Ilustración de Ana Penyas para el libro ´Mexique. El nombre del barco´, con texto de María José Ferrada, publicado por Tecolote.
  • Ilustración de Ana Penyas para el libro ´Mexique. El nombre del barco´, con texto de María José Ferrada, publicado por Tecolote.

LIJ: alegrías y dolores de cabeza

Maria José Ferrada
Más que un listado de cosas agradables y desagradables lo que quisiera es aprovechar esta oportunidad para compartir con ustedes algunas de las alegrías y dolores de cabeza que me ha regalado este oficio. En otras palabras, más que una suma de críticas o alabanzas –desconfío un poco de ambas– quisiera contarles cuáles han sido los aprendizajes y pendientes que he acumulado tras estos doce años de dedicación a la escritura de libros para niños.

Aprendizaje 1

“María José Ferrada, tus libros son raros pero me hacen sentir relajada, eso sí”, me dijo hace poco una niña de cinco años.

Con frases como estas u otras parecidas, mi oficio me recuerda, cada vez que piso una escuela, esa posibilidad que tenemos los seres humanos de ser absolutamente sinceros los unos con los otros, sin perder por eso la ternura propia –y a veces olvidada– de nuestra especie.

Pendiente 1

Cada vez que vengo a una feria del libro me pregunto si no me estarán necesitando más en alguna otra parte. Pienso en las escuelas rurales de mi país, pienso en esa caravana–una de tantas– que viene avanzando y en todos esos niños y niñas para los que tal vez un cuento podría significar un pequeño descanso, agua fresca, un abrazo.

"Soy escritora no soy Sor Teresa", me dijo una escritora chilena alguna vez, que por cierto es una excelente escritora de libros para adultos. Pero nosotros que vamos a las escuelas y hemos visto a los niños, nosotros que conocemos las necesidades de los niños, la fragilidad de los niños, creo que no podemos darnos ese lujo.

Un 47% de las 900 millones de personas que viven en situación de pobreza, tienen 18 años o menos. Ese ha sido nuestro regalo. ¿Pueden nuestras historias aliviar en algo esa situación? ¿Cómo y qué es lo que podemos hacer? Más que hablar de libro álbum o de la tendencias editoriales en el ámbito infantil yo quisiera hablar con mis colegas de eso ¿qué estamos haciendo por esos niños que como todos los niños, necesitan cuentos? ¿cómo lo hacemos y cuándo?

Aprendizaje 2

La paciencia. Cuando por primera vez llevé un libro a una editorial, me dijeron que si era poema debía rimar y que si era cuento debía ser más largo.Que lo arreglara y lo llevara de nuevo. Me fui decepcionada, con mi carpeta de lo que según yo era prosa poética, pero no tanto como para creer que debía hacer rimar a la fuerza mis poemas. Decidí hacer una pequeña autoedición que vendía a mis amigos y a los amigos de mis amigos. Diez años más tarde una editorial –la más tradicional de mi país– quiso publicarlo. Lo que quiero decir con esto no es que los editores de la época no entendían y yo sí, sino que somos nosotros los que con insistencia hacemos que las condiciones, las estéticas, las necesidades a cambien.En resumen, este oficio me ha enseñado a hacer más y a quejarme menos.

Pendiente 2

Cuando escucho frases como “escribir para niños es aún más difícil que escribir para adultos” o la literatura infantil “es vista como literatura menor, qué injusto!” me pregunto ¿qué importancia puede tener algo como eso? ¿sabrán los niños que de literaturas mayores y menores? Yo creo que no.

En estos doce años me han dicho de todo: que cuándo voy a escribir un libro de verdad. Qué si ahora que escribí una novela para adultos me dedicaré a la literatura.Yo les respondo amablemente que no. Que estoy bien así,que gracias igualmente por los buenos deseos.

No les explico –este oficio me ha enseñado también a no dar muchas explicaciones – que mis lectores cuando no les gusta el final de uno de mis libros me dan sugerencias que piensan mucho, muchísimo, y que si les gusta, en cambio, me envían una carta o un dibujo de agradecimiento, porque no solo han disfrutado sino que han hechos de ese libro un objeto querido, un amigo.

Tener la atención de esos pequeños seres humanos me hace sentir honrada. Así que no aspiro a otra cosa –gracias– básicamente porque me parece que la relación de un niño con su libro sí es una cosa de verdad importante y por los mismo, es en hacer de ese libro un libro bello donde debe estar nuestro mayor y mejor esfuerzo.

Aprendizaje 3

No hay nada que un niño no pueda entender. No hay un tema del que no se pueda hablar con él o con ella. Solo hay que encontrar palabras, estructuras simples, que poco a poco se vayan complejizando. Y es que el mundo es complejo y escribir para niños me ha enseñado a no tenerle miedo a esa complejidad. Y también a recordar que es imposible separar la forma del fondo. Que los libros, cuando aspiran a ser buenos libros no son solo un tema –“¿le vas a hablar de eso a un niño? ¿otra vez un final triste?”– y tampoco son solo forma –“el texto es malo pero no importa, los dibujos son preciosos”–. No, no hay nada que un niño no pueda entender, aunque no se pueda decir lo mismo de nosotros los adultos.

Pendiente 3

Qué bonito libro, parece italiano.Cuando escuché decir eso primero me sentí muy orgullosa de mi libro pero después me quedé pensando.
Adoro los libros italianos pero mi paisaje, mi experiencia, mis raíces son diferentes. He leído y disfrutado inmensamente los cuentos del querido Gianni Rodari, pero también he escuchado el canto del hermano río y temo el enojo del dios volcán. Me gustaría que mis libros –y esto es una autocrítica muy personal– dejaran cada vez un espacio mayor a esa síntesis.

Que los niños encontraran en ellos la influencia de los abuelos de Europa, pero también la de sus propios abuelos.

Buscar, instalar, pensar nuevas formas de belleza, porque es eso, la belleza y sus formas, lo que finalmente nos importa y queremos mostrar a los niños. Sin olvidar claro que la belleza contiene también su reverso y que no es, nunca ha sido algo fácil de definir y menos aún de atrapar en un libro.

Aprendizaje 4

La lista de alegrías y dolores de cabeza que me da este oficio podría ser infinita y eso es lo importante. Que este trabajo¬–como imagino pasará al banquero, al panadero y al jardinero que es mi preferido– me permite estar siempre pensando como mejorar no solo mi forma de escribir, sino mi forma de estar en el mundo.

Porque una cosa no puede separarse de la otra. Y, como pasa en los cuentos de aventuras, creo que ese ha sido, sigue siendo, el aprendizaje más difícil, pero también el más importante.