Cyrano llega a Miami

Cyrano1Por Sergio Andricaín

Con su nariz prominente y su verbo apasionado, el legendario Cyrano de Bergerac regresa una vez más al escenario. Esta vez, en una producción del Teatro Prometeo, de Miami Dade College, que tendrá su estreno 12 y 13 de junio, en el marco del XXVIII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. Con el título Cyrano mío, esta versión del clásico de Edmond Rostand, firmada por Iliana Prieto y Cristina Rebull, será interpretada por jóvenes estudiantes de actuación de The Center for Literature and Theatre @ Miami Dade College. La puesta en escena está a cargo de Joann Yarrow y Cristina Rebull.

Conversamos con Iliana Prieto y Cristina Rebull para conocer detalles sobre esta versión de Cyrano de Bergerac.

¿Por qué Cyrano? ¿Qué tiene que decirle esta obra al público de hoy?

Iliana Prieto: Cyrano es un clásico. Para mí, lo más original de Cyrano es que, a pesar de que su tema es otra vez el amor imposible, ese imposible proviene de la incapacidad psicológica de sus protagonistas. El amor de Roxana y Cyrano no se frustró por odios familiares, ni prejuicios raciales o sociales, sino por el miedo de Cyrano al rechazo de su amada y, también, por la incapacidad de Roxana para ver, en la entrega de Cyrano y en su devoción, el alma que ella realmente amaba. Creo que tanto el público de hoy como el de ayer, necesita de obras que hablen de amor. Pienso que el de hoy tal vez lo necesita más. Aunque el amor sigue siendo el sentimiento que más puede mover al ser humano, en la actualidad las personas le temen a la entrega, al compromiso del alma, hay miedo a la traición y a la herida… Creo que el amor sublime es una de esas cosas primordiales que la humanidad debe rescatar.

¿Cuáles fueron las premisas al hacer esta versión de un clásico? 

Iliana Prieto: Hacer la versión de un clásico es siempre una tarea muy difícil, porque la premisa debe ser siempre conservar la esencia del original. En este caso nuestra premisa fue esta: hacer de la maravillosa, pero extensa, obra de Rostand, una versión que pudiera ser interpretada por cinco actores (estudiantes de tercer año de Prometeo) sin traicionar la poesía y la belleza del original. Fue un proceso difícil y tuvimos que ver la obra desde otra perspectiva, sin dejar de contar lo esencial de Cyrano de Bergerac. En el original, el único personaje que queda con vida es Roxana. Ella fue, entonces, la encargada de revivir a Cyrano y a Christian, a través de sus evocaciones y recuerdos, y a la vez reflexionar sobre su propio rol en la no realización de ese amor.

El elenco lo integran jóvenes estudiantes de actuación. ¿Existe un interés especial en sintonizar con un público juvenil? 

Iliana Prieto: El amor de pareja es un sentimiento que comienza en los primeros años de la juventud, aunque se dice que el amor no tiene edad. Pero es en la juventud donde el amor se descubre, se sublima y se sufre pero es también la etapa de la vida donde se empieza a educar. Porque el amor es sentimiento pero también aprendizaje. Creo que el hecho de que sean estudiantes de actuación nos ayuda a llegar al público joven, nos acerca a ellos. Y el amor, como ya dije, es uno de esos valores que urge rescatar, principalmente en los jóvenes, como contrapartida al exagerado interés por lo material que actualmente se vive y que es uno de los motivos por los que los sentimientos parecen cosas del pasado.

¿Cómo definirías esta lectura escénica de Cyrano

Cristina Rebull: Es un viaje por el recuerdo de Roxana. Los personajes no existen, son evocaciones de Roxana que van y vienen del abismo de la mente. Sor Marta le está sirviendo a Roxana de confesora para aliviar su culpa y a través de esa confesión se le da vida a los personajes. La puesta en escena es un juego de imágenes que va del presente al pasado y del pasado al presente. Y en ese viaje, Roxana, como personaje, crece humanamente y de alguna forma se perdona a sí misma.

¿Cómo describirías el proceso creativo?  

Cristina Rebull: Como un proceso difícil, porque la historia humana de los personajes es mucho más grande que la experiencia humana de los estudiantes. Comparto la dirección con Joann Yarrow, lo cual ha sido una colaboración esencial en este proceso. Se trabajó a través de la improvisación y fue difícil el trabajo de época, tanto corporalmente como en voz y dicción. Por otra parte es un texto muy poético y que es difícil asumir como propio. Los estudiantes tuvieron talleres de esgrima, de voz y dicción, de movimiento escénico. Tuvieron que ver películas de época, pinturas, cine, escuchar música de la época y aprender a moverse con el vestuario.

¿Qué esperas de tus estudiantes de actuación y del montaje en el próximo estreno? 

Cristina Rebull: Espero que disfruten el escenario, que se den cuenta del privilegio que tienen de encarnar personajes con esta dimensión humana y poética. Que este proceso fuerte de trabajo y el acercamiento a estos personajes les sirva de taller para toda su vida artística.

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