Un tímido reflejo: los jóvenes en las novelas “juveniles” mexicanas

Luis Téllez-Tejeda

Algunos aspectos sobre juventud, literatura y literatura juvenil

Es difícil definir qué se entiende por “joven” en el contexto histórico y social del que formamos parte. Los conceptos varían según las sociedades y, justamente, las ideas que giran en torno a lo juvenil son difusas y cambiantes. El factor de la edad, que sin duda es primordial en la delimitación de un grupo poblacional a partir de la etapa de la vida en la que se encuentran, no es la única variable a considerarse en este concepto, puesto que puede ser de las pocas características que compartan entre sí varios individuos y, por lo tanto, no alcanza para una la determinación necesaria para trabajos como el presente.

Según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2010, en México habitan 36.2 millones de personas de entre 12 y 29 años (1), de suyo, la cifra es engañosa, puesto que los cambios que ocurren entre las edades en que se define a los jóvenes para los fines de dicho instrumento demográfico son tan rotundos que difícilmente se identifica como igual alguien de 29 años con alguien de 12.

El origen étnico, la clase social, el grado de estudios, la inserción en el mercado laboral, la orientación sexual y el lugar de residencia son algunos de los factores que pueden ayudar a definir de mejor manera el concepto eje de este artículo. Quizá en ningún otro momento de la historia habían existido tantas formas de ser joven en México:

Estamos ante una realidad que no deja de mutar y ante actores juveniles mutantes con habilidades y recursos diferenciados y desiguales cuyas prácticas, representaciones e imaginarios, exigen la construcción de epistemologías de frontera que den cuenta de su agenciamiento y del papel central que ocupan en la construcción de mundos contemporáneos. (2).

Un concepto cambiante, que varia no solo con el tiempo sino en relación con la realidad social que cada grupo vive, se encuentra con otro concepto igualmente problemático: la literatura, ¿qué es la literatura juvenil? Nada en una obra literaria, desde el punto de vista estético, la hace “juvenil”, el planteamiento de la literatura para un destinatario específico corresponde más a propuestas desde el punto de vista editorial o de mercado que a lo que el arte mismo propone. Lo explica de la siguiente forma María Teresa Andruetto en su ya clásico artículo “Hacia una literatura sin adjetivos”:

El gran peligro que acecha a la literatura infantil y a la juvenil en lo que respecta a su categorización como literatura, es justamente el de presentarse a priori como infantil o como juvenil. Lo que puede haber de “para niños” o “para jóvenes” en una obra debe ser secundario y venir por añadidura, porque el hueso de un texto capaz de gustar a lectores niños o jóvenes no proviene tanto de su adaptabilidad a un destinatario sino sobre todo de su calidad, y porque cuando hablamos de escritura de cualquier tema o género, el sustantivo es siempre más importante que el adjetivo. De todo lo que tiene que ver con la escritura, la especificidad de destinatario es lo primero que exige una mirada alerta, porque es justamente allí donde más fácilmente anidan razones morales, políticas y de mercado. (3)

Y sin embargo, no podemos negar la existencia de colecciones editoriales dirigidas a un público específico, que comparte más características que la sola edad: la escolaridad, el medio social en el que se desenvuelven, los consumos culturales que realizan, cierta ideología y, quizá, ciertas aspiraciones.

Las colecciones de literatura juvenil, específicamente las de narrativa, se dirigen a adolescentes escolarizados y que tienen por hábito la lectura. El género mayoritario de obras publicadas para este sector es la novela y, aunque predomina la estructura clásica de progresión lineal de los acontecimientos, aparecen también distintas formas de tramas.

Y si el receptor no es necesariamente un elemento para definir un género literario, tampoco lo son los temas de los que trata la obra:

…así como podríamos decir que un objeto es arte desde el momento en que se exhibe como tal en un museo, o en una galería, prácticamente cualquier obra que se edite en una colección de Literatura Juvenil es Literatura Juvenil. Sin embargo, quiero destacar un rasgo obvio y a la vez engañoso de este género: la temática juvenil. No toda obra que verse sobre dicha temática es Literatura Juvenil. Tampoco toda Literatura Juvenil tiene por tema la juventud, pero es uno de los posibles puntos de partida, especialmente los llamados ritos de iniciación modernos. (4)

Algunas novelas mexicanas protagonizadas por jóvenes mexicanos

Un punto de partida para revisar algunas de las novelas que se han publicado colecciones dirigidas a jóvenes, puede ser, precisamente, la juventud, ¿cómo aparecen los jóvenes mexicanos en las novelas que, editorialmente, los tienen como objetivo?

En primer lugar, cabe destacar que en los últimos tres lustros no son muchos los títulos de autores mexicanos publicados en dichas colecciones, aunque cada vez aparecen más, sigue siendo la compra de derechos y la traducción el grueso de los catálogos de estas colecciones. Aunado a ello, pocos son los protagonistas que cumplirían alguno de los supuestos de juventud de los que se ha hablado al inicio.

Metro pop

En 1997 Fran Ilich publicó Metro pop en la colección Gran Angular de Ediciones SM, inaugurando un pausado desfile de personajes juveniles en las colecciones dirigidas a un público que comenzaba a hacerse presente, que ya no leía los libros “infantiles”, pero que tampoco se aventuraba a tomar las obras canónicas para adentrarse a la literatura, un público que buscaba encontrar algún reflejo de sus ideas y de su momento en los libros que consumían.

Metro pop es la historia de Daniel, al igual que la mayoría de las novelas juveniles está narrada en primera persona, y, a manera de diario, ofrece no sólo una relación de hechos, sino todo un viaje al mundo interior de un adolescente que encuentra totalmente absurdo y contradictorio el mundo de los adultos. Situada en Tijuana a mediados de la década del noventa, la anécdota gira alrededor de la vida escolar, las formas de divertirse y los pensamientos que, sobre el futuro, tiene Daniel, quien muere después de transcurrida la novela, de lo cual se entera el lector en una especie de epílogo.

La novela, pese a las arbitrariedades que los adultos cometen con Daniel y sus amigos, un grupo de chicos inadaptados hijos de madres divorciadas, cultos, con intereses en el cine, el arte y, sobre todo, la música, es una especie de canto por la vitalidad y la inteligencia. Daniel no quiere convertirse en todo lo que odia de los adultos, y al final lo logra.

En Metro pop por primera vez se hablaba el lenguaje de los jóvenes finiseculares, aparecían los referentes de sus consumos culturales y se evidenciaba la brecha generacional entre quienes crecieron en un mundo sin videojuegos y computadoras y quienes utilizaron estos medios desde la infancia.

El resto de los libros a los que me refiero fueron publicados durante el último lustro, y evidencian la multiplicidad de juventudes que conviven en México, encuentran sí una línea clara con Metro pop en el afán por reflejar el mundo interno de los personajes, y diferenciar claramente su imaginario del de los adultos.

Olfato

Publicado en 2009, ganador del premio Gran Angular de Ediciones SM, Olfato, de Andrés Acosta, cuenta la historia de Fulvio, un joven económicamente solvente, hijo de un diplomático y amante de la música que en su afán por la aventura emprende un viaje a Europa. El itinerario que Fulvio recorrería y los pormenores se encontraban bajo el total control de la asistente de su padre, nadie contaba con que el joven buscaría la aventura en pos de una de sus bandas favoritas de metal.

La novela de Acosta torna a su personaje en vampiro, el mismo que cuenta los pormenores de lo que termina por ser un viaje iniciático. La transformación que experimenta Fulvio no es sino una metáfora de la adolescencia, del rompimiento con los valores y la forma de ver la vida que hasta ese momento tenía.

Lo que parece ser una sencilla anécdota sobre un joven que viaja a Europa a un par de conciertos, toma dimensión en relación con el lector, un lector que si bien no se está volviendo vampiro, sí se encuentra en un momento de tomar decisiones, contradecir al mundo adulto y advertir los cambios que su definirán su futuro.

Operativo Nini

Según diversos estudios 7.1 millones de jóvenes en México no estudia ni trabaja (5), la total desocupación en la que viven dichos jóvenes responde a múltiples razones y afecta en distintas formas sus entornos familiares y comunitarios. En 2011 Jaime Alfonso Sandoval ganó el Premio Norma-Fenal de novela juvenil con Operativo Nini, obra que fue publicada el mismo año por Editorial Norma en su colección Zona Abierta.

Narrada en primera persona, la trama dilucida la forma en que Paulo Simancas logra vivir en casa de su madre y mantenerse sin un empleo formal a sus casi treinta años. Simancas vive en la absoluta comodidad del pequeño cuarto donde habita en una casa de interés social, viendo las películas de Chuck Norris, inventando negocios por internet y frecuentando a un par de amigos. Una reunión de exalumnos de su secundaria hace que Paulo dimensione lo que ha hecho de su vida e intente buscar un empleo para parecer triunfador ante los ojos de sus excompañeros.

El humor y lo absurdo de las situaciones que el autor presenta permiten profundizar en la sicología de los personajes y comprender las complejas frustraciones que las expectativas de la vida contemporánea crean en las personas. Operativo Nini retrata desde la ironía a una generación de hijos de la clase trabajadora, que pese a algunos logros materiales (casa propia, empleo estable, educación a los hijos) no logra obtener la felicidad en un mundo en donde nunca es suficiente lo que se tiene

Ojos llenos de sombra

Publicada en 2012, tras haber obtenido el premio Gran Angular, la ópera prima de Raquel Castro cuenta algunos días en la vida de Atari a partir de que una noticia le obliga a tomar una decisión. Un fluir de la consciencia de la protagonista se vierte en las páginas del libro, para repasar, en primera persona los momentos y personas que han hecho de Atari lo que es y poco a poco se va delineando y justificando la decisión que tomará.

La anécdota, que en sí es interesante, pero cuyo desenlace se prevé desde el inicio, pasa a un segundo plano ante los perfiles de los personajes que se dibujan con nitidez en la novela. Jóvenes de muy distintas características y orígenes, que comparten entre ellos la soledad en la que crecen pues sus padres trabajan para sacarlos adelante, conviven, se enamoran, se pelean, se reconcilian, despiertan a la sexualidad, prueban drogas y se enfrentan a los problemas que la vida les exponiendo.

Ojos llenos de sombra no es un catálogo de tipos juveniles. Además de mostrar a distintos personajes en su contexto y perfilar sus modos de vida a través de su habla y la música que escuchan, muestra a los jóvenes conviviendo y compartiendo los espacios que les son suyos y construyendo el espacio en el que vivirán.

Un gato vago y sin nombre

Aparecido como parte de la colección Zona Libre de Norma, Un gato vago y sin nombre, de Ana Romero explota las fantasías que se crea el protagonista para sobrellevar su vida, aparentemente aburrida y sin sentido.

Envuelto en un enredo policíaco, el protagonista de la novela conoce la vida nocturna de la ciudad, su huída de la policía se vuelve un viaje iniciático. Acompañado por su pasión por el cine y una serie de escenas y diálogos que sabe de memoria, compara sus peripecias con las de los galanes de Hollywood sin advertir que él mismo está protagonizando una historia sumamente importante: la suya.

Un gato vago y sin nombre repasa también la vida de un joven cuya madre se ha esforzado por sacarlo adelante, cuyas referencias creadas por el cine y los libros que ha leído enriquecen su vida, pero también le han llenado de expectativas que no se alcanzan a cumplir.

Una breve conclusión

Las novelas analizadas muestran sólo algunas de las formas de ser joven en México: jóvenes urbanos, escolarizados, cuyos padres trabajan. Es de notar que los consumos culturales y otras marcas de identidad son constantes, la presencia de forma importante de la música y el cine no sólo como intereses de los protagonistas sino como móviles de sus vidas ponen de manifiesto la importancia que dichos factores tienen en los jóvenes de cualquier origen.

Por otro lado la toma de consciencia sobre la vida y la toma de decisiones en momentos cruciales también aparecen en todas estas obras, proponiéndole al lector objetivo un espacio en donde pueda generar empatía a través de las metáforas que los autores crean respecto a la vida.

Los títulos analizados son una pequeña muestra de cómo desde la fantasía, la ironía y el franco realismo pueden abordarse y reflejarse los contextos en los que los jóvenes mexicanos de cierto sector viven, sin embargo, aún es incipiente esta aparición y búsqueda, las colecciones de literatura juvenil aún no le hablan a todas las juventudes que conviven en este momento en México.

 

Notas:

1. Instituto Nacional de la Juventud, Encuesta Nacional de la Juventud 2010. Resultados Generales, México, 2011.

2. Urteaga Castro-Pozo, Maritza, “Género, clase y etnia” en Reguillo, Rossana (coordinadora), Los jóvenes en México, México, Fondo de Cultura Económica; Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010 (Biblioteca Mexicana), pp- 15-56.

3. Andruetto, María Teresa, “Hacia una literatura sin adjetivos”, en Imaginaria, No. 242, 11 de septiembre de 2008. http://www.imaginaria.com.ar/2008/11/hacia-una-literatura-sin-adjetivos/. Recuperado el 13 de agosto de 2014.

4. Acosta, Andrés: “Hacia una feliz distopía” en Tierra adentro, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, No. 166, Octubre-Noviembre, 2010, México, pp. 14-19.

5. Negrete Prieto, Rodrigo y Leyva Parra, Gerardo, “Los Ninis en México: una aproximación crítica a su medición” en Revista internacional de estadística y geografía, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática¸  Vol. 4, No. 1, Enero-Abril, 2013, pp. 90-121.