• Un puente hacia Terabithia

    Katherine Paterson
    Traducción: Barbara McShane y Javier Alfaya. Barcelona: Destino, 2007.

Volver a Terabithia

Iliana Prieto

Terabithia podría llegar a ser el nombre que defina ese lugar mágico, secreto y privado que los niños construyen en algún sitio. 

A veces, es un espacio sin dimensiones físicas, y está ubicado en la imaginación. Pero completamente imaginario o con ciertos aspectos de realidad, sólo se comparte con el mejor o los mejores amigos y, entre todos, se enriquece… Después, cuando se va creciendo, Terabithia y las aventuras que se viven en sus predios, permanecen en el recuerdo como un tiempo vivido, insustituible y único.

El libro de Katherine Paterson Un puente hacia Terabithia es en sí mismo un puente, que la autora proporciona al lector que ya no es niño, para transitar desde su realidad hasta esa realidad-otra que se compone de sueños, fantasía y emociones y que ha estado guardada en algún rincón, presta a saltar con todo su esplendor, si nos atrevemos a volver. 

Para los lectores niños, Un puente hacia Terabithia es la penetración en su mundo psicológico: sus aspiraciones competitivas, su miedo a no ser aceptado entre sus compañeros de clase, la comunicación con sus maestros, padres, y hermanos, el encuentro de la amistad verdadera, su enfrentamiento a la muerte.

Y al abordar ese universo, Katherine Paterson demuestra que está muy cerca de los niños, que no se ha olvidado de su Terabithia y que es una observadora minuciosa del alma infantil, la cual aparece tal como es, sin adornos, ni idealizaciones, con sus componentes de egoísmo, de ingenuidad, de celos, con su porción de intolerancia hacia los adultos y también con su peculiar manera de aceptar la realidad que viven.

Jess se nos presenta muy rápidamente como un niño real, un maravilloso muchacho de diez años, que tiene miedos inconfesables, que aspira a pintar lo que le rodea, reflejando la esencia de las cosas, que tiene hermanitas que molestan pero que, de todos modos y muy a su pesar, él quiere, que se muere por una demostración de cariño de su padre, que asume su obligación cotidiana, con sentido de responsabilidad, que conversa con la vaca y la hace cómplice de lo que está sintiendo en el momento que le extrae la leche para llevarla a casa.

Leslie llega después. Es la niña que se convierte en su otra mitad, en la parte perfecta de Jess. Leslie tiene todas las cualidades que Jess admira. Es casi un símbolo de todo lo especial que se puede ser, aunque se corra el riesgo de la intolerancia de los otros. Leslie llega a la vida de Jess para llenar su vacío de amigos, y de ese tiempo que se pierde en una realidad que no hace crecer el espíritu. Llega sin miedos, con su inteligencia y amplios horizontes para enseñarle a Jess que Terabithia existe, que está en la cabeza de él y de los que son como él, que es un lugar para vencer los miedos, porque en Terabithia se puede ser rey, caballero, sabio, mago, justiciero y, siendo cada uno de ellos, se entienden cosas como la justicia, el honor, la verdad, el amor, la solidaridad, el respeto, la tolerancia, la amistad…

Jess tenía que conocer ese lugar para aprender sobre el mundo que es inmenso, hermoso, a veces terrible, pero que también es la gran casa de la naturaleza, donde habitamos todos y por esa razón, todos, hasta las aves de rapiña, merecemos un lugar en esa casa que hay que conocer a fondo y cuidarla bien.

Cuando la muerte llega a Terabithia, es cruel… ¿Por qué?, me pregunté mientras leía. ¿Por qué Katherine Paterson ha hecho algo así? Es tan doloroso para el lector como para Jess. Y luego de pensar mucho, encontré que, a pesar de la inmensa tristeza que nos deja, no podía ser de otra forma, porque Terabithia está situada en este mundo, donde hay muerte y dolor, porque esa muerte enseña a Jess a comprender que tendrá que enfrentar sus miedos, que la amistad verdadera existe y no se olvida nunca, a sentir vergüenza de su vanidad, a mirar a los adultos de otra manera, a comprender que la señorita Myers, la maestra gorda y gritona, es un ser humano sensible que ama y llora como él, que su padre lo quiere aunque le cueste expresarlo, que tendrá que conquistar el mundo haciendo un puente hasta

Terabithia, un puente indestructible y fuerte para el futuro.

Junto con Jess aprendemos también nosotros, los afortunados lectores.