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  • Marisol Misenta (Isol).

Entrevista con Isol en "el sótano floreciente"

Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez

Si uno dice Marisol Misenta, probablemente (salvo sus familiares y algunos amigos cercanos) no sepan de quién estamos hablando. Pero si mencionamos a Isol, todo cambia. El nombre de esta autora e ilustradora argentina se ha vuelto muy conocido desde que, en 1997, diera a conocer su primer libro para niños: Vida de perros, publicado por Fondo de Cultura Económico. De entonces a la fecha, esta artista nacida en Buenos Aires, en 1972, ha acumulado una larga bibliografía, en la que figuran títulos como Cosas que pasan (1998), Un regalo sorpresa (1998), Intercambio cultural (2000), El globo (2002), Secreto de familia (2003), Piñatas (2004), Petit el Monstruo (2006), Tener un patito es útil (2007) y Nocturno. Recetario de sueños (2011)

Ha ilustrado, además, textos de otros creadores, como El cuento de Auggie Wren (2003), de Paul Auster, y Tic Tac (2002), Ser y parecer (2005), Numeralia (2006) y Pantuflas de perrito (2009), de Jorge Luján. También ha publicado diversos cómics. Cursó estudios en la Facultad de Artes de la Universidad de Buenos Aires,

En el año 2013 obtuvo en Suecia un importante reconocimiento internacional: el Astrid Lindgren Memorial Award.

El otro gran amor de Isol, mucho menos conocido, es la música. Fue cantante de la banda Entre Ríos (2000-2005) y, desde el 2002, forma parte de un conjunto de música de cámara barroca. En colaboración con su hermano Zypce editó el disco Sima, con composiciones propias. Algunas de ellas pueden escucharse Youtube.

Isol tuvo la gentileza de responder para los lectores de Cuatrogatos el siguiente cuestionario:

¿Cómo fue el mundo de tu infancia?

Mi infancia fue muy cariñosa y rodeada de juego y arte: un privilegio. Mis padres son melómanos y amantes de las artes plásticas y los libros, y de hecho mi madre canta música barroca y mi padre es escritor y pintor. Tengo un hermano que es músico, y con quien desde chica hice muchos proyectos (hoy tenemos un dúo musical llamado SIMA). De niña sentía que vivía en un mundo en el que era muy estimulada y valorada, pero cuando estaba en la escuela, no la pasaba tan bien, me sentía siempre un poco rara, y me hubiera gustado ser más como las demás nenas que iban al catecismo y tenían las zapatillas de moda. Mis padres, además, eran muy jóvenes, y eso era un poco raro también; era la época de la dictadura militar, había estado de sitio, y eso hizo que fuéramos una familia que estaba muy unida en la casa haciendo cosas juntos, no salíamos mucho. No teníamos televisión, lo que también era extraño, pero hacía que nos inventáramos otros juegos.

¿Qué libros te marcaron durante tu niñez?

¿Cuánto dura la niñez? Porque seguro tuve diferentes épocas. Yo leía cosas muy buenas, pero también cosas tontísimas. Creo que estuvo bueno tener al alcance una biblioteca variada. De niña, uno de mis primeros libros favoritos fue uno de un escritor-músico argentino llamado Pipo Pescador, que era muy absurdo y divertido, y a la vez muy poético. El libro estaba ilustrado por artistas plásticos de los 70, con una estética muy innovadora. Me acuerdo de las historias, detalles, colores, rimas. Luego leía muchos cómics, como Asterix, Mafalda, y los de aventuras, los de Disney, ¡todos! De allí viene mi pasión por este lenguaje y sus códigos.

También los libros de la colección Cuentos de Polidoro (siempre hablo de ellos), que contaban historias, leyendas y mitos de todo el mundo, con unos dibujos vanguardistas de gran variedad y nivel, les recomiendo buscar material sobre esta colección de fin de los 1960, publicada por el Centro Editor de América Latina. Siempre me gustaron los libros ilustrados. Y los libros de arte de mi papá, donde miraba las reproducciones de obras y les inventaba los títulos. De los libros que empecé a leer a partir de los 7 y hasta los 12 años, solo sé que fueron muchos, desde Poe a Los Caballeros de la Mesa Redonda, Historias de sufis, de África, de China, Dickens, Greene, desde Los hermanos Hardy a Bradbury… lo que caía en mis manos, lo leía con placer. Solo recuerdo que odié “Las zapatillas rojas”, de Andersen; me provocó un miedo atroz.

¿Qué Isol despuntó primero: la cantante, la dibujante, la escritora?

A ver… la verdad es que la dibujante y la cantante siempre tuvieron su lugar… y la escritora también. Desde la escuela primaria, tenía reconocimiento en esas áreas, más que en gimnasia, por ejemplo, que no se me daba para nada bien. Las artes siempre fueron mi lugar para expresarme y también para relacionarme con los demás, especialmente el canto, que es muy social. En la secundaria fui a Bellas Artes, y mientras estudiaba allí, cantaba en la clase con amigos todo el tiempo. Nunca pensé en hacerlo profesionalmente, yo me imaginaba haciendo cuadros, libros ilustrados, etc. Me gustaba escribir cuentos y poemas, y poner pequeños textos en mis dibujos.

En cuanto salí de la secundaria empecé a tomar clases de canto, sin saber muy bien para qué proyecto, las cosas se fueron armando, y de pronto estaba cantando en los proyectos de mi hermano, muy experimentales, y en un grupo de música antigua. Así fui desarrollando en paralelo mis pasiones plásticas y musicales: como ilustradora de prensa, haciendo cómics, con los libros, y luego mis diferentes proyectos como cantante. Mucho tiempo estuvo la ilustradora por delante de la cantante, tal vez porque es más fácil para mí, es un trabajo muy independiente que me encanta, y encontré quien me pague por mi trabajo, cosa que con la música que me gusta hacer es más difícil; el medio en sí es más complicado. Pero disfruto muchísimo los dos ámbitos; me completan: uno es más solitario e íntimo, el otro, más de hacer con otros y mostrarlo al público frente a frente. Ahora también escribo mis canciones, lo cual amplía el desafío.

¿Cómo se produce tu acercamiento profesional al mundo de los libros para niños?

Tenía ganas de hacer un libro ilustrado como los que publicaba FCE en México, donde había libros de Lane Smith y Ralph Steadman, dos de mis autores dibujantes favoritos. Mandé un proyecto al concurso que organiza la editorial cada año, y así me publicaron, con una mención honorífica. Fue entrar por la puerta grande. 

¿Cómo nació Vida de perros?

De una imagen recurrente que tenía de un nene y un perro muy sonrientes, muy contentos, y empezó la historia. El argumento lo comencé en mi primer viaje a Europa, donde tenía tiempo libre en trenes y lugares, y donde vi muchos libros que me dieron un panorama de lo mucho que se podía hacer en ese medio. Confirmé que no había que ser poco ambicioso o sacarse el cerebro para publicar un libro “infantil”.

Tu primer libro se publicó en México y en ese país ha aparecido una buena parte de tu producción, ¿a qué lo atribuyes? ¿Fue importante para ser reconocida en Argentina?

Creo que el momento en que entré a Fondo de Cultura Económica fue un tiempo especial, en el que el editor Daniel Goldin estaba armando su colección A la orilla del viento, con un criterio de gran nivel artístico. Fondo de Cultura Económica tiene el respaldo del gobierno mexicano, lo que le da libertad de acción al editar, y por lo tanto de arriesgarse con producciones originales e innovadoras. En esos años la editorial tenía las condiciones monetarias y la intención de hacer algo bueno, lo cual no se da en muchos casos conjuntamente. Tuve la suerte de dirigirme al lugar apropiado y encontrar recepción. Y lo bueno es que los libros se publican en México, pero llegan a toda Hispanoamérica. Entonces pude mostrar mi trabajo de la mejor manera: bien editado y en una colección de nivel. Claro que eso ayudó a que se me conociera y valorara aquí; simplemente porque se vio lo que yo podía hacer. Aquí no había tenido esa oportunidad, pero tampoco lo había intentado mucho. Trabajaba en prensa, pero no había propuesto un libro mío a ninguna editorial argentina, tal vez por no ver que ninguna hiciera algo de acuerdo a lo que yo quería hacer en este medio.

¿Cuál es el proceso de creación de tus libros? ¿Tienes algún método o cada caso es único?

En general surgen de una imagen visual que me interesa, una situación o personaje que me sugiere una historia, asociada con algún tema que me venga rondando por la cabeza en ese momento. Por ejemplo, sabía que quería hablar de una nena que se avergüenza de su familia, pero hasta que no apareció el dibujo de la señora con los pelos parados, no se me ocurrió la historia del puercoespín de Secreto de familia.

Cuando ilustro una historia que no es mía, sino un texto de otro autor, la leo muy bien y voy haciendo bocetos de las imágenes que me surgen, de las partes que me parecen más interesantes… tratando de encontrar una idea o estructura gráfica que diga algo propio más allá del texto, en un sentido gráfico; o sea, que tenga sentido que ese texto esté ilustrado, que enriquezca la obra lo que yo haga y que a mí me lleve a encontrar algo interesante y propio en relación a la propuesta de lo escrito. Busco la técnica que me ayude a encontrar ese diálogo.

Cuándo trabajas, ¿tienes un destinatario determinado en mente? 

Mmm, es difícil definirlo. Estoy primero yo como lectora (adoro los libros ilustrados) y pienso en un libro que a mí me tiene que gustar; luego pienso en lo que querría ver allí desde un lector adulto hasta un niño, pero como esto es imposible de saber, se lo muestro a algunas personas que respeto como “veedores”, en general, amigos, familia, colegas; hablo de los puntos que veo flojos, me fijo en cómo se lee el libro y qué reacciones causan, a ver si me aclara algo. Pienso en alguien parecido a mí ahora y a mí de niña, y también en mis autores preferidos para comparar con lo que me producen y lo que yo quiero producir con mis herramientas.

¿Qué le han aportado a tus libros para niños tus experiencias en el cómic de autor y la ilustración para la prensa?

El cómic maneja un lenguaje parecido al del libro ilustrado, ya que es una secuencia de cuadros donde el texto y el dibujo generan un sentido último en común. Creo que es una de las cosas que más me entusiasma de hacer libros-álbum: este diálogo para contar, usando la lectura del libro como ordenador narrativo y pudiendo generar juegos interesantes entre lo que dice el texto y lo que dicen las ilustraciones (por ejemplo, Tener un patito es útil, pero ya desde Vida de perros trabajo con estos discursos paralelos). El trabajo en periódicos y revistas también me sirvió para practicar la lectura de un texto y su síntesis en un dibujo, sabiendo que el lector del diario o la revista es un par; tengo que sacar una clave o una opinión del texto que sea interesante, por lo menos plásticamente. Y comunicar.

¿Qué artistas plásticos o ilustradores han sido importantes en tu trabajo creativo para niños, y por qué?

Creo que todo lo que una transita, lee y mira es importante de alguna forma y sale en lo que una hace, pero a trazo grueso puedo decir algunos autores: Quino, por su inteligencia, ironía y ternura expresada en personajes de niños; Lewis Carroll, por su Alicia cuestionadora y su sentido del absurdo crítico, onírico y musical; Wolf Erlbruch, Lane Smith, Ralph Steadman, Olivier Douzou, por ser autores-ilustradores que cuentan de una manera propia y poética, ampliando el horizonte del libro de imágenes para niños, y de quienes aprendí mucho como lectora; Alberto Breccia y otros grandes del cómic argentino, por su manera de narrar en viñetas, buscando siempre soluciones nuevas sin perder de vista el clima que quieren lograr y buscando historias con buenos guiones; Michael Ende, por su Historia interminable, que es mágica en cada detalle… y María Elena Walsh, por sus canciones llenas de imágenes visuales y desparpajo sensible en mi infancia.

¿Qué cualidades debe reunir un buen libro álbum para niños?

Las mismas que un buen libro álbum para adultos, si los hubiera, pero teniendo en cuenta que también habrá un niño leyéndolo. Debe tener interés, una buena historia, ilustraciones con buen nivel plástico… es obvio lo que digo, ¿no? No repetir algo que ya sabemos todos, sorprender de alguna forma nuestra sensibilidad, inspirarnos alguna emoción y divertirnos (aunque el libro sea triste, no debe ser aburrido nunca). No ser solemne ni moralista. En lo posible tener algo de humor, aunque sea en el tipo de línea. No cerrar en un significado único. Tener opinión.

 ¿Qué puede aportarle la ilustración al imaginario de un niño? ¿Y qué puede aportarle la literatura al imaginario de un niño?

La plástica, la literatura, la música y el teatro son lenguajes artísticos que transmiten ideas y percepciones de los artistas que las generan. Mientras más abiertos estemos a disfrutar lo que el mundo nos ofrece desde niños (ya sea una puesta de sol, el color de un gato, un libro o una canción), más placeres y maneras de conocer el mundo tendremos. No nos preguntamos qué le aporta la literatura a un niño, que ya desde los dos años se imagina todo sin saber leer, porque la educación ha puesto la cultura escrita como un medio de transmisión de percepciones e ideas del mundo que todos valoramos. La plástica y las imágenes contienen igual cantidad de información y profundidad, y es un lenguaje que se mantiene desde las cavernas hasta hoy, y que tiene sus leyes propias. No hay duda que descubrir esas leyes y poder “leer” una ilustración nos dará herramientas expresivas y de lectura que nos acompañarán en el mundo, como todo lo que aprendemos y nos enriquece.

Tenemos tantos grandes museos en el mundo, tantos grandes hombres se han dedicado a pintar, a esculpir, a expresarse y comunicar mediante el lenguaje de las imágenes. Creo que hay mucho por descubrir en el camino de la lectura visual, mucho por disfrutar en una sociedad que deja de mirar los dibujos cuando aprende a leer: ¡qué error! Después llegan al museo y se van corriendo a ver la Mona Lisa porque les dijeron que es "buena", no tienen criterio para disfrutar por su propia vista o temen “no entender nada de arte”. Sería bueno no perder el contacto con el lenguaje de las imágenes y tomar a los libros ilustrados como la primera pinacoteca de un niño, como dice la gran ilustradora checa Kveta Pacovská. También descubrir por qué se nos muestran las cosas con determinadas imágenes ayuda a tener independencia de criterio al leerlas, sabiendo cómo se construye ese discurso. Hoy sabemos que la comunicación a través de imágenes a veces tiene más poder que las palabras.

De los libros qué has publicado, ¿cuáles tienen una mayor significación para ti, y por qué?

La verdad es que cada uno ocupa un lugar importante, porque no hago más de dos libros por año, y busco involucrarme en cada proyecto… Vida de perros es muy importante por haberme abierto el camino como autora en el Fondo de Cultura Económica y ser mi primer cuento ilustrado. Luego Cosas que pasan es un libro que me gusta mucho, creo que la historia es muy graciosa y muchos nos sentimos identificados con la nena que desea todo. Los libros con niñas en general son de mis preferidos, como El globo y Secreto de familia, me gusta trabajar con ese humor y esos personajes. El libro Mi cuerpo y yo fue mi primer poema ilustrado, un texto de Jorge Luján que me desafió totalmente y me permitió pensar de otra forma la gráfica de un libro, siendo más plástica y poética.

Con el libro El cuento de Auggie Wren también me divertí muchísimo, y es el libro que se ha publicado en más países. En este momento, Tener un patito es útil es uno de mis preferidos, porque es muy potente, siento que no le sobra nada y que el concepto me identifica; también lo valoro porque tardó más de seis años en ser publicado, por problemas de presupuesto y diseño del Fondo de Cultura Económica. Se hizo esperar. Ahora estoy esperando ver cómo quedó el último libro que hice con poemas de Jorge, Pantuflas de perrito, un proyecto que disfruté muchísimo. Pero cada uno de los libros que hice tiene algo importante para mí, es parte de mi camino.

¿Isol la cantante influye de alguna manera en el quehacer de Isol la ilustradora?

Bueno, tal vez en quitarle un poco de tiempo al dibujo…, pero el tener dos pasiones a veces ayuda a no estancarse en ninguna, al tener menos presión. Creo que hay coincidencias conceptuales entre lo que dibujo y canto, especialmente en la composición de canciones. Hay gente que me lo ha dicho.

¿Trabajas escuchando música? ¿De qué tipo? ¿Varía según el libro?

Sí, me ayuda a ponerme a trabajar. Si tengo que pensar en una historia, en palabras, busco una música tranquila, sin voces que hablen, tal vez obras de piano de Gurdieff, que son muy mántricas, o de Satie. Si ya estoy metiendo color o jugando con elementos plásticos sobre una idea, escucho rock, indie pop, música barroca, música industrial, depende del clima que quiera. A veces antes de empezar a trabajar o después de algunas horas es lindo poner alguna música que me guste bailar, me libera de tensiones y me inspira. También escucho música para bocetar, tirar líneas y ver qué sale, dejando la mente vagar. Generalmente la música que uno elige habla del momento mental de uno, entonces ayuda a conectarse con uno mismo, a bajar al “sótano”, un sótano floreciente.

¿Cómo fue la experiencia de partir del texto del tango El bazar de los juguetes, de Reinaldo Yiso, para recrearlo literaria y plásticamente en un libro?

Bueno, la propuesta editorial era que tomáramos el tango y lo hiciéramos de alguna manera nuestro, generando un discurso a partir de él, no ilustrándolo literalmente. En mi caso, tomé lo que me apelaba del texto, pero lo reformulé hacia algo que me pareció más interesante o más parecido a lo que yo quería contar. De un hombre que quería hacer caridad comprando juguetes para los niños pobres, para “sanar” una situación de su propia infancia, pasé a hablar de lo que debemos cuidar para los niños de las próximas generaciones; hablamos de valorar el mundo que compartimos y sus riquezas. En un lugar es un concepto parecido, pero configurado hacia otra dirección, más amplia, y a mi juicio, más actual y profunda.

¿Cómo ves el panorama actual del libro-álbum en América Latina?

Creo que es un buen momento, donde el libro ilustrado está en un lugar de movimiento y búsqueda, con autores-ilustradores que ofrecen diferentes miradas y conceptos, y se animan a decir algo personal. Lo que a veces falta es presupuesto para sacar los libros con buena calidad, para pagar bien el trabajo y para lograr que se conozcan más allá de las fronteras. Pero también han surgido nuevas editoriales independientes en estos últimos años que están tratando de hacer cosas originales, y se arriesgan a apostar más. Hay todavía problemas en algunos países para conseguir que el ilustrador sea considerado como un autor, con derechos. Creo que hay mucho entusiasmo, eso es muy valioso, y hará que todos aprendamos mucho y mejore el nivel. 

Después de muchos años publicando para niños, ¿qué has aprendido y qué quisieras lograr?

Aprender… mil cosas; hacer libros me ha ayudado a entender mejor quién soy y cómo es el mundo, cómo me conecto con él; me hace darme cuenta de todo lo que aún deseo hacer y aún no sé cómo… Pero no se hace más fácil, siempre el principio de un libro es un lío de idas y vueltas... pero aprendí a no desesperarme por eso: al final sale algo de todo ese barullo. Me gustaría seguir despierta, en el sentido de seguir encontrando nuevas ideas gráficas y literarias, conceptuales. Me gustaría poder organizarme mejor y cada vez ser más libre; ¡pero eso es muy difícil a veces!

Hacer libros me ha dado mucho cariño y encuentros con personas increíbles, y la alegría de saber que no somos tan distintos, que somos humanos en las pequeñas cosas y en las más graves, aunque a veces parezcamos ser tan diferentes. Tampoco los niños y los adultos son tan diferentes; simplemente aprendemos a resolver nuestras angustias y deseos de otra forma.

¿Quién es Isol?

Cualquier definición acorta mucho a lo que está vivo.