Sobrevivir con la palabra: Homenaje a Liliana Bodoc

Susana Itzcovich
El 6 de febrero del corriente año (2018) nos dejó para siempre la escritora argentina Liliana Bodoc. En esta nota pretendemos homenajearla, recordando su obra, sus palabras y algunas reflexiones de editores, periodistas e investigadores acerca de ella. Recomendamos abrir su página web para encontrar más información y enfoques.

Pablo Neruda reflexionaba que los conquistadores nos saquearon todo, se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron la palabra.

Esto es lo que me hace reflexionar después del deceso de Liliana Bodoc en este tórrido febrero de Argentina. Una escritora con mucho por escribir, con muchas palabras para contar. Pero sobrevive su palabra, sus libros, su genialidad narrativa y el recuerdo de su presencia alegre, su permanente sonrisa y su humildad no frecuente entre los escritores famosos. Porque en sus inicios, con La Saga de los Confines, su palabra llegó a jóvenes y adultos, a toda Latinoamérica y a países de Europa. Y se hizo famosa.

No digo adiós.
Ustedes se irán.
Yo permaneceré reinventando el recuerdo de lo que han sido.
No digo adiós, aquí me quedo para contarlo todo.
Debo permanecer y recordar al hombre, la piedra y la lechuza.
(…)
Aquí estaré, no digo adiós.
Si pasan junto a mí y me preguntan, les contaré acerca de lo que fueron. Si me ven sentada en una roca componiendo mis versos, acérquense y pregunten.
Yo voy a responderles.
Pero luego no les diré adiós.
Porque quieran o no, se quedarán conmigo…
(Fragmento de "Nakín y la eternidad", en Los días del fuego).

Según cuenta Liliana, empezó a escribir y publicar, alrededor de sus 40 años. Recuerda Antonio Santa Ana que una mañana de verano del año 2000 llegó a la editorial Norma, donde entonces trabajaba, Liliana Bodoc, “acompañada de su hija Romina y vestida como la señora Ingalls (ella asegura que le dije eso)”. Venía desde Mendoza y le contó que estaba en Buenos Aires dejando su novela en varias editoriales. Le resultó bastante extraño ese modo de desparramar originales y Antonio lo dejó en una pila de otros textos, sin intención de leerlo. Cuenta que estaba esperando una comunicación telefónica con Caracas y se puso a leer el original de Bodoc. Le faltaban renglones al final de las páginas, pero el entusiasmo lo llevó a seguir leyendo. Le pidió que le enviara la novela en word, intentó comunicarse telefónicamente sin lograrlo y ya, creyendo que otra editorial la había contratado, apareció Liliana, quien había estado de vacaciones en Brasil, con un original y tres copias, “bien impresas, anilladas por las dudas”. Ahí mismo le ofreció un contrato y un anticipo de 500 dólares. Estos recuerdos de Santa Ana están recopilados en la edición del 11 de febrero de 2018 en el suplemento “Radar”, del diario Página 12. “Editar a Liliana fue una experiencia hermosa e intensa. Era una mujer abierta, generosa, receptiva a las opiniones”.  Su fantasy fue un récord de ventas.

Santana no es el único editor que elogia a Bodoc en cuanto a sus escritos y su persona. Laura Leibiker (también editora de Norma, actualmente) nos expresó: “Editar a Liliana fue uno de los grandes lujos que me dio esta profesión. Pero no se trató de un lujo inesperado. Había leído su saga y quedé maravillada al enterarme de que su autora era una mujer joven, del interior, inédita hasta ese momento. En 2006, cuando ingresé a SM y comencé a editar literatura, la llamé. Un tiempo después nos conocimos y, a la percepción de que me encontraba frente a una escritora extraordinaria, sumé la seguridad de que me hallaba frente a una persona especial. Tuve la oportunidad de editar Cuando san Pedro viajó en tren y El espejo africano; tiempo después, cuando llegué a Norma, incluimos uno de sus cuentos referido al Día Nacional por la Memoria en el libro La historia se hace ficción. Luego trabajamos con uno de sus textos para la colección Buenas noches,  Simi Tití mira el mundo, y durante los últimos años planificamos el viaje que dio como resultado la novela de Zona Libre, Elisa. La rosa inesperada y el blog del viaje.  ¿Cómo resumir tantos encuentros, tanto intercambio en un fragmento de texto? Todavía no puedo distanciarme lo suficiente. Sí sé que cada muestra de tristeza y afecto de sus lectores y de quienes la conocimos es bien merecida. Solo nos queda leerla. Acabo de volver del banco, en plena city porteña, bajo los rayos de un sol agobiante. Pero vuelvo con una sonrisa: una chica, sentada a la sombra del hall gigante leía, ensimismada, un libro de Liliana. Liliana sigue presente y viva en su literatura.”

Cecilia Repetti, editora de SM, nos dice: “No todos los días se tiene la oportunidad de editar a una autora tan abierta a la escucha, tan generosa como Liliana. Bastó verla en acción. Como editora fue un privilegio que no me esperaba recibir su literatura en mi casilla de correo, sus cálidas respuestas, y su apertura ante las sugerencias y sus agradecimientos. Nuestras últimas publicaciones con Liliana fueron: Diez en un barco, con su cuento El último viernes, una recopilación de diez relatos de los primeros premios El barco de vapor; Aprendiz de dragón, de la serie blanca, y Yo, el espejo africano, versión teatral que entró en la colección Teatro de papel”.

Otras voces

Fueron numerosas las notas periodísticas en los medios gráficos, radiales y televisivos sobre Liliana Bodoc. Entre ellas, la de Karina Micheletto, también en Página 12, quien escribe que “Liliana había llegado a la literatura ‘de grande’, como siempre contaba con esa sonrisa que usaba seguido y ese tono calmo, tan de charla de cocina, con el que era capaz de soltar las más profundas y reveladoras reflexiones como quien dice: te cuento que soy capaz de pensar esto. La anécdota es conocida, porque resulta que a los 40 años, aquella profesora de Letras de Mendoza, que había tenido la idea peregrina de escribir un novelón del género fantástico en el que pueden rastrearse las leyendas latinoamericanas y la historia del despojo que sufrieron los habitantes del continente, finalmente le publicaron su novel libro, después de que el original recorriera varias editoriales. Así fue como apareció Los días del venado, que dio origen a La saga de los confines, a un boom de ventas para aquellas ediciones de Norma y para las posteriores, a todo un boom del género y hasta del segmento a que iba dirigido en tiempos en que la idea de ‘lectores jóvenes’ no estaba aún tan delimitada”.

Bodoc afirmaba que prefería a Ursula K. Le Guin (fallecida el 22 de enero de 2018), con su saga Terramar, que a Tolkien. “Rechazaba esa magia que tiene que ver con seres elevados y alzados de los seres humanos comunes y corrientes, una magia aristocrática en un punto y proponía diferenciar esa magia: ‘una cosa es la magia de lo improbable; otra de lo imposible. Lo imposible tiene que ver con unos poderes inexplicables de un ser superior. Lo improbable apunta a la realización de una minimésima posibilidad, pero posibilidad al fin. Esta magia es la que a mí me convoca (…)’. Escuchándola tan horizontal, tan humana, era posible entender que aquel cholo pobre de toda pobreza, de Presagio de carnaval, aquella mujer negra de El espejo africano, o aquel chico que emprendió el desarraigo en Cuando san Pedro viajó en tren, verdaderamente vivieron con ella, y por eso los pudo contar como los contó: fue esa condición humana suya que hizo que la habitaran. La evoco haciendo tanto en el último año, publicando grandes libros para jóvenes y para muy  pequeños, libros que quedarán entre lo mejor de la literatura infantil y juvenil de la Argentina”, finaliza Micheletto.

Comunicación y teoría

En diferentes momentos y entrevistas, Bodoc forja su línea de trabajo. “Intuitivamente en la saga encontré algunos caminos de comunicación con el público juvenil. Encontré (en la literatura juvenil) un desafío lingüístico y semántico, pero sobre todo lingüístico, muy interesante, muy excitante porque se trata de hacer literatura, que también es comunicación. Tenés que lograr no dejar afuera al lector, incluirlo, abrazarlo con la ficción”, comenta Liliana en una entrevista con Patricia Ferrante y Natalia Sterschein realizada en febrero de 2017 en el área de Comunicación de FLACSO Argentina. En esa entrevista la escritora rememora lo que le dijo un adolescente: “Por tu culpa me llevé literatura”. El joven, furioso, la insultó telefónicamente. Según cuenta Bodoc, él le “tiró sobre todo, el problema de los nombres, y tuve que volver a pensar, tuve que tranquilizarme, pensando que los nombres en inglés los saben, pero en mapuche no, todo para convencerme de nuevo que eso (que había escrito) estaba bien”.

En un encuentro que Liliana Bodoc sostuvo con periodistas e investigadores de LIJ, conjuntamente con Marina Colasanti en la editorial Santillana Loqueleo, se entregó un resumen de su conferencia para docentes, bibliotecarios y público en general. En algunos de sus párrafos expresa: “Creo que la lectura literaria hace alianza con la infancia, porque, indefectiblemente, dialoga con lo fundacional de cada uno. Llega al sitio donde se originaron nuestras fortalezas y nuestras debilidades, nuestras vergüenzas y nuestros secretos (…) La infancia es una patria. Y si en ellas hubo lecturas, los caminos de ida y vuelta se multiplican (…) La lectura de textos estéticos genera extrañamiento, es decir, nos propone reaprender lo conocido, nacer de nuevo a lo cotidiano, volver a conocer. El extrañamiento nos permite desnaturalizar lo que vemos a diario. Entonces, dar literatura en los primeros años de vida es ayudar a la construcción de individuos que no naturalicen aquello que puede y debe ser cambiado (…) Solo allí, de la batalla entre el Tiempo y el Lenguaje nace la literatura. La poesía es un espacio ganado e inexorable”.

Una escritora completa. No solo nos llega la placidez de leer todos sus libros, sino también de reconocer la sabiduría que provocan sus reflexiones teóricas y su enfrentamiento con la propia cocina de su escritura.

En una entrevista publicada en el suplemento “Ideas” del diario La Nación (20-8-2017) explicita el trayecto de su novela Elisa. La rosa inesperada (Editorial Norma). Es la primera vez que la autora decide viajar para gestar una novela. Fue por San Savador de Jujuy, Tilcara y Santa Fe; durante el recorrido escribió una bitácora de viaje en la que figura la “cocina” de la trama. Alejándose del fantasy, la historia que se narra es realista, cruda, en la que muestra una sociedad de clase baja que no tiene posibilidades de luchar contra la marginalidad. La protagonista, Elisa, intenta salir de esa marginación, pero no sabe adónde huir ni con qué puede encontrarse en el camino. En una de sus preguntas, la periodista Natalia Blanc indaga sobre cómo le resultó mostrar a los lectores la trastienda de su trabajo, a lo que Bodoc le respondió: “Es algo que a menudo hago en mis talleres para contrarrestar la idea de que la escritura tiene que ver con un rapto pasional, con la inspiración, con la famosa musa. Y que no se cambia. Claro que se cambia miles de veces. Se busca y se encuentra a veces, y a veces no. Les muestro a mis alumnos parte de esas dudas, de esas búsquedas”.

Según Bodoc, el viaje no fue placentero. Se sintió sola, desvalida al encontrarse en Tilcara con una situación que la conmovió : “Hay algo ahí de un pueblo que aparenta un sometimiento desde el lenguaje corporal, la voz baja. Y también hay una resistencia oculta. Me pareció casi un territorio en guerra, sinceramente. Los turistas, las fotos, el escándalo. Guerra de culturas”.

Casi abandona esta escritura. Se recupera cuando viaja a Santa Fe, tiempo después, a un lugar donde vivió alguna vez. Desde entonces, siente la necesidad de continuar con la novela, modificando algunos ámbitos del personaje y su personalidad. Se alude a la “trata”, aunque sin nombrarla y a la explotación femenina. Una novela sin tapujos, ni concesiones, aunque aparezcan diablos y serpientes.

Ese oro, al que alude Pablo Neruda, es la palabra, la palabra que nos deja Liliana Bodoc.