Cuatrogatos revista de literatura infantil   n° 6, abril-junio 2001
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Dora Alonso (1910-2001) 
  Sobre la obra de Dora Alonso   
 
 
Heredera de dos culturas –España en el idioma y la lengua, África en el misterio y la leyenda–, Dora lleva de ambas esa sabiduría en el contar que sólo posee el pueblo. Y al pueblo, a su patria, a este archipiélago mulato, le devuelve lo que aprendió de su espacio antillano: el crecimiento de la luz, la altura aérea, sutil, la hipérbole humorística, la prisa que se convierte en síntesis, en metáfora exacta. Contar es su "gracia". Hacernos creer que conoció a cada personaje: Pelusín del Monte o Guille, don Cuadrado o Cirilina, Azulín o Pepe Puntilla, Sofía o Garralén: dos o tres palabras que se convierten en el retrato perfecto. Señora del cuento y la noveleta para niños, Dora es, también, la dueña de los epítetos, din por excelencia de los cuenteros, los juglares, los griot. Y ser poeta es su vocación, lirismo esencial, penetradora de la imagen, alquimista de la palabra. Dadora, por más de una razón, de la fantasía. 
Excilia Saldaña, poetisa y crítica literaria cubana. 

Un nuevo concepto de aventura: la aventura científica –esa tan buscada gaviota negra–, del descubrimiento de la vida marina, de la vibración con los grandes valores de la naturaleza, del sereno afrontar el peligro, con el transfondo de una nueva sociedad. (...) En un clima de enorme autenticidad –el paisaje marino y el quehacer del pescador–, el pequeño lector recibe, representado por Guille, dos maneras de ver el mar y sus criaturas: la del científico enamorado de la natuarelza y la del pescador que se siente parte de ella. A esas dos actitudes el muchacho aporta la inagotable curiosidad, el afán de superar retos y el ímpetu propio del adolescente. Libro noble y positivo en su cosmovisión. De interés sostenido y con momentos de gran tensión. Con finos toques humorísticos y el divertidísimo personaje de la tía. Entre la buena aventura y la novela de evolución del carácter juvenil. 
Hernán Rodríguez Castelo, escritor y ensayista ecuatoriano, refiriéndose al libro Aventuras de Guille. 

Dora Alonso, escritora cubana, es, sobre todo, una poetisa de la sencillez, que esparce el encanto de un corazón limpio, desprendido de las marcas que condicionan una aproximación adulta a la materia literaria. 
Más allá de cualquier análisis orientado por una valoración crítica, avalada por tecnicismos teóricos, los poemas de Dora Alonso recuperan esa mirada primigenia de una poetisa que se desdobla en niña y regala la ingenuidad de su manera de ver las cosas. Ella es, en definitiva, un alma de pájaro que conoce la libertad, que escribe desde las ramas de un árbol o desde las tejas de una casa de cuento. Letras para un pentagrama de añejas notas cuya melodía se escucha en instrumentos imposibles, hechos de la misma materia que tienen los sueños de los duendes. 
Fanuel Hanán Díaz, autor y crítico literario venezolano.  

Recorrer ambas obras [El cochero azul y El valle de la Pájara Pinta] es entrar en un mundo pleno de imágenes, lleno de fuerza vital, de un colorido tan luminoso como el sol abierto del Caribe. He aquí el primer acierto: es una literatura que se nutre de la realidad, pero no de la escueta y simple realidad. Es una realidad mágica que –como la percepción del niño– funde, con el deleite y el placer del juego, la realidad y la fantasía. 
Con naturalidad conviven Isabela, la nieta del talabartero de Viñales, y Juan Palomo, el hombrecito negro conocedor de todos los secretos de su raza y su cultura, con Cacafú, el mago de la Jagua Vieja, y hasta con el farol y el delantal, objetos que se animan y se convierten en personajes de carácter, en El valle de la Pájara Pinta; mientras que en El cochero azul Martín Colorín, quien de tanto mirar el mar durante años desea que todo cuanto lo rodea sea azul, termina por teñir de ese color al perro y al caballo, quienes lo acompañan, junto con sus hijos, a un viaje lleno de aventuras. Así, personajes fantásticos, animales y seres humanos conviven con la naturalidad con la que un niño le otorga vida a sus seres imagunarios. 
Beatriz Helena Robledo, profesora y crítica literaria colombiana. 
 
 

 
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