Joyas de la biblioteca de Cuatrogatos (entrega número 5)

A mediados de los años 1960, surgió en Buenos Aires la colección infantil Cuentos de Polidoro, publicada por el Centro Editor de América Latina. En ella participaron varios ilustradores que aportaron una mirada novedosa a la ilustración para niños en Argentina. Entre ellos estaba el talentoso Ayax Barnes.

Barnes nació en Rosario, Argentina, en 1926. Comenzó a estudiar la carrera de Arquitectura, pero abandonó la universidad para dedicarse plenamente al trabajo de dibujante. Vivió largos años en Montevideo, donde trabajó como diseñador e ilustrador. Y a causa de esa larga estancia allí muchos piensan, erróneamente, que él y su esposa, la escritora Beatriz Doumerc, también argentina, son uruguayos.

En 1975, Beatriz Doumerc y Ayax Barnes ganaron el premio Casa de las Américas, en Cuba, con su libro La línea. Poco después, como consecuencia de la dictadura militar de Argentina, la pareja tuvo que exiliarse. Vivieron unos años en Italia y luego se instalaron en España.

En octubre de 1984, dieron a conocer una de sus obras de mayor encanto: Aserrín, aserrán. Un título difícil de conseguir, debido a la reducida circulación que tuvo. Fue impreso en Estocolmo, por la editorial Nordan, gracias al apoyo de la comunidad de latinoamericanos exiliados en Suecia.

Aserrín, aserrán es una historia poética y nostálgica que tiene como personajes a un carpintero fino, el tío Vicente, y a su esposa Emilia. Vicente es un gran artesano, pero no tiene mucha madera a su disposición… Es una suerte de parábola sobre la imaginación y el poder transformador del creador. Pero lo más interesante del libro es su propuesta gráfica, en la que todas las ilustraciones de Barnes se adecuan a un cliché similar, como puede apreciar. en las que reproducimos al final de este post. Un auténtico tour de force del que resultaba muy difícil salir airoso, algo que el dibujante argentino consiguió con creces.

En la biblioteca de Cuatrogatos hay otros libros creados –por separado o en colaboración– por Barnes y Doumerc, pero por este sentimos un cariño muy especial. Es una de nuestras “joyas”. Y lo más curioso es que no recordamos cuándo ni cómo llegó a nuestras manos. En fin, sea quien sea quien nos lo haya dado: ¡muchas gracias por el regalo! 

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