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Ruth Rocha: "Yo no escogí la literatura infantil; ella me escogió a mí"

Sergio Andricaín

Son pocos, en el mundo, los autores de libros infantiles que pueden decir, con orgullo, que han vendido millones de ejemplares de sus obras. En América Latina, esa proeza es más difícil aún. Una de las pocas figuras que lo ha logrado es Ruth Rocha, una de las más populares escritoras de Brasil, traducida a numerosas lenguas. 

Nacida en São Paulo, en 1931, Ruth Rocha estudió Sociología y Pedagogía. Dio sus primeros pasos en la literatura infantil cuando se vinculó, a fines del decenio del 60, a la revista para niños Recreio. Ganadora de importantes premios otorgados por la Fundación Nacional del Libro Infantil y Juvenil, la Cámara Brasileña del Libro y la Asociación Paulista de Críticos de Arte, Ruth es dueña de un estilo que se distingue por su musicalidad y por el empleo de la ironía y la sátira para cuestionar problemas sociales álgidos de la sociedad contemporánea.

Su amplia bibliografía incluye títulos como Marcelo, Marmelo, Martelo (1976); Palavras, muitas palavras (1976); O reizinho mandao (1980); O rei que nao sabia de nada (1980); O que os olhos nao veem (1981); Quando eu comencei a crescer (1983); Procurando firme (1984); A menina que apredeu a voar (1984); Este admirável mundo louco (1986); De repente da certo (1986); Boi, boiada, boiadero (1987) y Uma historia de rabos presos (1989).

¿Por qué escogió la literatura infantil como forma de expresión literaria?

Yo no escogí la literatura infantil; fue ella quien me escogió a mí. Se adueñó de mí y se impuso sobre el resto de mis actividades: sociología, orientación educativa, editora.

¿Cuál fue su primer libro para niños?
Mi primera historia para niños fue Romeo y Julieta. En ella respondía a una pregunta de mi hija Mariana, que quería saber por qué los negros son pobres. Esta historia fue el primer pago que hice de una deuda que yo creo que todos nosotros, americanos, tenemos con los negros. Espero, algún día, escribir un libro que constituya una parcela más de ese pago. 

Entre las numerosas obras que ha dedicado a los niños, ¿cuál tiene para usted una significación especial y por qué?

A menina que aprendeu a voar tiene un significado muy especial para mí. Cuando escribí ese libro, decidí definitivamente dejar el empleo de directora de una gran editorial y dedicarme enteramente a la literatura.

Los ejemplares de sus libros se venden por cientos de miles, no sólo en Brasil, sino en diversas latitudes. ¿Cuál es el "secreto" de su éxito?

No existe secreto. Cada uno hace aquello que sabe, cada uno dice aquello en lo que cree. Es el público quien selecciona y escoge.

¿Qué papel desempeña el humor en la literatura para niños?

Creo que la literatura infantil se asienta sobre la emoción. Ella puede hacer llorar o reír, causar miedo o provocar otras emociones. Pero no puede ser neutra. Apelo mucho a la risa porque es así como soy yo: divertida y optimista.

En sus cuentos se usa con frecuencia la rima y la musicalidad, ¿a qué se debe esta característica?

La rima y el ritmo son naturales para mí. Soy una persona muy musical. Tal vez la causa de esto sean las lecturas que hice durante toda mi infancia de colecciones de versos de cantantes populares. 

Su formación profesional como socióloga, ¿se manifiesta en su trabajo para los niños?

Creo que mis intereses políticos y sociales fueron fortalecidos por mi profesión. Pero también creo que estos intereses son inherentes a mi personalidad.

¿Cuál es su valoración del niño como lector en el Brasil de hoy?
El niño que asiste hoy a la escuela lee cada vez más en Brasil. Por otro lado, tenemos una población considerable de jóvenes en edad escolar que está fuera de la escuela. Y tenemos aún un enorme número de familias que no tienen condiciones económicas y culturales para dar a sus hijos acceso al libro. Esa es una de nuestras más preocupantes contradicciones.

El tema del poder se reitera en su producción literaria: el uso y abuso del poder en diversas circunstancias y situaciones. ¿Por qué su insistencia en tratar ese tema para los lectores infantiles?

El escritor no se preocupa mucho por el receptor mientras escribe. Él trabaja sobre aquello que le preocupa literariamente. Por otro lado, no veo cómo no hablar a los niños sobre el poder, precisamente cuando son los niños el objetivo preferido del poder. Todos mandan en los niños: padres y profesores, hermanos y parientes más viejos, médicos, porteros, inspectores de escuela; sin hablar de los que mandan en nosotros, los adultos, y que, por tanto, mandan indirectamente en los niños.

¿Qué le pide usted a un cuento infantil para considerarlo óptimo?

San Agustín decía: "Si no me preguntan qué es el tiempo, yo lo sé; pero si me preguntan, lo ignoro". Ocurre así con el buen texto literario para niños. Sabemos cuando es bueno, pero resulta difícil definirlo de antemano, todavía más cuando el buen texto siempre nos sorprende. Los textos para adultos son diferentes en la medida en que muchos de ellos –no todos– se apoyan más en la emoción.

¿Cómo nace un cuento infantil de Ruth Rocha?

Cada cuento nace de una manera diferente. Pero todos tienen que apoyarse en una buena historia. La historia es parte inspiración, parte construcción. Pero sin inspiración no hay cómo escribir. 

¿En qué medida está presente la realidad de Brasil, su acontecer histórico más reciente, en sus relatos?

Estoy sumergida en la realidad brasileña, que es mi realidad. Aunque yo creo que los mejores temas de la literatura son universales, también pienso que los escritores parten de sus realidades. Por lo menos, todos los buenos escritores.

Se afirma que la férrea censura de la dictadura militar que padeció Brasil durante tantos años influyó en el auge de la literatura infantil. ¿Que hay de cierto en esto?

Algunos críticos han llamado la atención sobre el hecho de que durante la dictadura las manifestaciones artísticas que presentaron mayor crecimiento fueron la literatura infantil y la música popular. De hecho, la literatura infantil se construye a partir de la metáfora, instrumento muy apropiado para expresarse en tiempos de censura violenta.

De sus colegas brasileños del mundo de la literatura infantil, ¿a quiénes admira y por qué?

Ana María Machado y Joao Carlos Marinho Silva. Tengo gran afinidad con Ana María Machado en lo que se refiere a intereses y preocupaciones sociales y políticas. Además de eso, encuentro su estilo inigualable: elegante, inteligente, literario. La estructura de sus historias me parece muy bien hecha: no se notan andamios en sus construcciones. En cuanto a Joao Carlos Marinho, es un maestro de la irreverencia, del humor, de la crítica. Sus historias, todas de aventuras, están cuidadas hasta en los menores detalles, tienen salidas perfectas para las situaciones complicadas; su crítica social es implacable. Estos dos autores consideran el libro para jóvenes como literatura. No hacen concesiones a la edad del lector, a su inmadurez o a su ignorancia. Sin embargo, se comunican con los jóvenes y tienen millones de lectores.