• El viento en los sauces

    Kenneth Grahame
    Traducción de María Manent. Ilustraciones de Ernest H. Shepard. Barcelona: Juventud.

Una novela entrañable

Sergio Andricaín

Hay libros que llegan a nuestra vida en el momento preciso; con otros no sucede igual. El viento en los sauces (1908) no cayó en mis manos cuando era niño; el encuentro aconteció siendo ya un adulto, pero en esa primera ocasión no hubo empatía entre su historia y yo, y abandoné la lectura rápidamente. Pasaron unos años, de nuevo tomé en mis manos una edición de esta obra y, de inmediato, se dio el encantamiento. Quedé prendado de esta comunidad masculina en la que la solidaridad constituye un valor esencial. El Topo, el Ratón, el Sapo y el Tejón conforman un grupo de amigos para quienes cualquier sacrificio por un compañero siempre será pequeño. Y la base de esta fraternidad radica en el respeto a la diferencia, en la tolerancia; solo si existe la posibilidad de un peligro, los amigos intervendrán, como hacen con el Sapo cuando este se lanza en sus alocadas aventuras.

La naturaleza es descrita por el británico Kenneth Grahame como nuestra gran casa, en un tono sencillo y alejado de cualquier glorificación romántica. No importa el frío que traiga el invierno ni que el río al crecer todos los años inunde la casa del Ratón, esos incidentes forman parte de la vida; luego vendrá la calidez del verano y el río brindará la posibilidad de pasear por él en bote, junto a los amigos.

Otro aspecto entrañable del libro es la exaltación que hace en sus páginas del hogar, de ese pedacito del mundo que se doméstica y se hace entrañable y único. Sí, el mundo es ancho, nos dice Kenneth Grahame a través del recurso literario de la fábula, y allí nos esperan las innumerables aventuras que, al involucrarnos en ellas, van formando nuestras historias personales de vida. Pero todo eso tiene sentido si al final nos esperan un techo y cuatro paredes donde podamos refugiarnos para descansar, soñar y recordar precisamente todo lo que allá afuera sigue palpitando y haciéndonos guiños tentadores.