El cómo, quién, qué, dónde, porqué y para qué de mis libros juveniles

Miren Agur Meabe

Voy a intentar responder desde mi propia práctica a la pregunta que se nos ha planteado ("¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura juvenil"?), sin abordar generalidades de manual ni introducciones de catálogos comerciales, sino enumerando algunos rasgos de mis obras, pues espero que la personalización resulte más amena y honesta.

1. Empezamos por el cómo: el trinomio RIP y las referencias

Esta sugerente sigla sintetiza mis directrices principales: RIP, que no equivale a la abreviatura latina Requiescat in pacem sino a la terna realidad, individualidad-intimidad, poesía.

Realidad. En mis libros no hay ni princesas, ni ranas, ni barcos piratas, ni se desarrollan sagas en atemporales geografías míticas. La mayoría se sitúan en el aquí y ahora, insertando a veces pinceladas de realismo social, y alguna otra vez saltando al pasado histórico.
Individualidad-intimidad. Los protagonistas viven su destino con cruda madurez: la muerte de seres queridos, las penurias económicas, los amores frustrados, la muerte, el paro laboral, la guerra, etc… Por lo tanto, sufren también un proceso interior derivado de los acontecimientos, que cobra tanta importancia como la acción, que podríamos denominar como épica del murmullo.

Poesía. La narración está provista de abundantes recursos poéticos. Es una prosa cercana a la poesía, en la que la mirada de la poeta que soy late a través no sólo de las imágenes y comparaciones, sino también en la articulación de las frases y de los párrafos, en el ritmo, en la ubicación de las palabras… Mi actitud a la hora de escribir prosa es la misma que tengo a la hora de escribir poesía.

Por otra parte, en convivencia con ese RIP, adquieren un peso relevante las referencias, en cuanto que introduzco contenidos de distintos ámbitos (cine, arte, música, literatura…) relacionados con las vivencias de los protagonistas. Aun corriendo el riesgo de resultar pesada y trasnochada, no puedo renunciar a cierto afán culturalista. ¿Qué lector-a joven se conmueve hoy con Leonard Cohen o Roberta Flack? ¿quién examina los cuadros de Picasso o Frida Khalo? ¿quién interpreta la mitología grecolatina o los ritos autóctonos tradicionales? ¿cuál se ilumina con las revelaciones de Sylvia Plath o Pedro Salinas o con los mensajes de Saint Exupéry o Li-Bai? Asumo el peligro de parecer ancrónica porque confío en el tutor-a activo que les acompañará en la lectura y dialogará con ellos sobre la misma ayudándole a cruzar las puertas mostradas.

Aquí podríamos entrar en un eslabón clave del sistema literario actual: la escuela. Hay que asumir el hecho de que casi ningún joven va por propia iniciativa a una librería o a una biblioteca a obtener un libro que no sea de prescripción. Si el educador-a busca algo más que una historia de evasión para los alumnos-as, propondrá mis textos aunque presenten dificultades a primera vista. Pero dejamos aquí el asunto para no descentrarnos del tema principal.

2. Seguimos con el quién: perfil de los personajes

Lógicamente, hablamos de personajes una de cuyas premisas es la de estar dejando de ser niños sin saber aún qué es ser adultos, adolescentes que parecen corrientes pero son especiales en su individualidad irrepetible, y así se sienten. Frases como “Yo soy distinta” o “Me llamo tal o cual” son significativas de ello.

La importancia del nombre se muestra en pasajes como el siguiente: “Si escribes tu nombre en un cristal empañado consigues un tatuaje, un significado sobre una superficie que antes era muda. Tu nombre: tu símbolo en tu contexto”. (¿Qué es el amor, sino…?, p. 27)

Someten continuamente a evaluación su propio yo ya que están preocupados por ser coherentes con los valores que admiran y quieren hacer suyos.

Aunque viven sus propios conflictos privados, personales o familiares, están atentos a los temas que componen el collage del día a día.

Observan la realidad que les rodea y aprecian un entramado temático que les interpela.

Necesitan afirmar su personalidad ante las dudas y los problemas que la vida cotidiana les plantea.

Quieren vivir intensamente pero quieren vivir para algo. Por ejemplo, la estudiante de Secundaria que algún día será reportera gráfica para dar al mundo testimonio de las injusticias y de los abusos.

Canalizan su mundo interior y su creatividad por medio de la escritura de un cuaderno. Dejan testimonio de lo que viven, de sus cambios físicos y sicológicos, uniendo memoria y palabra. La escritura les ayuda a ordenar su caos y les ayuda a desarrollar su personalidad; incluso puede ser su testamento (Mila magnolia-lore). La palabra es un apoyo imprescindible. A veces, el cuaderno es sutituído por la fotografía, el grafitti, la artesanía realizada con sencillos recursos naturales, la composición de canciones, los grabados en hojas secas, etc.

Están conociendo el amor, que se convierte en la brújula que orienta su rutina con bastante fortuna, acompañado del descubrimiento de la sexualidad y la consiguiente necesidad de experimentar.

Tienen en la familia su punto de apoyo y/o de desequilibrio, sea la familia de estructura tradicional, la familia monoparental, o a la familia disgregada por causa de las circunstancias.

En cuanto a los amigos, no se sienten verdaderamente comprendidos por ellos, y mayormente son una simple comparsa que aparece al fondo de la acción.

Resumiendo: son jóvenes introspectivos, a veces solitarios e incluso con cierto punto de inadaptación, que deambulan por playas, acantilados, calles e institutos manteniendo una conversación consigo mismos y con la realidad que observan; son sensibles, solidarios, valientes, melancólicos, un poco rebeldes, bastante generosos, críticos, activos, despiertos y dispuestos a protagonizar con sentido su propia vida.

La mayoría son personajes femeninos que intentan superar los estereotipos tradicionales y trabajan sus actitudes con el fin de ser más autónomas. En este sentido, son muy importates los roles que se les atribuyen.

De ahí que la narración se construya siempre en primera persona: por una parte, produce sensación de verosimilitud y acentúa el tono testimonial; y por otra, evita que el foco del relato se distraiga del punto que debe iluminar. El “yo” es eficaz por su crédito existencial. A veces es un yo inventado, y otras es espejo de una misma. Ya se sabe que en literatura no existe lo estrictamente autobiográfico ni lo estrictamente ficticio, sino el conjunto consiste en un constructo vivencial que resulta de sumar lo propio y lo ajeno.

3. No hay quién sin sus qués: los temas y los símbolos

Aparte de los temas personales, tienen su hueco en la trama las graves cuestiones que nos llegan por medio de los informativos: la explotación infantil, la violencia bélica y las víctimas de las guerras, los problemas ecológicos, los traumas de los niños soldado, los malos tratos y la desigualdad entre los sexos, la ablación, la inmigración, el acoso escolar, la protección de la lengua vernácula, la pacificación, etc.

Dichas cuestiones aparecen como simples líneas transversales que pueden dar pie de una manera voluntaria y natural a la reflexión.

Al escribir, procuro cumplir una de las leyes principales de este arte: callar a tiempo, sugerir por medio del silencio, cortar los episodios en el momento en que la curiosidad aún persiste.

Respecto a mi afición por la simbología, como sería muy largo enumerarlos (Zazpi orduak), mencionaré una constante: el color morado. En primera instancia, debido a su carga connotativa socialmente compartida, el morado o violeta es el color de la reivindicación feminista. No obstante, también es el tono que representa las penumbras de mi niñez y la nostalgia hacia ella.

Mis chicas usan sombreros morados (el sombrero-icono es la prenda que se lleva en la caeza para representar el potencial de creatividad), escriben en cuadernos violetas, sus recuerdos tienen el color de las moras y el aroma de las lilas —tenue, algo anticuado, predilecto de quienes añoran el pasado—, y su piedra preferida es la amatista, que denota, según la mineralogía, sobriedad y voluntad para llevar las decisiones hasta el final.

La presencia de este color se deriva de mi preocupación por el tipo de modelos femeninos que se han transmitido a lo largo de la historia y que se perpetúan aún hoy en el reino del consumismo y de la televisión frívola. En mis obras no existen las chicas obsesionadas por su físico ni por la moda, inconscientes de las cadenas que les suponen el funcionar como chicas-objeto. Nunca hay descripciones físicas de los protagonistas, o son muy minimalistas, como actitud personal contra los modelos estéticos representación de clichés estéticos opresores.
Por el contrario, se abordan ciertos tabús como la masturbación (¿Qué es el amor, sino…?), la menstruación (La casa del acantilado) y la prostitución (La carretera), temas silenciados por sus vinvulaciones al pecado, a la impureza.

Debo aclarar que la relación con el propio cuerpo es un tema recurrente también en mi obra para adultos, ya que significa una resemantización del mismo, despojándole de comportamientos atribuidos por el sistema patriarcal.

Manifiesto: “Mi cuerpo es / la arquitectura que me une al mundo. / Su esqueleto está en pie. / Su material es hembra. / Yo soy su piel”. (¿Qué es el amor, sino…?, 77 )

Mis chicas son independientes y buscan ejercer su criterio y gobernar la situación. Abominan de la “mentalidad reggaeton,” de esos estribillos que les licuarían el cerebro a base de repeticiones que las llaman traidoras, mentirosas, débiles o niñatas. No encuentran ninguna sensualidad en la desigualdad.

4. Y llegamos al dónde: los escenarios

Tiene mayor presencia las estampas de pueblo con sus toques costumbristas que las de ciudad, por ser el marco de mi propia adolescencia. Pongamos como ejemplo los siguientes:

— un acantilado cantábrico, donde la conjunción de bosque, rocas y agua proponen una vinculación emocional con la naturaleza; es decir, paisajes de mi tierra, con su niebla y su lluvia. Y con ellos, un palacete en ruinas, semiquemado, que contiene un secreto que roza con lo diabólico; es decir, un escenarios gótico en los que se trasluce la influencia de clásicos como Rebeca o Jane Eyre.

— un faro, con una doble dimesión real y metafórica, ya que cerca de él se produjo el horroroso bombardeo de Gernika durante la Guerra Civil, pero que por otra parte simboliza al propio País Vasco que, dividido administrativamente, aguanta el embiste del oleaje histórico sin perder su identidad y su lengua.

— una autocaravana, el hogar ambulante de una madre y una hja venidas del este de Europa, que luchan por la subsistencia en medio de la crisis económica.

La mayoría de los escenarios mencionados se ubican en Garraitzeta (mi Macondo u Obaba particular) un espacio imaginario ubicado en un punto de la costa vasca, en el norte de la Península Ibérica, y cuyo nombre se basa en un topónimo de mi pueblo natal, Lekeitio.

5. Como penúltima cuestión, los porqués: lengua, lenguaje y estilo

Lengua. He sido invitada en calidad de autora española, pero es preciso aclarar que escribo en la lengua euskara. Hacerlo, es para mí un acto de amor, ya que en mi corazón coinciden el sentimiento familiar, el sentimiento patrio y el sentimiento lingüístico. Es un acto de compromiso con mi sociedad y con mi tiempo, para avivar el aliento de la lengua más antigua de Europa, y ayudar a que perviva como un bien cultural universal en convivencia con otras lenguas. Es un acto de autonomía para frenar la disolución en la amalgama de la globalidad. Es un acto de estética, por manejar la palabra al servicio del ser humano. Es un acto de renovación que apuesta por tratar los asuntos como aún no lo han sido.

Lenguaje. Entiendo que debe alejarse del lenguaje cotidiano y cumplir su función poética con dignidad, excepto en el caso de las intervenciones de los personajes. Creo que el lector precisa la vivencia estética del lenguaje. A veces, se quejan de que tienen que usar el diccionario, pero esto se debe a que el euskera no es la lengua materna o familiar de muchísimos estudiantes, sino una lengua minorizada que padece las consecuencias de una vieja represión política y económica. Los niveles de adquisición de la lengua son dispares, y según el contexto lingüístico y social no se pueden asumir ciertas lecturas. Aun así, si hacemos literatura, debemos pulir y abrillantar el idioma. No sólo cuenta el contar, sino cómo se cuenta.

Estilo. Me atraen la hibridez de géneros, la combinación de tipologías textuales, la polifonía, los finales abiertos y un tanto ambiguos: relatos en los que de pronto, un aforismo o un eslogan salta como la rana de un estanque salpicando el jardín; novelas de capítulos cortos entreverados con poemas, como la cinta que da consistencia a la trenza de una princesa; cuentos como arcones piratas donde hay un batiburrillo de joyas, es decir, mezcla de coplas de tinte popular, nanas, fórmulas, etc. (Zazpi orduak); libros que son dos en uno: mitad relato, mitad poemas (¿Qué es el amor, sino…?); historias con narradores complementarios y lenguajes contrastados (La carretera; ¿Qué es el amor, sino…?); desenlaces que podrían dar lugar a una segunda parte (Un año en el faro) o que concluyen con la interpetación del lector (La casa del acantilado).

6. Y para terminar, un punto de importancia relativa, el para qué: el objetivo

¿Qué voy a ser yo capaz de inventar si hay tantos libros, tantas colecciones, tantos blogs, tanta publicidad, tantos cánones, tanto talento por todas partes…?

¿Qué función debe cumplir mi escritura: evasión, entretenimiento, didáctica, gratificación instantánea, educación en valores…?

Me planteo cinco funciones elementales: dar placer; ayudar a apreciar el universo de la palabra; desarrollar la imaginación; dar algún conocimiento sobre el mundo (ofrecer información sin pretender enseñar); y mostrar valores positivos (sin moralina ni ideologina, sin construir panfletos ni credos, pero apuntado a la solidaridad y a la igualdad: madre soy).

Me digo: “Haz primero lo más difícil: intentar no caer en los tópicos. Y haz luego lo más valioso: enfrentarte al papel una vez más para volver a responder a los nuevos qués, quiénes, cómo, dónde, porqués y para qués de la nueva obra”.

 

Obras de Miren Agur Meabe mencionadas:

La carretera. Erein, 2011
La casa del acantilado. Edebé, 2002
Mila magnolia-lore. Gero, 2010
¿Qué es el amor, sino…? Lóguez, 2011
Un año en el faro. Lóguez, 2008
Zazpi orduak. Elkar, 2010

 

(Texto leído en el III Seminario de Literatura Infantil y Lectura, organizado por Fundación Cuatrogatos y la Feria del Libro de Miami, noviembre de 2016).