buen Leo que soy. El orgullo de haber cumplido mis sueños.