Portada del libro
  • Portada del libro "De raíces y sueños. 50 libros para niños y jóvenes de autores latinos de Estados Unidos". Coordinadores: Sergio Andricaín, Pedro C. Cerrillo y Antonio Orlando Rodríguez. CEPLI, Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil, Universidad Castilla-La Mancha; Fundación Cuatrogatos. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, España, 2013.

De raíces y sueños: acercamiento a los autores latinos de LIJ de Estados Unidos

Sergio Andricaín

La presente ponencia parte de un trabajo de investigación que la Fundación Cuatrogatos, con sede en Miami, inició en 2013, con el propósito de iniciar el estudio de la literatura infantil y juvenil que se viene creando desde hace muchos años en Estados Unidos por autores cuyas historias personales se originan en ese amplio y variado mosaico cultural que conforman las naciones iberoamericanas.

Este estudio culminó en la publicación de una obra que lleva un título muy parecido al de esta ponencia: De raíces y sueños. 50 libros para niños y jóvenes de autores latinos de Estados Unidos. Se trata de una guía que, como su nombre indica, contiene cincuenta reseñas de libros, destinados a la infancia y la juventud, que fueron escritos por autores que han nacido o viven en tierras estadounidenses y que tienen en común que las raíces de sus padres o de ellos mismos se remontan a tierras latinoamericanas o de España. El libro, coordinado por Antonio Orlando Rodríguez, Pedro Cerrillo y el autor de este texto, fue publicado en colaboración con el Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (CEPLI) de la Universidad Castilla-La Mancha, en España. Es necesario destacar el respaldo que recibió este proyecto desde su inicio por el director del CEPLI, el doctor Pedro Cerrillo.

Algunos se preguntarán por qué un estudio y un libro dedicados a los autores latinos que viven en Estados Unidos y que, desde allí, escriben obras literarias para los lectores infantiles y juveniles hispanohablantes. Una buena respuesta podría ser esta: porque se trata de una producción rica y compleja, aunque escasamente conocida y estudiada, que merece ser tomada en cuenta en el contexto donde se produce y fuera de este. Además, obviamente ese cuerpo literario tiene su sustrato en la lengua española y en la cultura hispanoamericana, y contribuye a mantener vivas esas raíces en los latinoamericanos y españoles radicados en Estados Unidos, así como en sus descendientes. 

Según datos del Censo Nacional de Estados Unidos divulgados en 2011, más de 50,5 millones de personas (el 16 por ciento de la población del país) es de origen hispanoamericano. De ella, 37 millones utilizan el español como la primera lengua en sus hogares. A estas estadísticas habría que añadir los cerca de 11 millones de hispanoamericanos indocumentados que no reflejó el mencionado empadronamiento. Por ello es importante que, al hablar de creadores y receptores de libros para niños en español, este espacio geográfico y cultural ocupe el lugar que se merece. Un espacio llamado a crecer en importancia, a juzgar por la predicción de Humberto López, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, quien afirmó que, de acuerdo con las proyecciones para el 2050, Estados Unidos será el primer país hispanohablante del mundo, ya que sobrepasará con creces los 110 millones de habitantes que hablan español, superando a México y a España. De acuerdo con este prestigioso académico, “seguramente el español terminará siendo lengua cooficial guste o no guste, ya que cerca de la mitad de Estados Unidos manejará esta lengua, aunque también use el inglés”. Es decir, que junto al idioma de Shakespeare, en este país se escuchará hablar cada vez más la lengua de Cervantes.

Si a lo anterior sumamos que, según el estudio titulado “La edición en español en Estados Unidos: estado actual, retos y dificultades” ya en el 2000 el 10% de la producción editorial estadounidense era en español, resulta muy conveniente que tanto los padres, educadores y bibliotecarios como los editores, críticos e investigadores de los libros en español para niños y jóvenes conozcan mejor la producción de los autores latinos de Estados Unidos.

Ahora bien, la etiqueta de “escritores latinos” engloba en Estados Unidos a un amplio grupo de creadores que, unidos por raíces étnicas y culturales comunes, tienen características diferentes. Para empezar, el idioma en el que escriben sus obras. Una parte de ellos utiliza el inglés como lengua literaria y sus obras son volcadas al español por traductores hispanos. Otros autores escriben directamente en español. En ambos casos, sus libros tienen fuertes nexos con la cultura y la idiosincrasia hispanoamericanas.

Varios de esos escritores nacieron en Estados Unidos, en el seno de familias de inmigrantes –principalmente mexicanos radicados en el estado de California. Otros nacieron en México, Cuba, España, El Salvador, Puerto Rico y otros países, y se radicaron en Estados Unidos, en algunos casos, cuando eran niños o adolescentes, y en otros, cuando ya eran adultos (e incluso cuando tenían una respetable obra literaria publicada en sus países de origen).

Quienes lean sus obras notarán que hay temas que se repiten con insistencia, como por ejemplo la exaltación de las costumbres y tradiciones de los países de donde son oriundos los autores (o sus ascendentes); las dificultades de los niños para adaptarse a Estados Unidos, un país con un modo de vida diferente; las precarias condiciones sociales de determinados colectivos de migrantes o los retos del biculturalismo y el bilingüismo.

En buena medida, la insistencia de esos temas es resultado de las experiencias de vida y el bagaje cultural de sus creadores. Pero también tiene su origen en las políticas de algunas editoriales estadounidenses que dan prioridad al trabajo de autores chicanos (la población de ascendencia mexicana representa el 64,4% en el total de los hispanoamericanos asentados en Estados Unidos, lo que los convierte en un objetivo comercial muy tentador y priorizado) y demandan de las obras firmadas por latinos un carácter “étnico” para incluirlas en sus catálogos de libros en español y darles una visión multicultural (súmese a lo anterior que muchas escuelas en los estados con gran volumen de población hispanoamericana tienen programas de enseñanza del español y requieren libros en este idioma). Ahora bien, la producción de una buena parte considerable de los autores latinos que viven en los Estados Unidos y que emplean el español como lengua literaria no se corresponde con esas exigencias editoriales y quizás ese sea el motivo por el que optan por publicar sus obras con sellos editoriales de otros países, principalmente de España, Colombia y México, donde los temas y conflictos que desarrollan en sus libros resultan mejor acogidos y les permiten expresar sus preocupaciones e inquietudes sobre ciertos aspectos de la realidad social en que viven.

Un poco de historia

Los orígenes de la literatura infantil publicada por autores hispanoamericanos en Estados Unidos hay que buscarlos en el siglo XIX, cuando dos de los pioneros de las letras para la infancia de América Latina crearon, en ese país, obras que hoy se consideran fundacionales dentro de las letras iberoamericanas para niños.

El primero de ellos, el colombiano Rafael Pombo, fue durante un tiempo cónsul de su país en los Estados Unidos. En 1867, este autor publicó en español Cuentos pintados por encargo de la editorial Appleton, en la ciudad de Nueva York y, dos años más tarde, en 1869, Cuentos morales. Ambas obras circularon con gran éxito no solo en Norteamérica, sino también en México, Colombia y otros países latinoamericanos. Las dos colecciones de poemas narrativos, que son recreaciones de personajes y temas de la tradición oral anglosajona, se distinguen por reflejar la idiosincrasia y el sentido del humor de los pueblos que viven al sur del río Bravo, por la musicalidad de sus versos y, también, por su distanciamiento de lo educativo y moralizante. Son, sin duda alguna, las más antiguas simientes de las letras hispanoamericanas plantadas en Estados Unidos.  

Otro pionero al que resulta indispensable referirse es el cubano José Martí, quien vivió parte de su exilio político en Estados Unidos. Mientras trabajaba arduamente por la independencia de su patria, él dedicó una parte de sus energías creadoras a un proyecto paradigmático: la revista infantil La Edad de Oro, publicación de la que llegaron a editarse cuatro números entre julio y octubre de 1889. Esta revista mensual que Martí escribió íntegramente, se imprimió en Nueva York y estaba dirigida a toda la infancia de habla hispana, en la que estaban incluidos, por derecho propio, los niños inmigrantes de hijos de latinoamericanos y de españoles que vivían, junto a sus familias, en Estados Unidos. La propuesta martiana, marcada por su elevado valor estético y su interés de instruir mediante textos que pusieran al niño en contacto con los más elevados valores de su época y con los logros alcanzados por la humanidad en el terreno político, artístico y científico, apeló a diferentes géneros literarios (poesía y cuentos) y periodísticos (artículos y crónicas). Sin duda alguna, estos aportes de Pombo y Martí merecen ser estudiados con profundidad como parte de la literatura infantil de los autores latinos en Estados Unidos.

La edición de libros para niños con temáticas iberoamericanas en Estados Unidos tiene mucho que agradecerle a la puertorriqueña Pura Belpré, quien publicó en 1932, por la editorial Warne, Perez and Martina: A Portorican Folktale, una versión del popular cuento de la tradición oral La cucarachita Martina. Esta obra es hoy considerada, en Estados Unidos, un clásico de la literatura infantil de raíces hispanas. Muchos años más tarde, en 1966, la propia autora tradujo su texto al español, traslación que aún se sigue publicando exitosamente.

Al hablar de Pérez y Martina hay que detenerse en su espléndida gráfica original, creada por Carlos Sánchez, con litografías de llamativos colores en las que los personajes antroporfizados llevan fantasiosos vestuarios españoles de época (incluyendo peinetas, mantillas y grandes abanicos para la heroína).

En la historia que cuenta Belpré, donde abundan las pinceladas de fino humor y detalles alusivos a la cultura de su isla nativa, la protagonista es “una cucaracha española llamada Martina”, la cual es descrita como “bella con ojos negros y tez suave y morena” y también se dice que es “muy culta y sumamente orgullosa de su abolengo”. En consonancia con el sabor boricua presente en la historia, la sopa de cebollas donde cae el ratón Pérez pasa a ser un arroz con coco, almendras y pasas.

Purá Belpré, nacida no se sabe con certeza si en 1899 o en 1902, comenzó a estudiar en la sede de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Debido a motivos familiares, se trasladó en 1920 a Nueva York, donde vivió hasta su muerte, en 1982. Ella fue la primera bibliotecaria latina que trabajó en la New York Public Library. También le corresponde el mérito de ser pionera en el trabajo de extender los servicios de la biblioteca a la comunidad puertorriqueña radicada en Harlem. Fue, además, una firme defensora de que los niños hispanos conservaran su idioma, para lo cual creó las horas del cuento bilingüe, estimuló la compra de libros en español e implementó programas que celebraban las fiestas tradicionales latinas.

Una incidental: El libro The Storyteller’s Candle / La velita de los cuentos, publicado en 2008 con texto de la autora cubanoamericana Lucía González e ilustraciones de la puertorriqueña Lulu Delacré, rinde homenaje a Pura Belpré. Este cuento habla de esa señora afable, alta y delgada, que a fines de los años 1920 visitaba los colegios para divertir a los niños con sus muñecos y sus cuentos, y al concluir sus presentaciones los invitaba a visitar la biblioteca pública. La obra ganó la Medalla Pura Belpré, que la Asociación Estadounidense de Bibliotecarios concede anualmente al mejor libro de autor latino en Estados Unidos.

Ahora sigamos con los pioneros.

En 1959 aparece un libro clave de la literatura chicana: Pocho, de Juan Manuel Rubio. Aunque no fue escrita expresamente para los lectores juveniles, esta novela puede ser lectura enriquecedora para ellos, ya que en la segunda parte se narra el proceso de crecimiento de Ricardo Rubio, un chico nacido en Estados Unidos, de padres mexicanos, que conserva todos los rasgos físicos de sus progenitores. Esa situación provoca que quienes le rodean no lo consideren "americano" y se empeñen en ignorar su inteligencia y sensibilidad. El muchacho hará un esfuerzo enorme por cursar estudios superiores y lograr su sueño de ser escritor. Al final, Pocho dará prueba del compromiso que tiene con su país de nacimiento.

Otro nombre que hay que mencionar es el de Ernesto Galarza, profesor, poeta y narrador, quien en 1972 publicó Barrio Boy, novela que desbroza otro sendero para que transiten por él las letras dirigidas a los jóvenes de origen hispano. Nacido en Nayarit, México, cuando tenía ocho años Galarza emigró junto a su madre y dos tíos hacia Estados Unidos. En Sacramento, California, trabajó en labores agrícolas sin dejar de estudiar, y su interés por superarse le permitió llegar a graduarse en la Universidad de Stanford. Barrio Boy es un libro de corte autobiográfico que narra el viaje de un niño desde un pueblecito de México, tan pequeño que su calle principal no tiene nombre, hasta un barrio pobre de la ciudad de Sacramento, en las primeras décadas del siglo XX. El protagonista infantil es testigo excepcional de algunos hechos relacionados con la Revolución Mexicana y, en tierrras del norte, será víctima de la segregación por su condición de latino y de migrante.

En palabras de la autora españolaestadounidense Isabel Campoy, Pura Belpré y Ernesto Galarza “iniciaron este abrir las maletas con cuentos clásicos y originales, folclor vivo y poesía actual”. En los años posteriores, según esta escritora, “se publicó muy poco en español para niños en este país. Y cuando a finales de la década de los años 1980 nuevas generaciones de latinos tomaron la palabra para contar sus memorias, muchos lo hicieron en inglés, porque así lo requerían las casas editoras: Nicholasa Mohr, Judith Ortiz Cofer y Piri Thomas representaron la voz neorriqueña, George Ancona miró con ojos mexicanos desde la lente de su cámara y Alma Flor Ada contó su infancia cubana en el color turquesa de su palabra”.

En los años 1990 el “descubrimiento” de la población latina como un segmento importante de consumidores, hizo que el mundo empresarial, y entre ellos las editoriales, comenzaran a producir y a dirigir sus productos a este segmento de la población estadounidense, para lo cual fueron creadas estrategias específicas de publicidad. Al calor de este entusiasmo, las editoriales comenzaron a dedicar un volumen significativo de su producción a los libros en español, destinando buena parte de esos títulos al grupo integrado por los más jóvenes lectores. Esto trajo como consecuencia que algunos escritores, venidos de Iberoamérica o nacidos aquí, pero todos con raíces en esa región, al encontrar espacios para sus obras comenzaran a crear textos destinados a los lectores infantiles y juveniles. Algunos lo hicieron en español y otros los escribieron en inglés, para luego ser traducidos al español.

En la actualidad, la producción de libros para niños y jóvenes en español en los Estados Unidos puede dividirse en dos grandes categorías: la que se crea para la red comercial (y que llega al público a través de librerías físicas o virtuales) y la que se crea para la división escolar (destinada a insertarse en los programas de las escuelas).

Una de las mayores empresas de producción y distribución de libros para niños es Lectorum Publications, que tiene en su catálogo numerosos títulos de autores de habla hispana y que importa libros de sellos tan prestigiosos como Juventud, Ekaré, Everest y Lóguez.

Santillana también desempeña un destacado papel en el mercado del libro infantil y juvenil en español, aunque su producción hace énfasis en el universo escolar.

Fondo de Cultura Económica tiene una representación que distribuye, como parte de su catálogo, los libros de sus colecciones para niños y jóvenes.

Hay importantes compañías estadounidenses que han creado sellos o líneas de producción en español dedicadas al público infantil. Entre ellas están Random, Scholastic y, durante un tiempo, HarperCollins.

Existen también compañías que apuestan por el español –mayoritariamente en ediciones bilingües–, como Cinco Puntos Press, Children’s Books Press y Piñata Books.

Quiero presentarles ahora a algunos de los autores latinos cuyas obras aparecen reseñadas en el libro De raíces y sueños.

Comenzaré por los que escriben en inglés.

Pat Mora, nacida en El Paso, en 1942, es una creadora de gran prestigio, cuyas obras han recibido importantes galardones. En su bibliografía encontramos títulos comon The Bakery Lady / La señora de la panadería y Doña Flor, un cuento de una mujer gigante con un gran corazón. En Tomás and the Library Lady  / Tomás y la señora de la biblioteca, obra publicada en 1997, Pat Mora rinde homenaje a las bibliotecas públicas y las bibliotecarias. Año tras año, Tomás y su hermano acompañan a sus padres en su viaje a Texas e Iowa para trabajar en el campo recolectando frutas y verduras. Allí, los niños juegan y ayudan a los adultos llevándoles agua. Casi siempre les acompaña su abuelo, quien les narra cuentos para entretenerlos. De tanto escucharlos, Tomás se los ha aprendido casi todos de memoria. Un día, su abuelo le revela que hay muchos cuentos más en los libros que guarda la biblioteca. El niño, muerto del susto, decide acercarse al edificio y recibe la invitación de la bibliotecaria para pasar adentro. Allí descubre un universo infinito de historias para leer.

El chicano Juan Felipe Herrera (nacido en Fowler, California, en 1948) es profesor del departamento de escritura creativa de la Universidad de California en Fresno. Es autor de varios poemarios para adultos y de varios libros para niños publicados en ediciones biligües, como Calling the Doves / El canto de las palomas (que en 1997 alcanzó el premio Ezra Jack Keats al mejor nuevo escritor), Grandma and Me at the Flea / Los meros Meros Remateros y Super Cilantro Girl / La superniña del cilantro. Su obra The Upside Boy / El niño de cabeza, publicada en el 2000, ejemplifica una de las vertientes temáticas más abordadas por estos autores: la inserción de los niños de origen latino en la cultura estadounidense. Después de trabajar durante algunos años en el campo, los padres del niño que protagoniza este relato lírico-testimonial deciden instalarse en una ciudad. Es hora de que el pequeño, de ocho años de edad, pueda asistir a clases. Pero para él, la adaptación a ese universo urbano, que le resulta desconocido, será un reto difícil de vencer, en especial porque implica la adopción de un idioma diferente. Con un estilo poético y una óptica infantil, Herrera recrea la confusión que genera sentirse fuera de contexto, distinto. “Cuando salto y me levanto, todos se sientan. Cuando me siento, todos los niños se columpian en el aire. Mis pies flotan por las nubes cuando todo lo que quiero es tocar tierra. Soy el niño de cabeza”, expresa Juanito.

Gary Soto nació en Fresno, California, en 1952, y se graduó de lengua inglesa en la California State University en 1974. Algunos de sus libros traducidos al español son Tomando partido y Béisbol en abril, publicados en español por Fondo de Cultura Económica y Santillana USA, respectivamente. Su narrativa nos introduce en las problemáticas familiares y sociales de los adolescentes estadounidenses de raíces latinas, retratando críticamente los flagelos de algunos de los barrios donde viven, como son el pandillismo, la delicuencia y el machismo.

Pam Muñoz Ryan es otra de las figuras clave dentro de la los autores latinos de Estados Unidos. Ella nació en 1951, en San Joaquin Valley, California, en el seno de una familia de origen mexicano. Ha publicado Riding Freedom, Esperanza Rising y Paint the Wind, entre otros elogiados libros para niños y jóvenes. Con The Dreamer ganó el premio Pura Belpré en el año 2011. Esta novela recrea con una prosa de alto vuelo estético y convincentes diálogos la infancia de Neftalí Reyes (el futuro Pablo Neruda), un niño enfermizo e incomprendido a quien su autoritario padre regaña duramente por su tendencia a soñar y por su afición a la escritura. Pero el amor que siente Neftalí por las palabras y los libros es más fuerte que cualquier oposición: él está destinado a convertirse en escritor. Las preciosas ilustraciones del checoestadounidense Peter Sís (Brno, 1949) contribuyen a crear el refinado espacio poético que invita a recorrer esta obra.

Rigoberto González nació en Bakersfield, California, en 1970, y se crió en Michoacán. Es descendiente de migrantes mexicanos y ha sido profesor en Vermont College y en State University of New Jersey. En sus libros para niños aborda problemáticas relacionadas con la identidad sexual, como ocurre en el álbum Antonio’s Card / La tarjeta de Antonio,de 2005, y en la novela juvenil The Mariposa Club, de 2009, centrada en un grupo de adolescentes gays que estudian en una escuela secundaria.

Una autora muy apreciada es Carmen Agra Deedy. Nacida en La Habana, en 1960, vive en Georgia, Estados Unidos, desde 1964. De su amplia producción se han traducido al español los títulos Un colchón de pluma para Ágata; Martina, una cucarachita muy lindaEl misterio del Cheshire, este último con Randall Wright como coautor. En sus historias hay un gran despliegue fantástico y poético que ayuda a los personajes infantiles (y a los jóvenes lectores) a descifrar su realidad.

Una de las creadoras más singulares de este grupo, por la originalidad de su estilo, es Margarita Engle, nacida en Los Angeles, de madre cubana y padre estadounidense. Al referirse a su biculturalidad ha dicho: “Nací con un guión, una cubano-americana con una madre cubana y un padre estadounidense. Pudiera ver el guion como una brecha, y sentir que no pertenezco a ninguno de los países, o como un puente, con un cierto grado de pertenencia a cada uno”. Ella escribe obras que podríamos definir como novelas en verso o poemas épicos de largo aliento, a menudo dedicadas a personajes y temas de la cultura y la historia de Cuba, como The Poet Slave of Cuba, Tropical Secrets, The Firefly Letters y Hurricane Dancers. Su obra más galardonada es The Surrender Tree / El árbol de la rendición. En ella, Engle hace un recorrido por tres décadas de la historia de Cuba, encadenando breves monólogos en los que toman la palabra varios personajes históricos o de ficción. El árbol de la rendición, que apareció en 2008, recibió varios galardones relevantes, entre ellos una mención de honor de la Medalla John Newbery. (Margarita ha sido la primera figura de origen hispano en alcanzar un reconocimiento en el Newbery, desde que este premio fue instituido en 1921.)

Lyll Becerra de Jenkins nació en Colombia, en 1925, y falleció en 1997 en Hartford, Connecticut, donde residió los últimos cuarenta años de su vida. En su bibliografía encontramos tres novelas para lectores jóvenes: Celebrating the Hero, So Loud a Silence y La prisión de honor (la única traducida al español, que estuvo durante muchos años en el catálogo de la editorial Norma). La prisión de honor –un libro excelente, que habla de dos temas de gran actualidad: gobiernos autoritarios y oposición cívica– recibió en 1989 el premio Scott O’Dell, que se concede anualmente en Estados Unidos a la mejor novela histórica para lectores juveniles o adultos cuyo argumento se desarrolle en Norte, Centro o Suramérica.

La dominicana Julia Álvarez también usa el inglés como lengua literaria. Ella nació en Nueva York, en 1950, durante la primera estancia en esa ciudad de sus padres dominicanos; a los tres meses la llevaron a Santo Domingo y, diez años más tarde, volvió a Estados Unidos con su familia a causa de la represión de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. Su producción para niños y jóvenes incluye títulos como Las huellas secretas, Before We Were Free y Return to Sender / Devolver al remitente, estos dos últimos ganadores del premio Pura Belpré, además del ciclo de cuatro novelas dedicada al pintoresco personaje de la Tía Lola. Devolver al remitente es uno de los más logrados títulos de Álvarez y, sin duda, es también una novela sumamente ambiciosa que toca, entre muchísimos temas, el de la migración ilegal, tanto desde el punto de vista de quienes llegan a Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida como desde la perspectiva de la comunidad estadounidense donde tratan de insertarse. 

Ahora voy a detenerme en algunos autores latinos que viven en Estados Unidos y escriben en español.

Una creadora de larga y brillante trayectoria es la cubana Hilda Perera, nacida en La Habana, en 1926, y exiliada en Estados Unidos desde 1964. Perera, una de las fundadoras de la narrativa cubana para niños, se dio a conocer en Cuba, en 1947, con el libro Cuentos de Apolo. Desde Miami, dio continuidad a su carrera y obtuvo en dos ocasiones el Premio Lazarillo, en España, con sus libros Cuentos para chicos y grandes (1975) y Podría ser que una vez (1978). En obras posteriores, como Mai, Kike y La jaula del unicornio, Perera ha explorado la problemática de los niños inmigrantes llegados a Estados Unidos desde diversos países (Vietnam, Cuba, El Salvador) y en muy diferentes circunstancias. Sus obras, escritas con una mirada desprejuiciada y un sentido del humor penetrante, revelan los complejos matices que asumen las relaciones entre chicos y adultos. Perera es una creadora de personajes infantiles inolvidables, gracias a su capacidad para identificarse con los niños retratados en sus historias, lo que le permite reflejar con verosimilitud su forma de pensar y de ver el mundo.

La archiconocida escritora chilena Isabel Allende tiene un espacio en este recuento, pues entre el 2002 y 2004 ella dio a conocer la trilogía de novelas de aventuras Las memorias del Águila y el Jaguar, que tiene como protagonistas a un chico estadounidense y a una chica latinoamericana. En La ciudad de las bestias, Alexander y Nadia visitan la selva amazónica; en El reino del dragón de oro conocen el Himalaya y en El bosque de los pigmeos llegan al África ecuatorial. 

Hablar de literatura infantil en español en Estados Unidos implica una referencia obligatoria a Isabel Campoy y Alma Flor Ada, dos autoras y educadoras latinas radicadas en California, que a lo largo de muchos años han defendido, a capa y espada, la presencia del español en los programas curriculares de las escuelas públicas del país. Además de publicar obras de forma individual, ellas han generado una extensa bibliografía en colaboración.

Isabel Campoy nació en Alicante, España, en 1948. Se licenció en filosofía inglesa en la Universidad Complutense de Madrid, y posteriormente continuó su formación en Reading University, Inglaterra, y en University of California, Los Angeles.

Alma Flor Ada nació en Cuba, en 1938. A los 17 años obtuvo una beca para estudiar en los Estados Unidos; en 1959 recibió su diploma en Estudios Hispánicos en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente completó su formación académica en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en Harvard University. Actualmente reside en San Francisco, California. Su bibliografía incluye títulos como Todo es canción, Allí donde florecen los framboyanes, El vuelo de los colibríes y Una vez en medio del mar, así como numerosas obras escritas en colaboración con F. Isabel Campoy y también con su hijo Gabriel M. Zubizarreta.

Nacida en La Habana, en 1967, Yanitzia Canetti es una de las escritoras y traductoras latinas más prestigiosas de Estados Unidos –ella hizo las versiones al español de obras de algunos de los de autores emblemáticos de la literatura infantil estadounidense, como Dr. Seuss, H.A. Rey, Peggy Parish y Virginia Lee Burton. Entre sus obras se destacan Completamente diferente, Doña Flautina Resuelvelotodo, Las maravillas de una sencilla sombrilla amarilla y Solo como un perro. Canetti apuesta, a menudo, al humor y la fábula a la hora de concebir sus relatos infantiles.

En Miami están radicados autores cubanos de gran calidad, que en buena parte publican sus obras en España, Colombia y México. Voy a mencionar solo a siete de ellos. Todos escriben tanto para niños como para adultos.

Antonio Orlando Rodríguez, ganador del premio internacional de novela Alfaguara, tiene una larga carrera que comenzó en La Habana, en 1975. Entre sus libros más recientes están La gata de los pintores, La Escuela de los Ángeles y Concierto para escalera y orquesta. Sus investigaciones Literatura infantil de América Latina y Panorama histórico de la literatura infantil en América Latina y el Caribe, publicadas en 1973 y 1974, iniciaron los estudios históricos de carácter regional sobre las letras para niños y jóvenes en Latinoamérica. Las obras de Antonio Orlando Rodríguez reivindican el derecho de los niños a transitar por los caminos de la fantasía y de la poesía para aprehender la realidad que les rodea, compleja y llena de misterios y maravillas por descubrir. 

Daína Chaviano, ganadora del Premio Azorín de novela, incursionó en la literatura juvenil con el relato de ciencia ficción Los mundos que amo y País de dragones. Este año la editorial mexicana El Naranjo lanzará su novela Un hada en el umbral de la Tierra, que mezcla ciencia ficción y terror. Sus historias, pobladas por personajes complejos que se mueven por territorios mágicos y fantasiosos, hacen pensar al lector sobre el presente y el futuro de la humanidad.

Chely Lima, poetisa, novelista y dramaturga, ha escrito libros para niños con una prosa refinada y un peculiar sentido del humor, como El barrio de los elefantes, Abuela Trina y Marrasquina van a la ciudad y El cerdito que amaba el ballet, este último ganador del Premio Internacional de Cuento Infantil Juan Rulfo, de Radio Francia Internacional. Lima propone al lector puntos de vista transgresores en su acercamiento lúdico al universo del niño. 

Iliana Prieto fue finalista del Premio Latinoamericano Norma-Fundalectura 1997 con una obra que estuvo en el catálogo de Norma: La princesa del retrato y el dragón-rey. También ha publicado Querido diario, Juicio a tres brujas y la novela juvenil La magia del amor. Para Prieto, es importante, a través de la imbricación de fantasía y realidad, interpretar la manera de ver el mundo de los chicos, a veces tan simplificada por las personas mayores. 

Eddy Díaz Souza, narrador y dramaturgo, inició su carrera artística en La Habana, la prosiguió en Caracas, donde hizo teatro infantil, y la ha continuado en Miami. Ha publicado los libros de cuentos Bernardino Soñador y la cafetera mágica y Cuentos de brujas. Recientemente publicó en Colombia la obra de teatro para niños El príncipe y el mar. Las obras de Díaz Souza son divertidas y profundas, y defienden y se sustentan en una rica apropiación del imaginario infantil.

Sindo Pachecho, autor de novelas para jóvenes, ha sido ganador del Premio Casa de las Américas con María Virginia está de vacaciones y finalista del Premio Edebé con Las raíces del tamarindo. Para Pacheco, el universo en que se mueven sus protagonistas juveniles no es fácil y está lleno de riesgos; y el tránsito por esta etapa esencial de la vida marcará sus destinos. 

Andrés Pi Andreu también forma parte de estos autores cubanos. El recibió en el año 2010 el premio Apres-les-Mestres, de la editorial Destino, en España, con el álbum La ventana infinita, hecho junto al ilustrador catalán Kim Amate. Pi Andreu es autor también de La abeja de más, Intruso, 274 y Malo, entre otras obras. Con tratamientos que van de la fábula al relato realista, Pi aborda temas como la migración y la diferencia. 

Aunque es imposible mencionarlos a todos, no quiero olvidar a creadores latinos que escriben –en inglés o en español– desde diferentes ciudades de Estados Unidos, como los salvadoreños René Colato Laínez y Jorge Argueta; las cubanas Daisy Valls, Emma Artiles y Emma Romeu; los mexicoamericanos Víctor González, Maya Christina González, Francisco X. Alarcón y Benjamín Alire Sáenz; el guatemalteco David Unger; el escritor e ilustrador de padres afropuertorriqueños Eric Velasquez; la colombiana Julia Mercedes Castilla y la uruguaya Aída Marcuse.

Ante la presencia de estos dos grupos de autores, que se expresan literariamente unos en español y otros en inglés, cabe preguntarse: ¿qué tienen en común como creadores?, ¿en qué difieren? Acerca de este tema, la autora cubanoamericana Margarita Engle, una de las que escribe en inglés, me dio una opinión que quiero compartir: “Lo que tengo en común con aquellos que escriben en español es: un genuino interés en escribir para niños de todos los orígenes, un genuino interés en la historia y la cultura iberoamericana y un genuino interés en escribir con el mayor grado de autenticidad posible, considerando mi origen individual y el de los que me rodean”.

Para concluir, quiero citar a Isabel Campoy quien, al referirse a la condición de migrantes de todos los autores mencionados, ha dicho:

Las maletas de la inmigración son enormes, en ellas debe caber todo lo importante que no queremos dejar atrás, pero aún más importante, lo que necesitaremos al llegar. 

Los latinos en Estados Unidos somos una nueva cultura. Aquí ya no somos colombianos, mexicanos, cubanos o puertorriqueños, salvadoreños o argentinos. Aquí somos "latinos", en su mayoría bilingües, y nuestro país es Estados Unidos, en su mayoría por nacimiento. Hemos mezclado nuestros orígenes y nuestras formas de decir las cosas y es fácil encontrar en una sola familia, cuatro países hispanos unidos por matrimonio. Con nuestra literatura infantil ha pasado lo mismo.

Actualmente contamos con el estupendo vergel de autores jóvenes que nos cuentan de cómo llegaron hasta aquí, de qué dejaron atrás, de lo que su corazón sigue buscando en este nuevo horizonte. Es una etapa rica en todos los géneros, con voces que representan realidades indígenas, experiencias afrohispanas, un mundo de asimilación de la música, las costumbres, las fiestas y las tradiciones de todos para todos.

Estamos en etapa de crecimiento y hay que esperar mucho de esta adolescencia feliz en la que vive nuestra literatura latina para niños.

Este crecimiento de las letras para niños y jóvenes de autores latinos en Estados Unidos seguirá dando frutos literarios muy necesarios para que las jóvenes generaciones descendientes de migrantes iberoamericanos puedan saber quiénes son y de dónde proceden mediante la lectura de textos literarios que reflejen la cultura de aquellos pueblos que viven al norte del río Bravo, pero cuyas raíces y sueños se hunden y nutren en las tierras que se extienden al sur del mismo río.

Ponencia presentada en las Jornadas Internacionales de Literatura Infantil y Juvenil realizadas en Misiones, Argentina, 2014.