Entrevista con Jutta Bauer, ilustradora alemana


La filosofía de una oveja

Por Enrique Planas, tomado de El Comercio, Perú

Disfraza el pensamiento bajo un pelaje animal. Traduce la condición humana a mugidos y balidos. En Madre chillona, la alemana Jutta Bauer sabe ponerse un disfraz de pingüino para pedirle perdón a su pequeño hijo por su mal genio. En Selma, hace que las sencillas respuestas de una oveja nos den la pista para hallar la tan evasiva felicidad.

Ilustradora, dibujante de cómics y productora de dibujos animados, Bauer es considerada una de las más interesantes autoras para niños en el mundo entero, y su presencia en la Feria Internacional del Libro de Perú, gracias al Instituto Goethe, es todo un acontecimiento. Ayer disertó para el público adulto y hoy, al mediodía, llevará a cabo un taller de ilustración en el auditorio infantil, actividad que replicará en comunidades andinas luego de escapar del ruido limeño. “Quiero escuchar las historias de los niños y hacer un libro con ellos. Historias diferentes a las que puedo escuchar en Alemania”, comenta la autora, entusiasmada por su viaje al interior del país.

¿Cómo no se deben contar historias para niños?

Antes que nada, olvidar cualquier intención moralista. Lo importante es que la gente quiera contar un cuento, por el gusto de contarlo, y no pensando en moralejas.
Hace una década era común que a los dibujantes de cómic se les preguntara por qué no había mujeres en el oficio.

¿Cómo encontró su lugar en un gremio antes dominado por los hombres?
La oportunidad me la dio la revista “Brigitte”, a la que entré a trabajar muy joven, al salir de la universidad. Buscaban una mujer para que dibujara historietas sobre la vida cotidiana vista desde la perspectiva femenina. Por entonces, la emancipación de las mujeres marcaba la tendencia de la época. Siempre me sentí parte del movimiento feminista, aunque nunca fui una lideresa, como sí lo fue, por ejemplo, la dibujante Franzisca Becker.

¿Y en esa mirada femenina, dónde ubicaba el humor?

El humor es, generalmente, el grito del ratón contra el león, del pequeño contra el grande. Es la mujer contra el mundo del hombre, sea en el gobierno o en las cosas más sencillas.

¿La estética minimalista de su obra se originó en su trabajo como dibujante de cómic?

Creo que no hay diferencia entre ambos. Una tiene su modo de dibujar. Cuando me he propuesto cambiar el estilo para encarar un nuevo proyecto, nunca lo consigo. Siempre sale lo mío.

¿Qué artistas considera sus principales influencias? El francés

Sempé es un verdadero padre para mí. Es grandioso. Una artista a quien admiro mucho es la finlandesa Tove Jannson, creadora del mundo de los Mumín, una familia de duendes. Los dibujó en los años 50.

En sus historias sorprende cómo se complementan imagen y texto. ¿Escribir y dibujar son procesos paralelos?

Esa es la ventaja de hacer tus propios libros, y no solo ilustrar los libros ajenos. En mi trabajo todo va paralelo. A veces hago pequeños storyboards, pensando en los dibujos y los textos. Como también hago dibujos animados, me acostumbré a esa técnica. Sin embargo, creo que mi trabajo está más cerca de lo literario. Finalmente, el dibujo siempre debe subordinarse a la idea.

Selma, una de sus historias más aplaudidas, cuenta lo que una oveja hace cada día y de lo que haría si se ganara la lotería. Hay todo un trasfondo filosófico de contrabando, cercano al pensamiento zen…

Creo que por ahí viene el éxito de ese libro. Siempre hay una parte dedicada al pensamiento en todas mis historias. Sería muy aburrido trabajar sin preocuparme por aportar algo profundo.

En un mundo en que todos corren por el éxito, Selma demuestra que por más dinero que tengamos, solo adquirimos más de lo mismo…

Te digo que Selma fue un libro que no tuve la intención de publicar. Lo hice en una noche, con la intención de repartirlo a los amigos como una tarjeta de Navidad, por eso los dibujos están hechos tan a la ligera. Pero mi editor se entusiasmó. La idea nació después de escuchar una entrevista a una campesina de las montañas por la radio, a quien le preguntaban qué haría si se ganaba la lotería. Ella solo imaginaba hacer las mismas cosas que entonces le daban placer: hablar con sus hijos, comer, hacer gimnasia. En el fondo yo me robé la historia.